{"id":1187,"date":"2018-11-02T17:14:09","date_gmt":"2018-11-02T17:14:09","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/?p=1187"},"modified":"2018-11-02T17:15:34","modified_gmt":"2018-11-02T17:15:34","slug":"1187","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/2018\/11\/02\/1187\/","title":{"rendered":"Los bares malditos"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2018\/11\/se-traspasa.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-large wp-image-1188\" src=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2018\/11\/se-traspasa-1024x698.jpg\" alt=\"se-traspasa\" width=\"1024\" height=\"698\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2018\/11\/se-traspasa-1024x698.jpg 1024w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2018\/11\/se-traspasa-300x205.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2018\/11\/se-traspasa-768x524.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2018\/11\/se-traspasa.jpg 1600w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Como es bien sabido, ser supersticioso da <strong>mala suerte,<\/strong> as\u00ed que nadie deber\u00eda caer en ese error funesto. Un principio que vale por supuesto para el mundo de los bares. Cuando abre sus puertas un nuevo negocio, su inauguraci\u00f3n consagra una cadena de azares dichosos: alguien tuvo esa idea y ha logrado al fin materializarla. Enhorabuena. As\u00ed que nada deber\u00eda interponerse entre esa felicidad que entonces le desborda y la siguiente etapa del camino: tener \u00e9xito. Hacerse con una clientela adicta y fiel, que valore su oferta de tragos y bocados, acreditar agilidad y eficacia en el servicio, asegurar la higiene y la limpieza adecuadas y garantizar el resto de arsenal propio de todo bar que aspire a triunfar. Pero adem\u00e1s tiene que tener aquello que Napole\u00f3n le ped\u00eda a sus generales: que tuvieran suerte. Un yo qu\u00e9 s\u00e9. Un qu\u00e9 s\u00e9 yo. Un intangible. Porque<strong> la diosa Fortuna<\/strong> es caprichosa y derrama sus dones donde quiere.<\/p>\n<p>\u00bfDonde quiere? Me corrijo a m\u00ed mismo. En materia de bares, al menos, la suerte suele alumbrar a los campeones. A quienes quieren de verdad ver c\u00f3mo cristalizan sus sue\u00f1os. A quienes meten todas las horas del mundo, se llevan el negocio a casa dentro de la cabeza y ponen el esc\u00e1ner personal a funcionar cada ma\u00f1ana para detectar imperfecciones o calibrar en qu\u00e9 les mejora la competencia. Quienes atienden gentiles las sugerencias de los parroquianos, solucionan \u00e1giles los contratiempos que surgen y procuran no apartarse de su prop\u00f3sito inicial, adapt\u00e1ndolo a la realidad cuando sea necesario. Persistencia y flexibilidad. Unas consignas que valen para todo proyecto (y me aplico el cuento). Pero que necesitan de lo antedicho: suerte. Porque se puede hacer muy bien las cosas y fracasar, la palabra maldita. La que habr\u00e1 tenido que pronunciar para sus adentros <strong>m\u00e1s de un amigo hostelero<\/strong>.<\/p>\n<p>Paso a menudo por un bar cercano a esta casa que me acoge con tanta paciencia y veo reencarnarse en variados proyectos sus puertas una y otra vez en apenas unos meses. Siempre, sin \u00e9xito. Otras ideas, otros tripulaci\u00f3n, otras cabezas en el puente de mando&#8230; Pero nada. Nada que hacer. Ahora vuelve a estar cerrado, como si estuviera en efecto maldito. Se necesita a alguien con mucho arrojo para apartar de s\u00ed esta infausta etiqueta y me temo que no est\u00e1 el patio para semejantes alardes. Es <strong>una zona hostelera de cierto \u00e9xito,<\/strong> el local hace esquina (esquina muy transitada) y en apariencia nada le deber\u00eda impedir triunfar alguna vez. Pero lo dicho: me temo que si alg\u00fan alma intr\u00e9pida anda cavilando abrir por ese barrio un bar antes pensar\u00e1 en cualquier otro sitio que en esta bajera. Porque parece gafada.