{"id":1490,"date":"2020-02-28T18:12:58","date_gmt":"2020-02-28T18:12:58","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/?p=1490"},"modified":"2020-02-28T18:12:58","modified_gmt":"2020-02-28T18:12:58","slug":"llanto-por-el-chufo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/2020\/02\/28\/llanto-por-el-chufo\/","title":{"rendered":"Llanto por el Chufo"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2020\/02\/Abel-Chufo.gif\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-full wp-image-1491\" src=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2020\/02\/Abel-Chufo.gif\" alt=\"\" width=\"600\" height=\"400\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Conoc\u00ed a <strong>Abel<\/strong> en otra glaciaci\u00f3n, cuando luc\u00eda melenita yey\u00e9, pantal\u00f3n de campa\u00f1a y pelambrera en la pechera, como camarero en las piscinas de <strong>Cantabria<\/strong>. Ya entonces era el actual Abel. Un camarero, eficaz, discreto. Muy vivo, un profesional de los que ya no quedan: sab\u00eda lo que ibas a pedir antes que t\u00fa mismo. Un camarero anticipatorio, a quien luego observ\u00e9 en otras encarnaciones a lo largo de las diferentes barras logro\u00f1esas que fue defendiendo: <strong>El Pasaje,<\/strong> la cafeter\u00eda que a\u00fan resiste entre Gran V\u00eda y Avenida de Portugal, y <strong>T\u00edvoli<\/strong>. Apenas lo recuerdo sin embargo en otro local donde comparti\u00f3 felicidad con su compa\u00f1era en tantas andanzas, la ingeniosa <strong>Rosa<\/strong>. El bar de <strong>Puente Madre<\/strong>, alojado junto a la Fuente de los Zapateros: emblema del Logro\u00f1o castizo y \u00faltima parada de la pareja antes de aterrizar ah\u00ed donde lo recordar\u00e1 el improbable lector, en su destino postrero: el <strong>Mes\u00f3n Chufo<\/strong>. Donde se desempe\u00f1aba durante 28 a\u00f1os con el mismo rigor, la misma clase, el mismo estilo. Un camarero fino, servicial, atento. Y una barra ejemplar, en la esquina entre Guardia Civil y Saturnino Ulargui que dice adi\u00f3s. Lloremos con ellos.<\/p>\n<p>Lloremos de pena pero tambi\u00e9n de felicidad. Porque la jubilaci\u00f3n prometida, ese ed\u00e9n que tardaba en llegar, se materializa ante sus ojos y los nuestros y merece por lo tanto celebrarla como merece, l\u00e1grimas incluidas si es necesario. Pero son tambi\u00e9n l\u00e1grimas de pesar porque durante largo tiempo han hecho de su local una referencia ciudadana con tanto mimo, con tanto \u00e9xito, que verles partir hacia la condici\u00f3n de pensionistas, en efecto, da un poco de pena. Pena doble: porque <strong>Logro\u00f1o<\/strong> pierde una de sus barras conspicuas, mod\u00e9lica, y porque no han tenido \u00e9xito Abel y Rosa en la b\u00fasqueda de sucesores. Meses y meses esperando que alguien se animara a tomar su relevo sin que haya fraguado la posibilidad de que el Chufo prosiguiera su actividad bajo otras manos.<\/p>\n<p>Y no. No hubo suerte. As\u00ed que Abel y Rosa dejan vacante esa esquina igual que dejan vac\u00edo otro recuerdo, su legendaria aportaci\u00f3n a la memoria gastron\u00f3mica logro\u00f1esa. Fueron ellos los primeros en servir en la ciudad esa rareza llamada <strong>erizos de mar<\/strong>. O los<strong> cogollos de Tudela<\/strong> en ensalada, manjar desconocido hasta que ellos se animaron a servirlo. Sus<strong> alcachofas con foie y huevo<\/strong>, por ejemplo, serv\u00edan como bandera del Mes\u00f3n, igual que otra misteriosa condici\u00f3n que conocen s\u00f3lo los m\u00e1s devotos: el Chufo, como sede oficiosa de los <strong>Jueves Flamencos<\/strong>, porque los primeros artistas que inauguraron esta veta de la programaci\u00f3n del vecino Bret\u00f3n empezaron a dejarse caer por all\u00ed y&#8230; El resto es leyenda. <strong>Leyenda logro\u00f1esa.