{"id":1315,"date":"2019-05-10T09:44:16","date_gmt":"2019-05-10T09:44:16","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/?p=1315"},"modified":"2019-05-10T09:44:16","modified_gmt":"2019-05-10T09:44:16","slug":"el-bar-al-que-hay-que-ir","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/2019\/05\/10\/el-bar-al-que-hay-que-ir\/","title":{"rendered":"El bar al que hay que ir"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/05\/elena-y-alfonso.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-large wp-image-1316\" src=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/05\/elena-y-alfonso-1024x720.jpg\" alt=\"Elena y Alfonso, bandeja de morros en ristre. Foto de Justo Rodr\u00edguez\" width=\"1024\" height=\"720\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/05\/elena-y-alfonso-1024x720.jpg 1024w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/05\/elena-y-alfonso-300x211.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/05\/elena-y-alfonso-768x540.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/05\/elena-y-alfonso.jpg 1600w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Elena y Alfonso<\/strong> apuran estos d\u00edas sus \u00faltimos a\u00f1os al frente del celeb\u00e9rrimo mes\u00f3n de la <strong>calle Villegas<\/strong>. Es la hora del verm\u00fa. Ella hojea las p\u00e1ginas de <strong>Diario LA RIOJA<\/strong> durante los segundos que se concede de respiro. Entre cliente y cliente, con un ojo siempre en los pucheros de la cocina, repasa la actualidad del d\u00eda. Mientras, \u00e9l aprovecha para una breve ronda por los bares de alrededor, su particular manera de oxigenarse. La parroquia entra y sale del local con una rara sensaci\u00f3n apoder\u00e1ndose de los m\u00e1s incondicionales. Esa sensaci\u00f3n conocida en otros momentos de la vida. La propia de cuando algo est\u00e1 a punto de decir adi\u00f3s y uno no sabe si sentir l\u00e1stima o agradecimiento. O las dos cosas. Cuando llega Alfonso y comparte estas cavilaciones, concluye rotundo: &#8220;A los clientes les da m\u00e1s pena que a m\u00ed&#8221;.<\/p>\n<p><strong>&#8211; Hombre, a ti tambi\u00e9n te dar\u00e1.<\/strong><br \/>\n&#8211; Hombre, claro. Claro que me da algo de pena.<\/p>\n<p>Porque luego de<strong> 18 a\u00f1os al frente de esta instituci\u00f3n logro\u00f1esa<\/strong>, un bar como de otra \u00e9poca, de la \u00e9poca en que tabernas como la que pilota el matrimonio o eran tan extra\u00f1as de encontrar, Mes\u00f3n Alfonso cierra. A finales de mes. Cuando en este mismo espacio se anunci\u00f3 la noticia, hubo unos cuantos improbables lectores que me participaron de su desdicha, para la cual idearon la misma manera de combatir su tristeza: acudir raudos hasta la calle Villegas y darse un fest\u00edn de morros. Que es la misma l\u00f3gica que siguen quienes se disponen a despedir en el par de semanas que resta hasta su clausura a su local favorito, a despecho de una posible subida de la tensi\u00f3n arterial y\/o del colesterol. Los morros, como el resto de viandas que forman parte de su jugosa oferta, siguen saliendo a la barra perfectos de punto y de sabor. Atacar una raci\u00f3n antes de que la receta se vaya con sus due\u00f1os a la feliz jubilaci\u00f3n deber\u00eda ser una obligaci\u00f3n logro\u00f1esa. Como saludar con un bocinazo del coche o aparcar en doble fila.