{"id":378,"date":"2014-09-18T17:58:15","date_gmt":"2014-09-18T17:58:15","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/?p=378"},"modified":"2014-09-18T17:58:15","modified_gmt":"2014-09-18T17:58:15","slug":"saluda-a-todo-el-que-veas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/2014\/09\/18\/saluda-a-todo-el-que-veas\/","title":{"rendered":"Saluda a todo el que veas"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2014\/09\/mateo.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-full wp-image-379\" title=\" \" src=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2014\/09\/mateo.jpg\" alt=\"\" width=\"600\" height=\"722\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2014\/09\/mateo.jpg 600w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2014\/09\/mateo-249x300.jpg 249w\" sizes=\"(max-width: 600px) 100vw, 600px\" \/><\/a><\/p>\n<p>Hace un a\u00f1o, por estas fechas consign\u00e9 una estupenda sorpresa en este mismo <strong>blog<\/strong>: en un bar de la <strong>calle Laurel<\/strong> nos convidaron a <strong>zurracapote<\/strong>, servido fresco en el porr\u00f3n preceptivo. Ocurr\u00eda que <strong>Logro\u00f1o<\/strong> se preparaba para sus fiestas mateas y en ese local hab\u00edan decidido recuperar una tradici\u00f3n perdida vaya usted a saber en nombre de qu\u00e9 nuevas y funestas costumbres. Porque anta\u00f1o era casi obligatorio: en la mayor\u00eda de bares, sus propietarios preparaban la riqu\u00edsima p\u00f3cima para regalar al ind\u00edgena y al forastero, a quien se iniciaba en ese brebaje escasamente conocido lejos de entre nosotros. Tengo observado que tal h\u00e1bito se mantiene fuera de Logro\u00f1o, en algunos municipios de <strong>La Rioja<\/strong>, lo cual me parece una manera muy apropiada para corroborar si, como dicen, por esta tierra somos o no somos hospitalarios. Con el porr\u00f3n de zurracapote lo podemos saber: as\u00ed se pasa de las palabras a los hechos.<\/p>\n<p>Viene a cuento este proleg\u00f3meno de que veo llegada la hora de honrar al santo <strong>Mateo<\/strong> y revisar la curiosa metamorfosis que los bares patrios protagonizan cuando desembarcamos en el rito del <strong>cohete<\/strong> (que alg\u00fan hortera llamar\u00e1 chupinazo), bullicio callejero y resto de t\u00f3picos que perpetramos por Logro\u00f1o cada <strong>21 de septiembre<\/strong>. Los bares, ay, dejan un poco de serlo: las muchedumbres que, sobre todo en fin de semana, se despliegan por nuestras calles y plazas exigen una respuesta inmediata para satisfacer sus necesidades en materia de tragos y bocados, los camareros necesitar\u00edan otra vida para atender cada demanda, es habitual por otro lado la derrama en forma de vomitonas y dem\u00e1s desperdicios entre quienes debutan esos d\u00edas en la costumbre de desparramarse y, en fin, la ciudad es otra. Sus bares tambi\u00e9n: sus bares en determinados casos incluso cierran sus puertas, porque sus propietarios prefieren ahorrarse los sofocos mateos, y hay quienes abandonan su perfil tradicional para aceptar las exigencias de una clientela&#8230; poco exigente. Se trata de pasarlo bien, sin grandes pretensiones, y entonces nuestras barras de confianza se convierten simplemente en una excusa: parte del decorado.