{"id":1456,"date":"2020-01-03T16:29:43","date_gmt":"2020-01-03T16:29:43","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/?p=1456"},"modified":"2020-01-03T16:30:13","modified_gmt":"2020-01-03T16:30:13","slug":"1456","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/2020\/01\/03\/1456\/","title":{"rendered":"Le llamaban Tardevieja"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2020\/01\/laurel-Nochevieja.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-large wp-image-1457\" src=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2020\/01\/laurel-Nochevieja-768x1024.jpg\" alt=\"\" width=\"768\" height=\"1024\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2020\/01\/laurel-Nochevieja-768x1024.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2020\/01\/laurel-Nochevieja-225x300.jpg 225w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2020\/01\/laurel-Nochevieja.jpg 1200w\" sizes=\"(max-width: 768px) 100vw, 768px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Hay quien aduce sesudos motivos para odiar la <strong>Navidad<\/strong>, entre ellos eso de la felicidad obligatoria, y no se le quitar\u00e1 la raz\u00f3n en las l\u00edneas que siguen. Hay quien por el contrario se siente a gusto en estas fechas, pero como la alegr\u00eda en Espa\u00f1a siempre ser\u00e1 sospechosa se cuida mucho de salir de ese armario y proclamar su j\u00fabilo. Entre quienes profesamos alguna devoci\u00f3n a estas festividades que est\u00e1n a punto de clausurarse, a caballo de dos a\u00f1os, nos encontramos quienes alegamos como coartada excusas de orden m\u00e1s bien prosaico: confieso que a m\u00ed me gusta la Navidad porque veo por Logro\u00f1o a buenas gentes a quienes echo de menos (tal vez sin saberlo, ni ellos ni yo) el resto del a\u00f1o. Y porque dedico m\u00e1s tiempo a cuidar a mis seres queridos, a quienes sin d\u00edas de descanso por medio resulta m\u00e1s dif\u00edcil atender como merecen. Esas dos razones son suficientes para m\u00ed: me conformo con poco. Ventajas de haber nacido en los a\u00f1os 60, cuando s\u00f3lo se pod\u00eda elegir entre poco y nada.<\/p>\n<p>Esa evidencia de que los bares de guardia se ven estos d\u00edas colonizados por quienes viven fuera de nosotros se materializa en dos momentos cumbre de las navidades: el verm\u00fa de <strong>Nochebuena<\/strong> y el verm\u00fa de <strong>Nochevieja<\/strong>. Los dos aperitivos m\u00e1s largos del a\u00f1o, hasta el punto de que el genio del idioma, que tampoco descansa en Navidad, ha dado en bautizar esas horas con el mejorable nombre de <em>Tardebuena<\/em> y <em>Tardevieja<\/em>. La antigua empalmada, para quienes peinen alguna cana o hayan perdido todo el pelo de la cabeza. Anta\u00f1o, la empalmada consist\u00eda en enhebrar las copas noct\u00edvagas con el desayuno ma\u00f1anero; hoga\u00f1o, esa costumbre se traslada al momento indefinido en que las copas vespertina se enlazan con el aperitivo o tentempi\u00e9, los vinos y ca\u00f1as que se trasiegan acompa\u00f1ados de los bocados de giro y hacen las veces de almuerzo en esas dos fechas tan se\u00f1aladas.<\/p>\n<p>Hay otras costumbres que tambi\u00e9n son propias de ambos d\u00edas, pero que me temo que empiezan a batirse en retirada. Como otros compa\u00f1eros de generaci\u00f3n a quienes sol\u00eda saludar en semejantes trances, yo sol\u00eda apurar de bar en bar por la zona peatonal de las antiguas <strong>Cien Tiendas<\/strong> (ahora mismo da miedo echar la cuenta de las que resisten), tambi\u00e9n llamado <em>Tont\u00f3dromo<\/em> en mi mocedad tan (ay) lejana. En algunos locales era complicado siquiera acceder a su interior, puesto que esos instantes eran los m\u00e1s adecuados para la ingesta previa a las cenas de tan celebradas noches. Una breve multitud se api\u00f1aba por Juan XXIII, Doctores Castroviejo y alrededores para reencontrarse con los amigos que viven lejos o con quienes viviendo cerca no termina uno de compartir ch\u00e1chara y tragos. Con el tiempo, esa costumbre se ha ido desplazando de horario: triunfa entre nosotros la <em>Tardebuena<\/em> y su hermana la <em>Tardevieja<\/em> y como testigo de esta tesis llamo al estrado a mi testigo favorito. Servidor.