{"id":1393,"date":"2019-10-10T16:58:02","date_gmt":"2019-10-10T16:58:02","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/?p=1393"},"modified":"2019-10-10T16:58:02","modified_gmt":"2019-10-10T16:58:02","slug":"se-busca-camarero","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/2019\/10\/10\/se-busca-camarero\/","title":{"rendered":"Se busca camarero"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/10\/senecesitacamarero.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-large wp-image-1395\" src=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/10\/senecesitacamarero-1024x790.jpg\" alt=\"\" width=\"1024\" height=\"790\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/10\/senecesitacamarero-1024x790.jpg 1024w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/10\/senecesitacamarero-300x232.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/10\/senecesitacamarero-768x593.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/10\/senecesitacamarero.jpg 1200w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Uno de los grandes placeres que nos distinguen a los aficionados al universo de los bares surge cuando tropezamos en nuestras andanzas de barra en barra con <strong>un gran camarero<\/strong>. Un camarero excepcional. Uno de esos profesionales que abrillantan su oficio ejerci\u00e9ndolo con un suplemento de eficacia que va desapareciendo, tal vez porque todo cambia: los h\u00e1bitos de la clientela, por ejemplo, menos exigente. M\u00e1s conformista. Que ya no reclama ser atendida por aquel tipo de camarero que alguna vez ha aparecido por aqu\u00ed encarnado en tantos y tantos sobresalientes ejemplos que encontramos en <strong>el Logro\u00f1o de ayer y el de hoy<\/strong>. Ese camarero que sabe lo que quieres tomar seg\u00fan ingresas en sus dominios, que despacha la comanda con rapidez y eficacia, que dispone de visi\u00f3n panor\u00e1mica para adivinar qu\u00e9 ocurre en las zonas m\u00e1s alejadas de su jurisdicci\u00f3n. Que sabe anticiparse a las siguientes oleadas, que no para de moverse (allega una copa, sirve un bocado, fregotea la cristaler\u00eda, pone a funcionar la cafetera: un mago) y que sin embargo no te abruma con chismes ni cont\u00e1ndote su vida. Esa clase de profesionalidad fr\u00eda, sin tomarse grandes confianzas, que tanto hace disfrutar a quienes nos aposentamos al otro lado de la barra.<\/p>\n<p>Esos son los camareros que han ido desapareciendo. No se trata de una cuesti\u00f3n de edad. Observo algunos inmarcesibles ejemplos de eficacia en su trabajo en miembros de las generaciones m\u00e1s j\u00f3venes (las gentes del <strong>Barrio Bar<\/strong>, ahora tambi\u00e9n en <strong>Clandestino<\/strong>: una visita recomendable), igual que hay casos de detestable desempe\u00f1o en el oficio entre las sagas m\u00e1s veteranas. A mi humilde y pobre entender, se trata de lo antedicho: de que cambian los modos y costumbres. Lo que antes nos parec\u00eda inaudito (compartir espacio en un bar con una mascota o con una familia cambiando el pa\u00f1al a su criatura) ahora se convierte en norma. Y que te puede atender cualquier reci\u00e9n llegado que lo ignora todo su profesi\u00f3n. Porque se tiende a pensar adem\u00e1s que el oficio de camarero es una profesi\u00f3n sencill\u00edsima, carente de misterio. En mi (de nuevo) humilde y pobre entender, ocurre lo contrario: como en otras \u00e1reas de la actividad humana, para ejercer con sentido del deber como camarero hay que estar muy bien adiestrado. Y no. No es tan f\u00e1cil.<\/p>\n<p>Lo demuestra una tendencia que se detecta en los \u00faltimos a\u00f1os y que alcanza, seg\u00fan las confidencias compartidas por unos cuantos due\u00f1os de bares, la dimensi\u00f3n de problema grave, central para su econom\u00eda: la ausencia de profesionales. De buenos camareros. O simplemente de camareros que se inician en el oficio pero tienen ganas de aprender. De labrarse un futuro. Lo habr\u00e1 visto el improbable lector en sus propios paseos: esos carteles que nos saludan cuando entramos en alg\u00fan local, donde puede leerse alternativamente<strong> &#8216;Se busca camarero&#8217;<\/strong> o el m\u00e1s apremiante <strong>&#8216;Se necesita camarero&#8217;<\/strong>. En algunos casos, carteles que duran alguna eternidad, se\u00f1al de que la necesidad no ha sido atendida y se prolonga en el tiempo. Y que pueden encontrarse tambi\u00e9n, con la misma dilatada espera, en los anuncios por palabras que publica esta casa: como si quienes los insertan ya se hubiera resignado a seguir aguardando un milagro.