<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Logroño en sus baresTizona &#8211; Logroño en sus bares</title>
	<atom:link href="https://blogs.larioja.com/logronobares/tag/tizona/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>https://blogs.larioja.com/logronobares</link>
	<description>Un recorrido por las barras de la capital de La Rioja</description>
	<lastBuildDate>Thu, 12 Aug 2021 02:33:20 +0000</lastBuildDate>
	<language></language>
	<generator>https://wordpress.org/?v=5.9.10</generator>
		<item>
		<title>Tizona, la tortilla que sabe a pasión</title>
		<link>https://blogs.larioja.com/logronobares/2019/06/13/tizona-la-tortilla-que-sabe-a-pasion/</link>
		<comments>https://blogs.larioja.com/logronobares/2019/06/13/tizona-la-tortilla-que-sabe-a-pasion/#respond</comments>
		<pubDate>Thu, 13 Jun 2019 15:57:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Alacid</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<post_tag><![CDATA[Apolo]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Jorge Vigón]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[La Concordia]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Nájera]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Texas]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Tizona]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[tortilla]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Villamediana]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Virginia]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Vivero]]></post_tag>

		<guid isPermaLink="false">https://blogs.larioja.com/logronobares/?p=1338</guid>
		<description><![CDATA[&#160; La tortilla del Tizona sabe a lo que saben todas las golosinas que ocupan su suculenta barra. Sabe a ilusión, a entusiasmo y pasión. Es un bocado excelente, fino y delicado, pero también sabroso. Pero llega adornado no sólo por un punto de ligero picante, sino por esa clase de complicidad forjada entre quienes [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2019/06/Tizona.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-1339" src="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2019/06/Tizona.jpg" alt="La familia del Tizona, con su tortilla. Foto de Justo Rodríguez" width="600" height="400" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2019/06/Tizona.jpg 600w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2019/06/Tizona-300x200.jpg 300w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>La tortilla del Tizona</strong> sabe a lo que saben todas las golosinas que ocupan su suculenta barra. Sabe a ilusión, a entusiasmo y pasión. Es un bocado excelente, fino y delicado, pero también sabroso. Pero llega adornado no sólo por un punto de ligero picante, sino por esa clase de complicidad forjada entre quienes defienden con sentido de la profesionalidad una barra y la clientela fiel, con quienes <strong>Carlos y Ana</strong> ejecutaron en su momento su particular desfile culinario de Hamelín: desde la cercana avenida de Colón, donde recogieron el testimonio también modélico de <strong>Jesús y Ana</strong> cuando éstos se jubilaron, se mudaron hasta <strong>Ciriaco Garrido</strong>. Tomaron bajo su tutela un bar que no terminaba de cuajar luego de varias encarnaciones, lo rebautizaron como el Tizona y se emplearon en hacer lo que mejor saben: desplegar un derroche de profesionalidad y sabiduría gastronómica, que han forjado una alianza de éxito en esta zona peatonal del centro de Logroño.</p>
<p>Y que además ven saludada su apuesta no sólo por el reconocimiento de su parroquia, sino también por los éxitos que jalonan su trayectoria. Sus triunfos en unos cuantos certámenes distinguen una trayectoria inquieta, como se puede apreciar traspasando su puerta o viajando por el éter. Sacar adelante un negocio hostelero exige esfuerzo, quién puede dudarlo. Pero cuando sus promotores se aplican con ingenio, compromiso y originalidad se sitúan en el carril correcto para culminar sus propósitos a entera satisfacción. Es el caso del Tizona. Y si además de sus cocinas siguen saliendo esas golosinas tan suculentas, se entenderá el estupendo aspecto de clientela que presenta su barra y las mesitas para los almuerzos y las cenas informales, <strong>terraza incluida.</strong></p>
