{"id":390,"date":"2014-10-18T07:57:23","date_gmt":"2014-10-18T07:57:23","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/?p=390"},"modified":"2014-10-18T07:57:23","modified_gmt":"2014-10-18T07:57:23","slug":"bares-de-carretera","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/2014\/10\/18\/bares-de-carretera\/","title":{"rendered":"Bares de carretera"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2014\/10\/blog.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-full wp-image-391\" title=\"Fachada del Duque de Medinaceli. Foto extra\u00edda de su p\u00e1gina web\" src=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2014\/10\/blog.jpg\" alt=\"Fachada del Duque de Medinaceli. Foto extra\u00edda de su p\u00e1gina web\" width=\"600\" height=\"445\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2014\/10\/blog.jpg 600w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2014\/10\/blog-300x223.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 600px) 100vw, 600px\" \/><\/a><\/p>\n<p>Este blog ha protagonizado anta\u00f1o alguna escapada fuera de su universo tradicional, <strong>Logro\u00f1o<\/strong>. Ha visitado bares de otros lugares (qu\u00e9 lugares), incursionado en los alrededores de la capital riojana y picoteado por aqu\u00ed y por all\u00e1, antes de regresar siempre a casa. Hoy tambi\u00e9n toca excursi\u00f3n: movido por la curiosidad que despierta cierta tipolog\u00eda, el llamado <strong>bar de carretera<\/strong>, y pensando que es una suerte de establecimiento que ha vivido tiempos mejores y cuya desaparici\u00f3n tal vez se aproxima, me parece llegada la hora de rendirle tributo.<\/p>\n<p>Y lo hago empezando por mi favorito: el <strong>Duque<\/strong>, sito en el municipio soriano de <strong>Medinaceli<\/strong>, al pie de la carretera&#8230; Que ya casi no es carretera: desde que se inaugur\u00f3 la autopista que en paralelo une <strong>Zaragoza<\/strong> y <strong>Madrid<\/strong>, al igual que otros locales situados en la misma tesitura ha tenido que acostumbrarse a ver c\u00f3mo la clientela disminuye. Lo que no desciende, sin embargo, es la atenci\u00f3n que se presta al viajero: trato esmerado, barra de confianza para el cafelito ma\u00f1anero o vespertino (acompa\u00f1ado de una insuperable bayonesa), cort\u00e9s servicio a la antigua (mi favorito) y unas estanter\u00edas donde se despachan los mejores productos de la tierra y su contorno. Incluido un hallazgo reciente: los miniadoquines. Esto es, las golosinas t\u00edpicas de Arag\u00f3n que ahora se ofrecen en formato minimal. En consecuencia, sospecho que en lugar de los habituales ripios que decoraban el interior del envoltorio, ahora se escribir\u00e1n haikus.<\/p>\n<p>El atractivo del Duque se combina en invierno con su espectacular Nacimiento, un deslumbrante Bel\u00e9n que ocupa la barra del interior, y durante todo el a\u00f1o con su comedor: un hogare\u00f1o recinto donde se come estupendamente, con ese estilo de cocina burguesa que uno tanto a\u00f1ora. A quien le gusten tanto las migas como a quien esto escribe, que anote el Duque en su agenda camino de Madrid: las sirven con gajos de naranja en lugar de granos de uva e incluyen un secreto que las hace m\u00e1s jugosas y no tengo permiso para desvelar.<\/p>\n<p>El Duque me sirve tambi\u00e9n para volver sobre mis pasos y recordar que, en efecto, estos establecimientos han vivido mejores d\u00edas. Su gran aliado, como se deduce de la expresi\u00f3n &#8216;bar de carretera&#8217;, era eso: la carretera. Y al igual que ocurre en Medinaceli, all\u00e1 donde se ha visto sustituida por una autopista a mayor gloria de la seguridad vial el bar desaparece de nuestro horizonte y cede el testigo a esas<strong> \u00e1reas de servicio<\/strong>, tan uniformes como mejorables. Quien haya comido, bebido o tomado un triste tentempi\u00e9 memorables en alguna de ellas, que levante la mano. No: no hay nadie a favor en la sala.