{"id":1308,"date":"2019-04-26T09:39:33","date_gmt":"2019-04-26T09:39:33","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/?p=1308"},"modified":"2019-04-26T09:39:33","modified_gmt":"2019-04-26T09:39:33","slug":"hojas-de-reclamaciones","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/2019\/04\/26\/hojas-de-reclamaciones\/","title":{"rendered":"Hojas de reclamaciones"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/04\/hojas.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-full wp-image-1309\" src=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/04\/hojas.jpg\" alt=\"Hojas de reclamaciones en un bar\" width=\"264\" height=\"143\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Tropec\u00e9 hace un tiempo vagando por el \u00e9ter con un grupo creado en la c\u00e9lebre red social que no citar\u00e9 (pero a la cual acudo con frecuencia: ah, el ser humano y sus contradicciones) denominado<strong><em> Soy camarero<\/em><\/strong>. Es un punto de encuentro muy interesante. Y divertido. Te deja pensativo. Sus creadores lo alimentan a partir de experiencias propias o compartidas con otros profesionales de este sacrosanto oficio: el de dar de beber al sediento y de comer al hambriento. Tambi\u00e9n dan conversaci\u00f3n. Alguno hasta cuenta chistes. Alguno hasta tiene gracia. El caso es que estos camareros, organizados alrededor de sus propias cavilaciones, suelen disparar contra esas costumbres que nos distinguen a nosotros, los clientes. Que les deparan alguna jaqueca o incluso ganas de arrojar el delantal y abandonar el oficio cuando algunos desplantes se repiten demasiado o alcanzan niveles ofensivos. Uno se reconoce en alguna de esas man\u00edas y procura evitarlas, aunque claro: no siempre te sale del cuerpo. De manera que pido perd\u00f3n si alguna vez he pecado contra ellos, nuestros camareros. Aunque creo que se podr\u00eda oponer a partir de nuestras propias reflexiones con un grupo semejante, bautizado como <strong>&#8216;Soy cliente&#8217;<\/strong>. Pero haya paz: soy firme partidario de la convivencia a uno y otro lado de la barra. Y aparto de m\u00ed cualquier tentaci\u00f3n a meterle el dedo en el ojo a los miembros de ese benem\u00e9rito sector, que tanto ha hecho por mi educaci\u00f3n sentimental. <strong>Que vivan los camareros. Y las camareras.<\/strong><\/p>\n<p>Pero es que ocurre adem\u00e1s que hace tiempo decid\u00ed prescindir de este tipo de discusiones. Qui\u00e9n lleva raz\u00f3n cuando se produce alg\u00fan choque de trenes entre unos y otros. As\u00ed que me limito a aplicar mi propia hoja de reclamaciones a aquellos bares, o aquellos camareros, que me distingan con un mal servicio. No vuelvo a pisarlos&#8230; salvo alguna vez en que recaigo. Soy condescendiente. Y d\u00e9bil. Y s\u00ed: confieso que alguna vez he vuelto sobre mis pasos, abjurando de viejas promesas, porque mi adicci\u00f3n a ciertas barras roza lo enfermizo. Y claudico, claro. Pero cuando esa <strong>devoci\u00f3n hacia los bares favoritos,<\/strong> los m\u00e1s cercanos a mi coraz\u00f3n, no concurre en otros casos, desisto de protestar. Mejor dicho. Protesto, pero s\u00f3lo una vez y en voz que procuro que suene cort\u00e9s y educada, si me juzgo v\u00edctima de una mala praxis en la confianza que deposito en las queridas barras logro\u00f1esas. Con efectos dispares. Hay camareros que se obcecan, o que directamente me castigan con su indiferencia, y entonces aplico el m\u00e9todo antedicho: hasta luego. Hasta m\u00e1s ver. Que suele ser hasta nunca, porque no vuelvo a entrar en ese bar. Lo cual suele ocurrir no tanto porque la comanda llegue en condiciones mejorables (ya digo que tiendo a la comprensi\u00f3n: trabajar en un peri\u00f3dico diario te lleva a ser indulgente con los fallos ajenos), sino porque el personal se comporta de modo grosero. O as\u00ed lo juzgo yo.