{"id":1255,"date":"2019-02-01T11:42:55","date_gmt":"2019-02-01T11:42:55","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/?p=1255"},"modified":"2019-02-01T11:43:32","modified_gmt":"2019-02-01T11:43:32","slug":"salvemos-las-bodeguillas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/2019\/02\/01\/salvemos-las-bodeguillas\/","title":{"rendered":"Salvemos las bodeguillas"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/02\/Cache.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-large wp-image-1256\" src=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/02\/Cache-1024x683.jpg\" alt=\"Jos\u00e9 Antonio, en su bodeguilla. Foto de Justo Rodr\u00edguez\" width=\"1024\" height=\"683\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/02\/Cache-1024x683.jpg 1024w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/02\/Cache-300x200.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/02\/Cache-768x512.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/02\/Cache.jpg 1600w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>No ser\u00e1 la primera vez. Espero que tampoco la \u00faltima, porque eso significar\u00eda una mala noticia para cualquier coraz\u00f3n logro\u00f1\u00e9s. Me refiero a que en alguna otra ocasi\u00f3n se ha mencionado en este espacio la querencia de su propietario (servidor de ustedes) hacia el declinante mundo de <strong>las bodeguillas,<\/strong> anta\u00f1o una referencia hostelera de tron\u00edo y us\u00eda, hoga\u00f1o una tipolog\u00eda en retroceso: el vino se sirve en botella, el granel se bate en retirada y suenan por lo tanto las trompetas del Apocalipsis. La modernidad era esto. Un relato donde la costumbre de llevar la botella a la bodeguilla de guardia (o la jarra o la garrafa) desde casa para que la rellenaran los due\u00f1os del negocio con <strong>el vinazo aquel de los carreteros<\/strong> que un d\u00eda escuch\u00e9 glosar a Camilo Jos\u00e9 Cela se ha convertido en un h\u00e1bito tan anticuado como silbar por la calle. Aunque yo lo sigo haciendo. Lo de silbar. Con perd\u00f3n.<\/p>\n<p>De modo que cuando uno tropieza en su deambular por estas calles con una bodeguilla, derrama inevitablemente una imaginaria l\u00e1grima por los alegres d\u00edas del ayer que ya no volver\u00e1n. Porque suele tratarse de negocios ya clausurados, que conservan en su fachada el r\u00f3tulo de aquellos tiempos en que serv\u00edan sus vinos al por mayor para felicidad de una fiel parroquia, formada por hombretones a quienes recuerdo taciturnos, emboscados tras sus vasos antes de llevarse consigo el vino a casa: catadores natos. Que alguna noche acompa\u00f1an la trasiega con un bocado ret\u00e9n y castizo, alguna cazuela, <strong>el bocadillo de sardinas o una patata asada<\/strong>. No se necesitaba m\u00e1s por entonces. El para\u00edso estaba a la vuelta de la esquina porque era un ed\u00e9n de pacotilla. Ni hur\u00edes ni leche de burra: tintazo y tentetieso.<\/p>\n<p>Un rosario de bodeguillas festoneaba entonces <strong>Logro\u00f1o<\/strong>. Hoy, se cuentan con los dedos de una mano. Paso a menudo por una de las \u00faltimas en cerrar, Vinos N\u00e9stor: su fachada recuerda los a\u00f1os de gloria, una punzada de nostalgia que te devuelve la imagen de ti mismo como feligr\u00e9s de estas barras castizas como pocas. Cada cual, cada logro\u00f1\u00e9s, ten\u00eda sus referencias de confianza. Yo visitaba una de ellas con frecuencia, al final de la calle Labradores. Fui tambi\u00e9n m\u00e1s o menos asiduo de <strong>Vinos Goyo,<\/strong> en un recodo de <strong>Marqu\u00e9s de la Ensenada<\/strong>, y cliente de la bodeguilla del <strong>Neira<\/strong> como todo estudiante del Instituto D\u00b4Elhuyar: en sus barricas se impart\u00eda otra clase de magisterio. Al otro lado de la barra, dispon\u00edan de sus propios catedr\u00e1ticos.