{"id":316,"date":"2014-04-11T15:35:52","date_gmt":"2014-04-11T15:35:52","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/?p=316"},"modified":"2014-04-11T15:35:52","modified_gmt":"2014-04-11T15:35:52","slug":"bilbao-en-sus-bares","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/2014\/04\/11\/bilbao-en-sus-bares\/","title":{"rendered":"Bilbao en sus bares"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2014\/04\/blog.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-full wp-image-318\" title=\"El Iru\u00f1a de Bilbao\" src=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2014\/04\/blog.jpg\" alt=\"El Iru\u00f1a de Bilbao\" width=\"600\" height=\"398\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2014\/04\/blog.jpg 600w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2014\/04\/blog-300x199.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 600px) 100vw, 600px\" \/><\/a><\/p>\n<p>La primera vez que entr\u00e9 en el <strong>Iru\u00f1a<\/strong> de <strong>Bilbao<\/strong> (en la imagen, foto de El Correo) fue en el verano del 82, suceso que sigo sin olvidar. En honor a esa epifan\u00eda, procuro volver sobre mis pasos cada vez que visito el Bocho, lo cual hago con cierta frecuencia, incluso desde antes del <strong>Guggenheim<\/strong>. \u00bfPor qu\u00e9 me deslumbr\u00f3? Bueno, cualquier cliente del popular caf\u00e9 puede responder conmigo: porque el Iru\u00f1a emana clase, estilo, distinci\u00f3n. Puro Bilbao, por lo tanto. La bella caligraf\u00eda de sus paredes tamizadas de cer\u00e1mica, el laber\u00edntico espacio que ocupa, rico en rincones ocultos a la primera mirada, su doble y elegante barra, que incluye un altillo en desuso donde el d\u00eda de mi bautismo como parroquiano actuaba un tr\u00edo de jazz, all\u00ed izado no s\u00e9 c\u00f3mo.<\/p>\n<p>Curiosamente, el bater\u00eda era un liban\u00e9s a quien hab\u00eda tratado cuando manejaba las baquetas en un local logro\u00f1\u00e9s ya difunto, alojado en el subsuelo de <strong>avenida de Portugal.<\/strong> Esa coincidencia acentu\u00f3 mi amor por el Iru\u00f1a, cuyos camareros me han despachado siempre con profesionalidad extrema, ese tipo de atenci\u00f3n hacia el cliente fr\u00eda y eficaz, sin grandes confianzas, de la que soy muy fan. A\u00fan m\u00e1s lo soy del bar a la hora del verm\u00fa, que goza de un encanto imbatible sobre todo si la ciudad se desmiente a s\u00ed misma y en consecuencia luce el sol: el p\u00fablico invade entonces no s\u00f3lo el interior sino la acera con vistas a los<strong> jardines de Albia<\/strong>, recoleto rinc\u00f3n bilba\u00edno que ni siquiera la severa sede del PNV logra afear.<\/p>\n<p>Alguna vez tropec\u00e9 con sus puertas cerradas porque tocaba descanso semanal. La direcci\u00f3n del bar compensaba mi decepci\u00f3n invit\u00e1ndome a acudir a su hermano peque\u00f1o, <strong>La Granja<\/strong>, en la vecina <strong>plaza Circular<\/strong> (antes llamada Espa\u00f1a), donde uno se encontraba un ambiente similar: hermoso maderamen, atenci\u00f3n esmerada, clientela con ese punto tan british como s\u00f3lo he visto en Bilbao en mis paseos por Espa\u00f1a (hoy llamada el Estado). Ambos locales, Iru\u00f1a y La Granja, compart\u00edan propiedad con otro local fet\u00e9n, el <strong>Bulevar<\/strong> anclado al otro lado de la r\u00eda. Garito tambi\u00e9n pr\u00f3digo en atractivos, que completaba la triada feliz de mis paseos por el Bilbao hostelero, donde tengo puestas todas mis complacencias porque vengo observando que se honra desde anta\u00f1o el feliz di\u00e1logo que algunos reivindicamos con nuestros bares favoritos, convencidos de que ese v\u00ednculo refuerza no tanto nuestra condici\u00f3n de consumidores como la de ciudadanos.