{"id":1077,"date":"2018-05-25T09:28:24","date_gmt":"2018-05-25T09:28:24","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/?p=1077"},"modified":"2018-05-25T09:28:24","modified_gmt":"2018-05-25T09:28:24","slug":"una-lagrima-por-el-maltes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/2018\/05\/25\/una-lagrima-por-el-maltes\/","title":{"rendered":"Una l\u00e1grima por el Malt\u00e9s"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2018\/05\/nuria.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-medium wp-image-1078\" src=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2018\/05\/nuria-300x200.jpg\" alt=\"Nuria, a la puerta del Malt\u00e9s. Foto de Justo Rodr\u00edguez\" width=\"300\" height=\"200\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2018\/05\/nuria-300x200.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2018\/05\/nuria.jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Cuando un bar traspasa la frontera propia, la inherente a todo negocio de ese \u00e1mbito, adquiere otra condici\u00f3n. Se convierte en mito, leyenda, icono. S\u00edmbolo de la ciudad que lo alberga. Faro para su clientela, que peregrina hacia esa barra en busca de algo m\u00e1s que un trago, aunque tambi\u00e9n. Porque ese bar se transforma en cabeza de playa para el desembarco sentimental de sus feligreses. Se convierte en refugio, casi siempre para almas noct\u00edvagas que demandan adem\u00e1s de su copa alguna raci\u00f3n de cari\u00f1o. A menudo, les vale con la indiferencia. Conversaci\u00f3n amena, tendencia al desparrame, una banda sonora que sea algo m\u00e1s que la t\u00edpica m\u00fasica para ascensores: todo eso garantiza <strong>el Malt\u00e9s de la calle Bret\u00f3n<\/strong>. Y algo de magia. La hechicera <strong>Nuria<\/strong> despacha desde el a\u00f1o 2000 sus p\u00f3cimas asegurando lo antedicho, lo cual explica que con el paso del tiempo haya convertido su local en eso: en algo m\u00e1s que un bar. El territorio de las emociones compartidas: esa atm\u00f3sfera tan particular que nace cuando el due\u00f1o del bar amenaza con convertirse en un cliente m\u00e1s. Y cuando los clientes sienten ese bar como suyo.<\/p>\n<p>Todo esto se acab\u00f3, amiguitos. Acabar\u00e1 <strong>el pr\u00f3ximo 31 de agosto,<\/strong> seg\u00fan reza la informaci\u00f3n que de buena ma\u00f1ana ha empezado a circular por las redes. Por las redes sociales y por esa inmensa red llamada Logro\u00f1o, a golpe de cotilleo y macutazo. Queda por lo tanto probado que el Malt\u00e9s tiene para sus incondicionales la categor\u00eda de emblema. Bandera de la noche logro\u00f1esa, como la propia Nuria confesaba en este mismo <a href=\"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/2016\/05\/31\/tragos-rumbas-y-rocanrol\/\">blog<\/a>, hace un par de a\u00f1os. All\u00ed, entre menciones a <strong>Peret<\/strong> y otros dioses menores que alimentaron tantas noches en vela, la ide\u00f3loga del Malt\u00e9s repasaba la trayectoria del bar y conclu\u00eda sus confidencias con la siguiente frase: \u201cMi \u00fanico\u00a0 deseo es seguir divirti\u00e9ndome. Y mientras mis clientes\u00a0 me sigan acompa\u00f1ando,\u00a0 yo sigo\u201d.<\/p>\n<p>Bueno, pues este paseo ha terminado. Mejor dicho, quedar\u00e1 clausurado este verano. De modo que hasta que muera agosto queda tiempo para seguir disfrutando de la oferta que el Malt\u00e9s garantizaba. <strong>Tragos, rumbas y rocanrol<\/strong>, los himnos que alguna vez segu\u00edan sonando tertulia mediante en la misma puerta del bar, cuando cerraba sus puertas pero sus parroquianos manten\u00edan la sana costumbre de la charla semidips\u00f3mana en la calle: quedaban muchas cosas que decir, demasiadas historias que contar. No merec\u00eda la pena marcharse a casa: hab\u00eda que atender a Nuria y al resto del equipo m\u00e9dico habitual.