{"id":480,"date":"2015-04-24T07:19:29","date_gmt":"2015-04-24T07:19:29","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/?p=480"},"modified":"2015-04-24T07:19:29","modified_gmt":"2015-04-24T07:19:29","slug":"los-bares-sin-nombre","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/2015\/04\/24\/los-bares-sin-nombre\/","title":{"rendered":"Los bares sin nombre"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2015\/04\/briones.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-full wp-image-481\" title=\"Bar sin nombre, en Briones\" src=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2015\/04\/briones.jpg\" alt=\"Bar sin nombre, en Briones\" width=\"600\" height=\"448\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2015\/04\/briones.jpg 600w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2015\/04\/briones-300x224.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 600px) 100vw, 600px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">El pasado verano, recogiendo una amable invitaci\u00f3n de la <strong>revista Coda<\/strong>l que edita el<strong> Instituto de Estudios Riojanos<\/strong>, colabor\u00e9 con un art\u00edculo donde, con un esp\u00edritu menos informal que el empleado para las entradas de este <strong>blog<\/strong>, reflexionaba sobre la aportaci\u00f3n del bar al imaginario riojano, desde la ciudad al mundo rural. <strong>Logro\u00f1o<\/strong>, epicentro de este blog, pertenece al primer \u00e1mbito, aunque como nativo de la <strong>calle Portales<\/strong> siempre he pensado que mi ciudad natal se trata m\u00e1s bien de un pueblo que ha ido a m\u00e1s. A m\u00e1s, en cuanto a extensi\u00f3n: en su yo m\u00e1s \u00edntimo, Logro\u00f1o sigue siendo para m\u00ed mi pueblo. Mi pueblerina cuna, a la que tanto debo. De modo que cuando uno se aleja de los bares del centro, ese alma rural tan cautivadora y atractiva surge de modo natural y se manifiesta en la supervivencia de los bares nuestros de cada d\u00eda.<strong> Bares viejunos, bares de barrio<\/strong>, que han merecido aqu\u00ed alguna entrada y la seguir\u00e1n mereciendo. Porque uno, en su humilde condici\u00f3n de cliente de unos cuantos de ellos, se sigue sintiendo en deuda por su contribuci\u00f3n a forjar la identidad ciudadana. S\u00e9 que me repito, pero ah\u00ed va mi reflexi\u00f3n ya algo manoseada: el bar es faro y br\u00fajula de una sociedad. De una cierta manera de entender nuestra civilizaci\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Sobre este particular han reflexionado tambi\u00e9n dos compa\u00f1eros en esta casa com\u00fan de <strong>Diario LA RIOJA, P\u00edo Garc\u00eda<\/strong> y <strong>Justo Rodr\u00edguez<\/strong>, cuyas andanzas por La Rioja habr\u00e1n podido seguir sus lectores en las p\u00e1ginas del decano de la prensa regional durante todo el 2014, que conmemor\u00f3 envi\u00e1ndolos de paseo su 125 aniversario del peri\u00f3dico y record\u00f3 de paso el viaje similar que a\u00f1os ha protagonizaron otros dos veteranos colegas,<strong> Roberto Iglesias<\/strong> y el fot\u00f3grafo <strong>Herce<\/strong>. En sus traves\u00edas, ambos comprobaron lo arriba citado. Que pocas instituciones como el bar vertebran el territorio riojano, hermanan el valle y la sierra, oxigenan la mortecina vida de los municipios menos poblados. En este <a title=\"http:\/\/www.larioja.com\/la-rioja\/201411\/20\/bares-lugares-20141120124328.html\" href=\"http:\/\/www.larioja.com\/la-rioja\/201411\/20\/bares-lugares-20141120124328.html\" target=\"_blank\">art\u00edculo<\/a>, P\u00edo Garc\u00eda escribi\u00f3 sobre el particular en la web de Diario LA RIOJA\u00a0<\/span>e ilustr\u00f3 sus cavilaciones con unas estupendas fotos de Justo Rodr\u00edguez, que retrataban el alma de esos bares donde la memoria sentimental de todo un pueblo se fermenta y se custodia. Bares tan especiales, con tanto estilo, que a veces ni siquiera tienen nombre. No lo necesitan.