{"id":1276,"date":"2019-03-07T17:43:58","date_gmt":"2019-03-07T17:43:58","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/?p=1276"},"modified":"2019-03-07T17:44:44","modified_gmt":"2019-03-07T17:44:44","slug":"dover-un-bar-de-casi-24-horas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/2019\/03\/07\/dover-un-bar-de-casi-24-horas\/","title":{"rendered":"Dover, un bar de (casi) 24 horas"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/03\/Dover.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-large wp-image-1277\" src=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/03\/Dover-1024x659.jpg\" alt=\"Jugadores de mus del bar Dover. Foto de Juan Mar\u00edn\" width=\"1024\" height=\"659\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/03\/Dover-1024x659.jpg 1024w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/03\/Dover-300x193.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/03\/Dover-768x494.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/03\/Dover.jpg 1600w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Dover<\/strong>, localidad costera con vistas al Atl\u00e1ntico brit\u00e1nico. Dover, la primera poblaci\u00f3n que divisa el viajero que llegue a las islas procedente del continente, si arribara por mar. Dover, c\u00e9lebre por la ya olvidada pel\u00edcula &#8216;Las rocas blancas de Dover&#8217; (con Irene Dunne, Alan Marshall y Roddy McDowall). Dover, nombre de un no menos <strong>c\u00e9lebre bar logro\u00f1\u00e9s<\/strong>. Esa clase de bar logro\u00f1\u00e9s hacia donde miran quienes se preguntan (como yo) por la f\u00f3rmula m\u00e1gica que asegure una notable respuesta de la clientela. Ese bar logro\u00f1\u00e9s que pasma a propios y extra\u00f1os, porque hace posible todos los d\u00edas desde hace 14 a\u00f1os (como poco) el milagro de una intensa actividad que no distingue (casi) entre horarios y estaciones del a\u00f1o.<\/p>\n<p>Porque el Dover, como advierte <strong>\u00c1ngel<\/strong>, su ide\u00f3logo principal, imprime desde que lo tom\u00f3 bajo sus riendas un fren\u00e9tico ritmo, que comienza a primera hora de la ma\u00f1ana, cuando toca diana el servicio de <strong>desayunos<\/strong>. A partir de ah\u00ed, es un no parar, como podr\u00e1 comprobar quien cruce ante sus puertas, all\u00ed al lado de los Cines Siete Infantes (los antiguos Golem, que tanta clientela le procuraron en su momento, cuando ir al cine a\u00fan era tendencia), y observe que el tr\u00e1fico de parroquianos no decae a lo largo de la ma\u00f1ana y alcanza incluso al rito del aperitivo. Despacha adem\u00e1s <strong>almuerzos<\/strong>, con una oferta basada en <strong>platos<\/strong> <strong>combinados<\/strong> de gran \u00e9xito (como sus sabrosas\u00a0<strong>raciones<\/strong>) y recibe tambi\u00e9n una estupenda acogida despu\u00e9s de comer, cuando llega la hora del cafelito, la copita y resto de parafernalia propia de esa hora. Y luego est\u00e1 por supuesto la <strong>merienda<\/strong>, cuando triunfa su carta espl\u00e9ndida de <strong>bocadillos<\/strong>.<\/p>\n<p>Espl\u00e9ndida en calidad y cantidad, como subraya de nuevo \u00c1ngel. Quien, una veintena de a\u00f1os despu\u00e9s de que abriera el bar bajo otra direcci\u00f3n, ve reconocido tanto esfuerzo. Cuando empez\u00f3 su etapa al frente del Dover, \u201cno ten\u00edamos dinero ni para cambiar el letrero\u201d, bromea. As\u00ed que mantuvo su rotulaci\u00f3n inicial pero dot\u00f3 de su sello personal a este espacioso local que dispone adem\u00e1s de varias bazas ganadoras adem\u00e1s de las anotadas: su terraza. Tambi\u00e9n muy amplia, que garantiza una elevada ocupaci\u00f3n en cuanto hace buen tiempo, benefici\u00e1ndose sobre todo en verano de la cercan\u00eda del vecino parque por donde trotan a su gusto los m\u00e1s peque\u00f1os de cada casa.