<p>A este panorama tan fetén le acaba de nacer un aliado poderoso: el Tizona viene de ganar el concurso de tortillas que organiza <strong>Degusta La Rioja</strong> con elevadísimo impacto. Y con elevadísimas consecuencias: los fogones tienen ahora que multiplicarse para satisfacer el aumento de la demanda que el premio acarrea. Lo ganaron por cierto en la modalidad clásica; el premio reservado para las tortillas que añaden otros ingredientes viajó hasta <strong>Nájera</strong>, en la primera edición del concurso abierta a los bares de toda la región. El <strong>Virginia</strong>, ejemplar establecimiento ya destacado aquí unas cuantas veces y las que haga falta, se hizo con ese galardón. Habrá que volver por sus lares a catarla, aunque se supone que ya habrá notado la feliz repercusión que también experimentan en el Tizona. Valga un ejemplo: como explican Ana y Carlos, de una media de 7 tortillas a la semana, han pasado nada menos que a sumar 100 más. Ha leído bien el improbable lector: 100 más. <strong>Hasta un promedio semanal de 117</strong>. Lo cual explica un cartel que estos días se exhibe en su barra, donde alertan de que los pedidos deben hacerse con 24 horas de antelación y se anuncian ciertas normas para el funcionamiento fetén del resto de comandas. Las servidumbres del éxito, ya se sabe.</p>
<p>No se trata por otro lado de ninguna novedad, sino de un fenómeno semejante al experimentado por los ganadores en años precedentes. Seguro que es también el caso antedicho del Virginia najerino. Mientras llega el día de probar su tortilla ganadora, aquí va el resumen de mi experiencia con la del Tizona. Sobresaliente. A mi humilde juicio, llega a la mesa en su punto justo de textura: ni mazacote, ni convertida en papilla como es moda en otros bares. Dan ganas de pedirse otro pincho pero la operación bikini no lo permite. Prometo volver para indagar en su secreto, que en realidad no existe: el misterio, como sus propios hacedores confesaban hace unos días en las páginas de<strong> Diario LA RIOJA</strong>, consiste en que se emplean productos de primera calidad, una mano diestra en las sartenes y los otros intangibles antedichos. Es decir, una generosa dosis de ilusión, otro chorro similar de amor por el oficio, un punto de entusiasmo genuino y una pasión infinita. El resultado se puede adivinar. Desde luego, también se puede catar: una tortilla excelente. Y también se puede felicitar a sus responsables, mientras intentan superar el (dichoso) lío en que se han metido. Y dedicarles por ejemplo el mismo elogio con que abandoné el otro día su jurisdicción, con un sabor de boca inmejorable: (casi) mejor que la tortilla de <strong>La Concordia.</strong></p>
<p>P. D. Mencionar el Tizona es regresar en la memoria hacia los gratos años de los vermús dominicales y masivos en la zona de Jorge Vigón, vecina a la de avenida de Colón donde se alojaba el establecimiento original. Aquella ronda ha aparecido unas cuantas veces por este mismo espacio: pido disculpas por canso al improbable lector por repetir el querido itinerario: del <strong>Vivero</strong> era norma saltar a los tres bares cercanos, en la avenida aledaña. El Tizona, por supuesto. También el <strong>Texas</strong>, ya llegando hacia la calle <strong>Villamediana</strong>. Y cerca de <strong>Jorge Vigón</strong>, el único que aún se mantiene abierto aunque con otra denominación: el <strong>Apolo</strong>. También tuvo una larga y fecunda etapa el Tizona en sus años finales, bajo la dirección mencionada de Jesús y Ana, una garantía para el picoteo de fin de semana por la alta calidad de las cazuelas que despachaban sus fogones. Hoy, su puerta permanece cerrada. Pidiendo a gritos la resurrección que merece por tan buenos ratos pasados acodados a su barra o sentados en aquellas mesitas bajas donde se regalaba a la clientela una dosis gratis de gimnasia.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://blogs.larioja.com/logronobares/2019/06/13/tizona-la-tortilla-que-sabe-a-pasion/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
	<post_id>1338</post_id><comment_status>open</comment_status>	</item>
		<item>
		<title>Él nunca lo haría</title>
		<link>https://blogs.larioja.com/logronobares/2018/03/29/el-nunca-lo-haria/</link>
		<comments>https://blogs.larioja.com/logronobares/2018/03/29/el-nunca-lo-haria/#respond</comments>
