{"id":1385,"date":"2019-09-27T09:02:22","date_gmt":"2019-09-27T09:02:22","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/?p=1385"},"modified":"2019-09-27T09:02:22","modified_gmt":"2019-09-27T09:02:22","slug":"bar-achuri-patriarca-de-laurel","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/2019\/09\/27\/bar-achuri-patriarca-de-laurel\/","title":{"rendered":"Bar Achuri, patriarca de Laurel"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/09\/Achuri.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-large wp-image-1386\" src=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/09\/Achuri-1024x683.jpg\" alt=\"\" width=\"1024\" height=\"683\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/09\/Achuri-1024x683.jpg 1024w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/09\/Achuri-300x200.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/09\/Achuri-768x512.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/09\/Achuri.jpg 1600w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Tertulia tontorrona t\u00edpica de verano, mi favorita. Prende entre quienes participamos en ella una duda: qu\u00e9 bar de la calle Laurel es el m\u00e1s antiguo. Titubeos, incertidumbre, divisi\u00f3n de opiniones\u2026 Acude en nuestro auxilio <strong>el maestro Eduardo G\u00f3mez<\/strong>, a quien consultamos por tel\u00e9fono para que arroje alguna luz. Lo cual hace gustoso, previa advertencia: en realidad, <strong>la calle Laurel<\/strong> tal y como ahora la conocemos es un invento reciente en t\u00e9rminos hist\u00f3ricos. En su mocedad, recuerda nuestro perito en bares, \u00e9l la recorr\u00eda de arriba a abajo, incluyendo los dos afluentes (<strong>Albornoz, la Traves\u00eda<\/strong>) porque viv\u00eda justo al lado y porque era una calle donde hab\u00eda bares, en efecto, pero tambi\u00e9n tiendas de toda \u00edndole, que exig\u00edan una visita para cualquier recado: Laurel era una calle comercial, una m\u00e1s del viejo Logro\u00f1o. Como lo era<strong> su gemela la San Juan,<\/strong> donde su vertiente mesocr\u00e1tica tard\u00f3 m\u00e1s en desaparecer. Y todav\u00eda resiste, m\u00e1s o menos.<\/p>\n<p>As\u00ed que Eduardo hace memoria y concluye que con alguna seguridad el bar m\u00e1s veterano de la calle Laurel ser\u00e1\u2026 el <strong>Achuri<\/strong>. O el <strong>Blanco y Negro<\/strong> tal vez\u2026 Pero no: el Achuri, el Achuri, dictamina. El patriarca de la calle Laurel, el bar que lleva m\u00e1s tiempo en las manos de la misma familia que lo fund\u00f3. Con cuya puerta se tropezaba cuando era un chiquillo y ah\u00ed sigue, a disposici\u00f3n de los interesados en mantenerse fieles a la Laurel de toda la vida, antes de que se viera invadida por los bares de tipolog\u00edas m\u00e1s recientes. No es el caso del legendario Achuri, donde tambi\u00e9n perpetramos nuestras propias incursiones de chavales como hiciera G\u00f3mez unos cuantos a\u00f1os antes, y donde nos recib\u00eda su patr\u00f3n, elegante como un gal\u00e1n de cine de los a\u00f1os 50. Una especie de Jos\u00e9 Su\u00e1rez parapetado tras una barra donde hizo c\u00e9lebres ciertas golosinas.<\/p>\n<p>Las setas, por ejemplo. <strong>Juanjo<\/strong>, que as\u00ed se llamaba el comandante en jefe del Achuri, era aficionado a la micolog\u00eda y se notaba en la presencia de unos cuantos misteriosos hongos durante la temporada de recolecci\u00f3n. Misteriosos porque su nomenclatura (hab\u00eda una setas llamadas pardillas, por ejemplo) representaban un enigma para quienes s\u00f3lo distingu\u00edamos un champi\u00f1\u00f3n de una seta de chopo y ah\u00ed se acababa nuestra destreza. Misteriosos tambi\u00e9n por su apariencia, que se apartaba de lo trillado en esta rama de la gastronom\u00eda: una de aquellas setas, por ejemplo, ten\u00eda aspecto de lengua de vaca y resulta que as\u00ed se llamaba por cierto, para felicidad de los incondicionales del Achuri, que encontraban en su barra esos manjares raros de ver entonces por Logro\u00f1o, despachados desde los fogones con mano maestra por la jefa de la casa, <strong>Alicia<\/strong>.