<strong> Cenas al aire libre<\/strong>, seguidas de los combinados inevitables&#8230; Y vuelta a empezar: desde la misma madrugada ya se empieza a enfilar la hora del desayuno.<\/p>\n<p>Un bucle. Un bucle al que se debe a\u00f1adir otra de sus apuestas, tambi\u00e9n exitosa: su\u00a0<strong>torneo\u00a0de mus<\/strong>. Un certamen que lleva vigente desde hace doce a\u00f1os y que llena sus mesas de parejas edici\u00f3n tras edici\u00f3n, como se comprueba en la imagen que ilustra estas l\u00edneas. En total, 128 parejas, que deben abonar 50 euros de inscripci\u00f3n. Haga el improbable lector su multiplicaci\u00f3n y obtendr\u00e1 la se\u00f1al del triunfo de este bar ejemplar. Mod\u00e9lico tambi\u00e9n en la organizaci\u00f3n: ocho grupo de 16 parejas cada cual, que se disputan jugos\u00edsimos premios (el mejor: <strong>un viaje a Nueva York<\/strong>, nada menos) y aseguran por lo tanto el llamativo aspecto que presenta el Dover cuando cae la noche largu\u00edsima, en los largu\u00edsimos inviernos logro\u00f1eses. \u201cNo podemos apuntar a m\u00e1s parejas\u201d, informa \u00c1ngel. \u201cPodr\u00edamos llegar f\u00e1cilmente a las 150 o las 160 pero el local no da tanto de s\u00ed\u201d. De hecho, el Dover tiene apuntadas unas cuantas en reserva, por si fallaran los titulares: lo dicho, ah\u00ed se refleja la marca aut\u00e9ntica del \u00e9xito de un bar.<\/p>\n<p>Lo cual me parece pertinente de recordar para comparar esta experiencia otras que est\u00e1n en la mente del improbable lector por todo lo contrario: bares l\u00e1nguidos, de mortecina actividad. Que sufren para llegar a fin de mes y que a menudo (ay, dolor m\u00e1ximo) bajan la persiana incapaces de alcanzar la meta so\u00f1ada, el prometedor horizonte con que abrieron el negocio sus promotores y ahora tienen que hincar la rodilla. El Dover representa lo contrario. Doce personas en plantilla, abierto desde las ocho de la ma\u00f1ana hasta las dos de la madrugada, siete d\u00edas a la semana (s\u00f3lo cierra en A\u00f1o Nuevo)&#8230; Cualquiera que se acode en su barra, aunque no sea asiduo (es mi caso, con perd\u00f3n), observar\u00e1 que el servicio funciona con tanta agilidad como esmero y confirmar\u00e1 la estupenda relaci\u00f3n calidad\/precio. \u00c1ngel, que se doctor\u00f3 como camarero en la escuela del <strong>Oriente<\/strong> y el <strong>Bret\u00f3n<\/strong>, aprendi\u00f3 bien su oficio e imparte su magisterio entre sus compa\u00f1eros con elevado sentido de la profesionalidad. Y buen ojo para el negocio: esa multitud que se api\u00f1a en invierno para proclamar a los mejores jugadores de mus son testigos del mod\u00e9lico desempe\u00f1o que distingue al Dover. Y son gente afortunada: no saben que el d\u00eda que me apunte yo a ese torneo, sobra decir qui\u00e9n lo ganar\u00eda.<\/p>\n<p>P. D. El torneo de mus del Dover sirve como ejemplo de los similares cert\u00e1menes que organizan otros bares de Logro\u00f1o, tambi\u00e9n con \u00e9xito. En este caso, la competici\u00f3n avanza hacia su desenlace. La semana que viene comienza la fase eliminatoria, luego de superar la fase de liguilla, y hacia abril est\u00e1 previsto que se conozca a la pareja ganadora de este a\u00f1o. Una pareja doblemente afortunada: por su triunfal participaci\u00f3n y por beneficiarse de que quien esto escribe no se ha apuntado.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Dover, localidad costera con vistas al Atl\u00e1ntico brit\u00e1nico. 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