		<pubDate>Thu, 29 Mar 2018 09:07:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Alacid</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<post_tag><![CDATA[Beitia]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Florida]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[mascotas]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[ordenanzas]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[perros]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Tizona]]></post_tag>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.larioja.com/logronobares/?p=1043</guid>
		<description><![CDATA[&#160; Alguna vez, animado por el celo que distingue a un querido corresponsal de este blog, ya se ha mencionado aquí el debate establecido entre quienes piensan que pueden ingresar con su mascota en su bar favorito y quienes por el contrario alertan de que semejante costumbre está taxativamente vetada por distintas ordenanzas. Alguna, por [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/03/cartel-tizona.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-medium wp-image-1044" src="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/03/cartel-tizona-225x300.jpg" alt="Cartel exhibido por el bar Tizona" width="225" height="300" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/03/cartel-tizona-225x300.jpg 225w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/03/cartel-tizona.jpg 720w" sizes="(max-width: 225px) 100vw, 225px" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Alguna vez, animado por el celo que distingue a un querido corresponsal de este <a href="https://blogs.larioja.com/logronobares/2016/03/18/perros-en-los-bares/">blog</a>, ya se ha mencionado aquí el debate establecido entre quienes piensan que pueden<strong> ingresar con su mascota en su bar favorito</strong> y quienes por el contrario alertan de que semejante costumbre está taxativamente vetada por distintas ordenanzas. Alguna, por cierto, de índole europea. Si regreso ahora sobre mis pasos, es movido por un espíritu de servicio: difundir entre los improbables lectores cuanto se haya legislado sobre tan controvertida materia. Sobre todo, después de que cayeran en mi jurisdicción tres hitos que aconsejan (un suponer) predicar por este territorio la buena (o no demasiado buena) nueva entre tantos y tantos fieles adictos a ir de bares acompañados por sus perros.</p>
<p>En realidad, son malas noticias para ellos. La primera preside estas líneas: la divulgó entre su clientela el bar <strong>Tizona</strong>, que defiende con mucha clase una barra bien nutrida de golosinas en<strong> Ciriaco Garrido</strong> con merecido éxito. En ese cartel avisan sus dueños al parroquiano de que, sintiéndolo mucho, está prohibida en su interior la presencia de animales de cuatro patas: se lo advirtió un inspector de consumo que pasaba por allí, cuando observó que un cliente se disponía a eludir la prohibición y le afeó su intención. Convenció según me cuentan con naturalidad y elegancia a los propietarios de la inconveniencia de que en un espacio dedicado al ámbito hostelero convivan nuestras mascotas, por una cuestión elemental de higiene que, como tantas otras, a menudo se olvidan. Y de ahí el cartelito antedicho.</p>
<p>Aquel funcionario, en realidad, se limitó a observar algo que parece de sentido común: que la presencia (o no) de animales en un bar no debería obedecer a un impulso personal, propio de la gestión de su negocio, de cada camarero. Que se trata más bien de una materia legislada por las distintas <strong>ordenanzas municipales, regionales, nacionales y (ya se ha dicho) incluso europeas</strong>. Ante ese puñado de dictámenes reguladores de tal cuestión, poco puede hace el empresario: sólo, limitarse a cumplirlas. Le gusten más o menos. Por eso me pareció inapropiado (segundo hito) otro cartelito que detecté hace alguna semana a la entrada de otro bar: el dueño se confesaba (en inglés, por cierto) <strong>amigo de los animales</strong>. Lo cual me parece fetén: esas pobres criaturas que no hacen daño a nadie seguro que agradecerán siempre una cariñosa mano amiga. Con la segunda parte de su aviso no estaba sin embargo tan de acuerdo: la dueña del bar aprovechaba para invitar a sus parroquianos a ingresar en su bar con su mascota. Lo cual, habrá que repetirlo, está prohibido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><a href="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/03/beitia.