{"id":1237,"date":"2018-12-28T19:22:24","date_gmt":"2018-12-28T19:22:24","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/?p=1237"},"modified":"2018-12-28T19:22:24","modified_gmt":"2018-12-28T19:22:24","slug":"la-barra-vacia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/2018\/12\/28\/la-barra-vacia\/","title":{"rendered":"La barra vac\u00eda"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2018\/12\/tormantos-660x371.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-full wp-image-1238\" src=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2018\/12\/tormantos-660x371.jpg\" alt=\"Bar en Tormantos. Foto de Justo Rodr\u00edguez\" width=\"660\" height=\"371\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2018\/12\/tormantos-660x371.jpg 660w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2018\/12\/tormantos-660x371-300x169.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 660px) 100vw, 660px\" \/><\/a><\/p>\n<p>Con motivo del 125 aniversario que este peri\u00f3dico cumpli\u00f3 en el 2014, el redactor P\u00edo Garc\u00eda y el fot\u00f3grafo Justo Rodr\u00edguez se lanzaron a recorrer <strong>La Rioja. De cabo a rabo<\/strong>. Su viaje replicaba el que a\u00f1os antes hab\u00edan protagonizado otros dos enviados especiales de esta casa a las entra\u00f1as de la regi\u00f3n, Roberto Iglesias y Pablo Herce. Una gu\u00eda de viajes por duplicado hacia el interior del yo colectivo, donde recopilaron esas im\u00e1genes que forman parte del humus com\u00fan. Donde descollaban por un lado la diversidad y por otro, la homogeneidad: hasta en los m\u00e1s apartados rincones se tropezaron con la trilog\u00eda formada por los iconos riojanos. A saber, <strong>iglesia, front\u00f3n y bar<\/strong>.<\/p>\n<p>Ya anotaba entonces el compa\u00f1ero Garc\u00eda una pena compartida: el miembro m\u00e1s humilde de ese triunvirato se bat\u00eda en retirada. <strong>El bar, espejo de La Rioja interior<\/strong> en perpetuo combate contra la despoblaci\u00f3n, sufre su propio invierno demogr\u00e1fico. Municipios con una veintena larga de barras donde se produc\u00eda cada d\u00eda, a\u00f1o tras a\u00f1o, el hermoso milagro de la <strong>socializaci\u00f3n<\/strong> tienen ahora suficiente con los dedos de una mano para contar los que sobreviven. Que merecen desde luego un homenaje: tiene un m\u00e9rito may\u00fasculo defender cada ma\u00f1ana un negocio declinante, contra el que conspiran las modas recientes, tendencias que aparecen de repente y cuando se marchan, han dejado en el puro hueso al sector hostelero y, a\u00fan peor, al conjunto del mundano universo que en sus barras se guarec\u00eda. Habitantes de esa regi\u00f3n desierta que se resignan a ver c\u00f3mo se desnudan sus bares de confianza hasta que desaparecen, dejando un hueco imposible de rellenar. Un fen\u00f3meno clonado a escala en <strong>los barrios perif\u00e9ricos de Logro\u00f1o<\/strong>, cuyos vecinos dicen adi\u00f3s a ese santuario que es tambi\u00e9n faro y br\u00fajula ciudadana. Donde el parroquiano reclama algo m\u00e1s que un cortado o una copa de vino con su tortilla. Busca en realidad lo que buscamos todos: calor humano. El que se pierde cuando se vac\u00edan los pueblos y se vac\u00edan los bares.<\/p>\n<p>Vienen estas palabras a cuento de una informaci\u00f3n reciente, seg\u00fan la cual <strong>el sector hostelero en Espa\u00f1a<\/strong> ha atravesado mejores momentos. Nada que usted, improbable lector, no haya visto con sus propios ojos, m\u00e1s all\u00e1 de que tanta y tanta apertura, que coloniza sobre todo el centro logro\u00f1\u00e9s, contribuya a forjar una imagen distinta. La crisis, la maldita crisis, se ha llevado por delante en la \u00faltima d\u00e9cada a <strong>uno de cada diez bares en La Rioj<\/strong>a. La cifra total cay\u00f3 por debajo del n\u00famero m\u00e1gico de 1.500 el a\u00f1o pasado, un dato que no est\u00e1 mal pero que conspira contra el aspecto que presentaba el sector no hace demasiado tiempo. Y que se hace carne en estos hermosos p\u00e1rrafos con que el mencionado P\u00edo Garc\u00eda describ\u00eda ese universo tan caro a todo riojano cuando cruzaba la regi\u00f3n: all\u00e1 va su art\u00edculo, apuntalado por esa preciosa imagen de Justo Rodr\u00edguez que preside estas l\u00edneas. No es la Am\u00e9rica de <strong>Hopper<\/strong>: es un humilde bar de <strong>Tormantos<\/strong>.