{"id":1353,"date":"2019-07-05T15:54:11","date_gmt":"2019-07-05T15:54:11","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/?p=1353"},"modified":"2019-07-05T15:54:11","modified_gmt":"2019-07-05T15:54:11","slug":"el-lado-bueno-del-iturza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/2019\/07\/05\/el-lado-bueno-del-iturza\/","title":{"rendered":"El lado bueno del Iturza"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/07\/fin-del-Iturza.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-large wp-image-1354\" src=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/07\/fin-del-Iturza-1024x614.jpg\" alt=\"Jes\u00fas y sus clientes, durante la fiesta de despedida del jueves. Foto de Juan Mar\u00edn\" width=\"1024\" height=\"614\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/07\/fin-del-Iturza-1024x614.jpg 1024w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/07\/fin-del-Iturza-300x180.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/07\/fin-del-Iturza-768x461.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/07\/fin-del-Iturza.jpg 1600w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Yo empec\u00e9 a frecuentar el <strong>Iturza<\/strong> en los <strong>primeros 80<\/strong>. Fue cuando Laurel ya nos aburr\u00eda y buscamos por lo tanto nuevas rutas. <strong>La calle Mayor<\/strong> se ofrec\u00eda como un destino id\u00f3neo para explorar todos aquellos bares que se escapaban de lo trillado. Por su cercan\u00eda y porque, compartiendo una fisonom\u00eda an\u00e1loga, dispon\u00eda de su propia personalidad. Una identidad parecida pero distinta. As\u00ed que sal\u00edamos del Moderno por la puerta de atr\u00e1s e indag\u00e1bamos qu\u00e9 nos ofrec\u00eda la Mayor en materia de barras. La del Iturza, por ejemplo. Cuyo responsable despachaba la tapa m\u00e1s intrigante que jam\u00e1s he conocido: un huevo duro. A palo seco, espolvoreada de sal. Todav\u00eda alg\u00fan bar recalcitrante del <strong>viejo Logro\u00f1o<\/strong> mantiene ese h\u00e1bito, el bocado m\u00e1s austero que pueda imaginar su clientela. Que en el Iturza a\u00f1ad\u00eda una broma muy propia de aquel tiempo: el se\u00f1or <strong>Villaluenga<\/strong>, jaleado a veces por sus parroquianos, romp\u00eda la c\u00e1scara con su frente y serv\u00eda luego el huevo en un platillo. La broma alcanzaba momentos delirantes cuando alguno de sus clientes m\u00e1s guas\u00f3n le allegaba sin que se diera cuenta un huevo, s\u00ed, pero fresco. Cuya yema, una vez roto, ca\u00eda por frente y alcanzaba sus carrillos entre risotadas un\u00e1nimes. Incluyendo al propio damnificado, que aceptaba ese trance con elogiable sentido del humor.<\/p>\n<p>Hab\u00eda otros bares en aquella ronda pero por alguna raz\u00f3n misteriosa, un intangible, el Iturza nos atra\u00eda con un nivel de magnetismo superior. Como alg\u00fan otro, el <strong>Cuatro Calles<\/strong> por ejemplo, que dispon\u00eda de mesitas para el tentempi\u00e9 de los s\u00e1bados por la noche: ah, sus ricas cazuelitas&#8230;. O el cercano <strong>Bret\u00f3n<\/strong> (no confundir con el caf\u00e9 de la calle hom\u00f3nima), cuyo due\u00f1o sol\u00eda vestir con chaleco y corbata. La ronda era m\u00e1s breve que la que propon\u00eda Laurel, pero dotada de su particular encanto, porque la clientela de todos esos bares se nutr\u00eda del ala senior de los logro\u00f1eses adictos al chiquiteo, a quienes alguna gracia les hizo compartir durante aquel tiempo su pasatiempo favorito con las nuevas generaciones (con perd\u00f3n). Y tambi\u00e9n a nosotros nos divert\u00eda, la verdad, confraternizar con quienes nos precedieron en las rondas eternas por el Logro\u00f1o de siempre. Sobre todo, si transcurr\u00edan en el Iturza, donde por alg\u00fan misterioso motivo la diversi\u00f3n estaba garantizaba. Ten\u00eda un ambiente especial, ese aire como electrificado.