{"id":1156,"date":"2018-09-28T15:33:26","date_gmt":"2018-09-28T15:33:26","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/?p=1156"},"modified":"2018-09-28T15:35:31","modified_gmt":"2018-09-28T15:35:31","slug":"bares-de-san-agustin","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/2018\/09\/28\/bares-de-san-agustin\/","title":{"rendered":"Bares de San Agust\u00edn"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2018\/09\/sanagustin.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-large wp-image-1157\" src=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2018\/09\/sanagustin-1024x683.jpg\" alt=\"Vista de la calle San Agust\u00edn. Foto de Justo Rodr\u00edguez\" width=\"1024\" height=\"683\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2018\/09\/sanagustin-1024x683.jpg 1024w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2018\/09\/sanagustin-300x200.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2018\/09\/sanagustin-768x512.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2018\/09\/sanagustin.jpg 1600w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Mis primeros recuerdos de <strong>la calle San Agust\u00edn<\/strong> no tienen que ver con sus bares. Me viene mucho antes a la memoria la gigantesca tienda de ropa San Bernab\u00e9, en la esquina con <strong>Gallarza<\/strong>, donde mi madre me compr\u00f3 el siglo pasado un extra\u00f1o abrigo verde de aire militar, siendo yo todav\u00eda un cadete. \u201cEs el que visten los soldados del Ej\u00e9rcito austriaco\u201d, me explic\u00f3 el vendedor ante mi arrebatada atenci\u00f3n. \u201cLos acaban de traer. Este es el primero que se lleva alguien\u201d. Aquella prenda, que con el paso del tiempo me copiaron otros miembros de mi generaci\u00f3n una vez adoptada como <strong>uniforme del pijo logro\u00f1\u00e9s<\/strong>, convirti\u00f3 a esa tienda, San Bernab\u00e9, en una referencia de mi atolondrada juventud con una alt\u00edsima intensidad: cada vez que paso por su clausurada puerta, donde anuncian que un d\u00eda de \u00e9stos se inaugurar\u00e1 un bar luego de distintas y fallidas reencarnaciones, vuelvo a tener pelusilla en el bigote y calzo pantal\u00f3n corto. Y me resguardo del fr\u00edo por supuesto como mi abrigo austriaco. El ic\u00f3nico loden de color verde.<\/p>\n<p>En la misma calle, poco m\u00e1s all\u00e1 de San Bernab\u00e9, se alojaba otro ed\u00e9n de mi primera infancia: la <strong>panader\u00eda Tudanca<\/strong>, que resiste ahora en <strong>Hermanos Moroy<\/strong>. Sus hermosas puertas de madera escond\u00edan un tesoro en forma de mullida miga y crujiente corteza que sigo tambi\u00e9n sin olvidar. Ocurr\u00eda que la calle, antes que el espinazo de una ronda alternativa a los bares de <strong>la vecina Laurel<\/strong> en que se ha convertido, era en realidad como tantas otras del coraz\u00f3n de Logro\u00f1o una arteria comercial. Donde cab\u00eda de todo: por ejemplo, otra panader\u00eda, <strong>Para\u00edso<\/strong>, que tambi\u00e9n sobrevive (y sin mudarse de sitio). Y un negocio tan fascinante como fascinante era el nombre de su propietario: <strong>Ursicino Espinosa,<\/strong> que parec\u00eda haber sido bautizado como un personaje de Gald\u00f3s pero que se dedicaba a menesteres tan de la \u00e9poca como la compraventa de <strong>pacharanes<\/strong> (endrinas para el vulgo) para su fabricaci\u00f3n casera y artesanal. Era una asombrosa tienda de bebidas, con una rebotica tan profunda (imagino que daba a Laurel) que el mago Espinosa tardaba a veces una eternidad en regresar al mostrador con cada encargo, como si volviera de una excursi\u00f3n por el centro de la Tierra. Hoy, en ese magro espacio tambi\u00e9n se anuncia la apertura de un bar.