<\/p>\n<p>La crisis de profesionales, en cantidad y calidad, es asunto serio. Acaba a veces con la vida de algunos bares. Uno cerrado recientemente era digno de estudio: cambiaba la plantilla de camareros a una velocidad vertiginosa, con la particularidad de que el nuevo sol\u00eda empeorar el desempe\u00f1o del anterior, hasta extremos desconcertantes: ped\u00edas <strong>un blanco de Rioja,<\/strong> por ejemplo, y te sacaba un <strong>Albari\u00f1o<\/strong>. Y ten\u00edan todos con la m\u00e1quina de caf\u00e9 los mismos problemas que yo cuando estren\u00e9 el smartphone: era inevitable compadecerse de esa falta de habilidad compartida. El caso es que, como me anotaban incondicionales del citado bar, el due\u00f1o (que ten\u00eda otras ocupaciones profesionales) acab\u00f3 bajando la verja. Otros colegas del ramo te participan de la misma frustraci\u00f3n: como no encuentran profesionales de talla, dispuestos a seguir el ritmo que implanta el jefe, prefieren ocuparse ellos de su tarea. Tambi\u00e9n los habr\u00e1 contemplado el improbable lector: esos bares donde la \u00fanica mano de obra es la del propietario. Lo cual depara el consabido desenlace: que la estancia se prolonga para los parroquianos hasta ser atendidos m\u00e1s all\u00e1 de lo razonable.<\/p>\n<p><strong>El propio presidente del ramo en La Rioja<\/strong> confesaba que ah\u00ed radicaba uno de los principales problemas del sector. Faltan camareros. Buenos, regulares y hasta malos: hay una franja de la poblaci\u00f3n que descarta emplearse en un trabajo tan esclavo, propenso a los horarios irregulares, que obliga a aguantar pelmazos con demasiada frecuencia, am\u00e9n de otras penosas exigencias. La clave, como casi siempre, reside en el dinero. El maldito parn\u00e9. El salario que se ofrece a quienes militan en este apartado del mercado de trabajo: pretender que haya buenos profesionales al otro lado de la barra por seg\u00fan qu\u00e9 sueldos tambi\u00e9n tiene mucho de milagro. Dos problemas transformados en vasos comunicantes que desembocan en un preocupante escenario, parad\u00f3jico: cada vez hay m\u00e1s bares, cada vez pesan m\u00e1s en nuestra sociedad y nuestra econom\u00eda, pero tambi\u00e9n cada d\u00eda que pasa sigue detect\u00e1ndose esa misma ausencia, clamorosa. La de los camareros fet\u00e9n. Ese personaje a quien entregar\u00edas tu alma si a cambio te proporciona lo que demandas en cada barra: aliento, sosiego, comprensi\u00f3n, buenos bocados, mejores tragos&#8230; Buscar un buen camarero ser\u00e1 siempre el primer placer cuando atraquemos en nuestros bares favoritos. Y brindar por la salud de quienes nos atendieron y atienden haciendo honor a tan noble oficio.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/10\/gilda.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-full wp-image-1394\" src=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/10\/gilda.jpg\" alt=\"\" width=\"789\" height=\"955\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/10\/gilda.jpg 789w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/10\/gilda-248x300.jpg 248w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/10\/gilda-768x930.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 789px) 100vw, 789px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>P. D. La lista de camareros que componen en mi memoria el &#8216;dream team&#8217; de mis favoritos es tarea ociosa. Por varias razones. Porque ser\u00eda injusto olvidarme de alguno que me ofreci\u00f3 consuelo y ejerci\u00f3 de terapeuta en mi alborotada adolescencia y porque la lista de aquellos a quienes sigo venerado tiende a ser interminable. Cuando me ha preguntado alguien por mi camarero predilecto, por no indisponerme con ninguno busco un atajo y se\u00f1alo a uno de ficci\u00f3n: el inolvidable <strong>T\u00edo P\u00edo<\/strong>, el camarero que defend\u00eda la barra del club donde Rita Hayworth se transform\u00f3 en la no menos inolvidable <strong>Gilda<\/strong>. Divertido, ingenioso, eficaz y gentil. Si existe un cielo para los adictos a los bares, su barra la deber\u00eda dirigir \u00e9l: T\u00edo P\u00edo (Steven Geray para el mundo).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Uno de los grandes placeres que nos distinguen a los aficionados al universo de los bares surge cuando tropezamos en nuestras andanzas de barra en barra con un gran camarero. Un camarero excepcional. 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