{"id":1514,"date":"2020-04-18T10:21:20","date_gmt":"2020-04-18T10:21:20","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/?p=1514"},"modified":"2020-04-18T10:21:20","modified_gmt":"2020-04-18T10:21:20","slug":"dias-sin-bares-v","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/2020\/04\/18\/dias-sin-bares-v\/","title":{"rendered":"D\u00edas sin bares (V)"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2020\/04\/Unknown.jpeg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-large wp-image-1515\" src=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2020\/04\/Unknown-1024x768.jpeg\" alt=\"\" width=\"1024\" height=\"768\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2020\/04\/Unknown-1024x768.jpeg 1024w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2020\/04\/Unknown-300x225.jpeg 300w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2020\/04\/Unknown-768x576.jpeg 768w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2020\/04\/Unknown.jpeg 2048w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Con los bares cerrados&#8230; Con los bares cerrados, mantenerme fiel a mi (auto)impuesta disciplina de mantener vivo este espacio al menos una vez por semana tiene algo de haza\u00f1a (perd\u00f3n por el (auto)bombo), aunque tambi\u00e9n de (auto)exigencia feliz. Una manera como cualquier otra (igual de bobalicona) de peregrinar al menos con la memoria y su prima hermana, la fantas\u00eda, hasta all\u00ed donde fuimos tan felices. Me lo avisaba d\u00edas atr\u00e1s un corresponsal, casi con esas mismas palabras: <strong>con los bares cerrados<\/strong>, se cierra tambi\u00e9n el grifo de lo que puedes escribir. Idea contra la que me sigo revelando, como observar\u00e1 a continuaci\u00f3n el improbable lector.<\/p>\n<p>Veamos. En mi auxilio acudi\u00f3 una referencia, cazada al vuelo en las redes sociales, donde un seguidor dejaba caer esa especie de encuesta que todos hemos podido rellenar durante el cautiverio, una ingeniosa idea para sobrellevar la cuarentena. Se preguntaba ese buen hombre (y se contestaba) sobre qu\u00e9 significaban para \u00e9l los bares, en funci\u00f3n del estado de \u00e1nimo que despertaban en su coraz\u00f3n. Lo cual s\u00f3lo pod\u00eda despertar mi propio inter\u00e9s, de modo que empec\u00e9 a responder al cuestionario&#8230; hasta que ca\u00ed en la cuenta de que el resultado de mis respuestas iba a pisar unos cuantos callos, tendencia que me caracteriza pero que procuro evitar al menos cuando hablo de bares. Sobre todo, ahora que sus defensores est\u00e1n convalecientes, mustia la caja registradora y tocando los clarines del miedo <strong>las trompetas del Apocalipsis.\u00a0<\/strong><\/p>\n<p>Acab\u00e9 resolviendo mis dudas como suelo. Poniendo en marcha <strong>la m\u00e1quina del tiempo.<\/strong> Dejando que la memoria me llevara a responder a ese cuestionario como si los bares que habitan en <strong>mi coraz\u00f3n tan logro\u00f1\u00e9s<\/strong> todav\u00eda resistieran, como si permanecieran abiertos a\u00f1os despu\u00e9s de su desaparici\u00f3n. Lo cual me hizo feliz, tontorranemente. Ese tipo de dicha tan personal, cuando dejamos que nos asalten los sentimientos m\u00e1s personales, los m\u00e1s ingenuos. Porque mientras rellenaba cada casilla, me volv\u00eda a ver en cada una de esas barras. M\u00e1s joven claro, de cr\u00edo en alguna de ellas, acompa\u00f1ado en distintas circunstancias por quienes ya no est\u00e1n. Un melanc\u00f3lico j\u00fabilo que me gustar\u00eda compartir en la esperanza de que pueda servir de pista a quienes est\u00e9n all\u00e1, al otro lado del \u00e9ter.<\/p>\n<p><strong>BAR SOBREVALORADO<\/strong>. El del A\u00e9reo Club. A los logro\u00f1eses menos veteranos, nada les dir\u00e1. Para el ala senior de la poblaci\u00f3n, la encarnaci\u00f3n local de la lucha de clases. Entrada por el Muro de la Mata, salida a Oller\u00edas (m\u00e1s o menos, donde se sit\u00faa ahora el Tondeluna) y dos tipos de barra. Una, para la oficialidad; otra, para la soldadesca. Nunca entend\u00ed que quisieran entrar en su jurisdicci\u00f3n quienes pod\u00edan ser tratados con tanta condescendencia. En su imaginaci\u00f3n, sus ansias de prosperar, lo hab\u00edan sobrevalorado.