{"id":108,"date":"2013-03-11T19:35:26","date_gmt":"2013-03-11T19:35:26","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/?p=108"},"modified":"2013-03-11T19:35:26","modified_gmt":"2013-03-11T19:35:26","slug":"bar-de-fronton","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/2013\/03\/11\/bar-de-fronton\/","title":{"rendered":"Bar de front\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2013\/03\/Cantabria.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-full wp-image-109\" title=\"Daniel y Juan Pablo Garc\u00eda Jim\u00e9nez (Federaci\u00f3n Riojana de Pelota)\" src=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2013\/03\/Cantabria.jpg\" alt=\"Daniel y Juan Pablo Garc\u00eda Jim\u00e9nez (Federaci\u00f3n Riojana de Pelota)\" width=\"600\" height=\"1280\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2013\/03\/Cantabria.jpg 600w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2013\/03\/Cantabria-141x300.jpg 141w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2013\/03\/Cantabria-480x1024.jpg 480w\" sizes=\"(max-width: 600px) 100vw, 600px\" \/><\/a><\/p>\n<p>En 1993 colabor\u00e9 en un libro de la <strong>Federaci\u00f3n Riojana de Pelota<\/strong>, que conmemoraba sus primeros 50 a\u00f1os, por invitaci\u00f3n de\u00a0<strong>Carlos Munti\u00f3n<\/strong>. Le envi\u00e9 este art\u00edculo que recupero aqu\u00ed, que tiene que ver con la pelota como Moby Dick con la caza de ballenas: es decir, que es la excusa. En realidad, hablaba de un bar. El de las <strong>piscinas de Cantabria.<\/strong> Se titulaba <strong>\u2018\u00c9chale la culpa a Emiliano<\/strong>\u2019.<\/p>\n<p><strong>Emiliano<\/strong> tuvo la culpa. Cada ma\u00f1ana de domingo, cada tarde de verano, un pu\u00f1ado de curiosos tomaba al asalto el emparrado el banco corrido alineado contra la pared continua al rebote. Era la misma pared de donde nac\u00eda la puerta trasera del <strong>bar de Cantabria<\/strong>. Peri\u00f3dicamente, de ella emerg\u00eda Emiliano con alg\u00fan porr\u00f3n de vino con gaseosa que alimentara la afici\u00f3n pelotazale -entonces se dec\u00eda as\u00ed- de quienes all\u00ed se asentaban, m\u00e1s atra\u00eddos por la promesa de alg\u00fan s\u00f3lido almuerzo o alguna edificante merienda que por la posibilidad de que algo sucediera en el front\u00f3n propiamente dicho. Con el tiempo, todos acabamos girando la vista hacia los pelotaris. Alguno de ellos tambi\u00e9n se sumaba al convite cuando aparec\u00eda Emiliano desde el bar con el porr\u00f3n y dejaba en suspenso su participaci\u00f3n en aquellas interminables disputas a pala con pelota de goma, especialidad -luego lo supimos- menor en el universo de la pelota.<\/p>\n<p>Pero nunca se nos ocurri\u00f3 que la diversi\u00f3n pudiera graduarse a quienes nos concentr\u00e1bamos all\u00ed, especialmente cuando ca\u00eda la tarde de cualquier verano, convocados a menudo por el campeonato que organizaba a sociedad. Dividido en primera y segunda categor\u00eda, el torneo trasladaba la atenci\u00f3n de los socios a cuanto suced\u00eda en aquel territorio que limitaba al sur con el front\u00f3n \u2018de mujeres\u2019, al norte con el bar, con un pintoresco emparrado al final del ancho y el frontis paralelo a la piscina &#8216;mixta&#8217;. Porque aquel era a\u00fan el tiempo en que las piscinas y hasta los frontones ten\u00edan sexo. El &#8216;de hombres&#8217; ten\u00eda incluso arrendatarios: bastaba con apuntarse en la pizarra que alguien custodiaba en el vestuario para que durante una hora el disfrute del front\u00f3n se concediese a \u00e9ste o a aquel agraciado, suceso que acostumbraba a marginar a los aficionados m\u00e1s j\u00f3venes, en beneficio de sexagenarios pelotaris -recuerdo hoy a un tal Cund\u00edn- que copaban toda la pizarra -y con ella, el front\u00f3n- desde temprana hora.<\/p>\n<p>Afortunadamente, no era, sin embargo, la \u00fanica posibilidad con que contaba la chiquiller\u00eda de entonces. Tambi\u00e9n se encontraba a su disposici\u00f3n el front\u00f3n \u2018de mujeres\u2019, escenariomonopolizado en horario matutino por un rosario de pintorescas aficionadas, una suerte de Lily Alvarez de la pelota a pala. En horario vespertino, el mismo front\u00f3n se rend\u00eda al &#8216;primi&#8217;, colectivista juego que entusiasmaba a los m\u00e1s peque\u00f1os y fomentaba la uni\u00f3n entre sexos que esa curiosa divisi\u00f3n de frontones y piscinas negaba.