{"id":1338,"date":"2019-06-13T15:57:56","date_gmt":"2019-06-13T15:57:56","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/?p=1338"},"modified":"2019-06-13T15:57:56","modified_gmt":"2019-06-13T15:57:56","slug":"tizona-la-tortilla-que-sabe-a-pasion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/2019\/06\/13\/tizona-la-tortilla-que-sabe-a-pasion\/","title":{"rendered":"Tizona, la tortilla que sabe a pasi\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/06\/Tizona.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-full wp-image-1339\" src=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/06\/Tizona.jpg\" alt=\"La familia del Tizona, con su tortilla. Foto de Justo Rodr\u00edguez\" width=\"600\" height=\"400\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/06\/Tizona.jpg 600w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/06\/Tizona-300x200.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 600px) 100vw, 600px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>La tortilla del Tizona<\/strong> sabe a lo que saben todas las golosinas que ocupan su suculenta barra. Sabe a ilusi\u00f3n, a entusiasmo y pasi\u00f3n. Es un bocado excelente, fino y delicado, pero tambi\u00e9n sabroso. Pero llega adornado no s\u00f3lo por un punto de ligero picante, sino por esa clase de complicidad forjada entre quienes defienden con sentido de la profesionalidad una barra y la clientela fiel, con quienes <strong>Carlos y Ana<\/strong> ejecutaron en su momento su particular desfile culinario de Hamel\u00edn: desde la cercana avenida de Col\u00f3n, donde recogieron el testimonio tambi\u00e9n mod\u00e9lico de <strong>Jes\u00fas y Ana<\/strong> cuando \u00e9stos se jubilaron, se mudaron hasta <strong>Ciriaco Garrido<\/strong>. Tomaron bajo su tutela un bar que no terminaba de cuajar luego de varias encarnaciones, lo rebautizaron como el Tizona y se emplearon en hacer lo que mejor saben: desplegar un derroche de profesionalidad y sabidur\u00eda gastron\u00f3mica, que han forjado una alianza de \u00e9xito en esta zona peatonal del centro de Logro\u00f1o.<\/p>\n<p>Y que adem\u00e1s ven saludada su apuesta no s\u00f3lo por el reconocimiento de su parroquia, sino tambi\u00e9n por los \u00e9xitos que jalonan su trayectoria. Sus triunfos en unos cuantos cert\u00e1menes distinguen una trayectoria inquieta, como se puede apreciar traspasando su puerta o viajando por el \u00e9ter. Sacar adelante un negocio hostelero exige esfuerzo, qui\u00e9n puede dudarlo. Pero cuando sus promotores se aplican con ingenio, compromiso y originalidad se sit\u00faan en el carril correcto para culminar sus prop\u00f3sitos a entera satisfacci\u00f3n. Es el caso del Tizona. Y si adem\u00e1s de sus cocinas siguen saliendo esas golosinas tan suculentas, se entender\u00e1 el estupendo aspecto de clientela que presenta su barra y las mesitas para los almuerzos y las cenas informales, <strong>terraza incluida.<\/strong><\/p>\n<p>A este panorama tan fet\u00e9n le acaba de nacer un aliado poderoso: el Tizona viene de ganar el concurso de tortillas que organiza <strong>Degusta La Rioja<\/strong> con elevad\u00edsimo impacto. Y con elevad\u00edsimas consecuencias: los fogones tienen ahora que multiplicarse para satisfacer el aumento de la demanda que el premio acarrea. Lo ganaron por cierto en la modalidad cl\u00e1sica; el premio reservado para las tortillas que a\u00f1aden otros ingredientes viaj\u00f3 hasta <strong>N\u00e1jera<\/strong>, en la primera edici\u00f3n del concurso abierta a los bares de toda la regi\u00f3n. El <strong>Virginia<\/strong>, ejemplar establecimiento ya destacado aqu\u00ed unas cuantas veces y las que haga falta, se hizo con ese galard\u00f3n. Habr\u00e1 