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-medium wp-image-1045" src="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/03/beitia-200x300.jpg" alt="Bebederos para perros a la entrada del bar Beitia de la calle Somosierra de Logroño. Foto de Justo Rodríguez" width="200" height="300" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/03/beitia-200x300.jpg 200w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/03/beitia.jpg 600w" sizes="(max-width: 200px) 100vw, 200px" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tercer hito: concluía días atrás una ronda por la calle <strong>Somosierra</strong>, cuando el gentil dueño del <strong>Beitia</strong> me hizo reparar en <strong>un par de bebederos para perros</strong> situados a la entrada de tan ejemplar establecimiento. ¿La razón? Que, en efecto, había comprobado que la presencia de animales en su local estaba vetada (“Normal, tampoco pueden entrar por ejemplo en un supermercado”, aceptaba) por la legislación y que, en consecuencia, pretendía demostrar que su local nada tenía contra los animales ni contra sus dueños. De modo que había situado esos dos platillos para cumplir con el mandato bíblico: dar de comer y beber al hambriento y al sediento, qué importa si sólo sabe ladrar (hay algún ejemplar análogo que no obstante camina a dos patas). Así, sus propietarios podrían degustar de las ricas gollerías que despacha adentro, en su exitosa barra, sabedores de que sus mascotas les imitarían, sólo que fuera del bar.</p>
<p>En fin. Que lejos de mi ánimo denostar al mundo perruno en general, que para algo ha sido históricamente señalado con una expresión (eso de perra vida) que señala la dificultad que históricamente han tenido sus integrantes para llegar al final de cada día. Pero aprovecho para recordar lo antedicho. Que aunque existe alguna confusión legal en cuanto a la interpretación de la norma, parece claro que no: que los animales deben permanecer fuera del bar y sus dueños, dentro. Y que no se trata de una decisión que puedan adoptar (como bien advierten los ejemplos citados arriba) los dueños de cada bar: <strong>la Administración</strong> decide por ellos, igual que en otras cuestiones cotidianas, puesto que se trata de garantizar el cumplimiento de las ordenanzas.</p>
<p>A este respecto, añado este comentario que me hacía llegar un compañero, encendido defensor por cierto del reino animal, días atrás: el desagradable impacto que le generaba ingresar en cierto bar que no nombraremos porque su dueño, propietario a la vez de unos perros de impresionante tamaño, los dejaba sueltos por el local, generando ruidos, malestar y hasta cierta inquietud entre la clientela. De modo que regresamos al principio de este artículo: como bien nos alertan desde el Tizona, resulta compatible adorar a los perros y limitar su presencia en los bares. A veces es por su bien: pueden verse expuestos como sus dueños a la desagradable sensación de acodarse en su barra predilecta, dirigir su mirada a la televisión <strong>y que aparezca Tele 5</strong>.</p>
<p>Él nunca lo haría.</p>
<p>P.D. Se ha citado arriba el Beitia y se vuelve a mencionar aquí, porque tal vez algún feligrés asiduo habrá notado el tributo sutil que este bar rinde al llorado <strong>Florida</strong> de la calle<strong> San Agustín,</strong> cuyos ajos tanto reconfortaron a sus parroquianos conspicuos en aquel Logroño en blanco y negro. Ajos en vinagre, un suculento, sencillo y recio bocado que en el Beitia despachan según la receta clásica y bajo esa misma denominación: para que no quepan dudas del homenaje que se rinde al viejo bar desaparecido, el gigantesco tarro donde duermen esas cabecitas de ajos luce su nombre bien visible. Florida. Y ya está dicho todo.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://blogs.larioja.com/logronobares/2018/03/29/el-nunca-lo-haria/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
	<post_id>1043</post_id><comment_status>open</comment_status>	</item>
		<item>
		<title>Profesional y camarero</title>
		<link>https://blogs.larioja.com/logronobares/2014/09/12/profesional-y-camarero/</link>
		<comments>https://blogs.larioja.com/logronobares/2014/09/12/profesional-y-camarero/#respond</comments>
		<pubDate>Fri, 12 Sep 2014 07:50:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Alacid</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<post_tag><![CDATA[avenida de Colón]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[avenida de Portugal]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Jesús Ortega]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Mesón del Rey]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Tizona]]></post_tag>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.larioja.com/logronobares/?p=375</guid>
