{"id":1402,"date":"2019-10-25T16:19:50","date_gmt":"2019-10-25T16:19:50","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/?p=1402"},"modified":"2019-10-25T16:19:50","modified_gmt":"2019-10-25T16:19:50","slug":"el-bar-mas-barato","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/2019\/10\/25\/el-bar-mas-barato\/","title":{"rendered":"El bar m\u00e1s barato"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/10\/Gallo-de-Oro.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-full wp-image-1403\" src=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/10\/Gallo-de-Oro.jpg\" alt=\"\" width=\"961\" height=\"606\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/10\/Gallo-de-Oro.jpg 961w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/10\/Gallo-de-Oro-300x189.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/10\/Gallo-de-Oro-768x484.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 961px) 100vw, 961px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>A\u00f1os 80, s\u00e1bado noche. Impulsados por una noticia que esa ma\u00f1ana firmaba en el decano de la prensa regional el maestro <strong>Eduardo G\u00f3mez<\/strong>, un grupo de logro\u00f1eses ingresa en el hoy difunto bar <strong>Gallo de Oro<\/strong> (hermoso nombre), ubicado en el coraz\u00f3n de la gran ciudad de <strong>Cenicero<\/strong>. Resulta que seg\u00fan las pesquisas del caballero logro\u00f1\u00e9s perito en bares, ah\u00ed se aloja el bar m\u00e1s barato de toda La Rioja. Se deduce de la exigua derrama que exige su combinado estrella, que en efecto se despacha en la castiza barra a un precio propio de la primera postguerra: siete pesetas por una copa de an\u00eds (entonces a\u00fan se beb\u00eda an\u00eds) y una rosquilla. Ni el licor ni el bocado resultan memorables, vistos retrospectivamente. Pero sigo sin olvidar aquel momento en que la parroquia habitual comparti\u00f3 con unos reci\u00e9n llegados la ingesta diaria de aquel reparador matrimonio entre an\u00eds y rosquilla, que represent\u00f3 para nosotros una novedad absoluta y sobre todo muy barata. Para hacernos una idea: calculo que por entonces el chato de vino en Laurel, al que \u00e9ramos adictos, se tarifaba a cinco calas. Alguno lo serv\u00eda a seis, una faena que obligaba a llevar siempre pesetas sueltas en el monedero para allegar una de ellas al duro de rigor, con la efigie del inhumano reci\u00e9n exhumado. Vinos que se serv\u00edan en vasos de culo de botella, con retrogusto a alquitr\u00e1n. As\u00ed que por un poco m\u00e1s te dieran en Cenicero m\u00e1s o menos de merendar nos dej\u00f3 conmocionados. Viva el Gallo de Oro.<\/p>\n<p>La conmoci\u00f3n persiste. Paso a menudo junto al local<strong> bajo los portalillos<\/strong> de Cenicero donde sobrevive el cartel del Gallo de Oro y me veo de nuevo probando aquel n\u00e9ctar. Y me veo adem\u00e1s pregunt\u00e1ndome d\u00f3nde se despacha hoy una oferta semejante por un precio similar. Es decir, d\u00f3nde se encuentra en Logro\u00f1o en nuestros d\u00edas un bar donde, por un precio tan contenido como aqu\u00e9l, el cliente se tropiece con un regalo m\u00e1s o menos parecido. Seg\u00fan mi humilde experiencia, quien pretenda un milagro similar deber\u00e1 como primera medida abandonar el centro de la ciudad. Peregrinar por lo tanto a los barrios perif\u00e9ricos, cuya oferta se caracteriza en efecto por una pol\u00edtica m\u00e1s conservadora en materia de precios. Lo puede comprobar quien se acerque por las calles (bien c\u00e9ntricas, por cierto, aunque unas manzanas m\u00e1s all\u00e1 del coraz\u00f3n hist\u00f3rico de la ciudad) de <strong>Gil de G\u00e1rate<\/strong> y alrededores, donde te cobran en determinados casos con tarifas anteriores a la llegada del euro. Otros, por el contrario, se est\u00e1n subiendo a esa parra donde resultan inalcanzables: cosas de la gentrificaci\u00f3n. El camino por donde se empieza a morir de \u00e9xito.