<\/p>\n<p>En esas mismas redes sociales donde se anuncia la penosa noticia de su cierre, parece fraguarse un movimiento popular que permitir\u00eda resucitar al Malt\u00e9s. No tiene por el momento demasiada consistencia: de hecho, parece apuntar tanto en la direcci\u00f3n de convencer a Nuria de que resista al frente de su barra como a que la movilizaci\u00f3n popular se ocupe, un poco en plan asambleario, de que el bar sobreviva. No s\u00e9 si ocurrir\u00e1 alguno de esos milagros. Uno sospecha que cuando se cierra un negocio de esta clase, ser\u00e1 porque sobran los motivos. Y no imagino a la clientela fija haci\u00e9ndose con las riendas del bar, modelo autogesti\u00f3n: conozco a alguno de sus miembros y, la verdad, da mejor el tipo a este lado de la barra que gestionando su interior.<strong> Baco no lo quiera<\/strong>.<\/p>\n<p>De modo que habr\u00e1 que dejarlo estar. Si Nuria lo ha decidido, tendr\u00e1 que ser as\u00ed. Una pena, en todo caso. Aunque siempre quede el consuelo, semejante al que han deparado otras despedidas semejantes, de que el Malt\u00e9s sobreviva en los corazones de quienes bien le han querido. Es un triste consuelo, pero consuelo al fin: de otros bares jam\u00e1s se podr\u00e1 decir lo mismo. Claro que existe una explicaci\u00f3n para que en su adi\u00f3s siga reconfortando a sus fans, para que contin\u00fae brillando su luz all\u00e1 al fondo de la calle Bret\u00f3n: como la propia Nuria confiaba en aquella entrevista, la clave de su \u00e9xito resid\u00eda no tanto en su oferta hostelera como en lo antedicho. Su estatus de br\u00fajula logro\u00f1esa para esp\u00edritus ind\u00f3mitos, rumberos y rocanroleros. Porque el Malt\u00e9s, subrabaya ella, \u201ces como una burbuja, como un agujero negro\u00bb. Ese cosmos se dispone a perder una pieza, mientras al fondo suena <strong>Gato P\u00e9rez,<\/strong> por ejemplo. O las evocadoras palabras de Nuria, que piden m\u00e1rmol: \u00abTanto doy a mis clientes, tanto dan ellos\u00bb.<\/p>\n<p>Diste tanto, Nuria. Diste mucho. Diste demasiado.<\/p>\n<p>P.D. Quienes hayan conocido a Nuria en su actual encarnaci\u00f3n, no habr\u00e1n olvidado anteriores apariciones estelares al frente de ciertas barras conspicuas. <strong>Plas<\/strong> o <strong>Isopo<\/strong>, por ejemplo, locales que duermen el sue\u00f1o de los justos y apenas dir\u00e1n algo a las generaciones imp\u00faberes. Defendi\u00f3 tambi\u00e9n otros bares de la vecina <strong>Laurel<\/strong> y encontr\u00f3 su sitio hace 18 a\u00f1os en este breve y subterr\u00e1neo espacio, cuya atm\u00f3sfera inigualable le tiene como jefa suprema. Sola, o en compa\u00f1\u00eda de otros. Sus parroquianos predilectos, entre quienes Nuria citaba en aquella entrevista al c\u00e9lebre <strong>Walsky<\/strong>. As\u00ed que se har\u00e1 raro: se har\u00e1 raro tropezar con esa puerta cerrada. Sin Walsky dentro. Sin Nuria sentenciando lo siguiente: \u00abAqu\u00ed se\u00a0 bebe de todo. Bueno, mis clientes en realidad se beben\u00a0 lo que yo les ponga\u00bb.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Cuando un bar traspasa la frontera propia, la inherente a todo negocio de ese \u00e1mbito, adquiere otra condici\u00f3n. Se convierte en mito, leyenda, icono. S\u00edmbolo de la ciudad que lo alberga. Faro para su clientela, que peregrina hacia esa barra en busca de algo m\u00e1s que un trago, aunque tambi\u00e9n. 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