{"id":349,"date":"2014-06-13T07:56:21","date_gmt":"2014-06-13T07:56:21","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/?p=349"},"modified":"2014-06-13T07:56:21","modified_gmt":"2014-06-13T07:56:21","slug":"laurel-al-filo-de-la-medianoche","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/2014\/06\/13\/laurel-al-filo-de-la-medianoche\/","title":{"rendered":"Laurel, al filo de la medianoche"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2014\/06\/laurel.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-full wp-image-350\" title=\"Vista de la calle Laurel. Foto de Miguel Herreros\" src=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2014\/06\/laurel.jpg\" alt=\"Vista de la calle Laurel. 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A medianoche, en el eterno invierno logro\u00f1\u00e9s, descend\u00edamos hacia el <strong>T\u00edvoli<\/strong> cuya luz ejerc\u00eda como im\u00e1n para la \u00faltima ronda (la espuela, que le llaman) y a sus dos flancos nos saludaban los bares a punto de echar la persiana, iluminados por el l\u00e1nguido fluorescente. Camareros fregando vasos y echando un ojo al Telefunken, en la triste compa\u00f1\u00eda de los clientes habituales al filo del cierre: bebedores furtivos, dips\u00f3manos habituales, una pareja de mirada turbia que renuncia a regresar a casa, un viajante despistado. Con el buen tiempo, nos resign\u00e1bamos a las mismas escenas cuando asomaba la medianoche. Quiere decirse que Laurel siempre fue una fiesta para los sentidos, cierto, pero entonces carec\u00eda de su polifon\u00eda actual, esa paleta muy rica en colores con que ha ingresado en el siglo XXI. En la centuria pasada, hacia las doce de la noche los bares llevaban tiempo recogidos y la calle muerta. S\u00f3lo quedaba la \u00faltima ronda en el T\u00edvoli con su vinazo servido en duralex y el recuerdo de esas im\u00e1genes persigui\u00e9ndonos de vuelta al hogar familiar, los bares mustios y la clientela solitaria. La Laurel, siempre a mitad de camino entre <strong>Hopper<\/strong> y <strong>Azcona<\/strong>.<\/em><\/p>\n<p><em>As\u00ed que uno, que ha cerrado unas cuantas noches la Laurel solo o en compa\u00f1\u00eda de otros, piensa que le acaban de hacer un obsequio invit\u00e1ndole a que relate, en este poema colectivo que significa retratar el alma de su tierra natal durante 24 horas, qu\u00e9 misterio anida entre los bares de esta calle y su parroquia un d\u00eda cualquiera sobre la medianoche. Y elige para ejecutar su plan un s\u00e1bado, que no es un s\u00e1bado cualquiera: es el 17 de mayo y el <strong>Atl\u00e9tico de Madrid<\/strong> se ha llevado la Liga, suceso que uno quiere anotar aqu\u00ed porque esa noche Logro\u00f1o est\u00e1 poblado de camisetas rojiblancas. Sospechosamente poblado: uno lleva aqu\u00ed toda la vida y cre\u00eda conocer por su nombre a todos los hinchas logro\u00f1eses del Atleti, que cab\u00edan m\u00e1s o menos en un taxi.<\/em><\/p>\n<p><em>Pero resulta que se equivocaba. Resulta que esta marea que desciende hacia <strong>Gallarza<\/strong> engulle a los feligreses de Simeone sin hacer distinciones, porque el hechizo de la Laurel radica en su acusada vocaci\u00f3n democr\u00e1tica. Aqu\u00ed nadie es m\u00e1s que nadie: el jovencito con la camiseta sudada cuya espalda dedica a Diego Costa convive con una pareja de matrimonios de-Logro\u00f1o-de-toda-la-vida, cuadrillas que se desperdigan y se reagrupan seg\u00fan el viejo y asombroso protocolo que todos hemos practicado alguna vez, despedidas de soltero de dise\u00f1o, hum, discutible, extranjeros (me adelantan dos italianos justo a la altura del <strong>Villa Rica<\/strong>, a cuya puerta permanece anclado un grupito que se entiende en ingl\u00e9s) y la clientela habitual: los de siempre, vaya.