<\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">V\u00e9ase el bar de la foto que ilustra estas l\u00edneas. Tropec\u00e9 con \u00e9l deambulando hace unos d\u00edas por <strong>Briones<\/strong>, estupendo lugar por donde llevaba tiempo sin detenerme. El bar estaba abierto pero nadie atend\u00eda en su interior. S\u00f3lo resonaba el eco de la tele, que se desparramaba por partida doble a diestra y siniestra. Las venerables mesas de formica aguardaban a los imaginarios clientes que a esa hora, media tarde, se resist\u00edan a entrar. Del fantasmal camarero nada se sab\u00eda ni nada se supo. Ni el sonido de mis pisadas le arranc\u00f3 de su invisible presencia. Como no se materializ\u00f3, no pudo por lo tanto responder a la pregunta que me intrigaba: c\u00f3mo se llama su bar. Porque ning\u00fan r\u00f3tulo descifraba el enigma, no hab\u00eda rastros de su nomenclatura en rinc\u00f3n alguno, ni letrero que despejara el misterio. Incluso la amable carnicera de la esquina se sorprendi\u00f3 cuando le traslad\u00e9 a ella la pregunta. Mir\u00f3 a trav\u00e9s de la puerta de su negocio y comprob\u00f3, como si viera por primera vez el bar de enfrente con esos nuevos ojos, que en efecto carec\u00eda de nombre. Cuesti\u00f3n que aclar\u00f3 acto seguido. \u201cAqu\u00ed siempre le llamamos<strong> el bar de Martin<\/strong>a\u201d, respondi\u00f3.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">El bar de Martina, en consecuencia, no precisa rotulaci\u00f3n. Al menos para los vecinos de Briones, a quienes habr\u00e1 acompa\u00f1ado durante a\u00f1os ofreciendo la misma imagen que me regal\u00f3 a m\u00ed. Un bar de toda la vida. Un bar donde ir comprobando el paso del tiempo lentamente, en compa\u00f1\u00eda de las modas que s\u00f3lo ir\u00eda adoptando cuando dejaran de serlo, lo cual es una sabia manera de decantaci\u00f3n que me parece admirable. Casualmente, cerca del bar de Martina se aloja otro bar sin nombre, como me inform\u00f3 la misma gentil vecina. Otro bar que tampoco lo necesita: es<strong> el bar de Jos\u00e9 Luis<\/strong>, porque as\u00ed se llamaba un propietario anterior, en cuyo honor se ha perpetuado tal denominaci\u00f3n aunque luego haya pasado por otras manos y ahora acabe de reabrir, todav\u00eda sin nombre. <\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">Son los bares que fueron, los bares tal y como los recordamos en nuestro coraz\u00f3n, los bares que siempre ser\u00e1n. Garantizan una cierta atm\u00f3sfera, un intangible, un valor del que s\u00f3lo seremos conscientes cuando desaparezcan. Si un d\u00eda dejaran hu\u00e9rfana a su clientela producir\u00edan tal vez un efecto similar al d\u00eda en que decidieran rotular su nombre: nadie lo entender\u00eda. Porque tal rotulaci\u00f3n es redundante (no se necesita, tengo que insistir) y porque el municipio donde se alojan, el barrio que les alberga, dejar\u00eda de ser el mismo. Aunque suene a paradoja, su fortaleza reside en su anonimato. Porque es un anonimato s\u00f3lo figurado.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000;\">P.D. Mientras preparaba esta entrada, por esas casualidades que cada d\u00eda me desconciertan m\u00e1s, me lleg\u00f3 el encargo de colaborar con un libro cuya publicaci\u00f3n se prepara en torno, precisamente, a la rotulaci\u00f3n comercial. Es decir, c\u00f3mo se intitulan los comercios logro\u00f1eses, con un cap\u00edtulo dedicado al mundo de los bares. A todos aquellos bares que, al contrario de los arriba citados, s\u00ed que lucen orgullosos su nombre. <\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; El pasado verano, recogiendo una amable invitaci\u00f3n de la revista Codal que edita el Instituto de Estudios Riojanos, colabor\u00e9 con un art\u00edculo donde, con un esp\u00edritu menos informal que el empleado para las entradas de este blog, reflexionaba sobre la aportaci\u00f3n del bar al imaginario riojano, desde la ciudad al mundo rural. 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