		<description><![CDATA[Como recordaba al principio de lanzarme con este blog, una vez fui cliente asiduo del Tizona, bar integrado junto a otros dos de esa misma manzana (el Apolo y Texas, ya difuntos) en una especie de prolongación del vermú dominical que protagonizaba la vecina avenida Jorge Vigón. Cuando el aperitivo se estiraba más allá de [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2014/09/tizona.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-376" title="Jesús Ortega, en el centro, en su etapa al frente del Mesón del Rey" src="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2014/09/tizona.jpg" alt="Jesús Ortega, en el centro, en su etapa al frente del Mesón del Rey" width="600" height="426" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2014/09/tizona.jpg 600w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2014/09/tizona-300x213.jpg 300w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></a></p>
<p>Como recordaba al principio de lanzarme con este blog, una vez fui cliente asiduo del <strong>Tizona</strong>, bar integrado junto a otros dos de esa misma manzana (el <strong>Apolo</strong> y <strong>Texas</strong>, ya difuntos) en una especie de prolongación del vermú dominical que protagonizaba la vecina avenida <strong>Jorge Vigón</strong>. Cuando el aperitivo se estiraba más allá de <strong>Drugstore</strong>, <strong>Vivero</strong> y resto de hitos de esta última calle, algunas cuadrillas solían acabar echando la espuela en cualquiera de este trío de locales de <strong>Colón</strong>, confraternizando con una parroquia más veterana que la propia del llamado <strong>tontódromo</strong>. Recuerdo aquel Tizona más o menos como ahora: la barra a la derecha, a la izquierda las mesitas subidas sobre un peldaño y una barra surtida con sabrosas golosinas. Por fortuna, hay bares que nunca cambian. Gloria a todos ellos.</p>
<p>Y gloria al Tizona, cuya actual encarnación confieso que apenas he frecuentado. Ignoro la razón: tal vez porque me pilla demasiado cerca de casa. Paso unas cuantas veces al día junto a su puerta, observo el bullicio habitual y me llegan continuas alabanzas de numerosos logroñeses conspicuos, a quienes veo muchas noches de viernes picoteando las chucherías que despacha su barra. Conozco, como supongo que conocerá cualquiera, a los devotos de sus pimientos rellenos y conozco, como supongo que conocerá cualquiera, la profesionalidad con que defiende ese negocio el caballero llamado<strong> Jesús Ortega</strong>, a quien traigo hasta aquí a modo de saludo y despedida: el buen hombre apura sus últimos días al frente del bar, próxima la jubilación. Mala y buena noticia: por un lado, sus fieles se resignan a perder a su camarero de confianza; por otra parte, el señor Ortega se tiene muy bien ganado el descanso, porque ejerce su oficio desde tiempo inmemorial y porque así se marchará como los toreros caros, por la puerta grande. Dejando tras de sí un aroma de gran profesionalidad y amor por su profesión mientras se dispone a cortarse la coleta.</p>
<p>Y aunque como digo apenas he frecuentado su actual casa, su jubilación me ha recordado los días en que sí fui asiduo del negocio donde lo conocí, el añorado <strong>Mesón del Rey</strong> de <strong>avenida de Portugal</strong>. A quienes aún no peinan canas, les refresco la memoria: se situaba donde hoy se alza el bar <strong>Casablanca</strong>. Y era bar y era restaurante, con una particularidad que su dueño se llevó hasta el Tizona cuando bajó aquella persiana: una clientela muy fiel. Fidelísima. Una clientela tan leal que convirtió aquel bar en algo más que un bar: la prolongación de su casa. Entraba uno tras salvar la breve y simpática escalinata y observaba casi siempre a los mismos parroquianos, casi siempre los mismos matrimonios, que peregrinaban hasta allí en cuanto ponían el pie en la calle. ¿La razón? Yo lo llamo elegancia, clase, estilo. En el servicio, en el producto… Una decoración austera, efectivamente en plan mesón, muy al estilo de los locales que proliferaban por esa misma época (últimos 70, primeros 80) por <strong>Madrid</strong>.</p>
