{"id":1342,"date":"2019-06-21T16:10:06","date_gmt":"2019-06-21T16:10:06","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/?p=1342"},"modified":"2019-06-21T16:10:06","modified_gmt":"2019-06-21T16:10:06","slug":"los-morros-del-alfonso-viajan-al-amsterdam","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/2019\/06\/21\/los-morros-del-alfonso-viajan-al-amsterdam\/","title":{"rendered":"Los morros del Alfonso viajan al Amsterdam"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/06\/amsterdam.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-large wp-image-1343\" src=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/06\/amsterdam-1024x465.jpg\" alt=\"Odalis, con una bandeja de morros, en el Amsterdam. Foto de Justo Rodr\u00edguez\" width=\"1024\" height=\"465\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/06\/amsterdam-1024x465.jpg 1024w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/06\/amsterdam-300x136.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/06\/amsterdam-768x349.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/06\/amsterdam.jpg 1600w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En sus \u00faltimas d\u00edas antes de jubilarse, <strong>Alfonso<\/strong> sol\u00eda deambular por los alrededores de la <strong>calle Villegas<\/strong> en una ronda que le obligaba a viajar. A viajar mucho, seg\u00fan confesi\u00f3n propia: &#8220;Hay d\u00edas que voy de <strong>Dallas<\/strong> a <strong>Amsterdam<\/strong>&#8220;. Pido perd\u00f3n en su nombre por el chiste tan malo. El ejemplar mesonero alud\u00eda con esa humorada al h\u00e1bito de frecuentar dos bares cercanos a su local, as\u00ed llamados: uno Dallas y el otro Amsterdam. El chiste me recordaba aquel c\u00e9lebre dicho del Logro\u00f1o antiguo, seg\u00fan el cual el tramo de Portales entre Sagasta y Gallarza era la calle m\u00e1s larga de Espa\u00f1a: iba de La Villa de Madrid hasta la Ciudad de Londres, como estaban bautizados dos comercios que hac\u00edan en efecto esquina. Como se observa, los viajes de Alfonso son m\u00e1s cosmopolitas.<\/p>\n<p>E incluyen su aparici\u00f3n por el cercano <strong>Amsterdam<\/strong>, en el cruce con <strong>Escuelas P\u00edas<\/strong>. Un bar con sabor. Un bar con sabor a barrio. Como anta\u00f1o eran costumbre en medio Logro\u00f1o, los bares que hoy a punto est\u00e1n de convertirse casi en una reliquia. No es el caso del Amsterdam, que resiste en perfecto estado de revista. El propio Alfonso me acompa\u00f1\u00f3 una ma\u00f1ana a tomar el verm\u00fa a su barra, bien provista y mejor defendida por la jovial <strong>Odalis<\/strong>, llegada desde la lejana Am\u00e9rica para labrarse un futuro en este rinc\u00f3n de Espa\u00f1a, subsector hostelero. Luego detallar\u00e9 los bares donde se ha desempe\u00f1ado. De momento, el improbable lector deber\u00e1 conformarse con saber que el propio Alfonso derramaba sobre ella sus bendiciones. Y que esa complicidad entre quienes se dedican a la misma profesi\u00f3n hab\u00eda desarrollado un instinto de camarader\u00eda de may\u00fascula dimensi\u00f3n. Reflejado en un detalle que comparti\u00f3 Alfonso cuando alcanzamos la calle: &#8220;Estoy pensando en pasarle la f\u00f3rmula de <strong>los morros<\/strong>&#8220;.