<\/p>\n<p>Exist\u00eda a\u00fan otra opci\u00f3n. Se trataba de acceder al front\u00f3n &#8216;de hombres&#8217; en las desdichadas horas que segu\u00edan a la comida. Era entonces un recinto inh\u00f3spito, abatido por un sol inclemente, donde nadie osaba asomarse pala en ristre. Quien se arriesgara a una insolaci\u00f3n ten\u00eda en aquellas horas el refugio perfecto para golpear mil veces la pelota contra el frontis sin que nadie le molestara. Aquella era la hora de <strong>Juan Pablo y Daniel<\/strong>. Aliados con alg\u00fan otro infeliz explorador, los hermanos<strong> Garc\u00eda Jim\u00e9nez<\/strong> disfrutaban de la exclusiva del front\u00f3n. Pronto comprobamos que en la cancha se comportaban igual que fuera: Juan Pablo, pelotari silente y sutil, andaba por el front\u00f3n con la misma naturalidad que su hermano Daniel, m\u00e1s explosivo y temperamental. Una caracter\u00edstica les un\u00eda: cuando cre\u00edamos que aquel era un deporte de mancos, los hermanos nos recordaron que se puede golpear la pelota indistintamente con la diestra y la siniestra. Por el contrario, los \u00eddolos de aquel tiempo apenas acertaban a empalar con su mano buena y hasta hab\u00eda quien incorporaba desde el tenis la funesta costumbre de golpear al rev\u00e9s.<\/p>\n<p>No era el caso de nuestros Daniel y Juan Pablo. Cuando ni el oro ol\u00edmpico ni la Copa del Rey ni los Campeonatos del Mundo pod\u00edan siquiera asomarse a su imaginaci\u00f3n, ya se ejercitaban en el noble oficio de enviar pelotazos al rebote con ambas manos. Como dec\u00eda Daniel, \u201clo bueno de la pelota es que siempre tendr\u00e1s los dos brazos igual de fuertes\u201d. Juan Pablo a\u00f1ad\u00eda a su capacidad como pelotari un aplaudido virtuosismo para recuperar las pelotas que mor\u00edan en la red de rejilla que coronaba el front\u00f3n. Los Garc\u00eda Jim\u00e9nez coincid\u00edan tambi\u00e9n en su habilidad para aprovechar cada momento en que quedase vacante el front\u00f3n y colocarse all\u00e1 con sus palas. Cualquier excusa era v\u00e1lida: desde el intervalo que mediaba entre el arriendo de front\u00f3n de hora en hora, hasta esos minutos que los pelotaris perd\u00edan en prepararse o los ratos en que, con la pelota calada, los jugadores marchaban de excursi\u00f3n en su b\u00fasqueda. Daniel y Juan Pablo, que rondaban por el front\u00f3n pala al hombro, avanzaban en su aprendizaje en esos momentos de vac\u00edo pelotazale que llevaban al paroxismo cuando ve\u00edan que el recinto se adjudicaba a lamentables pelotaris, incapaces de enviar la pelota m\u00e1s all\u00e1 del cuadro cinco. En estas ocasiones, los hermanos se apoderaban del rebote y jugaban all\u00ed seguros de que los verdaderos ocupantes del front\u00f3n nunca les molestar\u00edan. Al rev\u00e9s, a los arrendatarios s\u00ed les molestaba esta insolencia adolescente, pero todos sus argumentos para mover de su territorio a los dos mozos se estrellaban contra la certeza de que el front\u00f3n, en justicia, deb\u00eda ser para el mejor. Y los mejores eran Daniel y Juan Pablo.<\/p>\n<p>Porque todos los que nos proteg\u00edamos del sol bajo el emparrado, junto al ancho, sab\u00edamos ya -quiz\u00e1 lo supimos siempre- que asist\u00edamos a la forja de dos campeones. Aunque los \u00eddolos de entonces fuesen Pit\u00edn con su mu\u00f1eca prodigiosa, Jorcano -que viv\u00eda a media pensi\u00f3n en el rebote- Sacrist\u00e1n y su \u2019meyba&#8221; color salm\u00f3n o el propio padre de las criaturas, Daniel Garc\u00eda Villanueva, que entend\u00eda el front\u00f3n como una continuaci\u00f3n de la medicina. Aunque el \u00eddolo de entonces fuese el gran Quemada, todos nos empezamos a rendir a la evidencia en cuanto a los peque\u00f1os hermanos, tras alg\u00fan exitoso coqueteo con el tenis v\u00eda materna, se hicieron fuertes en el front\u00f3n. Con aquellas pelotitas negras -las de punto rojo eran las mejores- y aquellas palas hoy pasadas de moda, Daniel y Juan Pablo galvanizaron la pelota en Cantabria en un curioso proceso de retroalimentaci\u00f3n: mientras ellos creaban afici\u00f3n, la afici\u00f3n creaba dos campeones de quienes enorgullecerse.<\/p>\n<p>Por eso no olvidamos que en aquel destartalado front\u00f3n que, incluso ten\u00eda sexo, naci\u00f3 una pareja para la gloria. Y tampoco olvidamos que buena parte de la culpa la tuvo Emiliano, el due\u00f1o del bar.<\/p>\n<p>P.D. Sobre Cantabria y sus piscinas escribieron al alim\u00f3n <strong>Bernardo S\u00e1nchez<\/strong> y <strong>Jos\u00e9 Ignacio Foronda<\/strong> en un libro titulado <strong>\u2018La ciudad en el ombligo\u2019<\/strong>. (Logro\u00f1o, 2004). Es un volumen editado por <strong>Pepitas de Calabaza<\/strong> que os recomiendo. Creo que su art\u00edculo llevaba el hermoso t\u00edtulo de <strong>\u2018Sociedad recreativa\u2019<\/strong>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En 1993 colabor\u00e9 en un libro de la Federaci\u00f3n Riojana de Pelota, que conmemoraba sus primeros 50 a\u00f1os, por invitaci\u00f3n de\u00a0Carlos Munti\u00f3n. Le envi\u00e9 este art\u00edculo que recupero aqu\u00ed, que tiene que ver con la pelota como Moby Dick con la caza de ballenas: es decir, que es la excusa. 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