{"id":1268,"date":"2019-02-22T12:33:46","date_gmt":"2019-02-22T12:33:46","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/?p=1268"},"modified":"2019-02-22T12:34:12","modified_gmt":"2019-02-22T12:34:12","slug":"los-bares-melancolicos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/2019\/02\/22\/los-bares-melancolicos\/","title":{"rendered":"Los bares melanc\u00f3licos"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/02\/300px-Portrait_of_Dr._Gachet.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-full wp-image-1269\" src=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/02\/300px-Portrait_of_Dr._Gachet.jpg\" alt=\"Retrato del doctor Gachet, obra de Van Gogh\" width=\"300\" height=\"369\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/02\/300px-Portrait_of_Dr._Gachet.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/02\/300px-Portrait_of_Dr._Gachet-244x300.jpg 244w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Seg\u00fan conocieron una vez mis humildes entendederas,<strong> la palabra melancol\u00eda<\/strong> (una de mis favoritas en espa\u00f1ol) naci\u00f3 para designar un mal que aquejaba a los c\u00e9lebres miembros de la <strong>Guardia Suiza<\/strong> papal. Quienes sufr\u00edan de un abandono espiritual de \u00edndole desconocida, al que nadie sab\u00eda poner nombre: es curioso que nuestros antepasados sufrieran de melancol\u00eda sin saberlo, sin designar con una palabra a ese malestar impreciso y sutil porque no encontraban la voz correspondiente. Un mal que atacaba a los soldados vaticanos por una raz\u00f3n comprensible: fuera de casa, lejos de su Helvetia querida, sent\u00edan un qu\u00e9 s\u00e9 yo o un yo qu\u00e9 s\u00e9 invisible hasta entonces para la clase m\u00e9dica. As\u00ed que los herederos de Galeno recurrieron al griego, dieron con la palabra m\u00e1gica (melancol\u00eda, que se empleaba hasta entonces para definir a la llamada bilis negra) y como la consideraron emparentada con esa clase de tristeza propia de quienes la sufren, con tal palabrita nos quedamos. Hasta ahora. Que durar\u00e1 muchos a\u00f1os. Muchos y melanc\u00f3licos a\u00f1os.<\/p>\n<p>Porque seguro que alguna vez todos sufriremos de esa enfermedad y seguro que sucumbiremos a sus efectos: es una dolencia que, a diferencia de la juventud, no se cura con la edad. Y que da\u00f1a a los asiduos a nuestro pasatiempo favorito:<strong> ir de bares<\/strong>. Porque hay bares melanc\u00f3licos para clientes melanc\u00f3licos, los que piensan (pensamos) que cualquier bar pasado fue mejor. En un libro que comentaba la semana pasada, <strong>&#8216;Comimos y bebimos&#8217;<\/strong>, a cuyo autor Ignacio Peyr\u00f3 tuve el gusto de entrevistar hace unos d\u00edas con ocasi\u00f3n de su visita a <strong>Logro\u00f1o<\/strong>, se entonaba un r\u00e9quiem por los bares difuntos que en realidad s\u00f3lo escond\u00eda eso: una oleada de nostalgia no tanto por los bares sino por nosotros que los quisimos tanto. Sobre todo, aquellos bares desaparecidos. Que suelen ser los mejores por inofensivos. Su recuerdo, su vac\u00edo, no deja de agigantar su figura.