<\/p>\n<p>No ignoro que se mezclan estas dos tendencias (el bar que se fuga y el bar que se maquilla) con otras menos llamativas. Fuera del centro, las barras conspicuas mantienen su fisonom\u00eda, adornadas s\u00f3lo con alg\u00fan detalle mateo (<strong>camareros con pa\u00f1uelo al cuello<\/strong>), e incluso habitan entre nosotros las que procuran un esfuerzo adicional por estar a la altura del reto que supone recibir a una legi\u00f3n de visitantes que s\u00f3lo viajan a Logro\u00f1o por esos d\u00edas y, por lo tanto, se llevar\u00e1n de aqu\u00ed la imagen que se desprenda de la semana festiva. Y luego est\u00e1n los bares que se inauguran por San Mateo, subg\u00e9nero logro\u00f1\u00e9s del que ya hablamos aqu\u00ed hace nada, y los bares furtivos: se trata de esas casetas que aparecen por fiestas y ampl\u00edan la oferta hostelera, con resultados&#8230; mejorables. Son como bares de compromiso, que a\u00f1aden una nota de color al folclore local con mucho chunda-chunda por los bafles, versi\u00f3n macarrada pura o versi\u00f3n sevillanas. No los cuento entre mis favoritos, aunque confieso que s\u00ed: que los he frecuentado.<\/p>\n<p>Y los he frecuentado desde la primera vez que una carpa de esta guisa brot\u00f3 ante nuestros ojos: ocurri\u00f3 en los primeros 80, all\u00e1 en <strong>avenida de Portugal,<\/strong> donde anta\u00f1o se alz\u00f3 el garaje El\u00edas. En el abandonado solar, la compa\u00f1\u00eda andaluza de vinos llamada <strong>Terry<\/strong> instal\u00f3 sus reales, con una enorme barra al fondo, con su suelo de madera para zapatearlo al ritmo de los bailes andaluces (cosa que no suced\u00eda apenas: entonces casi nadie sab\u00eda bailar sevillanas por estas tierras) y con sus corrales donde un caballo blanco, fetiche de la marca desde los d\u00edas de la tele con s\u00f3lo dos cadenas, esperaba la hora de acudir enjaezado hasta la plaza de toros.<\/p>\n<p>La novedad fue muy bien acogida entre la fauna local y fuimos muchos quienes descubrimos los <strong>vinos de Jerez<\/strong> y los <strong>amontillados<\/strong>. Tambi\u00e9n descubrimos por entonces que la <strong>manzanilla<\/strong> no ten\u00eda necesariamente que ser ese bebedizo caliente que te daban si te dol\u00edan las tripas, sino un delicioso n\u00e9ctar alumbrado en un lugar de hermoso nombre: <strong>Sanl\u00facar de Barrameda<\/strong>. Nos acostumbramos al pan de picos para acompa\u00f1ar las tapas propias del sur, con su jam\u00f3n finamente cortado y sus pescados fritos que en nada se parec\u00edan al de San Bernab\u00e9, y aceptamos lo que deber\u00edamos aceptar estos d\u00edas: que Logro\u00f1o cambia por fiestas.<\/p>\n<p>Yo espero que sea para bien, aunque desde que me recojo pronto tiendo a pensar lo contrario. Lo cual no me impide desear al improbable lector unas felices fiestas y rogarle humildemente que deje de orinar por las esquinas. Es preferible que siga el mandato de uno de mis refranes logro\u00f1eses favoritos: en estas <strong>fiestas mateas<\/strong>, saluda a todo el que veas.<\/p>\n<p>P.D. Se ha citado antes el caso de los camareros que proteger\u00e1n estos d\u00edas sus gargantas con el pa\u00f1uelo y traigo malas noticias: aunque se empe\u00f1en algunos en lo contrario, aunque los puristas seamos ya una minor\u00eda en plan abuelo Cebolleta, <strong>el pa\u00f1uelo de fiestas es rojo<\/strong>. Rojo, repito: se decidi\u00f3 subvertir esta costumbre que s\u00ed preservan en los pueblos riojanos, sobre todo Ebro abajo, para no parecernos a los vecinos navarros. Pero la tradici\u00f3n es la tradici\u00f3n, as\u00ed que insisto: el pa\u00f1uelo mateo es rojo. Escrito lo cual, que cada uno se ponga el que m\u00e1s le guste, preferiblemente el que vende <strong>Diario LA RIOJA<\/strong> inspirado en nuestra baldosa ind\u00edgena. Al fin y al cabo, en efecto, estos d\u00edas Logro\u00f1o ser\u00e1 un pa\u00f1uelo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hace un a\u00f1o, por estas fechas consign\u00e9 una estupenda sorpresa en este mismo blog: en un bar de la calle Laurel nos convidaron a zurracapote, servido fresco en el porr\u00f3n preceptivo. 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