<\/strong><\/p>\n<p>Una leyenda agigantada por el confort que aseguraba la pareja de futuros jubilados. Ingresar en sus dominios aseguraba ese grial que el parroquiano suele reclamaba de sus bares favoritos: estar en ellos mejor que en casa. Es un intangible que pocos locales adquieren que, en el caso del Chufo, se sustanciaba en esa carta repleta de ricas golosinas, un servicio muy profesional y una atm\u00f3sfera sosegada, que predispon\u00eda a la tertulia. Dispon\u00eda incluso de ese otro intangible que tantos locales ans\u00edan y pocos atrapan: contar con una legi\u00f3n de clientes que eran m\u00e1s que eso. Fan\u00e1ticos seguidores de su cocina, de esa manera de entender la hosteler\u00eda que se bate ya en retirada.<strong> Familias que se suceden a trav\u00e9s de varias generaciones<\/strong>, ese \u00e9xito que pocos bares llegan a alcanzar pero que era muy evidente en su caso: los ni\u00f1os que se iniciaron en el recetario de Rosa acuden ahora con su propia prole a darse un homenaje que se acaba de interrumpir repentinamente.<\/p>\n<p>Su cierre depara <strong>una oleada de nostalgia<\/strong> y tambi\u00e9n alg\u00fan desconcierto. Porque sucede justo cuando esa zona presenta un aspecto fet\u00e9n, con una gavilla de bares muy atractivos desparramados en poco espacio, una ronda alternativa a la calle Laurel y alrededores que tiene muy buena pinta y el aspecto de ir creciendo en alicientes. En esta coyuntura puede alegarse que la despedida del Chufo causar\u00e1 sorpresa pero debe a\u00f1adirse que cuando alguien, una pareja como Abel y Rosa, convierten su bar en algo m\u00e1s que un bar (una ense\u00f1a, una manera de estar en el mundo) ese bar se va con ellos. Lo han adherido con tanta intensidad a sus propias personalidades que se explica que el Chufo no haya resucitado bajo otra direcci\u00f3n. Porque, entre otras cosas, ese Chufo no ser\u00eda lo mismo. No ser\u00eda nuestro Chufo. El mejor mes\u00f3n de Logro\u00f1o que hoy dice adi\u00f3s.<\/p>\n<p>P. D. Abel Carazo est\u00e1 dotado para la ch\u00e1chara y el anecdotario. Se lanza con la moviola y se ve a s\u00ed mismo como queda retratado en el comienzo de estas l\u00edneas: cuando era un jovencito que atend\u00eda la barra de una discoteca de moda en <strong>Playa de Aro<\/strong> y tropez\u00f3 con <strong>Julio Iglesias<\/strong>, nada menos. Cuenta tambi\u00e9n sus andanzas tronchantes por <strong>Tenerife<\/strong>, por su <strong>Soria<\/strong> natal, por los locales donde prest\u00f3 servicios en Logro\u00f1o reci\u00e9n llegado luego de una breve etapa en <strong>Burgos<\/strong>. Su paso por el Llacol\u00e9n o por la cafeter\u00eda de Los Bracos hasta desembocar en el Chufo a las \u00f3rdenes de<strong> Julio Bayano<\/strong> y tomar despu\u00e9s bajo su mando la direcci\u00f3n del local en compa\u00f1\u00eda de Rosa. Ella, en los fogones; \u00e9l, tras la barra. Una estampa logro\u00f1esa que ya no volver\u00e1.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Conoc\u00ed a Abel en otra glaciaci\u00f3n, cuando luc\u00eda melenita yey\u00e9, pantal\u00f3n de campa\u00f1a y pelambrera en la pechera, como camarero en las piscinas de Cantabria. Ya entonces era el actual Abel. Un camarero, eficaz, discreto. 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