{"id":381,"date":"2014-09-26T15:32:06","date_gmt":"2014-09-26T15:32:06","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/?p=381"},"modified":"2014-09-26T15:32:06","modified_gmt":"2014-09-26T15:32:06","slug":"bares-y-letras","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/2014\/09\/26\/bares-y-letras\/","title":{"rendered":"Bares y letras"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2014\/09\/magris.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-full wp-image-382\" title=\"Claudio Magris, en el Caffe San Marco de Trieste\" src=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2014\/09\/magris.jpg\" alt=\"Claudio Magris, en el Caffe San Marco de Trieste\" width=\"500\" height=\"342\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2014\/09\/magris.jpg 500w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2014\/09\/magris-300x205.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 500px) 100vw, 500px\" \/><\/a><\/p>\n<p>Una coalici\u00f3n de azares ha depositado sobre mi teclado una sugerente invitaci\u00f3n: por qu\u00e9 no destinar un rato a reflexionar sobre <strong>bares y letras.<\/strong> Es decir, de c\u00f3mo nuestras lecturas se han emparentado alguna vez con ese memorable cosmos formado por las barras y los tragos. Repasando mi propio equipaje como lector, reviso ahora al amor del bar aquellos libros que m\u00e1s me han impresionado y confieso que unos cuantos tienen bastante que ver con una de las declinaciones del universo hostelero m\u00e1s caras a la literatura: sus incursiones en el mundo de los bebedores. Sobre todo, de los grandes bebedores.<\/p>\n<p>Habr\u00e1 que citar en consecuencia al dips\u00f3mano c\u00f3nsul de <strong><em>Bajo el volc\u00e1n<\/em><\/strong>, con quien me he tropezado en una de mis lecturas veraniegas: la recomendable biograf\u00eda del precozmente fallecido <strong>David Foster Wallace<\/strong>, un autor con su propio curr\u00edculum de adicciones donde el alcohol fue s\u00f3lo una nota a pie de p\u00e1gina. Para Wallace, las peripecias del embriagado h\u00e9roe que <strong>Cormac McCarthy<\/strong> dibuja en su novela <strong><em>Suttree<\/em><\/strong> son superiores art\u00edsticamente al retrato que<strong> Malcolm Lowry<\/strong> nos dej\u00f3 de su <strong>Geoffrey Firmin<\/strong>, cuyas andanzas entre vapores mexicanos muy bien\u00a0 se pudieron titular <em>Bajo el mezcal.<\/em> Desconozco la citada obra de McCarthy, como no he sucumbido tampoco a la de <strong>Kingsley Amis<\/strong>, de quien <strong>Malpaso<\/strong> acaba de publicar su apetitoso <strong><em>Sobreber<\/em><\/strong>, aunque s\u00ed he frecuentado m\u00e1s la de su hijo, <strong>Martin Amis<\/strong>, uno de mis autores predilectos y, como buen <em>british<\/em>, tambi\u00e9n entregado a la gimnasia del gin y otros destilados.<\/p>\n<p>M\u00e1s cerca de casa me pillan<strong> los caf\u00e9s<\/strong> que retrat\u00f3 la generaci\u00f3n de <strong>Cela<\/strong> y compa\u00f1\u00eda, donde se consum\u00edan las horas en la larga noche del franquismo. Los madrile\u00f1os caf\u00e9s de <strong><em>La Colmena<\/em><\/strong> o de <strong><em>Tiempo de Silencio<\/em><\/strong> perviven en mi memoria como una met\u00e1fora muy lograda de c\u00f3mo fue aquel tiempo que por edad no conoc\u00ed pero que, siendo propio de la \u00e9poca de mis padres, he rememorado aunque sea por persona interpuesta: gracias a los recuerdos familiares, claro, pero tambi\u00e9n gracias a la alucinada prosa de <strong>Mart\u00edn Santos<\/strong> de quien un d\u00eda fui muy devoto. Los caf\u00e9s poseen su propia literatura