{"id":1281,"date":"2019-03-16T10:30:11","date_gmt":"2019-03-16T10:30:11","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/?p=1281"},"modified":"2019-03-16T10:30:11","modified_gmt":"2019-03-16T10:30:11","slug":"los-bares-esclavos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/2019\/03\/16\/los-bares-esclavos\/","title":{"rendered":"Los bares esclavos"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/03\/laurel-vac\u00eda.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-large wp-image-1282\" src=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/03\/laurel-vac\u00eda-1024x683.jpg\" alt=\"Aspecto de la calle Laurel, una ma\u00f1ana de d\u00eda laborable. Foto de Justo Rodr\u00edguez\" width=\"1024\" height=\"683\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/03\/laurel-vac\u00eda-1024x683.jpg 1024w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/03\/laurel-vac\u00eda-300x200.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/03\/laurel-vac\u00eda-768x512.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/03\/laurel-vac\u00eda.jpg 1600w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Hace un par de glaciaciones, ten\u00eda sentido (todav\u00eda) la letra de aquel himno que entonaron <strong>Carmen, Jes\u00fas e I\u00f1aki<\/strong>, en uno de sus temas m\u00e1s celebrados: &#8216;<em>De lunes a s\u00e1bado&#8217;<\/em>. La canci\u00f3n relataba la rutina propia de aquellos a\u00f1os, finales de los 70. Cuando<strong> la calle Laurel<\/strong> y sus bares representaban el \u00fanico pasatiempo posible para unas cuantas generaciones de logro\u00f1eses, que se hermanaban en la ruta conspicua de sus bares favoritos como monoentretenimiento y concesi\u00f3n a su ocio, salvados fueran el f\u00fatbol y los toros. De lunes a s\u00e1bado, en efecto, una tropa deambulaba por la calle Laurel y alrededores. Tambi\u00e9n los domingos, pero la rima se complicaba: <em>&#8220;A producir Manuel&#8221;<\/em>. Que s\u00ed que rima con Laurel.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 se encontraba un asiduo a la famosa calle en sus correr\u00edas? Poca cosa. <strong>Bares. Bares y m\u00e1s bares<\/strong>. Casi todos bajo un formato \u00fanico. El vinazo de los carreteros (nada de la apabullante oferta actual en <strong>Riojas<\/strong> y otras ambros\u00edas), servido en vaso por supuesto y unas barras vac\u00edas casi siempre, desnudas de pinchos y tapas. Como mucho, alguna cazuela, las raciones de tortilla, los ajos del <strong>Florida<\/strong>. Los champis del <strong>Soriano<\/strong>, las anchoas del <strong>Blanco y Negro<\/strong>, las orejitas del <strong>Perchas<\/strong>. Mostradores de granito macizo, pasamanos de lat\u00f3n, una parroquia ensimismada, alguien cantando una jota, pocos o ning\u00fan aparato de televisi\u00f3n. Y la familia propietaria defendiendo la barra. All\u00ed estaban todos, padres e hijos. Anclados al negocio como si fuera (casi) una maldici\u00f3n. Lo cual garantizaba, por otro lado, que todo el ambiente respirase ese mismo aire familiar: los clientes parec\u00edamos miembros de la parentela. Y la verdad: uno les cog\u00eda cari\u00f1o. <strong>Sebas, Juanito, Juli\u00e1n&#8230;\u00a0<\/strong><\/p>\n<p>Junto a los progenitores, que se repart\u00edan el trabajo seg\u00fan usos ya desparecidos (ella en la cocina, \u00e9l en la barra), a menudo aparec\u00edan por el bar sus hijos. La prole correteaba entre los clientes, que se encari\u00f1aban con ellos y los ve\u00edan crecer, hasta el punto de que pasado el tiempo tambi\u00e9n se pon\u00edan a echar una mano.\u00a0De lunes a s\u00e1bado. Porque hab\u00eda alg\u00fan bar, no todos, que cerraba el domingo por<strong> descanso semanal<\/strong> y en ese detalle se vislumbraba lo bien que sonaba para esa bendita familia la m\u00e1quina registradora. Pero en general eran negocios esclavos, muy esclavos. Que obligaban a madrugar, reten\u00edan a la familia que los regentaba durante todo el d\u00eda (com\u00edan y cenaban all\u00ed incluso: alg\u00fan chiguito hasta hac\u00eda los deberes muy formalito en las sillas del local) y s\u00f3lo les daban un respiro avanzada la noche. Hacia las diez, m\u00e1s o menos, toda la funci\u00f3n hab\u00eda acabado. Laurel cerraba sus puertas. Hasta el d\u00eda siguiente, de lunes a s\u00e1bado, en efecto.