{"id":1417,"date":"2019-11-15T11:33:41","date_gmt":"2019-11-15T11:33:41","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/?p=1417"},"modified":"2019-11-15T11:33:41","modified_gmt":"2019-11-15T11:33:41","slug":"regresa-la-esquina","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/2019\/11\/15\/regresa-la-esquina\/","title":{"rendered":"Regresa La Esquina"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/11\/esquina.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-large wp-image-1418\" src=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/11\/esquina-1024x683.jpg\" alt=\"\" width=\"1024\" height=\"683\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/11\/esquina-1024x683.jpg 1024w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/11\/esquina-300x200.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/11\/esquina-768x512.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2019\/11\/esquina.jpg 1600w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En el bar<strong> La Esquina<\/strong> alguien me hizo una de las dos \u00fanicas fotograf\u00edas que conservo de mi deambular por los garitos de confianza en las rondas aquellas de la adolescencia que parec\u00eda eterna. Entonces, en los a\u00f1os anal\u00f3gicos, era una rareza ver a alguien c\u00e1mara en ristre mientras trasegaba unos vinos, as\u00ed que ignoro qu\u00e9 milagro ocurri\u00f3 para que esa escena, en compa\u00f1\u00eda de un par de jovencitas, quedara\u00a0 inmortalizada. Es un misterio que me sigue intrigando cada vez que tropiezo con esa foto en su \u00e1lbum. \u00bfQui\u00e9n fue el autor del retrato? Tambi\u00e9n lo ignoro. Un c\u00famulo de intrigas que concede a esa imagen la condici\u00f3n de icono sentimental.<\/p>\n<p>Ten\u00eda sentido aquella foto porque en aquella \u00e9poca era habitual conducir nuestros pasos hacia ese bar de la <strong>calle San Juan<\/strong>, frontera con la <strong>Glorieta<\/strong>. Bien porque era la primera parada para repostar si ingresabas desde el Muro, bien porque ser\u00eda como posta final para el arranque (o arrancadilla, que dicen por <strong>La Rioja Baja<\/strong>, hoy Oriental). Y siempre porque garantizaba un bocado fet\u00e9n, tarifado a precios sensatos, en raci\u00f3n muy generosa. Sus c\u00e9lebres bocadillos de tortilla de patata, facturados en sus fogones con una sobredosis de sabor que los convert\u00eda en un aut\u00e9ntico fest\u00edn envuelto en pan hueco. Y, como digo, en tama\u00f1o king size: engull\u00edas\u00a0 aquel bocata y te quedaba el est\u00f3mago almohadillado para unas cuantas glaciaciones. Aunque estaba tan sabroso, seg\u00fan lo recuerdo, que m\u00e1s de un tarde exigi\u00f3 de nosotros doble turno: un bocada a la entrada, otro a la salida.<\/p>\n<p>La Esquina dispon\u00eda adem\u00e1s de un encanto adicional. El jefe de todo aquello, un veterano profesional que dirig\u00eda el bar como Von Karajan la Filarm\u00f3nica de Berl\u00edn, apuntando a la excelencia. Entonces no era tan extra\u00f1a la figura de un solo camarero ante el peligro de una clientela de exagerado n\u00famero: el hombre, como otros de su estirpe, se las apa\u00f1aba estupendamente para entregar cada comanda, hacer unas cuantas cosas al mismo tiempo, despachar los servicios, recoger los vasos y platos, expedir la factura y que pase el siguiente. Observar sus movimientos, una especie de Nureyev logro\u00f1\u00e9s con mandil, era toda una experiencia: alguna vez, cuando el bar estaba atestado, me daba el placer de contemplar aquel espectaculo desde el doble ventanal (el que daba a <strong>San Juan<\/strong>, el orientado a la <strong>calle del Carmen<\/strong>).