<\/p>\n<p>Esa estirpe de bares melanc\u00f3licos ocupan en mi coraz\u00f3n dos locales que han conocido d\u00edas mejores. Hago con ellos una salvedad en los prop\u00f3sitos con que naci\u00f3 este blog: no hablar mal de barra alguna. No es mi intenci\u00f3n hacerlo tampoco ahora. Pero tengo que reconocer que me sangran los ojos cada vez que cruzo delante de la antigua y quer\u00eddisima barra de<strong> La Granja<\/strong> y no me reconozco en su \u00faltima reinvenci\u00f3n, de nuevo fallida. Y que me dan ganas de llorar pensando en los grandes ratos pasados all\u00ed adentro y en la hermosura de cafeter\u00eda que siempre fue y ahora ha desaparecido. Entono un ay doliente por ella y cruzo los dedos: a ver si su pr\u00f3xima reencarnaci\u00f3n acierta y nos devuelve el a\u00f1orado bar tal y como fue. Sin sombra de la melanc\u00f3lica estampa que ofrece ahora.<\/p>\n<p>Algo parecido me ocurri\u00f3 el otro d\u00eda ante la puerta del amado <strong>Suizo de Haro<\/strong>. Suizo, como la Guardia Suiza. Y no. No: tampoco lo reconoc\u00ed. Iba animado, porque me pone de buen humor que reabran cualquier bar y especialmente aquellos que ayudan a configurar el imaginario local de cualquier poblaci\u00f3n. Y porque siento un cari\u00f1o genuino desde antiguo hacia Haro, con sus inmemoriales piedras y elegantes rincones, su estupenda plaza de la Paz y el resto de coquetas estampas de se\u00f1alado encanto. Entre ellas, el viejo Suizo. Que ofrec\u00eda una decadente sensaci\u00f3n en los \u00faltimos d\u00edas de vida, de donde se comprende que acabara cerrando. La alegr\u00eda de que reabriera sus puertas se ve ahora mitigada por el aspecto que ofrece: el esp\u00edritu de aquel Suizo ha volado de Haro. Y derramo en su honor otra melanc\u00f3lica y figurada l\u00e1grima.<\/p>\n<p>De donde se deduce que ese fen\u00f3meno que comento, la enfermedad que atenaz\u00f3 a los guardias suizos, tiene bastante que ver con el sentimiento de p\u00e9rdida. Ellos lloraban por su patria perdida. Yo a\u00f1oro mis bares igualmente perdidos. Arrumbados en el desv\u00e1n de la memoria, y perd\u00f3n por la cursilada, ya nada ser\u00e1 lo mismo sin ellos. Fantasear\u00e9 con La Granja tal y como la conoc\u00ed y confiar\u00e9 en que regrese a mi coraz\u00f3n un siglo de \u00e9stos, con el mismo se\u00f1orial estatus. Y espero que una mano caritativa revise con ojo cr\u00edtico este nuevo Suizo que ya no reconozco y le devuelva tambi\u00e9n aquella magia, su condici\u00f3n de icono de Haro. Ante este nuevo, repito lo dicho: prevalece en m\u00ed una mirada melanc\u00f3lica. Que tal vez sea s\u00f3lo m\u00eda. Si quienes el otro d\u00eda lo frecuentaban en buen n\u00famero se sienten predispuestos a gozar y encuentran el bar tan fet\u00e9n como anta\u00f1o, me alegro por ellos. Yo me quedo con el antiguo Suizo y con la a\u00f1orada La Granja. Y me quedo a solas con mis mejores bares. <strong>Los melanc\u00f3licos.<\/strong><\/p>\n<p>P. D. Fue un placer compartir mesa, mantel y una estupenda botella de Lan con el caballero Ignacio Peyr\u00f3, cuya charla en el <strong>Aula de Cultura de Diario LA RIOJA-UNIR<\/strong> estuvo a la altura de su recomendable libro, &#8216;Comimos y bebimos&#8217;. Con el fin de animar a potenciales interesados en conocer su opini\u00f3n al respecto, a eso de comer y beber, publiqu\u00e9 esta entrevista en la web del citado peri\u00f3dico, que comparto ahora <a href=\". https:\/\/www.lomejordelvinoderioja.com\/vino-sobra-oscuridad-20190221081329-nt.html\">aqu\u00ed <\/a>por si alguien se despist\u00f3. Palabra de un perito en bares y un experto acreditado en vino de Rioja.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Seg\u00fan conocieron una vez mis humildes entendederas, la palabra melancol\u00eda (una de mis favoritas en espa\u00f1ol) naci\u00f3 para designar un mal que aquejaba a los c\u00e9lebres miembros de la Guardia Suiza papal. 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