{"id":332,"date":"2014-05-09T17:05:08","date_gmt":"2014-05-09T17:05:08","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/?p=332"},"modified":"2014-05-09T17:05:08","modified_gmt":"2014-05-09T17:05:08","slug":"los-camareros-furtivos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/2014\/05\/09\/los-camareros-furtivos\/","title":{"rendered":"Los camareros furtivos"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2014\/05\/noe.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-full wp-image-333\" title=\"Noem\u00ed Iruzubieta, a ese lado de la barra\" src=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2014\/05\/noe.jpg\" alt=\"Noem\u00ed Iruzubieta, a ese lado de la barra\" width=\"600\" height=\"758\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2014\/05\/noe.jpg 600w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2014\/05\/noe-237x300.jpg 237w\" sizes=\"(max-width: 600px) 100vw, 600px\" \/><\/a><\/p>\n<p>Repasando antiguas entradas en torno al fascinante mundo de los <strong>camareros<\/strong>, reparo en que este oficio se ha ayudado a menudo tanto de manos aficionadas como de profesionales. O casi. Cualquiera puede comprobar que a su alrededor menudean los casos de amigos\/parientes\/conocidos que cierta vez saltaron al otro lado de la barra y desempe\u00f1aron, con m\u00e1s voluntad que eficacia al igual que quien esto escribe, tan digna profesi\u00f3n. \u00bfQui\u00e9n no ha puesto una copa alguna vez, servido un vino, despachado un cafelito? Que levante la mano.<\/p>\n<p>Para corroborar esta intuici\u00f3n, he pedido a unos cuantos compa\u00f1eros de <strong>Diario LA RIOJA<\/strong> que confirmaran que, en efecto, todos fuimos una vez camareros. Furtivos, pero camareros. Y esto me responden mis amables interlocutores, a quienes agradezco el detalle de confesar sus delitos como camareros en este blog que tambi\u00e9n es su casa. Ah\u00ed vamos.<\/p>\n<p>La gentil <strong>Noem\u00ed Iruzubieta<\/strong>, que aparece as\u00ed de guapa en la foto que ilustra estas l\u00edneas, nos cuenta esto de su experiencia como camarera: \u201cEn mi caso, m\u00e1s que segunda ocupaci\u00f3n, fue la primera. Trabaj\u00e9 siete a\u00f1os en un bar de copas de <strong>N\u00e1jera<\/strong> y en decenas de fiestas de los pueblos en <strong>chiringuitos<\/strong> con m\u00fasica pachanguera, <strong>garitos de bakalao<\/strong>, barras universitarias, bares de pueblo poniendo verm\u00fas y el cl\u00e1sico caf\u00e9, copa y puro&#8230; Eso s\u00ed, estaba muy bien pagado y se beb\u00eda gratis\u201d. Y a\u00f1ade: \u201cEntre las miles de an\u00e9cdotas: bronquillas con alg\u00fan listillo que quer\u00eda hacer un \u2018sinpa\u2019, ligoteos con clientes, grandes amigos, mucho colgao gracioso y, sobre todo, muchas risas\u201d. \u00bfCualidades del buen camarero? \u201cPaciencia, buen humor, empat\u00eda, rapidez y un punto de border\u00eda\u201d. Conclusi\u00f3n: \u201cMi reflexi\u00f3n es que el oficio de camarero engancha\u201d.