{"id":119,"date":"2013-03-21T20:12:50","date_gmt":"2013-03-21T20:12:50","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/?p=119"},"modified":"2013-03-21T20:12:50","modified_gmt":"2013-03-21T20:12:50","slug":"un-bar-con-nombre-de-bollo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/2013\/03\/21\/un-bar-con-nombre-de-bollo\/","title":{"rendered":"Un bar con nombre de bollo"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2013\/03\/cafe.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-full wp-image-120\" title=\"Caf\u00e9 Suizo de Haro, en la plaza de la Paz\" src=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2013\/03\/cafe.jpg\" alt=\"Caf\u00e9 Suizo de Haro, en la plaza de la Paz\" width=\"600\" height=\"1031\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2013\/03\/cafe.jpg 600w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2013\/03\/cafe-175x300.jpg 175w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2013\/03\/cafe-596x1024.jpg 596w\" sizes=\"(max-width: 600px) 100vw, 600px\" \/><\/a><\/p>\n<p>El <strong>Suizo<\/strong> es ese caf\u00e9 con nombre de <strong>bollo<\/strong>, un bar que comparte su denominaci\u00f3n con la golosina hom\u00f3nima, desplegada por toda <strong>Espa\u00f1a<\/strong>, <strong>La Rioja<\/strong> incluida. En efecto, <strong>Logro\u00f1o<\/strong> tuvo su <strong>Caf\u00e9 Suizo<\/strong>, ya desaparecido, aunque muy presente en la memoria de sus ciudadanos m\u00e1s longevos. Se alzaba en la calle que hoy conocemos como\u00a0<strong>avenida de La Rioja,<\/strong> en pleno <strong>Espol\u00f3n<\/strong>, y ejerc\u00eda seg\u00fan parece como im\u00e1n vecinal, una de esas barras que pronto se convierten en referencia, sobre todo porque entonces escaseaban: as\u00ed suced\u00eda a principios del siglo XX, cuando el Suizo se ofrec\u00eda como el faro que iluminara el ocio logro\u00f1\u00e9s, entonces una conquista todav\u00eda reciente.<\/p>\n<p>En efecto, a todos los caf\u00e9s suizos que se diseminaron por el solar patrio se debe la entronizaci\u00f3n no s\u00f3lo del caf\u00e9, sino de la tertulia que surg\u00eda de modo natural, ese Parlamento oficioso que tanta literatura gener\u00f3 hasta hace no tanto. Lo cuenta el prestigioso historiador <strong>Antonio Bonet Correa<\/strong> en su imprescindible volumen \u2018<strong>Los caf\u00e9s hist\u00f3ricos\u2019<\/strong>, donde se\u00f1ala el a\u00f1o de <strong>1881<\/strong> como fecha fundacional de estos caf\u00e9s, cuyo nacimiento sit\u00faa en <strong>Bilbao<\/strong>. De ah\u00ed se fueron expandiendo por Madrid, Pamplona, Sevilla, Granada\u2026 Nada menos que 53 establecimientos de estirpe helv\u00e9tica lleg\u00f3 a alojar el suelo espa\u00f1ol, tres de ellos en La Rioja que uno sepa: el citado de Logro\u00f1o, el tambi\u00e9n desaparecido (ay) de <strong>Santo Domingo<\/strong> y el que motiva estas l\u00edneas: el <strong>Caf\u00e9 Suizo de Haro<\/strong>, hermoso ejemplo de esta tipolog\u00eda que tanto encanto procura a las ciudades que a\u00fan los acogen y se resisten a derribarlos.<\/p>\n<p>\u00bfDe d\u00f3nde nace su atractivo? La respuesta es sencilla: de que sirven como testimonio de un tiempo que ya ces\u00f3. Por lo general se ubican en edificios de arraigado sabor y estilizada arquitectura fin de siglo, en el coraz\u00f3n de las localidades que los albergan. Despliegan una teor\u00eda de veladores as\u00ed en la terraza exterior como en su interior: la primera, paso de paloma obligado para enterarse de por d\u00f3nde discurre la vida ciudadana; la segunda, escenario de improvisadas tertulias bien regadas, donde un d\u00eda descoll\u00f3 el vate local, velaron sus primeras armas los aspirantes a escritor o ejerci\u00f3 como virrey el literato de guardia. Si hoy refresco el recuerdo de estos caf\u00e9s suizos es porque fui adicto al de Santo Domingo y todav\u00eda hoy aguardo el milagro de que reabran sus puertas cada vez que enfilo <strong>El Espol\u00f3n calceatense<\/strong>. Y soy igualmente adicto al de Haro, que visito cada vez que asomo por la <strong>plaza de la Paz,<\/strong> que hoy imagino rebosante de la curiosidad de ind\u00edgenas y forasteros por la flamante exposici\u00f3n <strong>La Rioja Tierra Abierta<\/strong>.<\/p>\n<p>As\u00ed que all\u00e1 va este consejo: si acude alg\u00fan improbable lector uno de estos d\u00edas por Haro para deleitarse con la reci\u00e9n inaugurada muestra y quiere conocer de primera mano un destilado de la escencia local, d\u00e9jese caer por el Suizo. Tiene los escenarios de la exposici\u00f3n a un paso, a mano tambi\u00e9n<strong> La Herradura<\/strong> y el horno de<strong> Terete<\/strong>; la estupenda vista de su arquitectura de los siglos XIX y XX merece tambi\u00e9n un paseo, que puede concluir en <strong>La Florida<\/strong>. Puede elegir igualmente entre las bodegas de todas las \u00e9pocas para echarles un pormenorizado vistazo. Pero, sobre todo, merece la pena deleitarse con ese aroma de otra \u00e9poca, con la sensaci\u00f3n de que visitamos uno de esos bares destinados pronto a ser barridos por la modernidad mal entendida, le confiere un aire especial a la visita. Y de paso uno se reconcilia con el oficio de camarero, que en estas paredes se desarrolla con gentileza y profesionalidad.<\/p>\n<p>P.D. Cita Antonio Bonet en el libro citado c\u00f3mo el invento del caf\u00e9 suizo se debe a dos viajeros que, procedentes del pa\u00eds alpino, arribaron un d\u00eda de 1881 a Bilbao y mientras esperaban el velero que les llevara hasta Am\u00e9rica se vieron sorprendidos por la costumbre de que los mocetes que paseaban por el Arenal de la mano de sus ni\u00f1eras: cada tarde su merienda consist\u00eda en pan con chocolate. As\u00ed que Matossi y Franconi, que as\u00ed se apellidaban ambos caballeros, decidieron quedarse en la villa vizca\u00edna, tomaron asiento en el coraz\u00f3n del Bocho y empezaron a sacar de un horno sus bollos de leche reci\u00e9n cocidos. \u00c9xito rotundo: hab\u00eda nacido el bollo suizo, que hoy todav\u00eda resiste. Nuestros amigos fundaron pronto una pasteler\u00eda que concit\u00f3 el aplauso de los bilba\u00ednos y, con buena l\u00f3gica, acto seguido abrieron un lugar donde untar el bollo: es decir. un caf\u00e9. Un caf\u00e9, por supuesto, suizo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El Suizo es ese caf\u00e9 con nombre de bollo, un bar que comparte su denominaci\u00f3n con la golosina hom\u00f3nima, desplegada por toda Espa\u00f1a, La Rioja incluida. En efecto, Logro\u00f1o tuvo su Caf\u00e9 Suizo, ya desaparecido, aunque muy presente en la memoria de sus ciudadanos m\u00e1s longevos. 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