<p>Para mí, esa era la clave de su éxito, que se extendía al restaurante ubicado al final del local, casi siempre lleno: que era un bar de estirpe madrileña, con camareros perfectamente ataviados (imprescindible corbata y opcional pajarita, como se observa en la foto), que tiraban la caña como si fueran hijos de la capital del Reino, cortaban con mimo el jamón que daba la bienvenida y garantizaban discreción a los clientes, sobre todo los arracimados en el recodo situado a la izquierda de la puerta. Te trataban como uno quiere que lo hagan en cada bar: con esmerada atención, pero sin confianzas. Una cortesía seca: mi favorita. Y ahora que Jesús empieza a entonar el adiós, me apetece dedicarle estas líneas porque encarna a mi juicio un tipo de profesional que se bate en retirada. Defender una barra con tanta categoría durante tanto tiempo sólo está al alcance de algunos elegidos: ojalá que quienes hoy perpetúan ese oficio vean en él a un ejemplo de cómo revestir de dignidad una profesión que tiene mucho de designio bíblico. Porque se ocupa de dar de comer al hambriento y de beber al sediento.</p>
<p>P.D. Me recuerda Jesús Ortega a través de su hijo Diego, compañero en esta casa, que  el Mesón del Rey se inauguró en <strong>marzo de 1976</strong> y cerró sus puertas en el <strong>año 2000</strong>. Un año después, en <strong>agosto del 2001,</strong> se puso al frente del Tizona donde ahora se despide de la profesión para averiguar si, como dicen, la palabra jubilación viene de júbilo.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://blogs.larioja.com/logronobares/2014/09/12/profesional-y-camarero/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
	<post_id>375</post_id><comment_status>open</comment_status>	</item>
		<item>
		<title>Llanto por el vermú desaparecido</title>
		<link>https://blogs.larioja.com/logronobares/2012/12/03/llanto-por-el-vermu-desaparecido/</link>
		<comments>https://blogs.larioja.com/logronobares/2012/12/03/llanto-por-el-vermu-desaparecido/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 03 Dec 2012 08:53:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Alacid</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<post_tag><![CDATA[Amalis]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Amazonas]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Cibeles]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Drugstore]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Lacuesta]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Majari]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Napoli]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Pascali]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Porto Novo]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Tizona]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Torcuato]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[vermú]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Vivero]]></post_tag>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.larioja.com/logronobares/?p=29</guid>
		<description><![CDATA[Allá por el 2006 publiqué en Diario LA RIOJA un artículo titulado ‘Vuelve el Tontódromo’  donde elucubraba sobre la reaparición de hordas adolescentes en el paseo de las Cien Tiendas. Ignoro si la recuperación de tal enclave como paso de paloma para los púberes logroñeses ha fraguado finalmente: lo que tengo seguro es que su [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2012/12/martini.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone  wp-image-30" title="martini" src="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2012/12/martini.jpg" alt="" width="1200" height="812" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2012/12/martini.jpg 1200w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2012/12/martini-300x203.jpg 300w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2012/12/martini-768x520.jpg 768w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2012/12/martini-1024x693.jpg 1024w" sizes="(max-width: 1200px) 100vw, 1200px" /></a></p>