<\/p>\n<p>La <em>Tardebuena<\/em> del 2019 sorprendi\u00f3 a los logro\u00f1eses con temperaturas primaverales, que convocaron a las masas en el entorno de la ciudad hist\u00f3rica y los bares conspicuos. Incluso las terrazas presentaban el aspecto m\u00e1s propio de cuando se acerca la can\u00edcula. Y qu\u00e9 decir de<strong> Laurel, San Agustin, San Juan&#8230;<\/strong> Llenazo desbordante, con esas caras conocidas arriba citadas que vuelven a casa por Navidad, como en el anuncio del turr\u00f3n. Un desparrame que coqueteaba con el \u00e9xtasis y preludiaba la Tardevieja que se avecinaba una semana despu\u00e9s, cuando se obr\u00f3 el mismo milagro&#8230; aunque no tan multitudinario. Esas temperaturas propias de cuando a\u00fan hac\u00eda fr\u00edo en Navidad intimidaban lo suyo, aunque no lo bastante para evitar escenas an\u00e1logas: daba gusto deambular por los bares de rigor, saludar a los conocidos (aunque fuera de reojo) y concederse el placer de ir picoteando de barra en barra las suculentas golosinas con que se desped\u00eda el <strong>2019<\/strong>.<\/p>\n<p>Pero llega <strong>enero<\/strong> y su temible cuesta. Seg\u00fan tengo entendido, el peor mes (<strong>febrero<\/strong> no le va a la zaga) para el negocio hostelero, puesto que baja en picado la afluencia de clientela, exhaustos nuestros cuerpos y nuestras billeteras tras las descargas navide\u00f1as. Pero en la retina quedar\u00e1 marcada esa imagen maravillosa para quienes disfrutamos de este maravilloso entretenimiento que significa ir de bares. Esos raros momentos de confraternizaci\u00f3n intergeneracional vividos en Nochebuena y Nochevieja a la hora del aperitivo, a costa de vaciar los bares logro\u00f1eses en las horas previas a las respectivas cenas de ambos d\u00edas. Mudan los h\u00e1bitos, se adaptan a los nuevos tiempos y nos dejan en cada a\u00f1o entrante pensativos y melanc\u00f3licos. Al menos, en mi caso. Cavilando, cavilando, concluyo que en realidad el a\u00f1o entrante tal vez sea ese misterioso espacio que se abre entre <em>Tardevieja<\/em> del 2019 y <em>Tardebuena<\/em> del 2020: cuando dar\u00e1 tanto gusto recorrer Logro\u00f1o en sus bares.<\/p>\n<p>P. D. Puesto que el improbable lector de este blog, seg\u00fan los estudios de audiencia que poseo, ha cumplido ya algunos a\u00f1itos me malicio que en estos d\u00edas invernales se regalar\u00e1 <strong>uno de esos sabrosos caldos<\/strong> que salen a nuestro encuentro en las barras conspicuas. Como tambi\u00e9n es mi caso, me permito aconsejar los que he catado en las rondas navide\u00f1as y merecen mi aplauso: el mejor, el de <strong>El Soldado de Tudelilla<\/strong>, otra buena raz\u00f3n para dejarse caer por la jurisdicci\u00f3n del hada Azucena; medalla de plata para el que sirven en <strong>Wine Fandango,<\/strong> con esmerado servicio por cierto. Y tercera posici\u00f3n para el del <strong>Charly<\/strong>, que a\u00f1ade a su suculento sabor su condici\u00f3n de miembro de la sagrada tr\u00edada riojana, puesto que se puede despacha con un a copa de vino joven y el indispensable morro. Se va a casa uno comido.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Hay quien aduce sesudos motivos para odiar la Navidad, entre ellos eso de la felicidad obligatoria, y no se le quitar\u00e1 la raz\u00f3n en las l\u00edneas que siguen. 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