{"id":445,"date":"2015-02-20T08:13:04","date_gmt":"2015-02-20T08:13:04","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/?p=445"},"modified":"2015-02-20T08:13:04","modified_gmt":"2015-02-20T08:13:04","slug":"los-primeros-chinos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/2015\/02\/20\/los-primeros-chinos\/","title":{"rendered":"Los primeros chinos"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2015\/02\/chinos.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-full wp-image-446\" title=\"Jugarse la ronda a los chinos\" src=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2015\/02\/chinos.jpg\" alt=\"Jugarse la ronda a los chinos\" width=\"636\" height=\"288\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2015\/02\/chinos.jpg 636w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2015\/02\/chinos-300x136.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 636px) 100vw, 636px\" \/><\/a><\/p>\n<p>Entre las m\u00e1s acendradas tradiciones que el viento de la modernidad expuls\u00f3 de nuestros bares figura una cuya ausencia clama al cielo: la <strong>tertulia<\/strong>. Quiere decirse que el bar no es s\u00f3lo el lugar donde quedamos a tomar esa consumici\u00f3n frugal y si te he visto no me acuerdo, el cafelito vertiginoso, un vino y vamos al siguiente, una cerveza y para casa. Anta\u00f1o, el bar era un lugar donde apalancarse un rato largo, tal vez porque hab\u00eda m\u00e1s tiempo y m\u00e1s tiempo que perder, expresi\u00f3n que me encanta porque encierra una profunda sabidur\u00eda. Perder el tiempo suele ser una manera elegante y sabia de ganar algo: ganar conocimiento, capacidad para la empat\u00eda, habilidad para el duelo dial\u00e9ctico&#8230; Todos esos valores s\u00ed que se han perdido, incluyendo cierta predisposici\u00f3n a atender lo que otros tienen que contarnos. Que en eso consiste la tertulia de toda la vida, no la actual, dominada justamente lo contrario. Hoy, un <strong>tertuliano<\/strong> es m\u00e1s bien alguien que aburre al otro con su palabrer\u00eda y la tertulia, una confrontaci\u00f3n de mon\u00f3logos.<\/p>\n<p>Encuentro que de un tiempo a esta parte, sin embargo, hay alguna posibilidad de redenci\u00f3n. Tropec\u00e9 la otra tarde con un reportaje de la revista <strong>Vanity Fair<\/strong> donde precisamente se anotaba el regreso de la tertulia, asociado al universo hostelero. En unas cuantas ciudades menudean locales, al estilo de los<strong> clubes inglese<\/strong>s, donde se resucita el noble rito de la conversaci\u00f3n distendida, la posibilidad de arreglar el mundo a partir de la educada ch\u00e1chara de unos y de otros, la esgrima en el debate como una de las bellas artes puesto que requiere ingenio, alguna erudici\u00f3n, sentido del humor y capacidad de encaje. Virtudes hoy en retirada que deber\u00edamos sin embargo preservar. Y no es casualidad que reaparezcan al calor de los bares: la moderada ingesta de alcohol e infusiones suele contribuir a abrillantar lenguas y caletres, de modo que desde antiguo se asocian ambas vertientes. La de hablar por hablar y la de beber por beber.<\/p>\n<p>En el Logro\u00f1o actual apenas unos par de bares fomentan estas dos gimnasias, seg\u00fan tengo observado. El <strong>Moderno<\/strong> y el <strong>Bret\u00f3n<\/strong>. Ninguno de los dos, sin embargo, en la misma proporci\u00f3n que cuando uno gastaba pantal\u00f3n corto y observaba a sus mayores discutir largas horas al pie del estribo en su bar de cabecera o sentados en los butacones arracimados por el local. As\u00ed recuerdo por ejemplo el antiguo <strong>La Granja<\/strong>, con sus tertulianos atacando y defendi\u00e9ndose desde primera hora de la ma\u00f1ana mientras sorteaban <strong>los cruasanes del camarero Santos<\/strong>.\u00a0Eran diatribas inofensivas, que casi nunca pasaban a mayores, engarzadas por un argumento de peso: la amistad. Aquellas gentes eran amigas o al menos camaradas, que no es lo mismo pero que a veces resulta una condici\u00f3n de m\u00e1s largo alcance. Sol\u00edan acabar sus coloquios en franca armon\u00eda, establecida a partir de un rito que no admit\u00eda discusi\u00f3n: <strong>jugarse la consumici\u00f3n<\/strong>. A los <strong>dados<\/strong> o a los <strong>chinos<\/strong>.