<\/p>\n<p>Un panorama que ha ido cambiando aceleradamente ante nuestros at\u00f3nitos ojos. Observo que cualquier d\u00eda entre semana casi son mayor\u00eda los bares que cierran por la calle Laurel que los que permanecen abiertos. El resultado es una calle tristona, sin br\u00edo. Que s\u00f3lo se alegra con la ingesta de tragos y bocados en aquellos que mantienen la buena costumbre de dar de comer al hambriento y de beber al sediento. Pero hay alg\u00fan tramo casi a oscuras, esperando que llegue el dichoso fin de semana: si el tr\u00edo que entonaba aquello de <em>&#8216;La Rioja exis<\/em>te&#8217; volviera hoy al estudio de grabaci\u00f3n, deber\u00eda revisar su cancionero. Aquello de &#8216;De lunes a s\u00e1bado&#8217; ha pasado a la historia. Para pasmo de <strong>ind\u00edgenas y forasteros<\/strong>.<\/p>\n<p>Lo cual es sin embargo entendible. Los nuevos tiempos no est\u00e1n para esclavitudes modernas. El empresario aguza su instinto, analiza <strong>el excel nuestro de cada d\u00eda<\/strong> y concluye que le sale m\u00e1s rentable abrir unos cuantos d\u00edas a la semana (no todos) antes que mantenerse amarrado a la barra cuando apenas hay p\u00fablico ah\u00ed fuera. Ocurre que tambi\u00e9n los h\u00e1bitos de consumo han cambiado y el viejo chiquitero de toda la vida se encuentra en v\u00edas de desaparici\u00f3n. Otros pasatiempos llaman la atenci\u00f3n de las quintas m\u00e1s j\u00f3venes y una cosa lleva a la otra: los bares no abren porque no hay clientela potencial. Y la clientela potencial no va de bares porque los encuentra cerrados. <strong>Una invernal ma\u00f1ana de martes<\/strong> en la calle Laurel lo atestigua: se puede escuchar el eco de las pisadas propias.<\/p>\n<p>No s\u00f3lo en Laurel. Acercarse ahora mismo a ciertos bares exige preguntar antes si est\u00e1n abiertos. Lo usual es que te respondan que s\u00ed: aunque s\u00f3lo de jueves a domingo. O algo por el estilo. No es rara incluso una tendencia que detecto c\u00f3mo va ganando adeptos: el due\u00f1o del negocio calcula con cu\u00e1ntos comensales tiene suficiente para extraer beneficio diario a su esfuerzo y cuando llega a ese tope, baja la persiana. As\u00ed, un d\u00eda tras otro. De lunes a s\u00e1bado tambi\u00e9n. Un perfecto y leg\u00edtimo derecho que cumplen soberanamente en seguir con puntualidad ferroviaria quienes as\u00ed hayan decidido aplicar semejante estrategia. Lo cual no evita un par de reflexiones, nacidas seguramente de la nostalgia. Que aquellos d\u00edas de la calle Laurel abierta a todas horas (ay) no volver\u00e1n. Y que la esclavitud se aboli\u00f3 hace alg\u00fan siglo, pero (otro ay) uno no deja de derramar una imaginaria l\u00e1grima por los tiempos en que sab\u00eda que pod\u00eda poner el pie en uno de sus bares favoritos a cualquier hora del d\u00eda y lo encontrar\u00eda abiertos. De lunes a s\u00e1bado. <strong>Incluyendo alg\u00fan domingo.<\/strong><\/p>\n<p>P.D. Hablando de domingos: pocos placeres m\u00e1s deliciosos para un habitual de la calle Laurel que recuperar <strong>el viejo rito del aperitivo dominical<\/strong>\u00a0al amor de sus baldosas, aprovechando que las multitudes propias del trasiego nocturno de cada s\u00e1bado se disuelven llegada la ma\u00f1ana. Cierto que algunos bares cierran ese d\u00eda pero tambi\u00e9n es verdad que otros abren sus puertas para una parroquia menor en n\u00famero, que convierte ese paseo de bar en bar en un tr\u00e1nsito muy atractivo. Se puede hilar la hebra sin tanto bullicio, uno logra ingresar sin esfuerzos en cada barra, se hace con un hueco prescindiendo del codazo c\u00f3mplice contra el feligr\u00e9s amigo y saborea en peque\u00f1os sorbos el privilegio de ver pasar la vida mientras ataca un trago fet\u00e9n y un bocado memorable. Por las ma\u00f1anas. De lunes a s\u00e1bado, tambi\u00e9n los domingos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Hace un par de glaciaciones, ten\u00eda sentido (todav\u00eda) la letra de aquel himno que entonaron Carmen, Jes\u00fas e I\u00f1aki, en uno de sus temas m\u00e1s celebrados: &#8216;De lunes a s\u00e1bado&#8217;. La canci\u00f3n relataba la rutina propia de aquellos a\u00f1os, finales de los 70. 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