{"id":1298,"date":"2019-04-12T14:54:08","date_gmt":"2019-04-12T14:54:08","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/?p=1298"},"modified":"2019-04-12T15:56:23","modified_gmt":"2019-04-12T15:56:23","slug":"mas-vale-tardeo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/2019\/04\/12\/mas-vale-tardeo\/","title":{"rendered":"M\u00e1s vale tardeo"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/04\/tardeo.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-large wp-image-1299\" src=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/04\/tardeo-1024x683.jpg\" alt=\"Clientes en el Wine Fandango a la hora del aperitivo. Foto de Justo Rodr\u00edguez\" width=\"1024\" height=\"683\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/04\/tardeo-1024x683.jpg 1024w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/04\/tardeo-300x200.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/04\/tardeo-768x512.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/04\/tardeo.jpg 1600w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Hace unos a\u00f1os, me sorprendi\u00f3 que se despidiera de m\u00ed en estos t\u00e9rminos una joven ejecutiva: &#8220;Que pases feliz finde&#8221;. No comentar\u00e9 nada respecto a esta man\u00eda de llamar finde al fin de semana de toda la vida. Prefiero centrarme en un dato que me dej\u00f3 turulato: que semejante deseo me lo traslad\u00f3 un jueves. A media tarde. Qued\u00e9 tan noqueado que sigo sin olvidar aquel comentario. Porque me llev\u00f3 a preguntarme <strong>qu\u00e9 se hab\u00eda hecho del querido viernes<\/strong>, quinto d\u00eda de la semana y por lo tanto laborable. Como el s\u00e1bado en algunas profesiones (o religiones: el periodismo, por ejemplo, ese sacerdocio). Ca\u00ed entonces en la cuenta de la existencia entre nosotros de espec\u00edmenes para quienes el viernes ya no figura entre sus obligaciones profesionales: s\u00f3lo es el primer d\u00eda del fin de semana. Perd\u00f3n: del finde.<\/p>\n<p>Desde entonces, y ya ha llovido, vengo observando lo que seguro que el improbable lector habr\u00e1 detectado: que los viernes, cuando se cierran los despachos, bufetes y consultas, bajan la persiana en el sector bancario y se marchan para sus casas los funcionarios de (casi) toda \u00edndole, una marea humana toma al asalto los bares de confianza y se entregan con entusiasmo superior al de otros d\u00edas, <strong>como si el s\u00e1bado llegara el fin del mundo,<\/strong> a la ingesta de tragos y bocados. Que suele prolongarse hasta bien entrada la tarde, ingresando entonces quienes profesan esta benem\u00e9rita ocupaci\u00f3n en una especie de bucle: avanzan hacia la hora en que otros trabajadores (los del comercio, por ejemplo, y s\u00ed: tambi\u00e9n alg\u00fan periodista) salen de sus respectivas ocupaciones y se lanzan a lo antedicho. A <strong>colonizar los bares de Logro\u00f1o<\/strong>. Los cursis le llaman a esta costumbre, que va ganando militantes, tardeo. Una ordinariez, por supuesto. Porque en realidad tiene bastante de petardeo.<\/p>\n<p>Y a esa man\u00eda, la del <strong>tardeo<\/strong> y la del <strong>petardeo<\/strong>, yo confieso: tambi\u00e9n acaba uno sucumbiendo. Algunos s\u00e1bados, porque soy un cl\u00e1sico: el fin de semana sigue empezando para m\u00ed ese d\u00eda. Porque el s\u00e1bado es desde luego un gran invento. Si te gusta ir de bares, un invento superior, porque quien lo ide\u00f3 coloc\u00f3 a continuaci\u00f3n el domingo, festivo o casi (no para muchos periodistas, por seguir con el mismo ejemplo) y el descubridor del ibuprofeno hizo el resto: ese sexto d\u00eda de la semana parece tener m\u00e1s de 24 horas. O tal vez sea que las aprovechamos mejor. Sobre todo, los adictos al tardeo. O al petardeo.