<p>Allá por el 2006 publiqué en <strong>Diario LA RIOJA</strong> un artículo titulado ‘Vuelve el <a href="http://www.larioja.com/prensa/20061022/rioja_logrono/vuelve-tontodromo_20061022.html" target="_blank">Tontódromo</a>’  donde elucubraba sobre la reaparición de hordas adolescentes en el <strong>paseo de las Cien Tiendas</strong>. Ignoro si la recuperación de tal enclave como paso de paloma para los púberes logroñeses ha fraguado finalmente: lo que tengo seguro es que su recuperación como cabeza de puente para el <strong>vermú dominical</strong> sigue sin cuajar. Entre otras cosas, porque el vermú en general ha dimitido. Falleció años ha en Logroño, vaya usted a saber por qué. En aquel artículo me maliciaba si habría perecido a manos de Valdezcaray: la costumbre de visitar la estación de esquí riojana y sus gemelas pirenaicas despobló de potencial clientela aquellos bares del<strong> entorno de Jorge Vigón y Juan XIII</strong>, así como al resto del sector hostelero. También admito que los nuevos usos noctámbulos que imponen regresar a casa de amanecida quita encanto a eso de despertarse al mediodía y encaminarse hacia la barra favorita, de modo que <strong>Logroño</strong> parece un desierto a la hora del aperitivo cada domingo. Excuso comentar entre semana. Una pena.</p>
<p>Sobre todo, si se compara con las ciudades vecinas, donde tan civilizada costumbre se mantiene. Uno alarga la hora de volver a casa a por el almuerzo, picotea allí o allá, va saltando de tertulia en tertulia y pasa revista al censo logroñés. Así sucede, según he comprobado, en las vecinas <strong>Bilbao</strong> (ciudad de gran tamaño) o <strong>Soria</strong> (menos poblada). Pero en nuestras calles… Parece un imposible, porque los domingos ni siquiera están abiertos muchos bares. Cerrados gran parte de ellos, el paseo matutino acaba en la Estación Nostalgia. Nostalgia por aquel tiempo en que uno ni siquiera podía entrar en <strong>Cibeles</strong>: lo impedía una multitud acodada en la barra y otra de similar tamaño parapetada afuera en torno a la puerta. El vecino <strong>Torcuato</strong> presentaba el mismo llenazo de no hay billetes, de modo que la masa acudía  al <strong>Napoli</strong>… y más de lo mismo. El <strong>Porto Novo</strong>, parecido. El <strong>Amalis</strong>, otro tanto.</p>
<p>La ruta proseguía hacia la mentada Jorge Vigón con parada en <strong>Dickens</strong> (local enanísimo en la esquina con Juan XXIII que más tarde devino en bar de copas) y <strong>Wellington</strong>, como si estuviéramos en Londres. Era igualmente vano intentar tomarse un vino en <strong>Majari</strong>, por lo angosto del espacio y por el gentío que lo asaltaba. Más sencillo era ocupar un hueco en la larguísima barra del <strong>Drugstore</strong>, mi preferido de entre todos los citados, que contaba con la ventaja de pinchar música bastante decente… si Simple Minds te gustaba tan obsesivamente como a su dueño. La muchedumbre se diseminaba a la altura del <strong>Amazonas</strong> (con su coqueto reservado para ver la tele y jugar la partida) y, sobre todo, por Vivero, una barra muy chic así llamada por las piezas de marisco que ofrecía… pero que casi nadie se podía permitir.</p>
<p>El viaje acabó alcanzando a la aledaña <strong>avenida de Colón</strong> (<strong>Apolo, Tizona, Texas</strong>) hasta conquistar incluso la <strong>calle Villamediana</strong>, donde se emplazó la primera sede del <strong>Bodegón Andaluz</strong>: la ronda acababa por lo tanto con sabor a amontillado y aroma de aceitunas negras. Que intente alguien este próximo domingo una excursión semejante: acabará como yo, derramando una imaginaria lágrima por aquel rito desaparecido.</p>
<p>P.D. Me temo que desaparecida la costumbre del aperitivo, las ventas de vermú habrán declinado en consecuencia. Nada que ver con la época en que triunfaba el <strong>Martini</strong> y resto de productos de sello italiano (<strong>Campari, Cinzano</strong>: aquellas bebidas tenían nombre de ciclistas), con algún momento de auge francés: sí, también llegamos a sucumbir al <strong>Pastis</strong> y derivados. Ignorábamos entonces que La Rioja contaba con su propia contribución al célebre trago que siempre imaginamos originario de la soleada península: sí, el vermú también puede ser autóctono. Basta un recorrido por nuestros bares para confirmarlo: allí brotan los apellidos del cenicerense <strong>Pascali</strong> o del jarrero <strong>Lacuesta</strong>, en cuyo honor brindo esta entrada.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://blogs.larioja.com/logronobares/2012/12/03/llanto-por-el-vermu-desaparecido/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>11</slash:comments>
	<post_id>29</post_id><comment_status>open</comment_status>	</item>
	</channel>
</rss>