<\/p>\n<p>De modo que si hoy este blog vuelve a ignorar su titulo y viaja fuera de <strong>Logro\u00f1o<\/strong> es para homenajear a una de mis ciudades favoritas, que tiene entronizados a sus bares mediante una tipolog\u00eda com\u00fan que los hermana y sus clientes agradecemos: cuando ingresamos en alguno de ellos, una voz interior nos dice que en efecto ese bar es bilba\u00edno. Que ese bar s\u00f3lo puede pertenecer a la misma ciudad que acoge a San Mam\u00e9s, el puente de Deusto y el funicular de Archanda. \u00bfQu\u00e9 los hace distintos? Ya se ha citado: sobre todo, clase. Mucha clase. Se\u00f1or\u00edo. Profesionales de los de antes, barras con deslumbrante oferta gastron\u00f3mica, clientela muy adicta al <strong>Rioja<\/strong>&#8230; Ese tipo de parroquia que sabe que como fuera de casa, en ning\u00fan sitio se est\u00e1 como en un bar, lo cual se refleja a toda hora aunque a uno le llama especialmente la atenci\u00f3n que Bilbao siga siendo tan adicta al aperitivo, rito que se ejerce como a m\u00ed me gusta: en su versi\u00f3n larga. Es decir, estir\u00e1ndolo hasta las ocho de la tarde, trago arriba, trago abajo. As\u00ed que larga vida al Iru\u00f1a, a La Granja y al Bulevar. Larga vida a las rondas por <strong>Pozas<\/strong> antes y despu\u00e9s de que juegue el <strong>Athletic<\/strong>, larga vida al <strong>Colavidas<\/strong>, los bares de las <strong>Siete Calles<\/strong> y el <strong>Moyua<\/strong>, anta\u00f1o Villa de Bilbao. Y largu\u00edsima vida a mi favorito, el coqueto bar que alberga el <strong>Front\u00f3n Deportivo<\/strong>, espacio que aconsejo visitar: lo m\u00e1s parecido a un club ingl\u00e9s que uno haya visto. Donde por lo tanto a uno le tratan como a un lord. Un lord de Bilbao.<\/p>\n<p>P. D. Entre los encantos que custodia el Iru\u00f1a figura su condici\u00f3n de pila bautismal de aquel c\u00e9lebre (bueno, c\u00e9lebre en \u00e9poca de mis abuelos) himno que hace un mill\u00f3n de a\u00f1os se entonaba para festejar lo mejor de la cocina espa\u00f1ola, a varias voces. Seg\u00fan relata su p\u00e1gina web, la composici\u00f3n se data en <strong>1927<\/strong> y viene firmada por el sestaotarra <strong>Miguel Arregui<\/strong>, pianista del caf\u00e9 por aquel tiempo, a quien auxili\u00f3 <strong>Jes\u00fas Unzu\u00e9,<\/strong> hijo del fundador que entonces ejerc\u00eda de cocinero. Es ese canto famoso del \u201cqu\u00e9 hay para hoy\u201d, que el coro contesta de esta guisa: \u201cTenemos pollo asao, asao, asao, asao con ensalada, buen men\u00fa, buen men\u00fa, buen men\u00fa se\u00f1or\u201d. Postdata para curiosos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La primera vez que entr\u00e9 en el Iru\u00f1a de Bilbao (en la imagen, foto de El Correo) fue en el verano del 82, suceso que sigo sin olvidar. En honor a esa epifan\u00eda, procuro volver sobre mis pasos cada vez que visito el Bocho, lo cual hago con cierta frecuencia, incluso desde antes del Guggenheim. 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