que volver por sus lares a catarla, aunque se supone que ya habr\u00e1 notado la feliz repercusi\u00f3n que tambi\u00e9n experimentan en el Tizona. Valga un ejemplo: como explican Ana y Carlos, de una media de 7 tortillas a la semana, han pasado nada menos que a sumar 100 m\u00e1s. Ha le\u00eddo bien el improbable lector: 100 m\u00e1s. <strong>Hasta un promedio semanal de 117<\/strong>. Lo cual explica un cartel que estos d\u00edas se exhibe en su barra, donde alertan de que los pedidos deben hacerse con 24 horas de antelaci\u00f3n y se anuncian ciertas normas para el funcionamiento fet\u00e9n del resto de comandas. Las servidumbres del \u00e9xito, ya se sabe.<\/p>\n<p>No se trata por otro lado de ninguna novedad, sino de un fen\u00f3meno semejante al experimentado por los ganadores en a\u00f1os precedentes. Seguro que es tambi\u00e9n el caso antedicho del Virginia najerino. Mientras llega el d\u00eda de probar su tortilla ganadora, aqu\u00ed va el resumen de mi experiencia con la del Tizona. Sobresaliente. A mi humilde juicio, llega a la mesa en su punto justo de textura: ni mazacote, ni convertida en papilla como es moda en otros bares. Dan ganas de pedirse otro pincho pero la operaci\u00f3n bikini no lo permite. Prometo volver para indagar en su secreto, que en realidad no existe: el misterio, como sus propios hacedores confesaban hace unos d\u00edas en las p\u00e1ginas de<strong> Diario LA RIOJA<\/strong>, consiste en que se emplean productos de primera calidad, una mano diestra en las sartenes y los otros intangibles antedichos. Es decir, una generosa dosis de ilusi\u00f3n, otro chorro similar de amor por el oficio, un punto de entusiasmo genuino y una pasi\u00f3n infinita. El resultado se puede adivinar. Desde luego, tambi\u00e9n se puede catar: una tortilla excelente. Y tambi\u00e9n se puede felicitar a sus responsables, mientras intentan superar el (dichoso) l\u00edo en que se han metido. Y dedicarles por ejemplo el mismo elogio con que abandon\u00e9 el otro d\u00eda su jurisdicci\u00f3n, con un sabor de boca inmejorable: (casi) mejor que la tortilla de <strong>La Concordia.<\/strong><\/p>\n<p>P. D. Mencionar el Tizona es regresar en la memoria hacia los gratos a\u00f1os de los verm\u00fas dominicales y masivos en la zona de Jorge Vig\u00f3n, vecina a la de avenida de Col\u00f3n donde se alojaba el establecimiento original. Aquella ronda ha aparecido unas cuantas veces por este mismo espacio: pido disculpas por canso al improbable lector por repetir el querido itinerario: del <strong>Vivero<\/strong> era norma saltar a los tres bares cercanos, en la avenida aleda\u00f1a. El Tizona, por supuesto. Tambi\u00e9n el <strong>Texas<\/strong>, ya llegando hacia la calle <strong>Villamediana<\/strong>. Y cerca de <strong>Jorge Vig\u00f3n<\/strong>, el \u00fanico que a\u00fan se mantiene abierto aunque con otra denominaci\u00f3n: el <strong>Apolo<\/strong>. Tambi\u00e9n tuvo una larga y fecunda etapa el Tizona en sus a\u00f1os finales, bajo la direcci\u00f3n mencionada de Jes\u00fas y Ana, una garant\u00eda para el picoteo de fin de semana por la alta calidad de las cazuelas que despachaban sus fogones. Hoy, su puerta permanece cerrada. Pidiendo a gritos la resurrecci\u00f3n que merece por tan buenos ratos pasados acodados a su barra o sentados en aquellas mesitas bajas donde se regalaba a la clientela una dosis gratis de gimnasia.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; La tortilla del Tizona sabe a lo que saben todas las golosinas que ocupan su suculenta barra. Sabe a ilusi\u00f3n, a entusiasmo y pasi\u00f3n. Es un bocado excelente, fino y delicado, pero tambi\u00e9n sabroso. 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