{"id":1498,"date":"2020-03-13T18:12:14","date_gmt":"2020-03-13T18:12:14","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/?p=1498"},"modified":"2020-03-13T18:12:14","modified_gmt":"2020-03-13T18:12:14","slug":"quedarse-en-casa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/2020\/03\/13\/quedarse-en-casa\/","title":{"rendered":"Quedarse en casa"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2020\/03\/febdc40c-2e36-45f0-ad4c-deab7fa4e471.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-large wp-image-1499\" src=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2020\/03\/febdc40c-2e36-45f0-ad4c-deab7fa4e471-1024x512.jpg\" alt=\"\" width=\"1024\" height=\"512\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2020\/03\/febdc40c-2e36-45f0-ad4c-deab7fa4e471-1024x512.jpg 1024w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2020\/03\/febdc40c-2e36-45f0-ad4c-deab7fa4e471-300x150.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2020\/03\/febdc40c-2e36-45f0-ad4c-deab7fa4e471-768x384.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2020\/03\/febdc40c-2e36-45f0-ad4c-deab7fa4e471.jpg 2000w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Recuerdo haber ingresado una noche de fr\u00edo feroz en la <strong>calle Laurel<\/strong> pregunt\u00e1ndome, con la nieve a la altura de las canillas, si habr\u00eda alg\u00fan bar abierto (lo hab\u00eda: el <strong>Donosti<\/strong> del gran Juanito y familia). Recuerdo una tarde sentado en el ventanuco del viejo <strong>Tivoli<\/strong> (aquel estupendo paso de paloma) sopesando si entraba o no en la Laurel porque un bochorno infame azotaba Logro\u00f1o y tem\u00eda que no hubiera ni un bar abierto en medio de la can\u00edcula dominical (y lo hab\u00eda: el antiguo <strong>La Simpat\u00eda<\/strong>). Recuerdo haber ido por la calle Laurel la noche del 23F pregunt\u00e1ndome si alg\u00fan otro parroquiano se habr\u00eda animado y en efecto: los fieles del desaparecido <strong>Bambi<\/strong> vimos all\u00ed a Jordi Pujol por la tele, muertos de risa. Recuerdo haber peregrinado por las barras de confianza en medio de circunstancias ambientales y\/o personales nada propicias, tal vez porque en esas condiciones sirve de manera m\u00e1s adecuada la terapia que aguarda en nuestros bares favoritos. Recuerdo haberme ido de bares en todas las estaciones del a\u00f1o, as\u00ed en Logro\u00f1o como en otros pagos, porque se trata de un entretenimiento (uno de tantos, no el \u00fanico) irresistible, donde se esconde la sustancia genuina de los d\u00edas: celebrar la vida.<\/p>\n<p>Y no recuerdo por lo tanto ninguna otra ocasi\u00f3n en que hubiera tenido que contener ese mandato, esa tentaci\u00f3n. El dichoso virus, como supondr\u00e1 el improbable lector, se combate seg\u00fan las m\u00e1s prestigiosas mentes de nuestra generaci\u00f3n evitando el contagio que genera la vida social, tan riojana. Que en Logro\u00f1o tiende a ejercerse, desde luego, en los bares. Pero todas esas advertencias que me llegaban conten\u00edan el germen de la rebeli\u00f3n. Un sordo llamamiento a rebelarnos, a resistir ante el avance del discurso oficial: si nos quedamos en casa, pens\u00f3 esta semana en alg\u00fan momento mi atribulada mente, ser\u00eda tanto como aceptar que el bicho que lleg\u00f3 de <strong>China<\/strong> gana el combate. Que nuestra feliz convivencia sale derrotada del encuentro con esta <strong>pandemia<\/strong> endiablada, que nos busca las cosquillas incluso en esos h\u00e1bitos tan apacibles y de dudoso peligro.<\/p>\n<p>Pero la raz\u00f3n cient\u00edfica tiene cosas que nuestro coraz\u00f3n logro\u00f1\u00e9s no entiende. Amparado en ese argumento, me rebelaba contra la idea de pasarme el fin de semana entre las cuatro paredes del hogar familiar porque me parec\u00eda por el contrario lo correcto plantar cara al virus: apalancarme en la calle Laurel o en la San Juan o en cualquier otro agradable refugio y recetarme una sobredosis de tragos y bocados, en plan <strong>Fraga<\/strong> <strong>en Palomares.