{"id":1501,"date":"2020-03-20T19:14:42","date_gmt":"2020-03-20T19:14:42","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/?p=1501"},"modified":"2020-03-20T19:14:42","modified_gmt":"2020-03-20T19:14:42","slug":"dias-sin-bares","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/2020\/03\/20\/dias-sin-bares\/","title":{"rendered":"D\u00edas sin bares"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2020\/03\/CORONAVIRUS-LOGRONO-ST059.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-large wp-image-1502\" src=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2020\/03\/CORONAVIRUS-LOGRONO-ST059-1024x683.jpg\" alt=\"\" width=\"1024\" height=\"683\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2020\/03\/CORONAVIRUS-LOGRONO-ST059-1024x683.jpg 1024w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2020\/03\/CORONAVIRUS-LOGRONO-ST059-300x200.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2020\/03\/CORONAVIRUS-LOGRONO-ST059-768x512.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Viernes, 13. Mala fecha. Inolvidable. El Gobierno acaba de sugerir que <strong>los bares, mejor cerrados.<\/strong> Drama general. Tambi\u00e9n para el improbable lector. Tambi\u00e9n para m\u00ed. Cuando salgo de trabajar, entrada la noche, observo sin embargo que unos cuantos locales se saltan la recomendaci\u00f3n. Son una minor\u00eda, pero llamativa. Los que recorro con la mirada camino de casa est\u00e1n m\u00e1s que vac\u00edos, mustios. De manera que es inevitable que los parroquianos que habitan su interior guarden\u00a0las distancias f\u00edsicas entre uno y otro que recetan las autoridades sanitarias, aunque hay excepciones. Lamentables excepciones. Cuando me apalanco en el sof\u00e1 y enchufo el ordenador, la hermandad de las redes sociales ya ha emprendido la caza y captura de los infieles: un listado de bares al que sumo\u00a0mentalmente los que acabo de anotar. Contra quienes prometo perpetrar mi incruenta venganza. No volver\u00e9 a frecuentarlos.<\/p>\n<p>El s\u00e1bado de buena ma\u00f1ana, otro tanto. Unos cuantos locales ignoran la invitaci\u00f3n a cerrar y tambi\u00e9n <strong>los voy retirando de mi carn\u00e9 de baile,<\/strong> aunque otros que la noche anterior permanec\u00edan abiertos esta ma\u00f1ana ya tienen las persianas bajadas. Cuando esa tarde se decrete el estado de alarma, y de la recomendaci\u00f3n se pase a la prohibici\u00f3n, ya no habr\u00e1 m\u00e1s debate ni quien pueda ignorar la orden, que vale para todos. Aunque debe anotarse aqu\u00ed que me lleg\u00f3 puntual noticia de un inconsciente que persisti\u00f3 en mantener la actividad, medio de tapadillo. Pero fue descubierto por el vecindario, puesto su caso en conocimiento de las autoridades policiales y obligado a cerrar, espero que multa mediante. El resto, los que el d\u00eda anterior ten\u00edan sus puertas abiertas y los que ese s\u00e1bado a\u00fan\u00a0resist\u00edan a primera hora, obedecieron la consigna. Y se obr\u00f3 el milagro. Todos los bares de Logro\u00f1o estaban cerrados.<\/p>\n<p>\u00bfTodos? Un momento. Todos no. Ese s\u00e1bado por la noche, de regreso a casa antes de someterme un par de d\u00edas despu\u00e9s a los rigores del teletrabajo que ya hab\u00eda despoblando de redactores esta casa, tropec\u00e9 con una luz encendida. Era <strong>un bar del parque del Carmen<\/strong>, que no citar\u00e9. Ten\u00eda la verja echada, pero en su interior una dama pelaba la pava con un gal\u00e1n, solos con sus cuitas bajo una bombilla, cada cual con su botell\u00edn. La escena me conmovi\u00f3. Parec\u00eda el cuadro c\u00e9lebre de <strong>Hopper<\/strong>, un encuadre mal iluminado en cuyo fondo suced\u00eda el prodigio que siempre aspiramos a descubrir cuando visitamos nuestras barras predilectas. La vida, versi\u00f3n imperfecta. Creo que no hay otra.