<\/em><\/p>\n<p><em>Los de casi siempre esperan tambi\u00e9n al otro lado de la barra. En el <strong>Calderas<\/strong> aguardan las botellas puestas a refrescar en su manantial infinito mientras la Laurel, que es una y trina, va despachando una larga jornada viendo desfilar por dos veces en un minuto a un coche de la <strong>Polic\u00eda Local<\/strong>, que pasa de largo hacia <strong>Portales<\/strong>. Dan las doce en el reloj de Ibercaja y uno, que ha cerrado la calle unas cuantas veces, no deja de preguntarse d\u00f3nde reside el encanto de este rinc\u00f3n de <strong>Logro\u00f1o<\/strong> que para tantos ciudadanos ejerce como una especie de segundo hogar.<\/em><\/p>\n<p><em>Es una pregunta que se contesta sola a poco que te regales una pausa, mires a tu alrededor y anotes qu\u00e9 ves. \u00bfY qu\u00e9 ves? Ves a Inma y Rub\u00e9n, que pasan la noche picando de bar en bar con unos amigos, al veterano Jos\u00e9 Luis de tertulia con los amigos, a Nano y familia, a quien hace tiempo que dej\u00f3 de frecuentar . Ves a un grupo de mozos llegados desde Vitoria que confraterniza con unas chicas de Pamplona mientras despiden la solter\u00eda de una de ellas. Ves a otros veintea\u00f1eros santanderinos pedirse unos cubatas (\u00a1cubatas en la Laurel!), ve aterrizar a otro clan de chicas reci\u00e9n desembarcadas desde Vitoria. Ves a Urko, Ander y \u00c1ngel, un tr\u00edo de Hernani que apura el \u00faltimo vino. Y ves a Yerma, festejando los 25 a\u00f1os de su promoci\u00f3n con su cuadrilla de antiguas condisc\u00edpulas, que llevan todo el d\u00eda de aqu\u00ed para all\u00e1, pero que a \u00faltima hora han rematado la fiesta en la Laurel. Supongo que arrastradas por la magia que contiene la calle incluso cuando hace frontera con el domingo.<\/em><\/p>\n<p><em>Se apagan las luces del s\u00e1bado. David, amable camarero, calcula que habr\u00e1 servido unos 900 vinos. Ofrece la cifra entre sudores, porque cuando la clientela se marcha el trabajo contin\u00faa a ese lado de la barra. As\u00ed que, como han hecho tantos camareros a esa hora bruja con quien esto firma, me ruega que le deje en paz mientras concluye su tarea. Y uno, que tantas noche cerr\u00f3 la Laurel, vuelve a verse a s\u00ed mismo en cada etapa de su vida pisando las baldosas de esta prodigiosa calle. La calle Laurel, donde todo cambia para que todo siga igual. La Laurel, cuyo secreto salta a la vista: su secreto es la gente. La hermosa gente.<\/em><\/p>\n<p>P.D. La foto que ilustra estas l\u00edneas fue tomada por <strong>Miguel Herreros<\/strong> en el angosto desfiladero que distingue al tramo inicial de la calle Laurel, antes de alcanzar <strong>Albornoz<\/strong>. Cualquiera habr\u00e1 podido comprobar c\u00f3mo la calle se repliega en ese punto sobre s\u00ed misma, lo cual garantiza estupendos embotellamientos en los d\u00edas se\u00f1alados como el retratado. Hasta el punto de que ese punto es como nuestro r\u00edo Jord\u00e1n: uno se bautiza como logro\u00f1\u00e9s el d\u00eda en que atraviesa tal fielato y alcanza el otro lado manoseado, sudado y dichoso.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El pasado 9 de junio, Diario LA RIOJA regal\u00f3 a sus lectores un espectacular suplemento que pretend\u00eda retratar (m\u00e1s o menos) la vida en nuestra regi\u00f3n durante 24 horas. Me toc\u00f3 recorrer un rinc\u00f3n muy sensible de nuestra tierra: la calle Laurel durante un s\u00e1bado por la noche. 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