<\/p>\n<p>Porque la calle entera ya es una sucesi\u00f3n de barras, que han desalojado toda posibilidad de emprender cualquier otro negocio con una contundencia sever\u00edsima. S\u00f3lo resiste el Para\u00edso, con su jugosa oferta de panes y bollos. El resto de locales, salvedad hecha del <strong>Museo de La Rioja<\/strong> (que, por cierto, podr\u00eda abrir su propio bar con terraza en el hermoso jard\u00edn lleno de gatos: yo me apunto), milita en el gremio hostelero. Lo cual no era anta\u00f1o la norma, en aquel tiempo que relataba unos p\u00e1rrafos arriba. Andando los a\u00f1os, s\u00f3lo conservo el recuerdo de un bar que conquistara mi inter\u00e9s: el difunto <strong>Florida<\/strong>. Con sus inolvidables ajos en vinagre, gloria de la cocina logro\u00f1esa. Y su incalificable due\u00f1o, al que recuerdo con alta estima. Algo m\u00e1s arriba se aposent\u00f3 mediados los 80 El Soldado de Tudelilla, luego de su mudanza desde la Laurel (donde me sedujo de chaval con sus platillos de olivas con anchoas) y casi que pare usted de contar. <strong>El Carabanchel, Las Cubanas, el Zubillaga\u2026<\/strong> Poco m\u00e1s en materia de bares: los reci\u00e9n citados eran m\u00e1s bien restaurantes.<\/p>\n<p>Nada que ver por lo tanto con su actual fisonom\u00eda. La calle integra de facto en eso que el feligr\u00e9s llama Laurel, la calle castiza que s\u00ed se dedicaba con mayor vocaci\u00f3n desde antiguo al negocio de los bares. Y porque un sencillo paseo por <strong>Albornoz<\/strong> o la <strong>Traves\u00eda<\/strong> sirve para prolongar las rondas de una calle a otra, a su respectiva perpendicular, integrando de esa manera un circuito que incluye a la vecina Gallarza. A todo eso d\u00e9dalo de calles le llamamos la Laurel, aunque San Agust\u00edn est\u00e1 dotada de su propia personalidad. Sus bares son m\u00e1s o menos recientes y en consecuencia m\u00e1s acomodados a los nuevos gustos de la clientela, lo cual se observa en su decidida tendencia hacia ese tipo de barras bien provistas de bocados en formato tapa. Una religi\u00f3n que por Laurel tard\u00f3 algo m\u00e1s en implantarse.<\/p>\n<p>Porque, aunque no lo parezca, la transformaci\u00f3n de San Agust\u00edn en casi otra Laurel cristaliz\u00f3 seg\u00fan mi recuento har\u00e1 tan solo una d\u00e9cada. En apenas diez a\u00f1os, la calle cambi\u00f3. De entonces m\u00e1s o menos surge ese movimiento que inaugur\u00f3 <strong>La Anjana<\/strong> y siguieron poco despu\u00e9s otras referencias. Incluso el Carabanchel, que en aquella lejana mocedad que comentaba era antes casa de comidas que bar, dispone hoy de su propia barra. Con la que cuenta asimismo la vecina tienda de quesos que abri\u00f3 el gran Abad\u00eda: dos bares que no lo eran en origen pero que acabaron si\u00e9ndolo. Dos muescas m\u00e1s en este rosario que nos llevar\u00eda hasta la jurisdicci\u00f3n del veterano <strong>Soldado de Tudelilla<\/strong> luego de atravesar las siguientes entradas, que har\u00e1 bien en anotar el improbable lector, entrando por Gallarza: a la izquierda, el <strong>Bonsai<\/strong> (que, por cierto, acaba de cerrar: espero que sea moment\u00e1nemente), <strong>El Rinc\u00f3n de Alberto, De