<\/p>\n<p>En una reciente necrol\u00f3gica publicada en <strong>Diario LA RIOJA<\/strong> observ\u00e9 c\u00f3mo el elogio del finado inclu\u00eda la a\u00f1oranza de los tiempos en que, en efecto, los dados culminaban el encuentro con los amigos en muchos<strong> bares logro\u00f1eses.\u00a0<\/strong>En este caso particular, se anotaba que el fallecido guardaba un completo registro de todas esas partidas que se ha llevado el tiempo: qui\u00e9n gan\u00f3, cu\u00e1ndo, con qu\u00e9 jugada&#8230; Maravilloso. Y con los chinos, otro tanto: as\u00ed entr\u00f3 en nuestro diccionario juvenil aquella voz, chino, hasta entonces restringida a las pel\u00edculas de <strong>Fumanch\u00fa<\/strong> y al cocinero de la familia <strong>Cartwright<\/strong>, due\u00f1a del rancho <strong>Bonanza<\/strong>.<\/p>\n<p>Ya nadie juega a los chinos, con una esplendorosa excepci\u00f3n hasta donde uno conoce. Me reencontr\u00e9 con ella recientemente y fue como volver a la infancia. En la cafeter\u00eda del <strong>Carlton<\/strong>, a media ma\u00f1ana, se re\u00fanen todav\u00eda (\u00a1Todav\u00eda!, qu\u00e9 envidia) los <strong>Ciriza, Pedrosa, Zueco, Alloza, Conde-Pumpid<\/strong>o y compa\u00f1\u00eda. Por esas cosas de la biolog\u00eda van desapareciendo de la antigua tertulia muchos de sus miembros m\u00e1s veteranos, pero al menos estos cinco resisten. Resisten en plena forma: hablan, se permiten alg\u00fan chiste, alguna confidencia, arreglan el mundo y al mediod\u00eda se marchan por donde han venido. Engrasan el valor de la palabra y el valor de la amistad, dos virtudes en retroceso que merecen que alguien se tome la molestia de perpetuarlas como este quinteto. Y como adem\u00e1s pervive en sus tertulias el juego de los chinos, pienso si no habr\u00e1 llegada la hora en que el <strong>Ayuntamiento<\/strong> les preserve a ellos como lo que son: los caballeros de un tiempo en v\u00edas de extinci\u00f3n que se han ganado el respeto de sus convecinos. Al menos, el de quien esto firma.<\/p>\n<p>P.D. Los chinos, seg\u00fan cuenta el peri\u00f3dico <a title=\"http:\/\/www.abc.es\/20120316\/sociedad\/abci-juego-chinos-espanol-201203151036.html\" href=\"http:\/\/www.abc.es\/20120316\/sociedad\/abci-juego-chinos-espanol-201203151036.html\" target=\"_blank\">ABC<\/a>, son un invento espa\u00f1ol. Concretamente leon\u00e9s y datado en el siglo XVIII, cuya nomenclatura se debe a que en el interior de la mano de cada jugador se ocultaba una china, esto es, una piedra peque\u00f1a. De china a chino, el juego alcanz\u00f3 ancha notoriedad en la Espa\u00f1a de los a\u00f1os 60, llegando a disputarse incluso campeonatos y otorg\u00e1ndole una fama que nace de su idoneidad para mejorar la destreza de quienes lo practican en el c\u00e1lculo r\u00e1pido y el juego estad\u00edstico de posibilidades. <strong>Jos\u00e9 Antonio Hidalgo<\/strong>, biznieto que dice ser del fundador de este popular pasatiempo, don Felipe Valde\u00f3n, recuerda que su antepasado era pastor de oficio, lo cual ayuda a comprender c\u00f3mo se le ocurri\u00f3 la idea: como si fuera un solitario. Un entretenimiento para combatir las interminables horas de guarda y custodia del ganado, de donde salt\u00f3 al resto del orbe patrio hasta triunfar en un escenario ins\u00f3lito: los bares de carretera, lupanares o como quiera el lector denominarlos. Los clientes se jugaban las rondas con las chicas y de ah\u00ed la popularidad que alcanz\u00f3 y se acab\u00f3 extendiendo en aquella Espa\u00f1a del blanco y negro. Una popularidad que ces\u00f3 de s\u00fabito: si usted tropieza hoy con alguien jug\u00e1ndose la consumici\u00f3n a los chinos, es que est\u00e1 viendo <strong>Cu\u00e9ntame<\/strong>.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Entre las m\u00e1s acendradas tradiciones que el viento de la modernidad expuls\u00f3 de nuestros bares figura una cuya ausencia clama al cielo: la tertulia. 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