<\/strong> Aqu\u00ed estoy yo, aunque sin el Meyba aquel gigantesco. Tomarme el aperitivo, acudir al cine (los Moderno: los \u00fanicos que aguantan en el coraz\u00f3n de Logro\u00f1o) y darme por la tarde otra vuelta por las jurisdicciones amigas. Quer\u00eda hacer lo de siempre. Ir de bares. Y no me resignaba. No quer\u00eda escuchar las doctas opiniones de quienes algo saben de este asunto y desaconsejaban la interactuaci\u00f3n propia del sector hostelero.<\/p>\n<p>S\u00f3lo el jueves cambi\u00e9 de opini\u00f3n. Me empezaron a llegar mensajes al m\u00f3vil de unos cuantos ben\u00e9ficos hosteleros avisando de que, dijera lo que dijeran la consejera <strong>Alba<\/strong>, el ministro <strong>Illa<\/strong> o el duende <strong>Sim\u00f3n<\/strong>, ellos iban a cerrar sus locales. Lo hac\u00edan supongo porque hab\u00edan empezado a comprobar que deca\u00eda el n\u00famero de feligreses pero sobre todo porque se rend\u00edan al peso de la evidencia. El sentido del deber. Un goteo de guasaps que fue incrementando su producci\u00f3n a medida que se hac\u00eda de noche termin\u00f3 de convencerme. Tocaba transigir, rendirse. Ir de bares se hab\u00eda convertido de repente en sin\u00f3nimo de irresponsabilidad.<\/p>\n<p>As\u00ed que estas l\u00edneas que hab\u00edan empezado como un conato de sublevaci\u00f3n concluyen asumiendo que, como escribi\u00f3 alg\u00fan cl\u00e1sico, cada derrota esconde a menudo un triunfo posterior. Prefiero pensar que llegar\u00e1 un ma\u00f1ana en que estos apocal\u00edpticos d\u00edas nos mover\u00e1n a la sonrisa conmiserativa que se nos queda en la cara mientras recordamos la noche en que llegamos a Laurel bajo una nevada siberiana, o sometidos por los rigores del verano o amenazados por el pistol\u00f3n de <strong>Tejero<\/strong>. Volveremos a ver a la maga Tere en la <strong>Taberna de Baco,<\/strong> a su vecina la hechicera Azucena preparando sus tomates en <strong>El Soldado<\/strong> y a tantos bondadosas almas cuyas p\u00f3cimas nos reconfortan y nos seguir\u00e1n reconfortando. Cuando volvamos a ir de bares por las calles de Logro\u00f1o (y de Haro y de tantos rincones tan queridos) pensando que as\u00ed como gracias a que en esta vida se pierden algunas batallas se puede al final presumir de que ganas la guerra, lo cual exige alg\u00fan sacrificio: el m\u00edo, renunciar a ir de bares. Poca, poqu\u00edsima cosa, comparado con el generoso esfuerzo y ejemplar compromiso del personal sanitario. A quien habr\u00eda que empezar por ir encargando un monumento.<\/p>\n<p>O invitarles al menos a una ronda cuando volvamos a ir de bares.<\/p>\n<p>P. D. Entre otras razones, calibr\u00e9 durante unos cuantos d\u00edas saltarme el llamamiento a la prudencia porque me parec\u00eda que presentarme en el bar de guardia transmit\u00eda una corriente de afecto y solidaridad a sus due\u00f1os, que lo pasan tan mal en esta crisis como sus empleados. Pero venci\u00f3 por fin la prudencia e hice caso al c\u00e9lebre hastag, tambi\u00e9n llamado en etiqueta:\u00a0<a class=\"css-4rbku5 css-18t94o4 css-901oao css-16my406 r-1n1174f r-1loqt21 r-1qd0xha r-vw2c0b r-ad9z0x r-bcqeeo r-1ny4l3l r-1ddef8g r-qvutc0\" dir=\"ltr\" role=\"link\" href=\"https:\/\/twitter.com\/hashtag\/YoMeQuedoEnCasa?src=hashtag_click\" data-focusable=\"true\">#YoMeQuedoEnCasa.\u00a0<\/a>\u00a0As\u00ed que lo dicho. Me quedo en casa: voy abriendo la primera botella de vino del finde.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Recuerdo haber ingresado una noche de fr\u00edo feroz en la calle Laurel pregunt\u00e1ndome, con la nieve a la altura de las canillas, si habr\u00eda alg\u00fan bar abierto (lo hab\u00eda: el Donosti del gran Juanito y familia). 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