{"id":1073,"date":"2018-05-18T16:33:52","date_gmt":"2018-05-18T16:33:52","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/?p=1073"},"modified":"2018-05-18T16:33:52","modified_gmt":"2018-05-18T16:33:52","slug":"ah-la-tortilla","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/2018\/05\/18\/ah-la-tortilla\/","title":{"rendered":"Ah, la tortilla"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2018\/05\/concurso-tortillas.gif\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-medium wp-image-1074\" src=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2018\/05\/concurso-tortillas-300x226.gif\" alt=\"Miembros del jurado, durante su deliberaci\u00f3n en el concurso de tortillas. Foto de Justo Rodr\u00edguez\" width=\"300\" height=\"226\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Ah, la tortilla.<strong> La tortilla espa\u00f1ola<\/strong>, con permiso de Puigdemont y su particular mu\u00f1eco Rockefeller, al que llaman Torro. Nuestra particular magdalena proustiana. Ese bocado que cada cual asegura haber saboreado en el culmen de su excelencia en el hogar familiar: como la paella o las croquetas, nadie hace la tortilla mejor que nuestra se\u00f1ora madre. Aunque luego debemos reconocer que, ejem, algunos fogones cercanos la despachan estupenda de punto, sabrosa, atractiva. Se exhibe en las barras de confianza coqueteando con la clientela, que posa su mirada sobre ese fest\u00edn color amarillo que ahora tiende a servirse poco cuajada y que anta\u00f1o dispon\u00eda de la contundencia propia del recetario de despu\u00e9s de la guerra (incivil). La tortilla, ante la cual nos postramos de rodillas cuando entramos en nuestro bar favorito. La tortilla, que nos devuelve a la primera adolescencia: <strong>ah, la tortilla de La Viga<\/strong>.<\/p>\n<p>La tortilla que, en fin, protagoniza desde hace unos a\u00f1os un concurso organizado por esta casa, a trav\u00e9s de su suplemento <a href=\"http:\/\/www.degustalarioja.com\/\">Degusta<\/a>. Por donde han desfilado algunas de las m\u00e1s conocidas de <strong>Logro\u00f1o<\/strong>, ante las cuales me quito el imaginario sombrero, pero que ha servido tambi\u00e9n para descubrir facturaciones desconocidas por quien esto escribe. As\u00ed me ocurri\u00f3 por ejemplo con la del <strong>Serenella<\/strong>: no ten\u00eda el gusto, pero desde que gan\u00f3 el concurso hace alg\u00fan a\u00f1o, me tiene entre sus devotos, religi\u00f3n que practico sin embargo menos de cuanto quisiera, aunque ahora que vuelve a reinar en el palmar\u00e9s prometo una nueva visita. Porque sigo siendo fan de las tortillas que me pillan m\u00e1s a mano: ya se ha citado aqu\u00ed aquellas donde tengo puestas mis complacencias, empezando por la del <strong>Sebas<\/strong>. Un bocado m\u00e1s bien sentimental: cuando pido mi platillo que desciende del elevador, me veo de nuevo atacando el pincho de chavalito, escuchando al titular de la casa atacando una jota, piropeando a las chavalas cuando semejante pr\u00e1ctica no se hab\u00eda vetado.<\/p>\n<p>Las que ayer compitieron en incruenta lucha protagonizaron un divertido ejercicio culinario-festivo en la <strong>plaza de Abastos<\/strong>. Que es un espacio por cierto estupendo para convocatorias de esta \u00edndole, que le conceden unos minutos de gloria a sus mejorables d\u00edas. Los expertos, miembros de un jurado de post\u00edn, cataron las viandas presentadas a su dictamen, conocieron las impresiones de los concursantes y discutieron entre s\u00ed hasta reconocer a las mejores presentadas en ambas categor\u00edas: la tradicional, es decir, la de toda la vida, y la que a\u00f1ade alg\u00fan elemento adicional para mejorar el producto final (a menudo, sin \u00e9xito, seg\u00fan mi humilde experiencia).