{"id":106,"date":"2013-03-08T08:56:21","date_gmt":"2013-03-08T08:56:21","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/?p=106"},"modified":"2013-03-08T08:56:21","modified_gmt":"2013-03-08T08:56:21","slug":"los-bares-difuntos-bares-dedicados-ix","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/2013\/03\/08\/los-bares-difuntos-bares-dedicados-ix\/","title":{"rendered":"Los bares difuntos (Bares dedicados IX)"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2013\/03\/Pachuca.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-full wp-image-107\" title=\"Bar Pachuca, seg\u00fan una hermosa foto de Justo Rodr\u00edguez\" src=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2013\/03\/Pachuca.jpg\" alt=\"Bar Pachuca, seg\u00fan una hermosa foto de Justo Rodr\u00edguez\" width=\"600\" height=\"227\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2013\/03\/Pachuca.jpg 600w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2013\/03\/Pachuca-300x114.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 600px) 100vw, 600px\" \/><\/a> <\/p>\n<p>Publiqu\u00e9 este art\u00edculo en <strong>Diario LA RIOJA<\/strong> hace cuatro a\u00f1os. Se titulaba &#8216;Los bares difuntos&#8217; y compruebo ahora que ya se ocupaba de divagar en torno a algunos de los protagonistas de este blog, los bares que fueron y ya no son. En concreto, cuatro que tejen una ruta por el coraz\u00f3n de <strong>Logro\u00f1o<\/strong>, que es tambi\u00e9n un poco el nuestro. Rec\u00edtese como un mantra: <strong>Pachuca<\/strong>, <strong>Paulino<\/strong>, <strong>Capri<\/strong>, <strong>Turismo<\/strong>. All\u00ed va, dedicado a una amable corresponsal que me preguntaba hace d\u00edas precisamente por el Capri.<\/p>\n<p>1.- Qu\u00e9 emoci\u00f3n descender por\u00a0<strong>Marqu\u00e9s de Vallejo<\/strong> y tropezar con\u00a0el \u2018Pachuca\u2019, bar de nombre improbable,\u00a0cuya angostura garantizaba\u00a0llenos apote\u00f3sicos a poco que su\u00a0clientela creciera hasta alcanzar la\u00a0docena de parroquianos ah\u00edtos de\u00a0sus famosos rebozados. Hoy es uno\u00a0de tantos bares fantasma, que al\u00a0menos conserva para delicia de sus\u00a0antiguos devotos el r\u00f3tulo tal y\u00a0como estaba cuando se extingui\u00f3.\u00a0El tiempo le ha tratado bien; a diferencia\u00a0de otros bares transformados\u00a0en inmobiliarias, agencias de\u00a0viaje o sucursales bancarias, este<br \/>\nmin\u00fasculo local de Marqu\u00e9s de\u00a0Vallejo ha logrado preservar su\u00a0alma esencial. No s\u00f3lo sobrevive\u00a0su bella tipograf\u00eda, sino que la\u00a0fachada tambi\u00e9n va ignorando el\u00a0paso de los a\u00f1os. Resiste el alicatado\u00a0y milagrosamente resiste el cristal\u00a0de la puerta, a prueba de gamberros.\u00a0Echar un vistazo a su oscuro\u00a0interior es como bucear hacia\u00a0el pasado: all\u00ed vemos la barra breve,<br \/>\nque tambi\u00e9n sobrevive, mientras\u00a0se escucha a gritos un sordo\u00a0rumor: \u2018Pachuca, \u00e1brete\u2019.<\/p>\n<p>2.- \u00a0Otro bar difunto, modelo resurrecto: cu\u00e1ntas reencarnaciones deben soportar algunos garitos hasta quedar del todo desnaturalizados, de modo que sus asiduos dejan de reconocerse entre estas cuatro paredes que un d\u00eda fueron suyas. El \u2018Paulino\u2019, hermoso bar de intrincada geograf\u00eda, se asomaba a la <strong>Gran V\u00eda<\/strong> desde <strong>Queipo de Llano<\/strong> (hoy<strong> Gil de G\u00e1rate<\/strong>) con un aire muy madrile\u00f1o: quiere decirse que su due\u00f1o acreditaba cierta vocaci\u00f3n de estilo, expresada en una decoraci\u00f3n m\u00e1s bizarra de lo com\u00fan, vagamente emparentada con el <strong>Chicote<\/strong> capitalino y suced\u00e1neos. Ha sufrido una reconversi\u00f3n tras otra; desfigurado, a sus puertas sin embargo alg\u00fan alma piadosa todav\u00eda cree escuchar la famosa frase: \u2018Paulino, lev\u00e1ntante y anda\u2019.<\/p>\n<p>  3.- Contra <strong>la fuente del Trevi<\/strong>\u00a0se recort\u00f3 durante a\u00f1os la silueta\u00a0del \u2018Capri\u2019, otro bar periclitado,\u00a0a mayor gloria del urbanismo local\u00a0y su gusto por los pastiches. Llegaba\u00a0uno imantado por la poderosa\u00a0atracci\u00f3n que ejerc\u00eda su cristalera\u00a0con vistas a la curva donde\u00a0agoniza avenida de Portugal y era\u00a0obsequiado por un camarero muy\u00a0atento, servicial pero nunca pesado,\u00a0que se acodaba en silencio en\u00a0un extremo de la barra, como un\u00a0cliente m\u00e1s. La estrecha puerta del\u00a0bar conduc\u00eda a un espacio bastante\u00a0inh\u00f3spito, donde nunca hizo calor,\u00a0de modo que su oculto encanto\u00a0deb\u00eda esconderse en la c\u00e1lida frialdad\u00a0con que se despachaba a la\u00a0clientela. Una tarde supimos que\u00a0no habr\u00eda pr\u00f3xima vez: el \u2018Capri\u2019\u00a0iba a escuchar el \u2018gori gori\u2019. Algunos<br \/>\nhubi\u00e9ramos elegido otra canci\u00f3n:\u00a0\u2018Capri, c\u00b4est fini\u2019. <\/p>\n<p>Posdata. Seg\u00fan el protocolo\u00a0generacional de los 70, te hac\u00edas\u00a0mayor cuando en la barra del\u00a0\u2018Turismo\u2019 te atrev\u00edas a pedir un\u00a0tinto con paraca\u00eddas. Evitabas a\u00a0la meretriz de guardia en la entrada,\u00a0ingresabas en territorio lumpen\u00a0y el camarero te regalaba un\u00a0gru\u00f1ido. Finalmente, el bar recibi\u00f3\u00a0la visita de la piqueta, pero no\u00a0deber\u00eda olvidarse su condici\u00f3n de\u00a0pionero; despu\u00e9s del \u2018Turismo\u2019,\u00a0nada fue igual en la calle <strong>Sagasta<\/strong>,\u00a0donde demasiadas noches se corea\u00a0el conocido himno: \u2018Ni es claro ni es tinto, es <strong>calimocho<\/strong>&#8216;.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Publiqu\u00e9 este art\u00edculo en Diario LA RIOJA hace cuatro a\u00f1os. 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