<\/p>\n<p>Ya digo que en ocasiones levanto mi veto a algunos bares. O mejor dicho: soy consciente de que se lo acabar\u00e9 levantando en cuanto se lo impongo. Pero en algunos casos ocurre lo contrario: me vengo arriba cuando cruzo ante determinadas puertas y compruebo que he sido capaz de mantenerme en mis trece, lejos de esos bares. No ocurre en demasiados casos. Comprendo lo complicado de este oficio y tengo en cuenta lo pesados, y hasta insoportables, que nos volvemos cuando nos convertimos en parroquianos. Pero tambi\u00e9n espero de la otra parte de la barra un trato semejante y pongo dos casos recientes: en un bar del centro de Logro\u00f1o se olvidaron de mi existencia (suele suceder: <strong>ese momento en que te conviertes en invisible<\/strong>) durante unos largos, largu\u00edsimos minutos. Media hora (repito: media hora) esperando a que se acordaran de m\u00ed. Cuando por fin se obr\u00f3 el milagro, la camarera se disculp\u00f3 con elegancia: me sirvi\u00f3 una ronda por cuenta de la casa. Ah\u00ed me gan\u00f3 para su causa&#8230; hasta que hace unos d\u00edas volv\u00ed y me encontr\u00e9 con un perro a mi lado: nada tengo contra el chucho, pero s\u00ed contra quienes te lo colocan a tu vera en un espacio p\u00fablico, incordiando con la correa y los ladridos. Soluci\u00f3n: aplico mi particular hoja de reclamaciones. Y lo dicho. Hasta m\u00e1s ver.<\/p>\n<p>Segundo caso reciente. En otro bar que tampoco mencionar\u00e9 el camarero estaba realmente sobrepasado por la acumulaci\u00f3n de clientela. Que le sorprendi\u00f3 solo ante el peligro. Tard\u00f3 lo indecible en servirnos. Tanto, que nos tuvimos que ir sin consumir la comanda que hab\u00edamos pagado previamente, en una de tantas visitas a la barra a ver qu\u00e9 hab\u00eda de lo nuestro. El camarero se encogi\u00f3 de hombros: media hora (repito:<strong> media hora, nada menos)<\/strong> para servir una triste <strong>cazuela de bravas<\/strong>. Las mismas que el Jubera despacha en un parpadeo por docenas desde hace medio siglo, con notable diligencia y esmerado servicio. De nuevo se puso a funcionar mi particular hoja de reclamaciones. No volver\u00e9. Lo juro.<\/p>\n<p>Por el contrario, para confirmar o desmentir lo antedicho, s\u00ed que acabo de regresar a otro local porque supo gestionar con delicadeza y sentido del oficio un contratiempo semejante. All\u00ed no hace tanto me ocurri\u00f3 m\u00e1s o menos lo mismo. El camarero, desbordado, encontr\u00f3 un hueco en medio del barullo para acercarse hasta nuestra mesa y disculparse porque llev\u00e1bamos largo tiempo sin ser atendidos. Disculpas que desde luego aceptamos, porque a continuaci\u00f3n decidi\u00f3 abrirnos una botella de vino, allegar el primer bocado que ten\u00eda a mano antes de servirnos por fin lo que hab\u00edamos pedido y tener luego otra serie de detalles que no concretar\u00e9 para no dejar demasiado en evidencia a sus colegas de oficio. Pidi\u00f3 mil veces perd\u00f3n, por m\u00e1s que era innecesaria tanta disculpa, porque nos puede pasar a todos. Es un aut\u00e9ntico placer volver all\u00ed donde uno se siente bien tratado. As\u00ed que he vuelto y seguir\u00e9 volviendo. Lo contrario de los casos tristemente citados en los p\u00e1rrafos de arriba: me apena en alg\u00fan caso pero no me queda otra opci\u00f3n. Desertar de ellos. Lo propio de todo cliente que all\u00ed se sinti\u00f3 maltratado. Sin necesidad de pedir<strong> las hojas de reclamaciones.<\/strong> Limit\u00e1ndote a distinguirlos con tu indiferencia.<\/p>\n<p>P. D. En mi vida he pedido otras hojas de reclamaciones. Es decir, las oficiales. D\u00f3cil que es uno. Tampoco me han vetado el acceso a ning\u00fan bar, y mira que en mi alocada mocedad les di motivos a algunos pacientes camareros. A quienes pido disculpas retrospectivas. No recuerdo tampoco que las hayan aplicado a nadie en mi presencia: ese documento enmarcado que figura detr\u00e1s de la barra, donde se anotan los motivos por los que puede denegarse el <strong>derecho de admisi\u00f3n<\/strong>. Muy habitual en muchos bares del centro, como manera de vetar el acceso a los miembros de alguna despedida de soltero\/a. Cuando leo sus cl\u00e1usulas, tiendo a pensar que si se aplicaran de verdad esas condiciones, gran parte de los bares se quedar\u00edan sin clientela: observo que, por ejemplo, est\u00e1 prohibido llevar la ropa interior pr fuera o el torso descubierto, as\u00ed como la ropa sucia o en mal estado. Tambi\u00e9n se proh\u00edbe acudir borracho o bajo los efectos de las drogas&#8230; Muchos, muchos puntos suspensivos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Tropec\u00e9 hace un tiempo vagando por el \u00e9ter con un grupo creado en la c\u00e9lebre red social que no citar\u00e9 (pero a la cual acudo con frecuencia: ah, el ser humano y sus contradicciones) denominado Soy camarero. Es un punto de encuentro muy interesante. Y divertido. Te deja pensativo. 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