{"id":171,"date":"2013-05-10T11:07:20","date_gmt":"2013-05-10T11:07:20","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/?p=171"},"modified":"2013-05-10T11:07:20","modified_gmt":"2013-05-10T11:07:20","slug":"la-granja-de-mi-vida","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/2013\/05\/10\/la-granja-de-mi-vida\/","title":{"rendered":"La Granja de mi vida"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2013\/05\/Granja.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-full wp-image-172\" title=\"Imagen muy antigua del caf\u00e9 La Granja de la calle Sagasta de Logro\u00f1o\" src=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2013\/05\/Granja.jpg\" alt=\"Imagen muy antigua del caf\u00e9 La Granja de la calle Sagasta de Logro\u00f1o\" width=\"600\" height=\"815\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2013\/05\/Granja.jpg 600w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2013\/05\/Granja-221x300.jpg 221w\" sizes=\"(max-width: 600px) 100vw, 600px\" \/><\/a><\/p>\n<p>Como este <strong>blog<\/strong> sirve como autobiograf\u00eda logro\u00f1esa, el improbable lector ya habr\u00e1 comprobado que de entre los bares que uno ha frecuentado surge\u00a0 inevitable un ramillete de ellos que se repiten: el <strong>T\u00edvoli<\/strong>, el Moderno, el <strong>Continental<\/strong>\u2026 Cada uno de ellos ha ocupado su propio espacio aqu\u00ed en forma de entrada, aunque reparo ahora en que mi favorito de todo el parque logro\u00f1\u00e9s no hab\u00eda gozado todav\u00eda de semejante honor. Con todos ustedes, <strong>La Granja<\/strong>.<\/p>\n<p>En alguna ocasi\u00f3n ya hab\u00eda glosado a sus camareros m\u00e1s conspicuos. <strong>Santos<\/strong>, magistral mago que siempre sacaba un cruas\u00e1n de la bocamanga y llevaba una sonrisa pegada a la cara, o <strong>D\u00e1maso<\/strong>, gobernando la barra desde el puente de mando de la cafetera, monumental aparato que le ten\u00eda apartado siempre en la esquina del bar a la espera de que llegara, de tarde en tarde, su amigo <strong>Pepe Blanco.<\/strong> Cosa que cuando ocurr\u00eda\u2026 Ese d\u00eda era fiesta, porque el cantante agasajaba a los conocidos, como es natural, pero tambi\u00e9n a los desconocidos, a quienes trataba como si fueran colegas de toda la vida y se hac\u00eda cargo de la ronda. Era uno de tantos momentos dichosos en un bar que para m\u00ed representa lo que para Proust su magdalena, un eterno regreso al ed\u00e9n que ten\u00eda forma de tostada, aquel bocado bien rico en mantequilla que nos era ofrecido si nos port\u00e1bamos bien. Y La Granja, con su hermos\u00edsima barra curvada, era tambi\u00e9n el silente <strong>Valent\u00edn<\/strong> ocup\u00e1ndose de atender a los clientes de silla, que se agrupaban en corrillos salvo los privilegiados que acced\u00edan a las butacas corridas que pespunteaban la pared lindante con la <strong>pescader\u00eda Suso<\/strong>: una c\u00e1tedra donde brillaban los apellidos m\u00e1s rancios del Gotha local, nos asustaba el militar al que llam\u00e1bamos \u2018El Barbas\u2019 y cada ma\u00f1ana se arreglaba Espa\u00f1a y el resto del mundo.<\/p>\n<p>La Granja fue todo eso y mucho m\u00e1s. Tambi\u00e9n, el semillero de grandes camareros que all\u00ed se destetaron en el oficio como <strong>Alfonso Soldevilla<\/strong> y compa\u00f1eros de quinta, bandeja en ristre por la escalera, porque ese era otro de sus encantos, el peque\u00f1o palco superior que ejerc\u00eda de paso de paloma para el sector femenino de la parroquia y deparaba alguna imagen inolvidable, como los primeros visones colgando de la barandilla, vistos desde abajo como una amenaza peluda cuyo atractivo se nos escapaba aunque encerraba alg\u00fan simbolismo: ya nada iba a ser como era. Bajo la escalera, embutido en un breve espacio que contaba con su propia barrita, se escond\u00eda un banco que sol\u00eda ser muy requerido por la chiquiller\u00eda y exig\u00eda grandes reflejos para hacerse un sitio en \u00e9l. Sobre todo los domingos a la hora del verm\u00fa.<\/p>\n<p>S\u00ed, La Granja fue todo eso. Su nombre tan evocador, sus llenazos a la hora del caf\u00e9 matutino, sus meriendas para los logro\u00f1eses m\u00e1s oto\u00f1ales\u2026 y su fat\u00eddico declinar. Cosas de la modernidad: el bar fue perdiendo atractivo a medida que la clientela demandaba otra tipolog\u00eda alejada de su est\u00e9tica de cafeter\u00eda americana muy rica en metales. Sobrevivi\u00f3 al tr\u00e1nsito con la Espa\u00f1a del pelotazo pero de mala manera, perdiendo su identidad, transfigur\u00e1ndose con nulo \u00e9xito. Su pen\u00faltima encarnaci\u00f3n como bar nocturno y de copeo a ritmo de chunda-chunda me daba bastante pena, aunque a\u00fan me dio m\u00e1s l\u00e1stima cuando cerr\u00f3. Pasar por su puerta clausurada era una peque\u00f1a pu\u00f1alada en cualquier coraz\u00f3n logro\u00f1\u00e9s, as\u00ed que el milagro de ver renacer La Granja es todo lo contrario, una invitaci\u00f3n a la esperanza. Cuando atraves\u00e9 la <strong>calle Sagasta<\/strong> hace unas semanas y vi a los operarios redecorando el local; cuando vi a los nuevos due\u00f1os ilusionados con el proyecto vigilando los trabajos a pie de obra; cuando vi que se hab\u00eda respectado la singular curvatura de la barra\u2026 Supongo que vi llegada la hora de saldar mi deuda con La Granja. Espero haber satisfecho con estas l\u00edneas que me vuelven a saber a tostada con mantequilla. Por ah\u00ed llega Santos\u2026<\/p>\n<p>P.D. La Granja reabre para <strong>San Bernab\u00e9<\/strong> convertida en un local de copas que aspira tambi\u00e9n a atraer a la clientela menos noct\u00edvaga. As\u00ed lo publicaba este vierne<strong>s Diario LA RIOJA<\/strong>, que daba cuenta de la apuesta de los nuevos propietarios por unas tarifas m\u00e1s contenidas. Lo cual me parece su segunda buena idea: no s\u00f3lo reabren el m\u00edtico local, sino que se adaptan a la realidad. Que es uno de los factores, me parece, que m\u00e1s ha da\u00f1ado a la hosteler\u00eda local desde que antes de la crisis, cuando todos nos volvimos ricos, los precios se disparasen y eso de tomarse un trago empezara a nacernos un agujero el bolsillo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Como este blog sirve como autobiograf\u00eda logro\u00f1esa, el improbable lector ya habr\u00e1 comprobado que de entre los bares que uno ha frecuentado surge\u00a0 inevitable un ramillete de ellos que se repiten: el T\u00edvoli, el Moderno, el Continental\u2026 Cada uno de ellos ha ocupado su propio espacio aqu\u00ed en forma de entrada, aunque reparo ahora en [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":17,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[2],"tags":[112,339],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/171"}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/wp-json\/wp\/v2\/users\/17"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=171"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/171\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=171"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=171"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=171"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}