<\/p>\n<p><em>No hay cosa m\u00e1s triste que un pueblo sin bar. Puede incluso haber gente en la plaza o agricultores labrando las huertas, pero todo se vuelve inh\u00f3spito, de una melancol\u00eda feroz, cuando llega la hora del verm\u00fa o cae la intempestiva noche del invierno y no hay una barra cercana en la que acodarse o una mesa con tapete verde sobre la que jugar una partida. Resulta muy agradable, en cambio, pasear por las calles silenciosas de un villorrio y escuchar a lo lejos el gru\u00f1ido de la cafetera o el tintineo de las botellas de licor. En un mundo de \u00e1rboles, riachuelos y pajarillos, estos sonidos tan confortables traen la magia del progreso. Donde hay un bar, hay civilizaci\u00f3n.<\/em><\/p>\n<p><em>Durante nuestro viaje por La Rioja, el fot\u00f3grafo Justo Rodr\u00edguez y yo hemos desarrollado un cari\u00f1o profundo por los bares de los pueblos. Especialmente por aquellos bares que desaf\u00edan cualquier criterio economicista y que sobreviven con una generosidad de misioneros. Bares como los de Tob\u00eda, Foncea, Munilla, Gimileo, Villarta-Quintana, Ba\u00f1os de Rioja, Cordov\u00edn, Tormantos, Clavijo, Leiva Bares heroicos, que a veces ocupan salones municipales y que abren (siquiera unas horas) para mantener afanosamente viva una llama que se extingue.<\/em><\/p>\n<p><em>&#8216;La Rioja de cabo a rabo&#8217; comenz\u00f3 un 18 de noviembre, a las once de la ma\u00f1ana, en la cafeter\u00eda La Plaza de Aguilar del R\u00edo Alhama y finaliz\u00f3 un a\u00f1o despu\u00e9s, a las siete de la tarde, en la Sociedad Recreativa El Trillo de Foncea. Durante este periplo hemos visto bares con decoraci\u00f3n sesentera y bares que mantienen celosamente su esp\u00edritu de madera y hierro; bares con un surtido selv\u00e1tico de pinchos y bares desnudos, de una austeridad conventual; bares que ponen m\u00fasica rock a todo a trapo y bares que prefieren enchufar la pel\u00edcula de indios de la ETB Pero siempre fueron lugares propicios para la conversaci\u00f3n. Cuando lleg\u00e1bamos a un pueblo y encontr\u00e1bamos un bar en funcionamiento, sent\u00edamos como si un camino salvador se nos abriera. \u00a1No hay mejor vivero de an\u00e9cdotas, de recuerdos, de historias! \u00d3scar, propietario del bar Maruchi, en Laguna de Cameros, incluso busc\u00f3 a su sobrina Mar\u00eda Jos\u00e9 para que nos subiera en todoterreno a La Pe\u00f1a, el lugar que ofrece las mejores vistas de aquel municipio hermoso y montaraz. Ricardo Nicol\u00e1s, pelotari y propietario del bar Nico, no solo nos explic\u00f3 los pormenores de su pueblo, Ribafrecha, sino que nos dio la idea para elaborar una serie fotogr\u00e1fica sobre frontones que tuvo una notable repercusi\u00f3n. Y a\u00fan recordamos el d\u00eda en que, rotos de cansancio, llegamos a Cordov\u00edn, subimos las escaleras que conduc\u00edan al bar El Sindicato, nos sentamos ante una barra de madera, grande y pulida como las de un saloon del oeste, y nos pedimos un kas de lim\u00f3n. Jack Lemon, vestido de vaquero, hablaba en la televisi\u00f3n mientras que de alguna parte, quiz\u00e1 de un ordenador port\u00e1til, sal\u00edan los primeros acordes de La Internacional. Nos quedamos quince minutos estupefactos, callados, secretamente divertidos, felices de estar all\u00ed.<\/em><\/p>\n<p><em>Tambi\u00e9n nos suced\u00eda al contrario: sin un bar, de pronto todo se volv\u00eda l\u00e1nguido, mortecino, ag\u00f3nico, dif\u00edcil.<\/em><\/p>\n<p>A lo cual s\u00f3lo a\u00f1ado una palabra: am\u00e9n.<\/p>\n<p>P. D. El tono crepuscular de estas l\u00edneas se corresponde con la evocadora enso\u00f1aci\u00f3n que bombea nuestro esp\u00edritu cada final de a\u00f1o. Uno se pone a mirar hacia atr\u00e1s, un atr\u00e1s delimitado por la frontera de este mismo a\u00f1o, y contempla horrorizado unas cuantas bajas en este proteico mundo de los bares logro\u00f1eses. Bares que no volver\u00e1n, cuya ausencia no compensa las recientes aperturas o las que se anuncian. Entre ellas, derramo una imaginaria l\u00e1grima por la <strong>sidrer\u00eda<\/strong> que el amigo <strong>Marino <\/strong>defend\u00eda en <strong>San Gregorio.<\/strong> Atravesar ahora por su cancelada puerta tiene algo de epitafio. De modo que el alma se espanta y aconseja apresurar la marcha: los pasos se dirigen entonces raudos hacia, por ejemplo, el resucitado <strong>Soldado de Tudelilla<\/strong>. Desde donde, reconfortado por las p\u00f3cimas que despacha la maga Azucena, aprovecho para recordar a un ilustre desaparecido, el compa\u00f1ero Emilio Ram\u00edrez que nos dej\u00f3 hace un a\u00f1o, y teclear aquella frase tan suya, tan riojana, tan logro\u00f1esa, que empleaba para felicitar<strong> el a\u00f1o nuevo<\/strong>: buena entrada, mejor salida.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Con motivo del 125 aniversario que este peri\u00f3dico cumpli\u00f3 en el 2014, el redactor P\u00edo Garc\u00eda y el fot\u00f3grafo Justo Rodr\u00edguez se lanzaron a recorrer La Rioja. De cabo a rabo. 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