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	<title>Logroño en sus baresZikos &#8211; Logroño en sus bares</title>
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	<description>Un recorrido por las barras de la capital de La Rioja</description>
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		<title>Novedades mateas</title>
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		<pubDate>Fri, 14 Sep 2018 15:48:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Alacid</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/09/bar-morgana.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-large wp-image-1146" src="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/09/bar-morgana-1024x729.jpg" alt="Nuevo bar Morgana, recién abierto en la calle Sagasta" width="1024" height="729" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/09/bar-morgana-1024x729.jpg 1024w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/09/bar-morgana-300x214.jpg 300w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/09/bar-morgana-768x547.jpg 768w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/09/bar-morgana.jpg 1500w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></a></p>
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<p>Desde el siglo pasado, <strong>el maestro Eduardo Gómez</strong> mantiene la costumbre de fijarse en qué <strong>bares logroñeses</strong> deciden abrir sus puertas en las <strong>vísperas</strong> <strong>mateas</strong>, sospechando con buen criterio que los promotores de tales proyectos entienden que esos días festivos harán sonreír a sus máquinas registradoras con mayor alegría que durante el largo otoño y el interminable invierno. Pero hoy ni siquiera las vísperas son lo que eran. Quiere decirse que los bares que abren por <strong>San Mateo</strong> en realidad planifican su inauguración con mayor antelación, en la esperanza de que la avalancha de público pille bien engrasada su maquinaria y la clientela salga por lo tanto conforme (incluso satisfecha) de la visita y propague la buena nueva con un suplemento adicional de entusiasmo. De modo que el improbable lector deberá anotar que desde agosto cuenta <strong>Logroño</strong> con alguna (escasa) novedad en materia de bares destinados a relucir en perfecto estado de revista en cuanto sus potenciales clientes escuchen los sones del cohete mateo. Que está a punto de hurgar el cielo.</p>
<p>Así que retomo aquel viejo hilo que un día abrió Gómez y repaso en estas líneas las novedades que cristalizan en el corazón del Logroño de toda la vida y las que afloran también en las calles más alejadas del centro. En este apresurado (e informal: disculpas a quienes omita) recuento debo empezar anotando una reaparición muy querida: el <strong>Zikos</strong> de<strong> Ingeniero Lacierva</strong>, negocio experto en reencarnaciones, protagoniza una nueva resurrección que, de momento, no adopta la forma de pollo asado que tantos éxitos deparó al histórico local. Pero está abierto, que es lo que cuenta. Listo para las fiestas.</p>
<p>Más novedades, cerca de la Gran Vía: la emergente <strong>Gil de Gárate</strong> protagoniza su propia dosis de movimientos, con el reciente traslado del <strong>Beitia</strong> desde la esquina con Somosierra a un emplazamiento más espacioso, cerca de <strong>Pérez Galdós</strong>, que permitirá a sus ideológos lucirse con la oferta de tapas que le han dado justa fama, ahora se supone que aún más apabullante y adictiva. Cerquita se anuncia la apertura inminente de <strong>un par de restaurantes,</strong> sendas aventuras más gastronómicas que hosteleras, pero que merecen también nuestros parabienes y apuntan hacia la consolidación de esa calle como una alternativa fetén a los itinerarios clásicos. Lo dicho: Gil de Gárate no para.</p>
<p>No lejos de allí, cruzando ya la Gran Vía, topamos en <strong>avenida de Portugal</strong> con otra novedad. En esa calle alzó con éxito su propuesta todoterreno el bar <strong>Asterisco</strong>, que anda de mudanza. Se traslada a <strong>Portales</strong>, donde antes acampó <strong>La Gitana Loca</strong>, con esa misma oferta de bar hábil durante casi 24 horas, del desayuno a la copa, pasando por el cafelito matinal, el aperitivo y cuantos tragos y bocados quepan en un día&#8230; Una aventura que tardará en cristalizar hasta octubre: durante fiestas recibe a sus incondicionales en su ubicación habitual.</p>
<p>Ese mismo centro logroñés adonde se muda el Asterisco acumula las principales novedades, empezando por la principal: la reaparición de La Granja, rebautizada ahora como Morgana. Y un carrusel de aperturas con epicentro en la misma calle, <strong>San Agustín,</strong> la cual merecerá un día de estos su propia entrada. En concreto, tres novedades que aún no lo son pero aspiran a serlo: en la esquina con <strong>Gallarza</strong>, donde antaño se alzó el comercio de ropa San Bernabé, y más arriba (donde tenía su tienda Ursicino Espinosa y donde los comestibles de Ascacíbar, junto a El Soldado) se anuncian otros <strong>dos nuevos bares</strong>, que corroboran el dinamismo de esta calle tan querida para todo logroñés.</p>
