{"id":321,"date":"2014-04-18T08:30:12","date_gmt":"2014-04-18T08:30:12","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/?p=321"},"modified":"2014-04-18T08:30:12","modified_gmt":"2014-04-18T08:30:12","slug":"a-este-lado-de-la-barra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/2014\/04\/18\/a-este-lado-de-la-barra\/","title":{"rendered":"A este lado de la barra"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2014\/04\/blog1.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-full wp-image-322\" title=\"Clientes en un bar de la calle Laurel, a finales de los a\u00f1os 80\" src=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2014\/04\/blog1.jpg\" alt=\"Clientes en un bar de la calle Laurel, a finales de los a\u00f1os 80\" width=\"600\" height=\"396\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2014\/04\/blog1.jpg 600w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2014\/04\/blog1-300x198.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 600px) 100vw, 600px\" \/><\/a><\/p>\n<p>La lectura de una entrada que me pareci\u00f3 muy curiosa en un diario digital sobre nuestra condici\u00f3n de clientes me ha llevado a reflexionar sobre mi conducta a este lado de la barra: es decir, c\u00f3mo nos comportamos cuando nos acodamos en el garito que toque y, pie en el estribo, pedimos una ronda. Concluyo que como parroquianos de nuestros locales de confianza obramos igual que como ciudadanos: con mucho, poco o mediano decoro. Depende. Ya sentenci\u00f3 el cl\u00e1sico que hay gente que tiene mucha educaci\u00f3n&#8230; pero es porque no la usa. Y algo as\u00ed ocurre en el universo hostelero: que la clientela deja (dejamos) tambi\u00e9n de desear demasiadas veces. De modo que me golpeo el pecho, me arrepiento y confieso: s\u00ed, como cliente tambi\u00e9n uno ha cometido sus pecadillos. El\u00a0 m\u00e1s grave, cometido all\u00e1 por la primera glaciaci\u00f3n, alg\u00fan que otro \u2018<strong>sinpa<\/strong>\u2019.<\/p>\n<p>El \u2018sinpa\u2019, y que el dios de los bares me perdone, no me parece sin embargo el peor pecado en que uno puede incurrir. A fin de cuentas, cuando uno perpetraba tales piller\u00edas de chaval lo hac\u00eda por dos razones: por divertirse, cierto, pero tambi\u00e9n por descuido. No olvido el m\u00e1s descarado que ejecut\u00e9: en un bar muy castizo de <strong>Laurel<\/strong> cuyo nombre no citar\u00e9, una noche de fr\u00edo invierno, con una nevada que hab\u00eda despachado de clientela toda la calle, yo solito en la barra. Estuve hilando la hebra ch\u00e1chara con el due\u00f1o del local, charla que te charla, comentando lo que sal\u00eda por la tele y me pir\u00e9 sin pagarle. S\u00f3lo me falt\u00f3 darle un abrazo. Hasta que un buen rato despu\u00e9s, de regreso en casa, repar\u00e9 en que me hab\u00eda ido sin abonar la consumici\u00f3n, tan fresco. En fin: que pido disculpas retrospectivamente, aunque sigo pensando que hay cosas peores.<\/p>\n<p>Por ejemplo: comportarse groseramente con el camarero que, agobiado entre tragos, frituras y tapas varias, faena al frente de su barra. Exigir la consumici\u00f3n seg\u00fan se entra en el local, de malos modos. Reclamar airadamente, despreocuparse de los ni\u00f1os y que campen a sus anchas, molestar al resto de clientes incluso si no hay despedida de soltero de por medio\u2026 La lista es ancha: se puede incluir el uso inadecuado de mondadientes, el escupitajo de costadillo tan celtib\u00e9rico y alguna otra groser\u00eda habitual. Porque si uno repasa la relaci\u00f3n de diez reglas b\u00e1sicas para conducirse correctamente en un bar (seg\u00fan los camareros citados por <a href=\"http:\/\/www.elconfidencial.com\/alma-corazon-vida\/2014-02-21\/10-reglas-basicas-para-pedir-una-copa-correctamente-segun-los-camareros_89340\/\" target=\"_blank\">elconfidencial <\/a>en la informaci\u00f3n mencionada) y a continuaci\u00f3n reflexiona consigo mismo sobre su conducta como parroquiano\u2026 Deber\u00e1 concluir conmigo que nos comportamos de manera manifiestamente mejorable: por ejemplo, yo acepto que he cometido todos los pecados citados en esta relaci\u00f3n, salvo uno de ellos, eso de pedir una ronda gratis. De hecho, siendo sincero, tambi\u00e9n en ese he incurrido aunque s\u00f3lo sea de pensamiento. Lo cual, seg\u00fan recuerdo del catecismo, era igualmente pecado: muchas, muchas veces he pensado ante la taca\u00f1er\u00eda exhibida por alg\u00fan hostelero que ten\u00eda derecho a una ronda por la cara, aunque s\u00f3lo fuera por mi fidelidad como cliente. Pero tomar la barra como perchero\u2026 Muchas veces. Pedir todas las rondas a la vez\u2026 Tambi\u00e9n, muchas veces. Y eso de reclamar una consumici\u00f3n imposible\u2026 No tantas, pero alguna cay\u00f3: todav\u00eda recuerdo a un camarero de cierto bar de la calle Bret\u00f3n que me contest\u00f3 con mucha gracia bien ca\u00f1\u00ed cuando, luego de un largu\u00edsimo rodeo, termin\u00e9 de pedir lo que quer\u00eda, una aut\u00e9ntica tonter\u00eda: \u201cNo, si todav\u00eda me vas a volver loco\u201d.<\/p>\n<p>Le pido perd\u00f3n humildemente a \u00e9l y al resto del gremio. En justa correspondencia, ruego lo mismo: buena educaci\u00f3n, esmerados modales, adecuada higiene, sentido del deber, profesionalidad y, de vez en cuando, una sonrisa. Porque lo de una tapa gratis todav\u00eda sigue sin cuajar por <strong>Logro\u00f1o<\/strong>.<\/p>\n<p>P.D. Aunque alguna vez habremos merecido un cero en conducta como clientes, tambi\u00e9n es verdad que son mayor\u00eda las ocasiones en que ocurre lo contrario. Confraternizamos con alto nivel de lealtad con nuestros camareros de confianza y alguna tarde incluso les echamos una mano si les ve\u00edamos desbordados. El bar, como extensi\u00f3n de nuestra casa, con sus virtudes y sus defectos. El bar donde los camareros parec\u00edan de la cuadrilla: como muestra, esta foto de finales de los 80. Y mis disculpas a los varones retratados: las damas seguro que est\u00e1n tan guapas como entonces.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La lectura de una entrada que me pareci\u00f3 muy curiosa en un diario digital sobre nuestra condici\u00f3n de clientes me ha llevado a reflexionar sobre mi conducta a este lado de la barra: es decir, c\u00f3mo nos comportamos cuando nos acodamos en el garito que toque y, pie en el estribo, pedimos una ronda. 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