{"id":1066,"date":"2018-05-04T11:14:10","date_gmt":"2018-05-04T11:14:10","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/?p=1066"},"modified":"2018-05-04T11:14:10","modified_gmt":"2018-05-04T11:14:10","slug":"la-europa-de-los-cafes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/2018\/05\/04\/la-europa-de-los-cafes\/","title":{"rendered":"La Europa de los caf\u00e9s"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2018\/05\/cafe-moderno.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-medium wp-image-1067\" src=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2018\/05\/cafe-moderno-300x182.jpg\" alt=\"Interior del Caf\u00e9 Moderno de Logro\u00f1o. Foto de Justo Rodr\u00edguez\" width=\"300\" height=\"182\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2018\/05\/cafe-moderno-300x182.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2018\/05\/cafe-moderno.jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Cada cual tiene su lugar en el mundo. Ese sitio especial, depositario de una magia distinta, donde uno reconoce a su aut\u00e9ntico yo y se confiesa a gusto consigo mismo y con cuanto le rodea. No son muchos lugares. Suelen ser privados (tu sof\u00e1 favorito, ese rinc\u00f3n del estudio desde donde divisas tus fotos predilectas, un libro en el regazo, tu banda sonora preferida acun\u00e1ndote) pero tambi\u00e9n pueden ser p\u00fablicos. Lugares cargados de memoria. Memoria personal y memoria compartida: ese lugar por donde pasaron tantas otras almas antes de que t\u00fa ingresaras en ese espacio y tambi\u00e9n lo hicieras tuyo. <strong>El sitio de tu recreo.<\/strong><\/p>\n<p>Un <strong>bar<\/strong>, por ejemplo. Pero no cualquier bar: de entre toda la baraja que forma el conjunto de barras diseminadas por el universo mundo, tiendo a decantarme por <strong>el caf\u00e9<\/strong>. Esa tipolog\u00eda puebla mis fantas\u00edas m\u00e1s prosaicas. Me veo a m\u00ed mismo vagando por el Viejo Continente, curioseando por sus ciudades, dej\u00e1ndome llevar por <strong>Par\u00eds, Roma o Berl\u00edn<\/strong> hasta desembocar en el caf\u00e9 tot\u00e9mico de cualquiera de ellas. Pedir una mesita interior tras la brillante cristalera de buena ma\u00f1ana para maravillarme con el milagro de la vida. O aposentarme en el velador exterior y alcanzar este tipo de dicha sutil y humilde, aunque profunda, antes mencionada: el gozo de sentir que ese es tu lugar del mundo. Observar la legendaria coreograf\u00eda que ejecutan los camareros de blanqu\u00e9rrimo mandill\u00f3n, gobernando a la clientela con discreta mano izquierda y elevado sentido del oficio. Atacar el caf\u00e9 luego de elegir alguna goller\u00eda de entre las golosinas que surten su barra y dedicarme a perder el tiempo. Esa lentitud, la vida contada a fotogramas. Y observar. Mi pasatiempo favorito.<\/p>\n<p>Convertirme en observador de la naturaleza humana, como reclamaba <strong>Dickens<\/strong> a sus h\u00e9roes del <strong>Club Pickwick<\/strong>. Un entretenimiento que alcanza la categor\u00eda de epifan\u00eda (una epifan\u00eda cotidiana: valga el ox\u00edmoron) ese d\u00eda en que, luego de deambular por los bulevares de Par\u00eds por ejemplo, te detienes en el <strong>Caf\u00e9 de la Paix<\/strong>, ocupas tu silla con su respaldo de hermoso mimbre entrelazado apuntando hacia la gloriosa \u00d3pera de Garnier y ves pasar el mundo ante sus admirados ojos. Si cito este local parisino es porque tengo para m\u00ed que en Francia se cuida especialmente esta clase de establecimiento: entre los regalos que la cultura del pa\u00eds de Napole\u00f3n (y de Brigitte Bardot) derram\u00f3 entre nosotros, no me parece menor la ejemplar expansi\u00f3n por el continente de su devoci\u00f3n por el entronizado caf\u00e9. S\u00f3lo en la capital se alojan unos cuantos de ellos de acusada categor\u00eda y c\u00e9lebre trayectoria; quien viaje por el interior del hex\u00e1gono, observar\u00e1 que adem\u00e1s cada ciudad dispone de su propia versi\u00f3n. El caf\u00e9 es tan franc\u00e9s como el cruas\u00e1n, la baguette o el pastis. O como Brigitte Bardot.<\/p>\n<p>As\u00ed que anote el improbable lector a los caf\u00e9s de Par\u00eds los que pueda encontrar por <strong>Burdeos, Pau o Reims<\/strong>. O por <strong>Toulouse, Aix-en-Provence, Rennes o Nantes.