<\/p>\n<p>A quien por cierto se recordar\u00e1 como la hechicera de otro guiso singular que la memoria logro\u00f1esa asociar\u00e1 siempre con su bar: la asadurilla. La asadurilla del Achuri, que serv\u00eda perfecta de punto y de sabor. Un plato de otra \u00e9poca, hoy tambi\u00e9n muy extra\u00f1o de encontrar. All\u00ed era el rey, como se recuerda desde alguno de los paneles distribuidos por sus paredes donde reina ahora el heredero de la saga, Juan Carlos, quien confirma que s\u00ed. Que el Achuri se puede considerar como el patriarca de la calle, como atestiguan sus 80 a\u00f1os de vida, repartidos entre<strong> las tres ramas del \u00e1rbol geneal\u00f3gico<\/strong> (su abuelo, su padre Juanjo, fallecido hace un a\u00f1o, y ahora \u00e9l mismo) y dotados de esa rareza mencionada que hace m\u00e1s singular su supervivencia: siempre ha estado en las manos de la misma familia. Ning\u00fan otro bar de la Laurel, incluyendo los que podr\u00edan competir en veteran\u00eda, pueden proclamar otro tanto.<\/p>\n<p>Y a\u00f1ada el improbable lector otro atributo singular. Tampoco se ha alterado su fisonom\u00eda con el paso del tiempo. El Achuri permanece tal cual (m\u00e1s o menos, con las l\u00f3gicas adaptaciones) que como lo conocimos en nuestras juveniles andanzas por la calle Laurel. Lo cual reconforta. Porque, para quien tenga la costumbre de ir de rondas, representa un puerto donde atracar seguro. Servicio eficaz y profesional, ricas creaciones de la cocina riojana tentando desde la barra, una carta de vinos que ha ido mejorando mientras transcurr\u00edan los a\u00f1os y, sobre todo, la foto. La foto del otro gran Achuri, el futbolista. Que nos saludaba de chavales desde uno de los muros del bar y hoy tambi\u00e9n reclama nuestra atenci\u00f3n. <strong>Astro del Real Oviedo<\/strong>, entre otros equipos, donde se convirti\u00f3 en mito como subraya su sobrino: \u201cCuando viene gente de Oviedo por aqu\u00ed, sobre todo si son mayores, se quedan alucinados viendo la foto, porque se acuerdan mucho de \u00e9l\u201d.<\/p>\n<p>Como cualquiera. Sus viejos clientes tampoco la olvidan. Esa foto en blanco y negro encierra bastante m\u00e1s que un homenaje p\u00f3stumo a la estrella de f\u00fatbol que fue aquel Achuri. Es tambi\u00e9n un tributo a nuestros buenos tiempos. Los tiempos de La Simpat\u00eda, el Buenos Aires y otros cuantos bares que se manten\u00edan leales con su pasado y evitaban transformarse en lo que no eran. Esa fidelidad a sus ra\u00edces explica probablemente el \u00e9xito del Achuri: 80 a\u00f1os de vida siendo m\u00e1s o menos el mismo bar. <strong>El mismo bar de todos los veranos<\/strong>, coartada para una de esas estupendas tertulias tontorronas que no llegan a ninguna parte. Salvo para concluir que, en efecto, pasan los a\u00f1os. Claro que pasan. Pero no evitan que cuando volvamos a entrar cualquier tarde en la Laurel, el Achuri est\u00e9 ah\u00ed.<\/p>\n<p>P. D. El amigo <strong>Mere<\/strong> aporta su propia cuota hist\u00f3rica a la pregunta que encabezaba estas l\u00edneas: cu\u00e1l es el bar m\u00e1s antiguo de la Laurel. Puede que el Taza, apunta. Puede, claro. Pero resulta que el Taza desapareci\u00f3. En su lugar anida desde hace algunos a\u00f1os otro bar, en efecto, pero no es el Taza. El m\u00e9rito del Achuri reside en lo antedicho: en ser el m\u00e1s longevo de la calle manteniendo la encarnaci\u00f3n original. Aunque se malician los logro\u00f1eses m\u00e1s veteranos, y el propio Juan Carlos desde la barra del Achuri, que el m\u00e1s antiguo debe ser el Blanco y Negro. Desde donde responden que en efecto les distingue ese honor, aunque haya cambiado de rumbo unas cuantas veces. Lo cual le hace merecedor de unas l\u00edneas para cualquiera de las semanas venideras.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Tertulia tontorrona t\u00edpica de verano, mi favorita. Prende entre quienes participamos en ella una duda: qu\u00e9 bar de la calle Laurel es el m\u00e1s antiguo. Titubeos, incertidumbre, divisi\u00f3n de opiniones\u2026 Acude en nuestro auxilio el maestro Eduardo G\u00f3mez, a quien consultamos por tel\u00e9fono para que arroje alguna luz. 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