<\/p>\n<p>Los morros. Ah, los morros. Los m\u00e1gicos morros que por entonces se dispon\u00eda a dejar de servir en su benem\u00e9rito mes\u00f3n, para desolaci\u00f3n de sus incondicionales. Me pareci\u00f3 una idea estupenda y as\u00ed se lo particip\u00e9. Desde aquel mediod\u00eda me ha tenido Alfonso al tanto de sus conversaciones, que finalmente cristalizaron hace unas semanas. Y los morros viajaron. No desde la tejana Dallas, sino desde los fogones del Alfonso hasta esta recomendable barra donde saludan a la clientela acompa\u00f1ando a otro cl\u00e1sico que tambi\u00e9n ha recorrido esos metros que separaban a ambos locales:<strong> los suculentos torreznos.<\/strong><\/p>\n<p>Y la parroquia se felicita, claro. Porque hay unos cuantos miembros de ellas que se reconocen hu\u00e9rfanos desde que el Alfonso cerr\u00f3 y dej\u00f3 un vac\u00edo irreparable en estas calles que mantienen viva <strong>la esencia del Logro\u00f1o de siempre<\/strong>, la castiza ciudad que no renuncia a seguir si\u00e9ndolo. Y que mantiene igualmente vivo el tesoro de estos bares donde la clientela se reconoce a s\u00ed misma nada m\u00e1s entrar, entabla conversaci\u00f3n con el reci\u00e9n llegado como si fuera de la familia y hasta tiene el detalle de pagarse una ronda como antes era costumbre y ahora una rareza. Una ca\u00f1a y un morro para estos se\u00f1ores, por favor.<\/p>\n<p>Y aqu\u00ed llega el platillo. Sabros\u00edsimos, los morros no han notado efectos perjudiciales en el breve trayecto desde del Alfonso. Odalis, que aparece y desaparece de la barra hacia los fogones como una hechicera, ha dado con la f\u00f3rmula. El producto sigue siendo de primera calidad, se presenta perfecto de textura (sin grasas, la piel delicadamente chamuscada) y mantiene la intriga de qu\u00e9 especies m\u00e1gicas le adornan y le dotan de ese sabor tan singular. Cuando se le preguntaba a Alfonso por el ingrediente secreto, se encog\u00eda de hombros y soltaba una de esas risas tan suyas, hacia adentro. Y Odalis mantiene el enigma. Elude desvelar el toque m\u00e1gico y se limita a reconocer que s\u00ed: que tom\u00f3 el relevo de los morros del Alfonso, obra de la maga <strong>Elena<\/strong>, con alg\u00fan respeto: \u201cEs que ella llevaba a\u00f1os prepar\u00e1ndolos y yo llevo s\u00f3lo quince d\u00edas\u201d. Pero ha atinado con la receta, como le confiesan sus parroquianos, temerosos al principio, muy reconocidos y confiados ahora. \u201cYo quer\u00eda hacerlo bien\u201d, avisa. Lo ha hecho. Este viaje, como tantos otros viajes, ha merecido la pena.<\/p>\n<p>P. D. En la foto que ilustra estas l\u00edneas, Odalis aparece tocada con el c\u00e9lebre gorro llamado &#8216;<strong>kevin<\/strong>&#8216;. C\u00e9lebre porque decoraba el viejo mes\u00f3n de Alfonso, otro testimonio del cercano bar que ha viajado con los morros al Amsterdam. Ella se r\u00ede traviesa mientras desvela la an\u00e9cdota y repasa una trayectoria muy fecunda en sus anteriores destinos: Los Olivos, La Redonda, Los Fueros, C\u00f3ndor, Urcey, Pato Borracho, Gambrinus&#8230; \u201cHasta fui panadera\u201d, vuelve a carcajearse. Nacida en la lejana Rep\u00fablica Dominicana, lleg\u00f3 a Logro\u00f1o a los 15 a\u00f1os (ahora luce 42), as\u00ed que se considera una vecina m\u00e1s de la capital. Mucho ojo. \u201cSoy riojana de crianza y de adopci\u00f3n\u201d, proclama.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; &nbsp; En sus \u00faltimas d\u00edas antes de jubilarse, Alfonso sol\u00eda deambular por los alrededores de la calle Villegas en una ronda que le obligaba a viajar. A viajar mucho, seg\u00fan confesi\u00f3n propia: &#8220;Hay d\u00edas que voy de Dallas a Amsterdam&#8220;. Pido perd\u00f3n en su nombre por el chiste tan malo. 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