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 habr\u00e1 fallado? Me hago la pregunta ante sus puertas clausuradas de vez en cuando y concluyo que era f\u00e1cil intuir que los promotores de tales proyectos viajaban en la direcci\u00f3n equivocada. Ninguno supo dotar a su bar de lo que realmente necesita: esp\u00edritu. Un sello distintivo, empezando por la decoraci\u00f3n, aberrante una y otra vez hasta coquetear con el puro espanto. O una identidad personal, algo que los hiciera diferentes respecto a la competencia. Ese intangible que animara al cliente potencial a detenerse, ingresar en su interior y pedirse una consumici\u00f3n. Uno observaba cada uno de esos \u00faltimos proyectos intentando abrirse paso y ve\u00eda lo que tantas veces ve en tantas circunstancias: que sus ide\u00f3logos no sab\u00edan ni qu\u00e9 era lo que quer\u00edan poner en marcha. Que abr\u00edan un bar por abrirlo. Como pod\u00edan haber inaugurado <strong>cualquier otro negocio<\/strong>.<\/p>\n<p>Que es donde quer\u00eda ir a parar. Un bar: parece sencillo de gestionar pero resulta que no lo es tanto. Me asombra de hecho lo contrario: convertirme en espectador de esos bares cuya dirigencia los gobierna con mucha clase, con estilo sutil y delicado. Me encanta ver a sus responsables moverse como bailarines que ejecutaran una elegante coreograf\u00eda organizada para su clientela. Esos momentos en que todo fluye. Pides tu servicio y al minuto lo tienes, lo consumes y te retiran el vaso y la vajilla con la misma presteza, te cobran sin abandonar el resto de ocupaciones, atentos los camareros a qui\u00e9n entra y qui\u00e9n sale, sabedores de que te van a servir lo que quieres aunque t\u00fa mismo lo ignores. Bares gobernados sin demasiado estr\u00e9pito, vestidos siempre de domingo porque sus due\u00f1os acertaron con la decoraci\u00f3n, no ahorraron recursos (empezando por su ingenio) en adecuarlo a los potenciales gustos de su potencial clientela y supieron adem\u00e1s dotar al conjunto de lo antedicho: una personalidad propia. La que sea, pero acusada. Esos bares suelen estar bendecidos desde que ven la luz. Luego toca esforzarse, claro, para no salirse de la l\u00ednea marcada y toca tambi\u00e9n adaptarse a la evoluci\u00f3n de los tiempos. Mandamientos que exigen dedicaci\u00f3n y atenci\u00f3n a los detalles. Y perseverar, la palabra clave. De lo contrario, ya conocen su destino: convertirse en malditos. <strong>La antesala del cierre.<\/strong><\/p>\n<p>P. D. Uno no termina de acostumbrarse al doloroso d\u00eda en que un bar despide su clientela a la francesa. Ya s\u00e9 que lo habitual entre <strong>Logro\u00f1o en sus bares<\/strong> es lo contrario: que se abran m\u00e1s de los que cierran. Y aqu\u00ed hemos anotado esas gozosas aperturas o reapariciones que llenan de bendiciones nuestros pasos como parroquianos de todos ellos. Pero ocurre con los bares logro\u00f1eses lo mismo que el paisano Rafael Azcona anotaba\u00a0sobre los seres humanos: que de repente se muere gente que nunca se hab\u00eda muerto. Otro tanto respecto a los bares: se cierran establecimientos ic\u00f3nicos, muy arraigados en el imaginario logro\u00f1\u00e9s. Bares bendecidos por sus feligreses dicen adi\u00f3s. Lo nunca visto, la desconcatenaci\u00f3n de los exorcismos, el apocalipsis&#8230; Ser\u00e1 que me contamina el f\u00fanebre esp\u00edritu del D\u00eda de Difuntos, pero llevo unos d\u00edas preocupado: a veces, veo bares. Bares malditos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Como es bien sabido, ser supersticioso da mala suerte, as\u00ed que nadie deber\u00eda caer en ese error funesto. Un principio que vale por supuesto para el mundo de los bares. 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