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<p><a href="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/09/the-club.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-large wp-image-1147" src="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/09/the-club-1024x683.jpg" alt="Bar The Club, en la calle Bretón. Foto de Justo Rodríguez" width="1024" height="683" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/09/the-club-1024x683.jpg 1024w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/09/the-club-300x200.jpg 300w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/09/the-club-768x512.jpg 768w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2018/09/the-club.jpg 1500w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></a></p>
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<p>Y más novedades&#8230; que no lo son tanto. Porque, como advertía al principio, a veces no conviene esperar a San Mateo para abrir un bar. Porque sus promotores se pierden el verano logroñés, con sus terrazas como las que colonizan la calle <strong>Bretón</strong>, que es donde el amigo Álvaro prueba de nuevo suerte (y la tendrá, porque la merece) con otro local de brillante atractivo. Se llama <strong>El Club</strong>, ocupa el antiguo emplazamiento del desaparecido Berlín y ha obrado el milagro de consolidarse, al poco tiempo de su apertura, como el típico sitio donde hay que ir. Para ver y ser visto. Y para nutrirse de su espléndida oferta cervecera.</p>
<p>De momento, fin de la historia. Con seguridad nacerán otros bares de aquí al <strong>San Mateo del 2019</strong>. Y algunos mantendrán la costumbre de inaugurarse en vísperas de fiestas, para dotar de una actividad superior a la concentrada en el programa mateo que perpetra el Ayuntamiento cada año. Aunque ni lo uno (la iniciativa privada) ni lo otro (la pública) eclipsan la evidencia auténtica de cada semana festiva: que el bullicio está en la calle. Y que los protagonistas de semejante frenesí, desparrame y descontrol somos usted, improbable lector, y quien esto escribe. Vulgo, los logroñeses. A quienes dedico estas líneas y animo a brindar por el patrón como lo hicieron nuestros antepasados: con <strong>zurracapote</strong>.</p>
<p>P. D. No sólo de bienvenidas se configura el menú mateo en materia de bares. También (ay) son numerosos los adioses. Muy sentidos en un caso que me toca especialmente: el amigo Manolo cuelga el mandil y deja a los feligreses de <strong>El Soldado de Tudelilla</strong> medio huérfanos, a la espera de que resucite (pongamos una vela a San Agustín en su hornacina cercana). Y otra despedida también muy sentida: la de Nuria, que cierra el <strong>Maltés</strong> de Bretón a finales de mes. Ambas desapariciones ya han sido aquí glosadas. Al contrario de otra, la de <strong>El Pórtico</strong> de la calle Mayor, bar que no me ha tenido entre sus fieles: cosas de la edad. Que no me impiden derramar otra imaginaria lágrima por su difunto destino, que ya acecha. El mismo que espera a ciertos bares también muy clásicos, de cuyo incierto futuro daremos cuenta uno de estos días. Seguiremos informando.</p>
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		<title>Menudo pollo</title>
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		<pubDate>Fri, 26 Apr 2013 15:53:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Alacid</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El pollo, gloria de la gastronomía española y mundial, que admite distintos usos y se manifiesta en nuestras mesas y nuestros bares en muy variopintas versiones, representó antaño una cumbre de la cocina popular. Eran años de precariedad culinaria, hasta el punto de que el pollo guisado era el plato que habitualmente reservaban los hogares [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2013/04/carpanta.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-158" title="Carpanta y su pollo, creación del dibujante Escobar" src="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2013/04/carpanta.jpg" alt="Carpanta y su pollo, creación del dibujante Escobar" width="600" height="736" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2013/04/carpanta.jpg 600w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2013/04/carpanta-245x300.jpg 245w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></a></p>
<p>El <strong>pollo</strong>, gloria de la gastronomía española y mundial, que admite distintos usos y se manifiesta en nuestras mesas y nuestros <strong>bares</strong> en muy variopintas versiones, representó antaño una cumbre de la cocina popular. Eran años de precariedad culinaria, hasta el punto de que el pollo guisado era el plato que habitualmente reservaban los hogares patrios para la comida dominical, gran momento de la semana.</p>