<\/p>\n<p><strong>BAR INFRAVALORADO<\/strong>. El Merl\u00edn. Ubicado en Portales, sumidero de una generaci\u00f3n, acab\u00f3 entronizado en el imaginario local como una especie de infierno, que sin embargo lo hace cada d\u00eda m\u00e1s apetecible a mis ojos. All\u00ed habitaba la ley de la frontera: dependiendo de a qu\u00e9 lado cayeras, pod\u00edas considerarte v\u00edctima o superviviente. Visto retrospectivamente, un maravilloso local que trajo la modernidad (siempre tan peligrosa) a Logro\u00f1o.<\/p>\n<p><strong>BAR QUE AMO.<\/strong>\u00a0La Granja. Su recuerdo aflora una y otra vez, el aroma de los d\u00edas felices del pasado, cada vez que entro por la puerta de mi estudio cuya entrada ilumina esa maravillosa imagen que me regal\u00f3 Rocandio y que ahora preside estas l\u00edneas. Como el h\u00e9roe de Ciudadano Kane, mi particular Rosebud. Vuelvo a ser un cr\u00edo. Sobre todo, vuelvo a ser un cr\u00edo feliz, lo cual no siempre me ocurr\u00eda.<\/p>\n<p><strong>BAR DE CULTO.<\/strong> El Continental. Ingres\u00e9 en su territorio subterr\u00e1neo (en el centro del centro de Logro\u00f1o, advert\u00eda un posavasos) cuando se puso de moda el billar americano y me recibi\u00f3 en consecuencia una dama en dec\u00fabito prono, que luego hizo carrera en la pol\u00edtica, donde sigue por cierto prestando servicio. No revelar\u00e9 su nombre igual que tambi\u00e9n omito algunas de las rarezas menos memorables de aquel maravilloso bar (rata incluida), porque prefiero rescatar las inolvidables copas de madrugada y su estupenda terraza con vistas al Espol\u00f3n. Cuando sumergirse en sus dominios era casi nuestra \u00fanica aspiraci\u00f3n de cada fin de semana y toda visita nos resarc\u00eda del tedio que aguardaba sobre nuestras cabezas.<\/p>\n<p><strong>BAR AL QUE PUEDO IR UNA Y OTRA VEZ<\/strong>. El Capri, otro bar difunto donde hice guardia unas cuantas tardes, pelando la pava en los d\u00edas en que siempre llov\u00eda en Logro\u00f1o y yo ve\u00eda el aguacero caer tras aquellos enormes ventanales, con vistas a la fuente de Murrieta (o como se llame ahora: antes llevaba el rid\u00edculo honor de estar dedicada al alf\u00e9rez provisional, ya ve usted qu\u00e9 cosas). Un camarero con mucha mili se ocupaba de gobernar ese espacio tirando a rancio, due\u00f1o de un encanto particular al que podr\u00eda volver desde luego una y otra vez en cuanto se obrara el milagro de que sus mustias puertas se reabrieran y yo dejara de escuchar en mi cabeza esa est\u00fapida ocurrencia. Capri, c\u00b4est fini.<\/p>\n<p><strong>BAR QUE HIZO ENAMORARME DE LA M\u00daSICA<\/strong>. El Saxo. S\u00e1bado noche, a\u00f1os 80, la Zona. Suenan de nuevo los Smith&#8230;<\/p>\n<p><strong>BAR QUE CAMBI\u00d3 MI VIDA<\/strong>. El Abraxas, tambi\u00e9n en la Zona. Como hay ropa tendida, evito extenderme.<\/p>\n<p><strong>BAR QUE ME SORPRENDI\u00d3<\/strong>. El Teorema, de Calvo Sotelo. Creo que fue la primera vez en mi vida que escuch\u00e9 m\u00fasica en vivo en un garito.<\/p>\n<p><strong>PLACER CULPOSO<\/strong>. Ir a La Enagua, tambi\u00e9n de la Zona. Estaba medio hechizado por una de sus camareras: yo confieso.<\/p>\n<p><strong>BAR QUE EXPLOTA(BA) EN VIVO<\/strong>. El Rocky. Quien acudiera alguna noche de s\u00e1bado en los 80, sabr\u00e1 de qu\u00e9 hablo. Hermano peque\u00f1o, el vecino Celta. Sigo sin salir de la Zona.<\/p>\n<p><strong>BAR QUE ODIO.<\/strong> El A\u00e9reo Club, por las razones arriba citadas.<\/p>\n<p>P. D. Seg\u00fan algunas teor\u00edas apocal\u00edpticas, no volvernos a vernos por los bares hasta diciembre. O as\u00ed. Es decir, que aunque se levante la cuarentena un siglo de \u00e9stos, algunos h\u00e1bitos sociales (los que propician la confraternizaci\u00f3n sin mascarilla) deber\u00e1n aguardar a que el virus sea s\u00f3lo una pesadilla. Yo, ni creo ni dejo de creer. Sospecho que nuestra experiencia en las barra de guardia admitir\u00e1n alg\u00fan cambio en su fisonom\u00eda pero tambi\u00e9n me malicio, conociendo al ser humano (logro\u00f1\u00e9s) que en cuanto alg\u00fan intr\u00e9pido se anime, volveremos a ser como antes. Los que s\u00f3lo aspiraban a celebrar la vida acodados en su bar favorito. As\u00ed que \u00e1nimo: queda un d\u00eda menos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Con los bares cerrados&#8230; Con los bares cerrados, mantenerme fiel a mi (auto)impuesta disciplina de mantener vivo este espacio al menos una vez por semana tiene algo de haza\u00f1a (perd\u00f3n por el (auto)bombo), aunque tambi\u00e9n de (auto)exigencia feliz. 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