{"id":1293,"date":"2019-04-05T15:48:17","date_gmt":"2019-04-05T15:48:17","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/?p=1293"},"modified":"2019-04-08T07:54:07","modified_gmt":"2019-04-08T07:54:07","slug":"los-disponibles","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/2019\/04\/05\/los-disponibles\/","title":{"rendered":"Los disponibles"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/04\/Bar-disponible.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-large wp-image-1294\" src=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/04\/Bar-disponible-1024x657.jpg\" alt=\"Se alquila bar en Capit\u00e1n Cort\u00e9s\" width=\"1024\" height=\"657\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/04\/Bar-disponible-1024x657.jpg 1024w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/04\/Bar-disponible-300x192.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/04\/Bar-disponible-768x492.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/04\/Bar-disponible.jpg 1600w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Seguro que el improbable aunque perspicaz lector lo habr\u00e1 notado. Un hurac\u00e1n, un terromoto, un tsunami recorre el comercio logro\u00f1\u00e9s. Viejos y queridos establecimientos de toda la vida, que contribuyeron a forjar nuestra educaci\u00f3n sentimental, desaparecen. O agonizan. Sometidos por el imperio de la globalizaci\u00f3n que implanta nuevos usos en materia de consumo, los venerables comercios de siempre sucumben y enarbolan la bandera blanca, dejando hu\u00e9rfanos a quienes tan bien los quisimos y abandonado igualmente el coraz\u00f3n de la ciudad. Hay manzanas enteras que parecen un cementerio de tiendas, locales vac\u00edos, plantas bajas adornadas por el mortal letrero (el crudo &#8216;Se traspasa&#8217; o el m\u00e1s melanc\u00f3lico &#8216;Disponible&#8217; ), bajeras donde s\u00f3lo habita ya el olvido. De tan abundantes, son ya invisibles. Te acuerdas de su existencia cuando (milagro, milagro) observas que un nuevo negocio florece a la vista. Hay obras en curso, traj\u00edn de profesionales de los distintos gremios, una nueva rotulaci\u00f3n esperando a que abra la tienda sus puertas, insinuando un prometedor ma\u00f1ana&#8230; Y te alegras, claro que te alegras. Aunque nada ni nadie sustituya en tu memoria al comercio que fue en su d\u00eda: Nada ni nadie podr\u00e1 evitar que cuando cruces por cierta esquina del <strong>centro de Logro\u00f1o<\/strong> pienses que te saludar\u00e1 de nuevo el querido <strong>Morgab\u00edn<\/strong>.<\/p>\n<p>Observar\u00e1 ese mismo improbable lector que este vendaval de cambios que metamorfosea el ombligo de Logro\u00f1o alcanza tambi\u00e9n a un subsector del ramo comercial: el hostelero. Desaparecen algunos bares muy amados, no s\u00f3lo entre nosotros. Vengo teniendo noticia de otras defunciones en ciudades pr\u00f3ximas y lejanas, siguiendo casi siempre la misma pauta. A saber. Bares castizos, que formaban parte del imaginario local, defendidos por la familia propietaria durante algunas generaciones, que no encuentran en la hora de la jubilaci\u00f3n a qui\u00e9n entregar el relevo. Las nuevas hornadas huyen espantadas siempre que pueden (o siempre que tengan otra alternativa) de perseverar en el negocio que aliment\u00f3 a su parentela durante d\u00e9cadas. Y los camareros de confianza, que tanto ayudaron en el mismo menester y casi eran una prolongaci\u00f3n de la familia propietaria, arrojan tambi\u00e9n el mandil y abandonan. Renuncian a hacerse cargo del traspaso y contribuyen a que las puertas de este bar, aquel chigre o la taberna de m\u00e1s all\u00e1 deserten de sus parroquianos y dejen a la ciudad donde se alojan sin una de sus referencias. Iconos difuntos as\u00ed en Logro\u00f1o como en <strong>Madrid, Gij\u00f3n o Zaragoza<\/strong>.<\/p>\n<p>El <strong>Palentino<\/strong> madrile\u00f1o, por ejemplo, que acaba de reabrir con una nueva direcci\u00f3n que s\u00f3lo ha recogido feroces cr\u00edticas por el \u00e9ter, representa un caso muy generalizable para entender de qu\u00e9 estamos hablando. Un local de siempre, que permanece anclado a su fisonom\u00eda all\u00e1 penas cu\u00e1les sean las modas imperantes en el sector hostelero y aporta su propia cuota de encanto al barrio donde anida, clausura su actividad y activa la memoria ciudadana con ese punto de nostalgia que adorna nuestros recuerdos para intentar (sin \u00e9xito) olvidar lo esencial: que envejecemos. Y que pensamos que todo pasado fue&#8230; Etc\u00e9tera. A m\u00ed me ocurre cada vez que cruzo por <strong>La Granja<\/strong> de la calle <strong>Sagasta<\/strong>, reci\u00e9n concluida sin \u00e9xito su \u00faltima reinvenci\u00f3n. Y compruebo que a otros colegas de quinta les sucede algo semejante con sus propias referencias en materia de bares. Repito: no s\u00f3lo en Logro\u00f1o.