porque garantizan una atm\u00f3sfera muy peculiar, desbordantes de tipos dignos de ser retratados por una pluma \u00e1gil y comprometida con su tiempo, pero tambi\u00e9n ingresan en la esfera de los libros por una vertiente muy curiosa: los caf\u00e9s, entendidos como escritorio de algunos grandes de las letras. En el bar situado debajo de su domicilio confesaba el gran<strong> Pepe Hierro<\/strong> que se sentaba a escribir sus poemas y por los caf\u00e9s han deambulado con sus cuartillas unos cuantos grandes de esta disciplina, de <strong>Borges<\/strong> a <strong>Cort\u00e1zar<\/strong>, pasando por <strong>Joyce<\/strong> y <strong>Umbral<\/strong> y desembarcando en otro de mis favoritos, <strong>Claudio Magris<\/strong>. El escritor italiano suele pasar revista a la vida emboscado en el <strong>Caffe<\/strong> <strong>San Marco<\/strong> de <strong>Trieste<\/strong> y desde all\u00ed (donde lo vemos fotografiado por Daniele di Marco) dispara su l\u00facida escritura para benepl\u00e1cito de sus adictos.<\/p>\n<p>En un bar (concretamente, en un coqueto velador sobre el <strong>Paseo de la Castellana<\/strong>) sit\u00faa mi admirado <strong>Javier Mar\u00edas<\/strong> cierta escena decisiva de su enorme <strong><em>Los enamoramientos<\/em><\/strong>, novela que tanto me conmovi\u00f3, y por bares de toda condici\u00f3n (y sobre todo mucho humo) se mov\u00edan con l\u00e1nguida elegancia los h\u00e9roes de <strong>Hammet<\/strong>, <strong>Chandler<\/strong> y ep\u00edgonos, incluido mi <strong>Ross McDonald<\/strong>, tan querido. Voy citando a bote pronto los v\u00ednculos entre alcohol y literatura que se me van ocurriendo, repasando mis lecturas m\u00e1s cercanas, y compruebo que se trata de dos universos que se alinean con tanta frecuencia como provecho. Supongo que los bares, como escenarios de un cierto imaginario literario, predisponen a los escritores a encontrar la magia que buscan en sus incursiones por el territorio de la ficci\u00f3n. Y supongo que en los bares nos reconocemos quienes pertrechados de nuestros libros de cabecera exploramos los conflictos y avatares ocultos entre las mejores p\u00e1ginas que nos han ido construyendo la personalidad. Y en los bares, en fin, se forja esa alianza entre la inspiraci\u00f3n y la botella tan cara a la historia de la literatura. Entre lectura y lectura,\u00a0 entre trago y trago.<\/p>\n<p>P.D. De la gran literatura a la letra peque\u00f1a del papel prensa, el verano me ha tra\u00eddo la confirmaci\u00f3n por distintos frentes de que los bares, como ya se intu\u00eda por aqu\u00ed, forman tendencia. Su riqu\u00edsima vida convierte la estancia en su interior en una expedici\u00f3n harto interesante, pr\u00f3diga en ratos magn\u00edficos. Lo corrobora este estupendo art\u00edculo titulado <a href=\"http:\/\/www.jotdown.es\/2014\/08\/alcoholes\/\" target=\"_blank\"><em>Alcoholes<\/em> <\/a>que pesqu\u00e9 en Jot Down: lo firma el gran <strong>Marcos Ord\u00f3\u00f1ez<\/strong> y lo rescato porque me parece, que en cierto sentido, es un enfoque barcelon\u00e9s de algo parecido a lo que contamos en este blog. Algo as\u00ed como<strong> Barcelona en sus bares<\/strong>. Espero que guste al improbable lector.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Una coalici\u00f3n de azares ha depositado sobre mi teclado una sugerente invitaci\u00f3n: por qu\u00e9 no destinar un rato a reflexionar sobre bares y letras. Es decir, de c\u00f3mo nuestras lecturas se han emparentado alguna vez con ese memorable cosmos formado por las barras y los tragos. 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