<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, para completar su condici\u00f3n de im\u00e1n, La Esquina proporcionaba un servicio util\u00edsimo: sellaba quinielas. Loter\u00eda tambi\u00e9n, supongo, pero yo er muy de quinielas y me deten\u00eda en La Esquina para probar suerte, expectativa que siempre traicionaba porque en esos menesteres me dejaba guiar por mi doble pasi\u00f3n futbolera: la del <strong>Barcelona<\/strong>, que entonces no ganaba nada de nada y hac\u00eda a\u00f1icos por lo tanto cada boleto, y el <strong>Logro\u00f1\u00e9s<\/strong>, que tampoco se puede decir que fuera una m\u00e1quina de triturar rivales. Pero como ten\u00eda puestos en ambos mis preferencias, la quiniela que me sellaban en La Esquina con puntualidad semanal acababa con la misma frecuencia hecha una pelota que encestaba\u00a0 en una de las papeleras del bar. Y que pase el siguiente.<\/p>\n<p>Con el tiempo, La Esquina languideci\u00f3. Me entero ahora de que nuestro hombre en la barra (<strong>Jes\u00fas &#8216;Chuchi&#8217; Mart\u00ednez<\/strong>) tuvo la mala idea de fallecer, el bar deterior\u00f3 su desempe\u00f1o (fruto del fallecimiento de su esposa, <strong>Angelines<\/strong>) y empec\u00e9 a cruzar ante su puerta sin traspasarla. Me hab\u00eda quitado tambi\u00e9n de las quinielas y de los bocadillos, as\u00ed que se entender\u00e1 que los paseos por la querida San Juan evitaran ingresar en ese bar que tanto frecuent\u00e9\u00a0 en la anterior glaciaci\u00f3n. Me daba incluso penilla observar su decadencia, porque La Esquina, aunque de linaje humilde, era un bar bien castizo, con un punto muy atractivo. Empezando por su nombre. Un bar que merec\u00eda un presente y un porvenir m\u00e1s esplendorosos.<\/p>\n<p>M\u00e1s o menos, un presente y un porvenir como los que ahora le distinguen. He vuelto a entrar en La Esquina movido por la curiosidad de su <strong>reciente<\/strong> <strong>reconversi\u00f3n<\/strong>. El bar es otro pero su tortilla no: sigue estando riqu\u00edsima. Misterios logro\u00f1eses. O no tanto. Los nuevos tripulantes de esta nave, vinculados por cercan\u00eda geogr\u00e1fica a la familia original, as\u00ed que el secreto de ese preciado bocado lo llevar\u00e1n en los genes. O s\u00f3lo sucede que, como sus antepasados, les caracteriza la misma vocaci\u00f3n por hacer bien las cosas y ofrecer un servicio profesional. Su barra ofrece otras goller\u00edas, su carta de vino no est\u00e1 nada mal y tiran por cierto muy bien la ca\u00f1a. S\u00f3lo le falta para completar su antigua y querida estampa <strong>que reabra el Sagasta<\/strong>, regresen los estudiantes y vuelvan a cruzar la Glorieta durante el recreo para proveerse de aquel manjar. Los bocadillos de tortilla que encumbraron a La Esquina, hoy felizmente resucitada.<\/p>\n<p>P. D. En uno de mis \u00faltimos paseos por la San Juan, cuando iba hacia La Esquina, tropec\u00e9 con un aut\u00e9ntico milagro. Casi una epifan\u00eda: la presidenta <strong>Concha<\/strong> <strong>Andreu<\/strong>, con m\u00e1s de medio Gobierno a su alrededor, de vinos por esa calle tan logro\u00f1esa. El dios de los bares bendiga a los todav\u00eda flamantes ocupantes del Palacete, cuya presencia por cierto sirve para desmentirme a m\u00ed mismo cuando hace unas cuantas entradas en este mismo espacio, que sin duda el improbable lector ya habr\u00e1 olvidado, me lamentaba por la escasa frecuencia con que los administrados tropez\u00e1bamos\u00a0 con nuestros representantes tomando unos vinos. Y me sirve adem\u00e1s para poner por escrito mis disculpas a otro integrante de la clase pol\u00edtica regional: el exconsejero y diputado del PP <strong>Alfonso Dom\u00ednguez<\/strong>, a quien olvid\u00e9 citar entre el grupo de nuestros representantes que s\u00ed ejercen ese rito tan riojano (tan espa\u00f1ol, tan humano) de dejarse caer por nuestros bares de guardia.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; En el bar La Esquina alguien me hizo una de las dos \u00fanicas fotograf\u00edas que conservo de mi deambular por los garitos de confianza en las rondas aquellas de la adolescencia que parec\u00eda eterna. 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