Perdidos al R\u00edo (con su coqueta terraza enfrente), La Canilla, La Abuela Encarna, La M\u00e9ngula, Ebisu, Las Cubanas, La Casita<\/strong> (esquina a la Traves\u00eda de Laurel), <strong>El Soldado, R\u00edos, La Mejillonera, Divina Croqueta y El Colmado de los Artistas<\/strong>. Y volviendo sobre nuestros pasos, vista a la derecha: adem\u00e1s de la mencionada <strong>queser\u00eda<\/strong> <strong>de Abad\u00eda<\/strong>, <strong>La Barrica, El Mexicano<\/strong> (con Florida de subt\u00edtulo: precioso gui\u00f1o), <strong>La Chatilla, Tal Cual,<\/strong> la mencionada Anjana, <strong>Los Rotos, La Taberna de Correo, La Taberna de Baco y La Gota de Vino.<\/strong><\/p>\n<p>A ellas se anuncia la inminente compa\u00f1\u00eda de otros dos bares ya mencionados (donde San Bernab\u00e9 y donde Ursicino) y otro m\u00e1s lindando con los dominios de Manolo, ahora que se avecina su jubilaci\u00f3n: en la difunta <strong>tienda de comestibles de Ascac\u00edbar<\/strong>, situada en ese \u00faltimo tramo, el m\u00e1s pr\u00f3ximo a Once de Junio. Que es donde de hecho reside el gran m\u00e9rito (uno de ellos) de El Soldado de Tudelilla, que deberemos reconocerle ahora que entona el adi\u00f3s: haber acostumbrado a los potenciales clientes de la calle Laurel a ingresar en sus dominios entrando por ese angosto pasadizo, el tramo superior de San Agust\u00edn, y no por Gallarza como era costumbre. Corr\u00eda 1987 y San Agust\u00edn, la querida calle que alberg\u00f3 a tantos emblemas de mi adolescencia, empezaba a convertirse en otra cosa. No ser\u00eda ya el territorio para explorar con mi abriguito austriaco el delicioso pan sobado de Tudanca ni la manera furtiva de penetrar por la puerta de atr\u00e1s en <strong>la supertienda llamada Ideal<\/strong>. Ser\u00eda la prolongaci\u00f3n natural de la calle Laurel aunque, ojo, con una identidad singular y reconocible. De tal manera que San Agust\u00edn es hoy para quien esto escribe una y varias calles a la vez: la que fue, la que es y la que ser\u00e1.<\/p>\n<p>Alguna ventaja ten\u00eda que tener eso de cumplir a\u00f1os.<\/p>\n<p>P. D. Toda investigaci\u00f3n alrededor de los bares de la calle San Agust\u00edn que se precie deber\u00e1 incluir por supuesto los alojados en <strong>la plaza del mismo nombre.<\/strong> Esas exitosas terrazas donde tan raro resulta a menudo encontrar sitio, as\u00ed en verano como en invierno. Yo admiro profundamente a sus parroquianos, puesto que han decidido ignorar las enojosas vistas al espantoso aspecto que presenta el edificio de Correos, protegido por un haz de vallas que convierten el tr\u00e1nsito por sus cercan\u00edas en un paseo por el horror, un monumento al incivismo y a la fealdad. Qu\u00e9 suerte la de quienes se acomodan en los veladores del <strong>Fax<\/strong> y le dan la espalda a tanta incuria. Yo, de momento, prefiero esperar: esperar a ver si se levanta por fin el ansiado hotel y se dota de la terraza con vistas al ombligo de Logro\u00f1o que me han prometido. Lo creer\u00e9 cuando lo vea.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Mis primeros recuerdos de la calle San Agust\u00edn no tienen que ver con sus bares. Me viene mucho antes a la memoria la gigantesca tienda de ropa San Bernab\u00e9, en la esquina con Gallarza, donde mi madre me compr\u00f3 el siglo pasado un extra\u00f1o abrigo verde de aire militar, siendo yo todav\u00eda un cadete. 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