<\/p>\n<p>Lo comprabamos estos d\u00edas, estos extra\u00f1os d\u00edas. D\u00edas sin bares, un vac\u00edo doloroso para la parroquia conspicua pero sobre todo para quienes todav\u00eda (\u00a1Todav\u00eda!) mantienen el h\u00e1bito de visitarlos cada d\u00eda, a veces a raz\u00f3n de doble dosis diaria: <strong>un par de vinos<\/strong> antes de comer, otra ronda preludiando el regreso a casa por la noche. Los adictos al <strong>cafelito<\/strong>, que pueden tirarse una ma\u00f1ana dando la vuelta al azucarillo del cortado. O las damas que estiran tambi\u00e9n la consumici\u00f3n mientras hilan la hebra o juegan a los naipes (vale tambi\u00e9n el domin\u00f3). Porque entre nosotros se trata de un h\u00e1bito que tiene m\u00e1s de social que de hostelero. El bar, ya se sabe, contribuye a socializar la vida y su ausencia deja un espacio clamoroso por lo hu\u00e9rfanos de voces humanas que se quedan all\u00ed donde es m\u00e1s necesario. En La Rioja interior, por ejemplo, donde ejerce de club social. Y tambi\u00e9n en Logro\u00f1o. Pienso sobre todo, con el \u00e1nimo encogido, en todos esos abuelitos para quienes la ronda diaria (o la doble ronda diaria, que los hay recalcitrantes) representa un fugaz motivo de alegr\u00eda y confraternizaci\u00f3n como tal vez no encuentren otro en el oto\u00f1o de sus vidas.<\/p>\n<p>As\u00ed que derramo\u00a0una imaginaria (o tal vez no tan imaginaria) l\u00e1grima por todos ellos, pero no quiero que el des\u00e1nimo colonice estas l\u00edneas. Habr\u00e1 tiempo de volver a ser felices en las barras que tanta dicha nos procuran, celebrar la vida no al amor de una mortecina bombilla sino sabore\u00e1ndola, entre <strong>deliciosos tragos y sugerentes bocados.<\/strong> Saldremos de la cuarentena, supongo, mejor dotados para afrontar nuestras rutinas porque (tambi\u00e9n lo supongo) durante el cautiverio habremos sabido valorar lo que de verdad merece la vida y lo que resulta insustancial, aunque le concedamos la importancia de lo que carece. Y entre esos rel\u00e1mpagos de luz que nos reaniman, pocos tan adictivos como esa ingr\u00e1vida sensaci\u00f3n de acudir al reclamo de la llamada de quienes nos esperan en los locales de confianza. Camareros pero tambi\u00e9n magos. Terapeutas, hechiceros y confesores. Que han sufrido como pocos sectores el embate del bichito infausto y a quienes debemos recompensar como merecen. Liquidando sus bodegas en cuanto esta crisis sea un recuerdo y tambi\u00e9n todas sus provisiones.<\/p>\n<p>Bebi\u00e9ndonos la vida.<\/p>\n<p>P. D. Puesto que los bares cerraron, no qued\u00f3 otro remedio que pertrecharnos de los ricos n\u00e9ctares que custodia la bodega domiciliaria, que hace una semana presentaba mejor aspecto, la verdad. Van cayendo las botellas de Rioja mediante una sensata dosis, pero tambi\u00e9n contumaz. Al fondo del botellero, duermen las menos atractivas. Son las que, si dura mucho este cautiverio, dentro de algunas tardes nos parecer\u00e1n unas diosas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Viernes, 13. Mala fecha. Inolvidable. El Gobierno acaba de sugerir que los bares, mejor cerrados. Drama general. Tambi\u00e9n para el improbable lector. Tambi\u00e9n para m\u00ed. Cuando salgo de trabajar, entrada la noche, observo sin embargo que unos cuantos locales se saltan la recomendaci\u00f3n. Son una minor\u00eda, pero llamativa. 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