{"id":44,"date":"2012-12-24T09:44:23","date_gmt":"2012-12-24T09:44:23","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/?p=44"},"modified":"2012-12-24T09:44:23","modified_gmt":"2012-12-24T09:44:23","slug":"el-bar-de-hopper","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/2012\/12\/24\/el-bar-de-hopper\/","title":{"rendered":"El bar de Hopper"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2012\/12\/hopper.nighthawks.jpg\"><img loading=\"lazy\" src=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2012\/12\/hopper.nighthawks.jpg\" alt=\"Nighthawks, 1942. \u00d3leo sobre lienzo ( Chicago, Art Institute), obra de Edward Hopper\" title=\"Nighthawks, 1942. \u00d3leo sobre lienzo ( Chicago, Art Institute), obra de Edward Hopper\" width=\"1234\" height=\"673\" class=\"alignnone size-full wp-image-45\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2012\/12\/hopper.nighthawks.jpg 1234w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2012\/12\/hopper.nighthawks-300x164.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2012\/12\/hopper.nighthawks-768x419.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2012\/12\/hopper.nighthawks-1024x558.jpg 1024w\" sizes=\"(max-width: 1234px) 100vw, 1234px\" \/><\/a><\/p>\n<p>Paso cada ma\u00f1ana por su puerta desde hace meses y todav\u00eda no he visto adentro a ning\u00fan cliente. Supongo que en alg\u00fan momento de su vida habr\u00e1 conocido a alguien acodado en su barra, o sentado en las mesas interiores, o bien disfrutando de su terraza, pero sospecho que tal prodigio no ser\u00e1 muy habitual. Y lo supongo por el aire conformista con que veo al due\u00f1o del bar abrir sus puertas, acomodarse en una silla y ponerse a rellenar crucigramas. Apilados a su vera, observo tambi\u00e9n un pu\u00f1ado de peri\u00f3dicos y revistas atrasadas, a la espera de ser consultados como terapia para afrontar cada jornada, que a primera hora ya tiene la pinta de ser larga. Muy larga. Mientras su amo se entretiene leyendo, nadie entra tampoco en el bar. La resignaci\u00f3n invade ya cada rinc\u00f3n: ni siquiera se ha molestado en dar las luces.<br \/>\nYa es de noche. Cuando regreso a casa, apenas una d\u00e9bil bombilla ilumina el interior. Nuestro hombre sigue aguardando al misterioso cliente que nunca aparece; el d\u00eda languidece y tan solo una charla casual y furtiva con un vecino le alegra un par de minutos. Luego regresa a su guarida, donde a veces parpadea un televisor que parece anclado en la edad anal\u00f3gica. A veces, cuando cruzo ante su puerta, desear\u00eda que un milagro se hubiera obrado y la clientela acudiera en masa a tomarse un caf\u00e9 o paladear un vino. En otras ocasiones, pienso sin embargo que hay algo cautivador en esta atm\u00f3sfera sombr\u00eda que derrama el bar y me parece que si su suerte cambiara tambi\u00e9n le abandonar\u00eda el encanto destartalado que me ha conquistado. Lo siento por el due\u00f1o, pero yo lo prefiero as\u00ed.<br \/>\nEl ambiente peculiar de los bares sin clientes ha inspirado una hermosa literatura, sobre todo norteamericana, y resulta muy caro tambi\u00e9n al cine. Recuerdo el bar de F<strong>at City<\/strong>, donde paseaba sus miserias el h\u00e9roe de <strong>John Huston<\/strong>, y no olvido tampoco a todos esos innumerables bares sin nombre donde ahogan sus penas en alcohol los protagonistas de tantas pel\u00edculas, aliviados por un camarero eficaz y silencioso contra quien rebota el eco de sus fracasos. Y me viene a la memoria el estupendo lienzo de <strong>Hopper<\/strong>, artista cuya sabidur\u00eda supo atrapar el alma de nuestra civilizaci\u00f3n, la soledad que rodea al hombre contempor\u00e1neo en cuadros como el que acompa\u00f1a estas l\u00edneas. En su barra, al menos s\u00ed hay alg\u00fan cliente. Exactamente tres. Un caballero de espaldas y una pareja que parece conversar con el camarero; en realidad, podr\u00eda ocurrir que no hablaran con nadie, que se limitaran a mirar hacia el horizonte que aqu\u00ed parece poco prometedor. A trav\u00e9s del ventanal asoma una calle inh\u00f3spita, intercambiable. Intuimos que pertenece a <strong>Estados Unidos<\/strong> pero ese paisaje urbano que se precipita sobre el abismo de la oscuridad puede pertenecer a cualquier ciudad.<br \/>\nIncluso a <strong>Logro\u00f1o<\/strong>. Si Hopper resucitara un d\u00eda y se diera una vuelta por nuestras calles, tal vez reparase en este bar sin clientes que me tiene hipnotizado. Hasta es posible que en lugar de retratar su esp\u00edritu f\u00fanebre, prefiriese penetrar en \u00e9l y saltar al otro lado del cuadro. El arte dentro del arte. El aut\u00e9ntico bar de Hopper.<\/p>\n<p>P.D. La crisis, la dichosa crisis, ha golpeado el consumo y se ha cebado con el sector de la hosteler\u00eda. As\u00ed que bares donde entre poca gente\u2026 En fin, que hay unos cuantos. Una pena. Una pena cuantificada. Amablemente, Juan Donaire me pasa desde la <strong>C\u00e1mara de Comercio<\/strong> unos datos que deparan una sombr\u00eda fotograf\u00eda de la situaci\u00f3n: entre el 2006 y el 2011, desapareci\u00f3 cerca del 9% por ciento de bares y restaurantes en Logro\u00f1o. La ca\u00edda es mayor en <strong>La Rioja<\/strong>: en el entorno del 30%. Lo dicho: una pena.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Paso cada ma\u00f1ana por su puerta desde hace meses y todav\u00eda no he visto adentro a ning\u00fan cliente. Supongo que en alg\u00fan momento de su vida habr\u00e1 conocido a alguien acodado en su barra, o sentado en las mesas interiores, o bien disfrutando de su terraza, pero sospecho que tal prodigio no ser\u00e1 muy habitual. 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