<\/p>\n<p>Porque la decisi\u00f3n ya est\u00e1 tomada. A finales de mes, como anuncia el propio protagonista de estas l\u00edneas, se bajar\u00e1 la cancela. &#8220;Y d\u00e9jate de romances&#8221;, advierte Alfonso, con su espa\u00f1ol de castellano viejo. Una manera de expresar que se decanta por no prolongar demasiado tiempo su ejemplar desempe\u00f1o. Que una vez decretado el final de la funci\u00f3n, prefiere que el reloj inicie su cuenta atr\u00e1s sabiendo de antemano en qu\u00e9 momento se detendr\u00e1n las manecillas y entonces ser\u00e1 la hora de recoger sus cosas. <strong>Los p\u00f3sters del Numancia o del Atl\u00e9tico de Madrid<\/strong>, la aparatosa l\u00e1mpara o las fotos que decoran sus paredes: Alfonso las mira hoy como Napole\u00f3n pasaba revista a sus tropas. Luego, cabecea. Duda. Titubea. Lo mismo se marcha sin descolgar todos estos trofeos que consagran una vida dedicada al negocio hostelero, al frente de distintas barras del Logro\u00f1o de siempre.<\/p>\n<p>Barras que no fueron nunca la suya en propiedad hasta que decidi\u00f3 aterrizar por esta esquina de la ciudad. Anta\u00f1o,<strong> eje del Logro\u00f1o castizo<\/strong>, ese que se desparrama m\u00e1s all\u00e1 de las calles del centro hist\u00f3rico, barrios con una proteica personalidad. La l\u00f3gica de los tiempos apart\u00f3 de Villegas y alrededores a quienes formaban parte de su vecindario, de manera que el Mes\u00f3n Alfonso se convirti\u00f3 en ese lugar al que un parroquiano, como advierte su propio ide\u00f3logo, debe encaminar sus pasos si quiere aliviar su apetito. &#8220;Aqu\u00ed la gente viene, no pasa&#8221;, pontifica. \u201cAqu\u00ed hay que venir\u201d, insiste, con un punto de orgullo y de gratitud hacia la parroquia. La sentencia tiene mucho de verdad y bastante de eslogan. Al Alfonso hay, en efecto, que ir. Porque ya no es un lugar de paso y porque, por otro lado, sirve para reparar cualquier esp\u00edritu alica\u00eddo. Como tantos bares, es tambi\u00e9n un sanatorio, especializado en curar unos cuantos males contempor\u00e1neos.<br \/>\nLo prueba su poli\u00e9drica clientela, una parroquia panor\u00e1mica donde se citan los vecinos de la zona con los jovencitos que se entregan al tipo de bares propios de la quinta de sus padres. Esa mezcla generacional constituye uno de sus grandes atractivos. Tambi\u00e9n, su c\u00f3ctel social y pol\u00edtico: clientes de todas las doctrinas del arco parlamentario, e incluso m\u00e1s all\u00e1, se confiesan devotos del Alfonso como lo son algunos miembros de la inmigraci\u00f3n que ahora es mayor\u00eda en el barrio y pecan en su barra como pecamos todos. Contra el dictamen de nuestros cardi\u00f3logos. Confiando en que el papa Ratzinger, desde esa fotograf\u00eda colgada en uno de sus muros, nos absolver\u00e1.<\/p>\n<p>Confiando en que alguna dosis de la magia que aqu\u00ed se seguir\u00e1 repartiendo durante este mes se disemine en alguno de los bares de alrededor. Que alguien custodie en su barra el secreto de Elena y Alfonso. Profesionalidad, discreci\u00f3n, sentido del servicio&#8230; Y <strong>sus bandejas de morros<\/strong>.<\/p>\n<p>P. D. La calle <strong>Villegas y alrededores<\/strong> cobija una interesante baraja de bares, muchos de ellos alistados en esa tipolog\u00eda tan querida: los bares de toda la vida. Recias barras, con su parroquia conspicua y una oferta interesante, que merece una visita m\u00e1s detenida. Valgan un par de pistas: el <strong>Amsterdam<\/strong>, esquina a Escuelas P\u00edas, y el <strong>Dallas<\/strong>, hacia la antigua plaza de toros. Que permite un viaje culinario-hostelero al estilo Win Wenderse: esa ronda Dallas-Amsterdam.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Elena y Alfonso apuran estos d\u00edas sus \u00faltimos a\u00f1os al frente del celeb\u00e9rrimo mes\u00f3n de la calle Villegas. Es la hora del verm\u00fa. Ella hojea las p\u00e1ginas de Diario LA RIOJA durante los segundos que se concede de respiro. 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