<\/strong> Y despliegue con ellos un espl\u00e9ndido mapa que puede completar con los que vaya conociendo por el resto de pa\u00edses europeos que cultiva esta misma religi\u00f3n. Esa Europa de los caf\u00e9s es un invento colosal. La Europa del civismo. La Europa de la urbanidad y las buenas costumbres. La Europa donde se lee el peri\u00f3dico de buena ma\u00f1ana mientras te tomas un expreso es la Europa que deber\u00eda sobrevivir incluso en caso de cataclismo nuclear. La Europa que deber\u00edamos preservar en nuestros corazones como el tesoro que es: el territorio del civismo y la compasi\u00f3n. La Europa que forman el romano <strong>Caffe della Pace<\/strong> (un recodo de ensue\u00f1o) o el veneciano <strong>Florian<\/strong> (con vistas a la plaza de San Marcos: inolvidable siempre, pero especialmente si cae la noche y una niebla fantasmal llega desde el mar vecino) o el florentino<strong> Giubbe Rosse,<\/strong> de elegante mobiliario art d\u00e9co. Los caf\u00e9s sigilosos de <strong>Berl\u00edn<\/strong>, donde parece siempre a punto de dejarse caer por all\u00ed alg\u00fan personaje de Le Carr\u00e9. Los caf\u00e9s multicolores de <strong>Amsterdam<\/strong>, ricos en admirable diversidad humana (tan ricos como la tarta de manzana que sirven en el coqueto <strong>Winkel<\/strong>). Los discretos caf\u00e9s <strong>portugueses<\/strong>, donde el tiempo se detiene y se vuelve (o as\u00ed me lo parece a m\u00ed) m\u00e1s literario: en cualquier momento nos saludar\u00e1 el amigo Pessoa. Los melanc\u00f3licos caf\u00e9s de <strong>Praga<\/strong>, como el <strong>Slavia<\/strong>, que ofrece una insuperable puesta de Sol y un escalofr\u00edo sovi\u00e9tico. O los majestuosos caf\u00e9s de <strong>Bruselas<\/strong>, desde cuyos ventanales puede el observador avispado detenerse en la contemplaci\u00f3n del concepto de decadencia. Que tambi\u00e9n es muy europeo.<\/p>\n<p>Si reparo hoy en todos esos hitos geogr\u00e1ficos y sentimentales que configuran la Europa de los caf\u00e9s es por una doble raz\u00f3n. La primera, muy obvia: que este pr\u00f3ximo mi\u00e9rcoles se celebra el <strong>D\u00eda de Europa<\/strong>, efem\u00e9ride a la cual contribuye modestamente este blog con las aportaciones que le son propias. Es decir, elucubrando sobre <strong>Europa en sus bares<\/strong>. Y dos: porque me llega la feliz noticia de que el querido <strong>Caf\u00e9 Moderno,<\/strong> el m\u00e1s caf\u00e9 de entre los <strong>caf\u00e9s logro\u00f1eses<\/strong>, acaba de ingresar en la prestigiosa orden llamada <strong>Asociaci\u00f3n Europea de Caf\u00e9s Hist\u00f3ricos,<\/strong> que registra la pertenencia de otros c\u00e9lebres establecimientos. Entre ellos, por supuesto, unos cuantos espa\u00f1oles, que edifican un territorio magn\u00edfico, un pa\u00eds independiente: m\u00e1s le valdr\u00eda a nuestra maltratada patria atender el mandato que cada d\u00eda se orquesta en todos ellos en favor de una sociedad menos cainita, menos ruidosa, menos hist\u00e9rica. M\u00e1s civilizada. <strong>La Espa\u00f1a de los caf\u00e9s<\/strong> ser\u00eda un partido estupendo para otorgarle nuestra papeleta. La Espa\u00f1a los caf\u00e9s catalanes, por ejemplo, y perd\u00f3n por este otro ox\u00edmoron. La Espa\u00f1a del recuperado Comercial de Madrid. La del <strong>Novelty de Salamanca<\/strong>. La del <strong>Iru\u00f1a pamplon\u00e9s.<\/strong> La de tantos y tantos caf\u00e9s esparcidos por la geograf\u00eda nacional ya desaparecidos, incluyendo alguno logro\u00f1\u00e9s. La Espa\u00f1a que pudo haber sido: la que todav\u00eda merece la pena. La Espa\u00f1a europea de verdad.<\/p>\n<p>Mi lugar en el mundo.<\/p>\n<p>P.D. Ya ha aparecido aqu\u00ed en otras oportunidades el local que la <strong>familia Moracia<\/strong> regenta en la <strong>plaza de Mart\u00ednez Zaporta<\/strong>, un estupendo negocio que acaba de soplar sus cien primeras velas por todo lo alto, fiest\u00f3n incluido. Ocurri\u00f3 a lo largo del 2016, festejando durante todo el a\u00f1o su apertura como <strong>Caf\u00e9<\/strong> <strong>Madrid<\/strong> all\u00e1 en 1916, antes de ser bautizado como <strong>Novelty<\/strong>\u00a0(s\u00ed, como el salmantino) y mucho antes de ser denominado Moderno, la nomenclatura elegida por el abuelo <strong>Mariano<\/strong> para cruzar el siglo desde la temprana y tr\u00e1gica fecha de 1936. Ahora, forma parte de esa ruta de 29 caf\u00e9s hist\u00f3ricos europeos que sirve como espinazo del sue\u00f1o continental. Una atractiva ruta a trav\u00e9s de la historia, la geograf\u00eda y las emociones compartidas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Cada cual tiene su lugar en el mundo. Ese sitio especial, depositario de una magia distinta, donde uno reconoce a su aut\u00e9ntico yo y se confiesa a gusto consigo mismo y con cuanto le rodea. No son muchos lugares. 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