<\/p>\n<p>Un ambiente que su descendencia supo mantener. Hablo de ese intangible antedicho. Aunque con los a\u00f1os regresamos sobre nuestros pasos y mantuvimos la fidelidad a <strong>Laurel<\/strong> mientras explor\u00e1bamos nuevas rutas hacia la <strong>San Juan<\/strong> (costumbre que a\u00fan se mantiene), procur\u00e1bamos dar una vuelta de vez en cuando por la Mayor. La frecuencia de este h\u00e1bito se fue distanciando, entre otras razones porque la propia calle protagoniz\u00f3 una transformaci\u00f3n harto conocida: abrieron nuevos bares que colonizaron la oferta hostelera pero en versi\u00f3n nocturna, una invitaci\u00f3n al desparrame que me pill\u00f3 ya mayor (o cansado) para atenderlos como merec\u00edan. Los antiguos bares, los del chiquiteo, murieron. Con una salvedad: el Iturza. Que resisti\u00f3 como pudo, bajo nueva direcci\u00f3n. Pero resisti\u00f3. Con sobresaliente garbo. Esper\u00f3 nuevos tiempos, observ\u00f3 c\u00f3mo ca\u00edan a su alrededor muchos de los bares nacidos al amor de las copas de madrugada, sobrevivi\u00f3 a todas las crisis&#8230; Con sus propios contratiempos, por supuesto, inherentes a un sector empresarial convulso como pocos. Que depende adem\u00e1s de un factor incontrolable: los gustos. Los gustos de su potencial clientela.<\/p>\n<p>Porque el gusto humano es inclasificable. As\u00ed como puede m\u00e1s o menos trazarse con alguna seguridad el itinerario de \u00e9xito o fracaso que acompa\u00f1ar\u00e1 a algunos bares en cuanto los inauguran, lo habitual es que ocurra lo contrario: que su suerte est\u00e9 siempre por escribirse. Y que sea una trayectoria oscilante, con sus picos y sus valles. De repente, un bar se pone de moda por la misma raz\u00f3n por la que luego deja de estarlo. Con sus responsables pregunt\u00e1ndose, en \u00e9poca de vacas flacas, qu\u00e9 hizo para merecerlo. Hay otros, sin embargo, como el Iturza donde las tendencias vienen y mar como las olas de la mar oc\u00e9ana, porque su atributo principal se esconde en su intransferible identidad. Esa personalidad tan ca\u00f1\u00ed que explica su \u00e9xito m\u00e1s reciente. J\u00f3venes promociones detectaron en el Iturza la ant\u00edtesis del bar uniformizado que nos ha legado la globalizaci\u00f3n y lo entronizaron como su reino particular, a mayor gloria de los botellines (sobre todo, cuando se pod\u00edan consumir en su puerta), de las rabas y de las <strong>gambas a la gabardina<\/strong>. Y del gran estilo que distingue a su ideol\u00f3go, don Jes\u00fas.<\/p>\n<p>A quien visit\u00e9 en esta \u00e9poca de renacimiento del Iturza y hasta le dediqu\u00e9 alguna entrada en exclusiva, como esa p\u00e1gina de peri\u00f3dico destinada a glosar sus proezas que nuestro hombre tuvo el detalle de colocar en esa pared desde donde saludaba a los parroquianos. <strong>Como un dazibao logro\u00f1\u00e9s.<\/strong> Recuerdo entrevistar a Jes\u00fas mientras se preparaba una infusi\u00f3n de estimulante aroma, lament\u00e1ndose de c\u00f3mo las ordenanzas municipales conspiraban contra su manera de entender el negocio que hered\u00f3 de su t\u00edo. Avanzaba la conversaci\u00f3n y la barra se iba decorando con figuritas de papel que el amigo Jes\u00fas elaboraba con primor e ingenio, un aut\u00e9ntico manitas. Un artista. Un artista tambi\u00e9n para Logro\u00f1o en sus bares. Ahora, por en\u00e9sima vez, anuncia que cierra. Como parece que en esta ocasi\u00f3n va en serio, yo ya lo empiezo a a\u00f1orar. Y derramo una l\u00e1grima por el fin de los buenos tiempos, la tapa de huevo duro y el Logro\u00f1o de toda la vida.<\/p>\n<p>P. D. Como si fueran convocados al amor de<strong> &#8216;Mira siempre el lado bueno de las cosas&#8217;,<\/strong> el himno m\u00e1s oportuno para cada funeral, los incondicionales del Iturza se congregaron este jueves en la calle Mayor para despedir como merece al culpable de tantos buenos ratos. Jes\u00fas Villaluenga, que el lunes dej\u00f3 de abrir la persiana que llevaba funcionando bajo su direcci\u00f3n desde 1989. Treinta a\u00f1os despu\u00e9s, el Iturza deja un vac\u00edo entre las calles del Logro\u00f1o de siempre semejante al que anida en el coraz\u00f3n de sus fans. Que fueron quienes se movilizaron para obligarle a esta despedida por la puerta grande. Y que tal vez entonaron como homenaje para sus adentros la inmortal tonada de los <strong>Monty Phyton<\/strong>: \u201cBien pensado, la vida es una mierdecilla\/es una carcajada\/y la muerte, una broma\u201d.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Yo empec\u00e9 a frecuentar el Iturza en los primeros 80. Fue cuando Laurel ya nos aburr\u00eda y buscamos por lo tanto nuevas rutas. La calle Mayor se ofrec\u00eda como un destino id\u00f3neo para explorar todos aquellos bares que se escapaban de lo trillado. 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