{"id":1304,"date":"2019-04-20T07:43:06","date_gmt":"2019-04-20T07:43:06","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/?p=1304"},"modified":"2019-04-20T07:43:06","modified_gmt":"2019-04-20T07:43:06","slug":"el-pentagrama-de-nuestros-tragos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/2019\/04\/20\/el-pentagrama-de-nuestros-tragos\/","title":{"rendered":"El pentagrama de nuestros tragos"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/04\/biribay.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-large wp-image-1305\" src=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/04\/biribay-1024x652.jpg\" alt=\"Concierto en la sala Biribay, foto de Justo Rodr\u00edguez\" width=\"1024\" height=\"652\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/04\/biribay-1024x652.jpg 1024w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/04\/biribay-300x191.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/04\/biribay-768x489.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/04\/biribay.jpg 1600w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Yo he visto cosas que vosotros&#8230; Etc\u00e9tera. Ya sabes, improbable lector, lo que sigue. Al menos, en materia de bares: ventajas de ir sumando canas. As\u00ed puede uno presumir de haber asistido en los primeros 80 a un singular concierto, ofrecido por <strong>Duncan Dhu<\/strong> (cuando ni yo mismo ni gran parte del aforo sab\u00edamos de su existencia) en<strong> un garito de la calle Vitoria, el Rex<\/strong>, ya difunto: cuando <strong>la Zona era la Zona<\/strong>. Y he visto m\u00e1s cosas que forjan una especie de itinerario muy particular en la ruta logro\u00f1esa de bares, una suerte de pentagrama festoneado por los tragos que dispusieron de banda sonora en directo. La que procuraban los m\u00fasicos que, subidos a un escenario a veces indigno de tal nombre, amenizaban nuestro pasatiempo favorito. En alg\u00fan caso, elev\u00e1ndolo a otra dimensi\u00f3n A ese territorio evanescente donde no terminas de saber si has ido a tomar algo, y de paso te distraes escuchando algo de m\u00fasica en vivo, o su env\u00e9s: si acudes al reclamo de cierto artista y de paso te regalas a ti mismo una copa. O dos. Vale tambi\u00e9n una cerveza. O dos.<\/p>\n<p>Esta experiencia personal que rescato del Pleistoceno (es decir, de cuando Duncan Dhu eran todav\u00eda tres m\u00fasicos) viene a cuento de un anuncio reciente que me dej\u00f3 confundido. El cierre de la <strong>sala Biribay<\/strong>, donde no tengo el gusto pero que me ten\u00eda asombrado por su misma existencia: su promotor duda ahora si debe continuar manteniendo la luz encendida para guiar hasta ese local de la Zona (s\u00ed, de la Zona: siempre regresamos al escenario de nuestros cr\u00edmenes favoritos, los perpetrados contra ciertos \u00f3rganos vitales) a quienes frecuentan esta sana costumbre. La de compatibilizar su afici\u00f3n a la m\u00fasica con la propensi\u00f3n a disfrutar de ella mientras se toma eso que en Logro\u00f1o llamamos <strong>cacharro<\/strong>. Es un doble placer, al que resulta natural abandonarse. Y que en el caso del Biribay tiene mucho de s\u00edmbolo: ese mismo espacio se erigi\u00f3 anta\u00f1o como referencia local para esa actividad por duplicado. Desde su fundaci\u00f3n. En la <strong>calle Fundaci\u00f3n<\/strong>.<\/p>\n<p>Entonces se llamaba <strong>Pat Garret<\/strong>. Me emociona hasta escribirlo. Porque por all\u00ed anduvieron algunas noches de s\u00e1bado mis padres, en compa\u00f1\u00eda de otros matrimonios amigos, disfrutando de un local que por su novedoso carisma represent\u00f3 en el Logro\u00f1o de entonces (finales de los 70) un aldabonazo de modernidad. Lo contaban al d\u00eda siguiente, durante el desayuno familiar y dominical, a\u00fan conmocionados por el impacto que gener\u00f3 en la ciudad la apertura de tan emblem\u00e1tico pub. Cuando no sab\u00edamos ni c\u00f3mo se pronunciaba esa palabra. Paf. En toda la cara. Como el <strong>Robinson<\/strong> coet\u00e1neo. Otro paf. Otro paf en toda la cara.