<\/p>\n<p>Anta\u00f1o suced\u00eda todo lo contrario. Quien peine alguna cana recordar\u00e1 los tiempos anteriores al <strong>GPS<\/strong>, cuando el cabeza de familia preparaba el viaje aquilatando horarios, sopesando itinerarios y colocando entre salida y destino una imaginaria chincheta en el mapa de carreteras: all\u00ed era donde tocaba parar. En los trayectos cortos, tipo <strong>Logro\u00f1o-Pamplona<\/strong>, esa paradita se pod\u00eda evitar. Pero en los desplazamientos m\u00e1s largos, ya se sab\u00eda que para llegar a Zaragoza era inevitable detenerse en <strong>Tudela<\/strong>. Y de camino hacia <strong>Bilbao<\/strong>, en alguna de las fondas o ventas que remataban el puerto que se eligiera para ascender desde el valle del Ebro en direcci\u00f3n al Cant\u00e1brico; otro tanto suced\u00eda si el punto de destino era <strong>San Sebasti\u00e1n<\/strong> o <strong>Santander<\/strong>.<\/p>\n<p>Aquella Espa\u00f1a interior muri\u00f3 a manos del mapa radial de autopistas, lo cual est\u00e1 muy bien pero quita romanticismo al viaje. Uno apenas ha frecuentado la ruta que lleva por <strong>Burgos<\/strong> hacia Madrid porque siempre prefiri\u00f3 cruzar <strong>Piqueras<\/strong> cuando hab\u00eda que rendir cuentas en la <strong>capital del Reino<\/strong>, pero conoce a toda esa legi\u00f3n de peregrinos que besa el suelo cada vez que pisa <strong>Landa<\/strong> o <strong>Tudanca<\/strong> o sus hermanas peque\u00f1as. Son esos bares de carretera donde el anecdotario familiar, las escapadas con la pareja o los viajes de trabajo (una expresi\u00f3n que tiene algo de contradicci\u00f3n en sus t\u00e9rminos) se engordan y adquieren aires de leyenda. Lo cual resulta muy pertinente, porque se unen dos mundos de alto poder simb\u00f3lico. Los bares y la carretera: c\u00f3mo olvidar las visitas al Duque de Medinaceli, la ch\u00e1chara con los due\u00f1os (tres generaciones al frente), el sabor de la bayonesa, el aroma de las migas y la m\u00edstica del viaje.<\/p>\n<p>P.D. El bar de carretera admite distintas versiones: para ciertos viajeros, incluso Logro\u00f1o y sus bares pertenecen a ese territorio. Porque era habitual en los tiempos del <strong>Seiscientos<\/strong> que las carreteras cruzaran las ciudades, los viajeros se detuvieran en ellas, estirasen las piernas y conocieran su oferta hostelera. Por ejemplo, para la familia <strong>Delibes<\/strong>, su bar de carretera se situaba en Logro\u00f1o y m\u00e1s que un bar, era un restaurante: el <strong>Cachetero<\/strong>. Sus hijos cuentan c\u00f3mo el cabeza de familia y llorado escritor se las apa\u00f1aba para cruzar siempre por Logro\u00f1o camino de <strong>Valladolid<\/strong>, aparcar cerca del <strong>Espol\u00f3n<\/strong> e ingresar en la popular casa de comidas de la <strong>calle Laurel<\/strong> para regalarse unas verduras, unas hortalizas, algo de casquer\u00eda o un asado. Un motivo m\u00e1s para reconocer el talento del autor de \u2018Los santos inocentes\u2019: a su ingenio como escritor le acompa\u00f1aba un rico olfato como gourmet.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Este blog ha protagonizado anta\u00f1o alguna escapada fuera de su universo tradicional, Logro\u00f1o. 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