<p>En el imaginario popular de la época, el pollo, aunque hoy cueste admitirlo, se izó por lo tanto como un monumento y así lo entronizó el dibujante <strong>Escobar</strong> cuando se le ocurrió la idea de crear al personaje bautizado como <strong>Carpanta</strong>, un tipo que hizo carrera hasta el punto de que su nombre fue durante años sinónimo de hambriento. “Más hambre que Carpanta” era un dicho muy común que dejó de tener sentido cuando dejamos de pasar hambre. Tal vez haya que recuperar ahora esa frase hecha…</p>
<p>Ocurría que Carpanta, cuando llevaba tiempo sin probar bocado y en consecuencia deliraba, a veces veía pollos. Pollos bien gorditos, pollos descabezados, pollos convertidos en el manjar al que tenía vetado el acceso el pobre monigote. Menudos pollos. El pollo era el alimento nacional por excelencia y cuando Carpanta soñaba, en sus ensoñaciones respetaba esa lógica que todos habíamos hecho nuestra: en el caso de <strong>Logroño</strong>, porque si uno paseaba por la calle <strong>Gallarza</strong> y fijaba la mirada a la altura del <strong>Niza</strong>, era inevitable topar con los hermanos pollos ensartados en fila de a cinco como si fueran banderillas, perfumando toda la manzana y haciéndole a uno salivar en el camino hacia casa. El propietario del bar, cuyo hijo cuida hoy con gran mimo y sentido del oficio, se pasó media vida según lo recuerdo moviendo aquellos pinchos pollunos, sudando como se puede imaginar, sudando como sólo suda un asador de pollos: que se lo pregunten al señor <strong>Daniel</strong> y el resto de la hermandad logroñesa que ha convertido <strong>avenida de Colón y aledaños</strong> en epicentro de esta popular delicia gastronómica.</p>
<p><a href="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2013/04/zikos.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-159" title="El nuevo Zikos de Ingeniero Lacierva, con su asador de pollos" src="/logronobares/wp-content/uploads/sites/33/2013/04/zikos.jpg" alt="El nuevo Zikos de Ingeniero Lacierva, con su asador de pollos" width="600" height="437" srcset="https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2013/04/zikos.jpg 600w, https://static-blogs.larioja.com/wp-content/uploads/sites/33/2013/04/zikos-300x219.jpg 300w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /></a></p>
<p>Aquel modo de preparar el pollo asado nos llegaba a menudo con etiqueta ´catalana, tal vez sin saberlo. Se llamaba ‘<strong>Pollos a l´ast’</strong>, denominación que muchas veces se transcribía erróneamente porque el propietario del asador no era muy ducho en el idioma de <strong>Guardiola</strong> y le sonaba mejor el nombre de ‘Pollos al last’, que nos parecía más fino que a la pepitoria. Durante largo tiempo, hasta la mentada irrupción de Daniel y compañía, el pollo asado del Niza fue para mí el pollo por antonomasia de Logroño, en competencia directa con los que salían del asador del <strong>Zikos</strong>, en sus sucesivas encarnaciones. La última, bien reciente: el número dos de <strong>Ingeniero Lacierva</strong> acaba de convertirse en <strong>La Granja de Zikos</strong>, una vez que el infatigable y ejemplar <strong>Alfonso Soldevilla</strong> lo ha hecho suyo. Mantiene la fidelidad al pollo de toda la vida, pero promete ampliar su carta. Seguirá por lo tanto vecino de otro Zikos, el número tres que hace esquina con la <strong>calle Oviedo</strong>, y supongo que echando de menos al viejo <strong>Zikos I</strong>, el original, el auténtico… Que no sabía situar exactamente hasta que vino en mi auxilio <strong>Eduardo Gómez</strong> y me refrescó la memoria: aquel bar primigenio se situó en<strong> avenida Portugal</strong>, “al lado de <strong>Radio Rioja</strong>, donde ahora hay otro bar”. Pues dicho queda, don Eduardo.</p>
<p>P.D. El pollo en formato tapa apenas puede verse en las barras de Logroño. Como pincho, sólo recuerdo haberlo visto en forma de <strong>alitas asadas</strong> en algún bar. Lejano por lo tanto el tiempo aquel en que era más habitual toparse con él, incluso en versiones bastante pintorescas. Por ejemplo, en modelo pezuña: el antiguo amor que teníamos por la cocina de despojos se reflejaba en nuestra devoción por el pincho que antaño ofrecían en el bar de <strong>Alejandro</strong> en la calle del<strong> Carmen</strong>. Para mi asombrada memoria, debo reconocer que alguna vez piqué aquel manjar: chupeteando entre los dedos tropezabas con algún trozo de carne viscosilla… Y poco más. A untar la cazuelita, porque la pezuña llegaba envuelta en salsa de tomate y eso sí que no admitía debate: la recuerdo bien suculenta. Tal vez su aliño era el único atractivo a aquella tapa, que generaba intenso debate entre los estómagos más finos y los más recios. Solían ganar estos últimos, no como ahora.</p>
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