<\/p>\n<p>Como Logro\u00f1o siempre te acaba atrapando, quiso el dios del azar (o los \u00e1ngeles tutelares de la cosa provinciana) que luego mis propios pasos se encaminaran, pasado el tiempo, hacia esa misma sala. Entonces, cuando empec\u00e9 a frecuentarla, se denominaba <strong>La Enagua<\/strong> y manten\u00eda su oferta de m\u00fasica en vivo, aprovechando el escenario que se alzaba all\u00e1 al fondo, aunque con interrupciones. Carec\u00eda de programaci\u00f3n estable. Fue en La Enagua donde Ignacio Faul\u00edn present\u00f3 una noche su fanzine, quiero recordar que bajo los sones de la orquesta <strong>Candela<\/strong>, el supercombo logro\u00f1\u00e9s de la \u00e9poca. Una constelaci\u00f3n de m\u00fasicos en efecto estelares, reunidos luego de otras proteicas experiencias por separado en un proyecto com\u00fan que aspiraba a clonar a escala local el tipo de bandas que colonizaba el inter\u00e9s del aficionado medio a la m\u00fasica: aquellos supergrupos americanos, con sus briosas secciones de metal, patillas de hacha y solos de guitarra de diez minutos (los breves). Fue mi primera vez en aquel deslumbrante garito. Luego volv\u00ed muchas veces m\u00e1s pero se me han evaporado los recuerdos. El alcohol, supongo. Entonces era devoto del <strong>Martini blanco con soda<\/strong>: algo influir\u00eda.<\/p>\n<p>Transformado m\u00e1s tarde como <strong>Tris Tras,<\/strong> destino favorito de la generaci\u00f3n formada por mis hermanos peque\u00f1os, y cerrado durante largo tiempo, cuando reabri\u00f3 sus puertas para situarse en el mercado nocturno como el gran local de referencia para la m\u00fasica en vivo, el Biribay merece desde luego el reconocimiento un\u00e1nime de quienes incluso nos hayamos ido alejando: de La Zona, de los placeres noct\u00edvagos y de la m\u00fasica en vivo. Me ocurre lo mismo con el <strong>Stereo<\/strong>, merecedor tambi\u00e9n de un reportaje reciente en estas p\u00e1ginas a cargo del compa\u00f1ero Benjam\u00edn Blanco, asombrado supongo que como yo por la feliz odisea que protagonizan sus respectivos responsables: garantizar una oferta de buena m\u00fasica en directo (esa maravilla) en una ciudad que, ehem, tiene otras prioridades. Las cavilaciones de Blanco eran compartidas en esa informaci\u00f3n por otras reflexiones que llevaban la firma de Faul\u00edn. Cuyas conclusiones eran semejantes a las arriba citadas: parece milagroso que todav\u00eda (todav\u00eda haya) quien se siga animando a convertir sus bares en algo m\u00e1s que eso. Mucho m\u00e1s que bares. Los depositarios de la banda sonora de nuestras vidas.<\/p>\n<p>P. D. Yo he visto cosas&#8230; Tambi\u00e9n Ignacio Faul\u00edn las ha visto. Locales que ofrec\u00edan m\u00fasica en vivo en Logro\u00f1o con cierta regularidad, cuando no era tan habitual. Donde uno pod\u00eda darse caprichos como el que sigue: asistir a un concierto enorme de <strong>Sex Museum<\/strong>, resistente banda que se dispone a actuar el mes pr\u00f3ximo en Santo Domingo, en el <strong>Continental<\/strong>. Tambi\u00e9n conocida como La Conti. El subterr\u00e1neo garito en las entra\u00f1as del <strong>Espol\u00f3n<\/strong>, que en una vida anterior sirvi\u00f3 como bolera: en ese espacio se program\u00f3 aquel excelente concierto que no olvido. Como no olvido mi \u00faltima experiencia de esta \u00edndole, que algo tiene de f\u00fanebre: <strong>Antonio Vega<\/strong> (con los ferrolanos Limones) en una discoteca de <strong>Duquesa de la Victoria<\/strong>, s\u00f3lo unos meses antes de fallecer.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Yo he visto cosas que vosotros&#8230; Etc\u00e9tera. Ya sabes, improbable lector, lo que sigue. Al menos, en materia de bares: ventajas de ir sumando canas. 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