<\/p>\n<p>A\u00f1ada el improbable lector cuantas cuentas desee a este rosario de dolor: dolor por tanta y tanta desaparici\u00f3n. Aunque contiene tambi\u00e9n alg\u00fan misterio gozoso. Porque no s\u00f3lo sobrevive el Neira reci\u00e9n citado sino que tambi\u00e9n <strong>Vinos Bobadilla,<\/strong> en su doble sede de <strong>Santa Isabel<\/strong> y<strong> P\u00e9rez Gald\u00f3s<\/strong>, puede presumir de longevidad. Pero, ay, no resisten muchas m\u00e1s. Si no me corrige alg\u00fan alma caritativa con mejor informaci\u00f3n y m\u00e1s actualizada, a esa n\u00f3mina s\u00f3lo cabe agregar un descubrimiento reciente: <strong>El Cache<\/strong>. Un hallazgo. Una epifan\u00eda. Un negocio que tiene su sede en la calle Cig\u00fce\u00f1a, por donde paseo con alguna asiduidad pero al parecer despistado: el negocio lleva abierto desde 1976, tal d\u00eda como hoy (un 2 de febrero) y s\u00f3lo ahora reparo en su existencia.<\/p>\n<p>Lo pilota desde 1992 Jos\u00e9 Antonio, que recogi\u00f3 el relevo de sus progenitores al frente de lo antedicho: una bodeguilla de las de toda la vida, con sus vinos de <strong>Alcanadre y Laguardia<\/strong> (a 0,70 y 0,80 el chato de vino, respectivamente) y una suculenta gama de bocados que detalla seg\u00fan su particular calendario. Empez\u00f3 con el cat\u00e1logo cl\u00e1sico (sardina con guindilla, anchoas y el sucinto etc\u00e9tera de rigor) pero ahora, atenci\u00f3n, oferta el lunes un jugoso surtido de cazuelitas (callos, asadurilla, sangrecilla), el martes se dedica a la tortilla, el mi\u00e9rcoles es el d\u00eda del colesterol (jam\u00f3n, oreja, torrezno, lac\u00f3n) y el jueves, pincho pote todo el d\u00eda. Los viernes se destina a esa suculenta pareja que forman el boquer\u00f3n en vinagre y el bacalao en aceite y mientras tanto va desapachando a la parroquia desde el benem\u00e9rito grifo que riega de vino de Rioja los domicilios del vecindario. \u00bfVa bien el negocio? \u201cNo va mal, no me puedo quejar\u201d, responde. \u201cAunque bodeguilla como \u00e9sta, con vino a granel, creo que es la \u00fanica de Logro\u00f1o\u201d.<\/p>\n<p>Curioso. En estos tiempos de <strong>globalizaci\u00f3n<\/strong> bienpensante, donde nacen tantos y tantos bares colones del abierto anteayer y una marea de franquicias y franquiciados amenaza con invadir las barras conspicua, parece llegada la hora de reivindicar el sabor de siempre. Las bodeguillas de nuestras vidas. Las que deber\u00edamos rescatar en caso de Apocalipsis nuclear o de absoluta colonizaci\u00f3n del temible gastrobar. As\u00ed que lo dichos: salvemos las bodeguillas. Porque ser\u00eda tanto como salvarnos nosotros.<\/p>\n<p>P. D. A este recuento de urgencia de bodeguillas en ejercicio tal vez deba a\u00f1adir un par de ellas cuya fisonom\u00eda en algo las emparentadas con las arriba citadas. Me refiero a las alojadas, una enfrente de otra, en <strong>Rep\u00fablica Argentina<\/strong>. <strong>Vinos Murillo<\/strong> y el <strong>Bar Gil<\/strong>. Este \u00faltimo, aqu\u00ed citado en honor a su elogiable contribuci\u00f3n al imaginario de los bares logro\u00f1eses como \u00faltimo estandarte en la elaboraci\u00f3n de zurracapote en cualquier \u00e9poca del a\u00f1o. El segundo, con su propia identidad. Muy acusada. Sus numerosos fans dan cuenta de su estupenda carta de vinos, sus escogidos bocados y su idiosincrasia tan ca\u00f1\u00ed. Tan ca\u00f1\u00ed que se merece una entrada para \u00e9l solito cualquier d\u00eda de estos. Por ejemplo, cuando me zampe una de sus riqu\u00edsimas patatas asadas, gloria del Logro\u00f1o vintage.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; No ser\u00e1 la primera vez. Espero que tampoco la \u00faltima, porque eso significar\u00eda una mala noticia para cualquier coraz\u00f3n logro\u00f1\u00e9s. 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