<\/p>\n<p>Algo similar ocurre en la proteica escena de avenida de la Paz, un entorno donde todav\u00eda se encuentran ciertas gangas en los bares de toda la vida donde, de propina, te regalan una generosa raci\u00f3n de sabor local: esa clase de folclore que est\u00e1 abandonado los bares del centro con la llegada de la uniformadora globalizaci\u00f3n, ese otro dolor de muelas. Pero si el improbable lector hace suya la duda que titula estas l\u00edneas (cu\u00e1l es el bar m\u00e1s barato de Logro\u00f1o), la verdad es que no sabr\u00eda que responderle. Salvo orientarle, como se aconsejaba un poco m\u00e1s arriba, que dirija sus pasos hacia zonas m\u00e1s alejada del entorno del Espol\u00f3n y usted ya me entiende. \u00bfD\u00f3nde? Responde a esta pregunta con una posible gu\u00eda de urgencia el antedicho maestro G\u00f3mez, don Eduardo. Que me cuenta lo siguiente, algunas pistas: por ejemplo, el <strong>Vista Alegre<\/strong>, ubicado en la calle Cig\u00fce\u00f1a. Donde por apenas 80 c\u00e9ntimos (repita conmigo: 80 c\u00e9ntimos) se sirve un vino de Rioja o un corto de cerveza \u00a1\u00a1\u00a1acompa\u00f1ado por una minitapa de paella!!!. Incluye gamba y almeja, ojo. Y cerquita, en Beatos Mena y Navarrete, por ese mismo exiguo precio se ofrece en el <strong>Kebel<\/strong> el invierno que ya acecha un reconfortante caldito junto con una empanadilla. No lejos, el Armando de la calle Autonom\u00eda despacha en versi\u00f3n men\u00fa del d\u00eda eso que en Francia llaman medio men\u00fa. Atentos: plato de cocido, con pan y vino a un precio de 6,50 euros.<\/p>\n<p>Son son eso. Ejemplos. Que ocurren como se advert\u00eda en esa esquina de Logro\u00f1o, donde otros bares (<strong>Virginia, Iris, La Cortijana<\/strong>: suelto los que vienen a la memoria a bote pronto) compiten en ofrecer una propuesta m\u00e1s que digna (dign\u00edsima) sin que tiemble la billetera de sus feligreses. Seg\u00fan mis cuentas, de todos modos, ninguno alcanza el r\u00e9cord de aquella combinaci\u00f3n tan fet\u00e9n. Copa de an\u00eds y rosquilla por siete pesetas, es decir: 0,042 euros. Se me saltan las l\u00e1grimas. Mientras alguien se anima a iluminar mis pasos por Logro\u00f1o en busca de chollos semejantes, prometo inclinarme de rodillas cada vez que cruce ante la cerrada sede del Gallo de Oro de Cenicero. Y as\u00ed mi memoria volver\u00e1 a saborear aquella delicia. Tambi\u00e9n mi cuenta corriente.<\/p>\n<p>P. D. Entre los numerosos bares que abrir\u00eda si el dios que los alienta me concediera ese deseo, me volviera loco en plan t\u00edo Gilito y derrochara billetes sin cuento para liarme esa manta a mi loca cabeza, figura desde luego en primer lugar <strong>La Granja,<\/strong> querido local de Logro\u00f1o tan maltratado que me obliga a derramar una imaginaria l\u00e1grima cada vez que paso ante sus puertas y acelero la caminata para no ser testigo de tanto horror. Pero el Gallo de Oro estar\u00eda en segunda posici\u00f3n. Lo recuperar\u00eda tal cual lo recuerdo: con su decoraci\u00f3n tan camp intacta, incluyendo la fauna de amables parroquianos que nos acogi\u00f3 en aquella primera y \u00fanica visita. Cuando regresamos, el bar ya no estaba all\u00ed abierto. Siempre sospech\u00e9 que algo tuvo que ver esa pol\u00edtica de precios tan agresiva.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; A\u00f1os 80, s\u00e1bado noche. Impulsados por una noticia que esa ma\u00f1ana firmaba en el decano de la prensa regional el maestro Eduardo G\u00f3mez, un grupo de logro\u00f1eses ingresa en el hoy difunto bar Gallo de Oro (hermoso nombre), ubicado en el coraz\u00f3n de la gran ciudad de Cenicero. 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