<\/p>\n<p>Toma ahora la palabra el amigo y c\u00e9lebre bloguero <strong>Teri S\u00e1enz<\/strong>. Estas son sus reflexiones: \u201cEl <strong>Boogaloo<\/strong> no era entonces un bar escondido al final de la calle Santiago, sino el lugar de peregrinaje en el que siempre empezaba y acababa todo. Adem\u00e1s de due\u00f1os, Kike y Ra\u00fal ten\u00edan (tienen) la condici\u00f3n de amigos, de forma que la barra era una l\u00ednea difusa en la que yo pasaba dentro alguna vez y ellos se acodaban fuera para tomar un respiro hasta que la noche entraba y el local empezaba a poblarse. Cuando la clientela se apretaba, los ratos al otro lado se prolongaban a cambio de alguna ronda gratis y la oportunidad de pinchar esos vinilos con las car\u00e1tulas humedecidas que la aguja se sab\u00eda de memoria. Eran aquellos tiempos memorables. A\u00f1os de humo en que a\u00fan se serv\u00edan medios cubatas y Los Ramones todav\u00eda conservaban alg\u00fan miembro vivo. El d\u00eda que traspasaron el negocio mutilaron mi incipiente carrera de camerero-diyei, que luego prolongu\u00e9 en fines de semana espor\u00e1dicos y fiestas de guardar para pagarme mis propios discos en bares ajenos plagados de despedidas de soltero\/a en los que s\u00f3lo sonaba como un bucle Follow de leader. Misteriosamente, Kike y Ra\u00fal a\u00fan no me han borrado de su cat\u00e1logo de amigos. Y lo m\u00e1s intrigante: cuando vuelvo al antiguo Boogaloo las paredes me gui\u00f1an el ojo como si me conocieran de algo.<\/p>\n<p>Y concluimos con la experiencia que acreditan las canas ti\u00f1iendo las sienes del caballero <strong>Del R\u00edo, Jos\u00e9 Antonio<\/strong> para el mundo, To\u00f1o entre estas cuatro paredes que nos albergan, que se nos ha ido arriba. Quiere decirse que escribe largo pero bonito. Ah\u00ed queda eso:\u00a0 \u201cEn 1981, el que suscribe andaba lidiando con el COU en el desaparecido colegio Valvanera de la calle San Agust\u00edn (ya, entre bares bares). Compart\u00eda aula por primera vez con el g\u00e9nero femenino y entre sus preocupaciones -adem\u00e1s de driblar esa amenaza oscura por nombre Selectividad que nos esperaba a vuelta de hoja de calendario-, se hab\u00eda instalado ya definitivamente la de ganar alg\u00fan dinerillo para sus cosas. Era el imperativo del ocio adolescente, de la s\u00fabita irrupci\u00f3n del otro g\u00e9nero que les contaba y del formar parte de una buena familia numerosa. Y si cuando el ocio pasaba por salir, comer, beber y viajar era indubitablemente oneroso, cuando se le sumaba el efecto sexo opuesto, qu\u00e9 les voy a contar. Eran los primeros 80 y pese a lo raqu\u00edtico de nuestras\u00a0 econom\u00edas, trat\u00e1bamos de mantener con cierto garbo el esp\u00edritu de gilipollas orgullosos pagafantas. Qu\u00e9 le vamos a hacer.<\/p>\n<p>Fue de esos polvos -en la primera acepci\u00f3n del t\u00e9rmino que contempla el diccionario, mire usted- de donde surgieron los lodos de mi temprana relaci\u00f3n con el mundo (o el submundo) de los bares al otro lado del mostrador.<\/p>\n<p>Reci\u00e9n nacidos los 80, en Logro\u00f1o hab\u00eda tres tipos de bares: las a\u00f1osas tascas del Laurel, San Juan y Mayor; los de cada barrio, que se atend\u00edan en familia; y ese invento casi reci\u00e9n importado, el pub, que se reproduc\u00eda como los champi\u00f1ones en Autol en las calles Chile, Vitoria y aleda\u00f1os a la sombra de los pioneros Robinson, La Taberna, Mi Amigo y el Pat Garret de la vecina Industria. Por su novedad, ca\u00ed, ca\u00edmos, por all\u00e1 primero en furtivas visitas vespertinas y m\u00e1s tarde ya en la noche porque salir era <strong>La Zona<\/strong> o no era salir. <strong>Rober<\/strong>, <strong>Sub<\/strong> o el recordado \u00bf<strong>Mimos<\/strong>? de la calle Chile (que muri\u00f3 por el sobrepeso de los besos y magreos acumulados en aquel altillo oscuro como un pozo)&#8230; Y <strong>Lorca<\/strong>, el Lorca primigenio, el Lorca granadino con est\u00e9tica de rancio patio andaluz aunque hab\u00eda sido parido poco antes por Nacho, un armador de Ond\u00e1rroa con ya entonces ocho apellidos vascos o m\u00e1s. Lorca fue mi\/nuestro\u00a0 primer destino laboral. &#8216;Nuestro&#8217;, escribo, porque trabajamos en equipo, como las cuadrillas de los vendimiadores que se reparten a demanda de la necesidad. No me pregunten por qu\u00e9, pero de una tarde a la siguiente nos vimos del otro lado de la barra sirviendo cervezas en botellines de un tercio a 50 pelas la raci\u00f3n, cubalibres de Bacard\u00ed a 100 y t\u00f3nicas con MG, o con Larios o con Gordons todo lo m\u00e1s a 125, quiero malrecordar. Todo en vaso alto, tres cubitos y media rodaja de lim\u00f3n; sin m\u00e1s mariconadas. Y el personal triscaba trago tras trago, copa tras copa, sin soluci\u00f3n de continuidad para mayor gloria de la caja que no dejaba de sonar, clin, clin, clin, hasta que sobre las tres tocaba echar el cerrojo porque los Harrelson, que eran \u00a1mucha, mucha Polic\u00eda!, andaban al acecho y la municipalidad no se andaba con los remilgos de ahora a la hora de la multa o el cierre circunstancial.<\/p>\n<p>El curro, para alguien que apenas acababa de estrenar la mayor\u00eda de edad, era casi m\u00e1s que otra cosa un divertimento de 7 a 10 y de 11 a 3; un divertimento saneado\u00a0 a raz\u00f3n de cinco o seis mil pesetas la noche de fin de semana. Cinco o seis mil el viernes y otro tanto si se terciaba el s\u00e1bado. Total, sume usted, diez o doce billetes verdes, en negro, lo que hoy, treintaytantos a\u00f1os despu\u00e9s, ser\u00edan 60 o 70 euros de vell\u00f3n. Un pastizal, vamos.<\/p>\n<p>En Lorca aprendimos lo que pudimos de asunto el copeo del perpetuo Vicente, que ya all\u00ed estaba cuando llegamos y a\u00fan sigue hoy en la versi\u00f3n Poeta en Nueva York; aprendimos de Mani, entra\u00f1able personaje que compart\u00edamos con el vecino Sub; de un Alfonso del que nunca volv\u00ed a saber\u2026 Como aprendimos despu\u00e9s de Paco y de Tasio Berg\u00e9s en el cercano <strong>T\u00edo Tito<\/strong>, adonde tambi\u00e9n nos condujo la necesidad de un local hasta la bandera en sesiones de tarde y noche de los tiempos en que salir en Logro\u00f1o era La Zona o, simplemente, no era salir.<\/p>\n<p>Aquella nunca pretendida vocaci\u00f3n me alegr\u00f3 la econom\u00eda y las pulsiones juveniles los dos a\u00f1os siguientes en estos y en otros bares, detr\u00e1s de esas y de otras barras cada fin de semana cuando me lo permit\u00edan mis obligaciones universitarias, que fue de muchas veces, las m\u00e1s. Hasta que lleg\u00f3 el periodismo y las pr\u00e1cticas y el trabajo. Pero esa es otra afecci\u00f3n. Cr\u00f3nica esta vez&#8221;.<\/p>\n<p>P.D. Lo dicho, que muy agradecido al tr\u00edo de colaboradores. Y que si alguien se anima, lo de siempre: que est\u00e1 es su casa.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Repasando antiguas entradas en torno al fascinante mundo de los camareros, reparo en que este oficio se ha ayudado a menudo tanto de manos aficionadas como de profesionales. O casi. 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