<\/p>\n<p>En este espacio alguna vez se mencion\u00f3 a\u00f1os atr\u00e1s, y perd\u00f3n por la autocita, ese hallazgo madrile\u00f1o del <strong><em>afterworking<\/em><\/strong>, que como palabra esa una horterada innecesaria: viene a denominar el h\u00e1bito tan espa\u00f1ol, de toda la vida seg\u00fan recuerdo, de entregarse a la camarader\u00eda con conocidos y desconocidos en los bares m\u00e1s cercanos al puesto de trabajo nada m\u00e1s fichar la tarjeta de salida. Resulta que esa tendencia (entonces, cuando me refer\u00ed a ella, m\u00e1s o menos neonata) no ha dejado de crecer: hay bares de Logro\u00f1o, y no dar\u00e9 nombres, que han tocado la tecla del \u00e9xito sabiendo transformarse para acoger a esas multitudes que se arraciman a la hora del aperitivo de un viernes o un s\u00e1bado (pronto ser\u00e1 los jueves, como me advirti\u00f3 mi corresponsal arriba citada), prolongan la estad\u00eda con un picoteo que les permita resistir la ingesta de alcoholes, se decantan por la terraza (invierno incluido) para tomarse un respiro a media tarde y vuelven a atacar luego, cuando cae la noche, con un nuevo carrusel, siguiendo la misma l\u00f3gica y an\u00e1loga secuencia. De bar en bar. Hasta muy tarde.<\/p>\n<p>Pero no cualquier bar. Los habituales del tardeo reclaman ese tipo de local en que t\u00fa, improbable lector, est\u00e1s pensando. Y s\u00ed: con m\u00fasica. A elevado volumen, como es norma por Logro\u00f1o: como estamos acostumbrados a hablar a gritos entre nosotros, los bafles se grad\u00faan seg\u00fan esa l\u00f3gica. Es entonces cuando el bendito tardeo coquetea con el maldito petardeo, una especie de revisi\u00f3n modernizada de<strong> las c\u00e9lebres 24 horas de chiquiteo<\/strong> que se inventaron por <strong>San Mateo<\/strong> unos jovencitos que hoy ya son abuelos. Un par de d\u00edas de ocio y desparrame contra los que nada tengo: al contrario, como partidario incondicional de la felicidad, me parece fet\u00e9n que mis contempor\u00e1neos se entreguen a semejante pr\u00e1ctica. Lo que siento, ay, es que no alcance a los domingos: tal vez aquellas muchedumbres arracimadas por <strong>Jorge Vig\u00f3n<\/strong> <strong>y alrededores<\/strong> a la hora del verm\u00fa de nuestra adolescencia descubrieron sin saberlo el tardeo. O tal vez fuimos pioneros del petardeo y deber\u00edamos reclamar los derechos de autor. O pensar que todav\u00eda puede ponerse mejor la cosa: cuando el tardeo comience de verdad el jueves.<\/p>\n<p>P.D. Qu\u00e9 es un fin de semana. Esta sorprendente pregunta se hac\u00eda la impagable <strong>Maggie Smith<\/strong> en la primera temporada de <strong><em>Downtown Abbey,<\/em><\/strong> la serie televisiva que describe la vida campestre de una familia cuyos miembros pertenecen al Gotha brit\u00e1nico. Smith interpreta a una dama de esas que nacieron con cuchara de plata en la boca: para ella, todos los d\u00edas son fines de semana. Entre los bares de Logro\u00f1o, sin embargo, no se ha popularizado esa mentalidad: los mismos locales desbordantes de p\u00fablico un viernes o un s\u00e1bado se adocenan un domingo. Algunos, incluso cierran. Fruto de esos extra\u00f1os cambios en los h\u00e1bitos de la clientela que aqu\u00ed alguna vez hemos comentado y que siguen despertando en m\u00ed una cierta melancol\u00eda: ah, aquellos aperitivos dominicales de Jorge Vig\u00f3n y alrededores. Que alguna vez se prolongaban hasta empalmar con la hora de ir a <strong>Las Gaunas<\/strong>, costumbre que me sol\u00eda sorprender en el <strong>Wellington<\/strong> ya desaparecido, tan a\u00f1orado. Aquella generaci\u00f3n invent\u00f3 el tardeo y no ha cobrado ni un euro por los derechos de autor.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Hace unos a\u00f1os, me sorprendi\u00f3 que se despidiera de m\u00ed en estos t\u00e9rminos una joven ejecutiva: &#8220;Que pases feliz finde&#8221;. No comentar\u00e9 nada respecto a esta man\u00eda de llamar finde al fin de semana de toda la vida. 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