<\/p>\n<p>Yo acud\u00ed en ese peculiar momento que se vive a puerta cerrada, cuando los miembros del docto tribunal a\u00fan no han impartido sentencia. Son unos minutos muy interesantes. Me ha tocado presenciarlos cuando <strong>Lorenzo Ca\u00f1as<\/strong> dirig\u00eda las operaciones, al frente del jurado, como Napole\u00f3n visitando a sus tropas antes de la batalla, animando a los novatos (el peque\u00f1o pero <strong>Mastercheff Mario<\/strong>, por ejemplo) y adiestrando al resto en la paleta de sabores y aromas que deb\u00edan calibrar antes de emitir su dictamen. Otro tanto ocurri\u00f3 ayer: Manolo Gonz\u00e1lez, Ventura, Gabi y resto de examinadores caminaban de mesa en mesa, concentrad\u00edsimos, compartiendo sus hallazgos mientras cerraban los ojos para poner en acci\u00f3n la pituitaria y resto de \u00f3rganos que miden la calidad de las tortillas presentadas.<\/p>\n<p>Su fallo ya lo habr\u00e1 conocido el improbable lector en las p\u00e1ginas del suplemento Degusta que publica esta casa cada s\u00e1bado. Gan\u00f3 de nuevo el Serenella en la categor\u00eda tradicional y el <strong>N\u00e9mesis<\/strong> en la que a\u00f1ade alg\u00fan otro ingrediente. Escoltaron al primero en el podio la <strong>Taberna de Baco<\/strong> y el <strong>Ibiza<\/strong>, mientras que al segundo le acompa\u00f1aron el <strong>Oslo II<\/strong> y el <strong>Picasso<\/strong>. <strong>La Casquer\u00eda,<\/strong> el bar alojado enfrente del peri\u00f3dico, se llev\u00f3 el premio del p\u00fablico y La Taberna de Baco repiti\u00f3 \u00e9xito: tambi\u00e9n se adjudic\u00f3 el premio convocado por <strong>Coca Cola<\/strong> por su imaginativo dise\u00f1o. Tuvo m\u00e9rito: debieron imponerse a una cincuentena de participantes, ese n\u00famero limitado por la organizaci\u00f3n para evitar aglomeraciones el d\u00eda de la final y para procurar que el jurado no se vea desbordado. Hubo quien intent\u00f3 apuntarse a \u00faltima hora y ya no pudo: cerrado el control de firmas. Lo cual desvela el \u00e9xito del concurso, aunque su aut\u00e9ntico impacto se genera en sus barras. Donde desembarcar\u00e1n a partir de ahora los clientes ah\u00edtos de satisfacer tanto su apetito como su curiosidad: para saber, en consecuencia, si preparan en estos bares la tortilla mejor que en su casa.<\/p>\n<p>P. D. El debate sobre <strong>la mejor tortilla logro\u00f1esa<\/strong> admite todo tipo de aportaciones; entre ellas, saber si sabe mejor elaborada al estilo tradicional o cuando se agregan elementos innovadores. De entre las que yo cat\u00e9, debo confesar que me conquist\u00f3 el sabor de las primeras: cl\u00e1sico que es uno. Aunque lo mejor de este certamen, cuyos resultados no deben tomarse como prueba cient\u00edfica sino como una invitaci\u00f3n emp\u00edrica que admite por supuesto otras valoraciones, viene luego. Cuando ocurre lo antedicho: cuando los concursantes premiados lucen en sus negocios el cartelito que les acredita como tales, atraen a una clientela nueva y acaban con los m\u00fasculos maltrechos de tanto batir huevos, tanta sart\u00e9n volteada y tanto plato servido a velocidad de v\u00e9rtigo. La parroquia conspicua, de paso, puede presumir de que ella ya lo sab\u00eda: que ya sab\u00eda que en esa barra de su predilecci\u00f3n se despachaba una tortilla fet\u00e9n. Unos y otros, los feligreses reci\u00e9n llegados y los veteranos, contribuyen a mejor las finanzas del local ganador gracias a su tortilla. Con o sin.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Ah, la tortilla. La tortilla espa\u00f1ola, con permiso de Puigdemont y su particular mu\u00f1eco Rockefeller, al que llaman Torro. Nuestra particular magdalena proustiana. 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