<\/p>\n<p>Porque este mal de muchos se ha convertido en una epidemia siguiendo una pauta que hunde sus ra\u00edces en el modelo econ\u00f3mico implantado entre nosotros, el llamado capitalismo. Se renuevan al alza los alquileres, coincidiendo con que los due\u00f1os del bar hacen ya frontera con la edad de jubilarse, el propietario del local piensa que merece una derrama mensual m\u00e1s generosa y el resultado es que se cierra el negocio y nadie toma el testigo. Hay excepciones, por supuesto, de las que hemos dado aqu\u00ed cumplida noticia y que tanto alegran nuestro coraz\u00f3n tan logro\u00f1\u00e9s. Pero son eso: salvedades. Si nadie lo remedia, unos cuantos <strong>bares de ese Logro\u00f1o de toda la vida<\/strong> se disponen a entonar el adi\u00f3s. Prefiero evitar nombres por si acaso alg\u00fan gui\u00f1o m\u00e1gico del destino trae buenas noticias uno de estos d\u00edas. Pero todo apunta a que perderemos con su despedida ese tipo de s\u00edmbolos ciudadanos, s\u00edmbolos del Logro\u00f1o que se va.<\/p>\n<p>Porque ocurre con frecuencia que en su \u00e9xito han encontrado algunos de los locales de semejante estirpe una suerte de maldici\u00f3n. Est\u00e1n tan asociados a una manera muy concreta de ejercer su oficio que cuesta imaginarnos ingresar en su jurisdicci\u00f3n cuando se jubilen quienes hoy atisban el final de su vida laboral que nadie se anima a tomar el relevo. Pienso por citar el ejemplo anterior en La Granja. Todav\u00eda hoy fantaseo con que voy a entrar por su elegante puerta acristalada, acodarme en su hermosa barra de sinuosas curvas y tropezarme con el camarero <strong>Santos<\/strong> ofreci\u00e9ndome una tostada mientras <strong>D\u00e1maso<\/strong> al fondo dirige la infanter\u00eda de camareros desde el puente de mando de la majestuosa cafetera como si fuera el Lord del Almirantazgo. En realidad, lo que pienso ya lo s\u00e9: que peino alguna cana y espero encontrar en estos recuerdos una especie de regreso a la infancia. Milagro que no ocurrir\u00e1. Al rev\u00e9s, deber\u00e9 resignarme a contemplar c\u00f3mo se viene abajo la ciudad que fue, la ciudad de mi adolescencia. Y aceptar que algunos bares se disponen a convertirse en polvo. Memoria que s\u00f3lo recordar\u00e1n quienes piensen que en ellos se aloj\u00f3 una memorable parte de su vida y hoy derraman una imaginaria l\u00e1grima cuando el lugar que ocuparon se vea reemplazado por el letrero maldito: &#8216;Se traspasa&#8217;. O &#8216;disponible&#8217;.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/04\/alfonso-y-elena.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-large wp-image-1295\" src=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/04\/alfonso-y-elena-1024x683.jpg\" alt=\"Alfonso y Elena, en su Mes\u00f3n de la calle Villegas. Foto de Justo Rodr\u00edguez\" width=\"1024\" height=\"683\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/04\/alfonso-y-elena-1024x683.jpg 1024w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/04\/alfonso-y-elena-300x200.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/04\/alfonso-y-elena-768x512.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/04\/alfonso-y-elena.jpg 1600w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>P. D. Hago una excepci\u00f3n en mi promesa de no dar nombres porque me lo pide el cuerpo. Cierra (ay) el <strong>Alfonso<\/strong> de la calle <strong>Villegas<\/strong>, ejemplar establecimiento por tantas y variadas razones que resumo apresuradamente antes de acercarme a su barra y decir adi\u00f3s en persona. La primera se basa en el sentido antiguo, en la honda profesionalidad con que el mentado Alfonso (y <strong>Elena<\/strong> en los fogones) ejercen su oficio. Frente a tanto camarero para quienes sus clientes son invisibles, ese milagro que cada d\u00eda se ejecuta en demasiadas barras, Alfonso est\u00e1 por el contrario dotado de un radar seg\u00fan el cual nada m\u00e1s entrar por su puerta ya sabe que est\u00e1s ah\u00ed, esperando, y ya sabe adem\u00e1s lo que vas a pedir. Sin confianzas que no vienen a cuento, te trata como si fueras lo que antes era todo cliente para sus bares de confianza. Un pr\u00edncipe. Y segunda raz\u00f3n. Su estupenda barra, desbordante de riqu\u00edsimas golosinas entre las cuales tendr\u00e9 que mencionar con mucho gusto mi favorita. Sus morros, perfectos de punto y de sabor. A quienes ya empiezo tambi\u00e9n a a\u00f1orar, sabiendo lo que sabemos todos: que esa receta s\u00ed que no se traspasa. Se marcha con Alfonso y Elena a ese territorio arriba citado. Nuestra memoria.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Seguro que el improbable aunque perspicaz lector lo habr\u00e1 notado. Un hurac\u00e1n, un terromoto, un tsunami recorre el comercio logro\u00f1\u00e9s. Viejos y queridos establecimientos de toda la vida, que contribuyeron a forjar nuestra educaci\u00f3n sentimental, desaparecen. O agonizan. 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