{"id":50,"date":"2013-01-04T09:14:31","date_gmt":"2013-01-04T09:14:31","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/?p=50"},"modified":"2013-01-04T09:14:31","modified_gmt":"2013-01-04T09:14:31","slug":"nos-vemos-en-los-bares-bares-dedicados-vii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/2013\/01\/04\/nos-vemos-en-los-bares-bares-dedicados-vii\/","title":{"rendered":"Nos vemos en los bares (Bares dedicados VII)"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2013\/01\/30703190encodingjpgsize300fallbackdefaultImage1.jpeg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-full wp-image-51\" title=\"Portada del disco 'Nos vemos en los bares', de Celtas Cortos\" src=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2013\/01\/30703190encodingjpgsize300fallbackdefaultImage1.jpeg\" alt=\"Portada del disco 'Nos vemos en los bares', de Celtas Cortos\" width=\"300\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2013\/01\/30703190encodingjpgsize300fallbackdefaultImage1.jpeg 300w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2013\/01\/30703190encodingjpgsize300fallbackdefaultImage1-150x150.jpeg 150w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><\/p>\n<p>A petici\u00f3n de una gentil corresponsal, dedico esta entrada a la reivindicaci\u00f3n no tanto de un bar o de una ruta de bares como de una <strong>tendencia hostelero-sentimental<\/strong> a la que, de verdad, yo he sido bastante ajeno. Ella se refer\u00eda a ese rito inici\u00e1tico en las cosas de Cupido que ten\u00eda como escenario el entorno de ciertos garitos, improvisados pasos de paloma para la exhibici\u00f3n hormonal y el coqueteo juvenil a la hora del recreo escolar. Seg\u00fan su experiencia, lo de menos era el bocado que sirviera de tentempi\u00e9 a media ma\u00f1ana: lo esencial de aquellas excursiones entre clase y clase era acertar con un punto de encuentro a mitad de camino entre los colegios de chicos y de chicas, divisi\u00f3n entonces habitual. Un lugar intermedio donde observar la correcta evoluci\u00f3n de cada objeto de deseo generacional o comprobar si las nuevas hornadas se desarrollaban seg\u00fan lo previsto. Un sitio para ver y ser visto, donde hacer buena esa frase hecha seg\u00fan la cual todos en Logro\u00f1o nos vemos en los bares. Como dir\u00edan (y cantar\u00edan) los <strong>Celtas Cortos<\/strong>. Que sin embargo eran de <strong>Valladolid<\/strong>. Y bastante pesados, por cierto.<\/p>\n<p>Me cuentan que un enclave estrat\u00e9gico para este intercambio bastante inocente de miradas y chismorreos fue el <strong>Porto Novo de Ciriaco Garrido<\/strong>, que un\u00eda al atractivo de su oferta gastron\u00f3mica (la sempiterna tortilla de patata, que ah\u00ed sigue, encarnada ahora como Porto Vecchio) lo ajustado de sus precios y, sobre todo, una situaci\u00f3n inmejorable para el tr\u00e1fico de emociones juveniles entre los alumnos de <strong>Maristas<\/strong> y las estudiantes de <strong>Agustinas<\/strong>. No excluyo que tambi\u00e9n acudieran las m\u00e1s intr\u00e9pidas de entre las jovencitas de<strong> la Ense\u00f1anza<\/strong>, aunque les quedara a desmano, ni que asistieran tambi\u00e9n (como es obvio) las chicas de <strong>Adoratrices<\/strong>, a quienes les ca\u00eda m\u00e1s bien al lado. Como se puede deducir, demasiado trabajo para el alumnado masculino del <strong>colegio San Jos\u00e9<\/strong>, del que fui miembro durante una lejana \u00e9poca, cuando perpetrar tales actividades resultaba imposible: m\u00e1s que nada, porque los bolsillos no estaban para grandes fiestas. O llegabas a clase con el almuerzo solucionado desde casa o te lo procurabas a costa de codazos en la m\u00ednima barrita que daba a <strong>Calvo Sotelo<\/strong>, donde el bocata se despachaba barato, barato. Muy barato. Tanto, que una peque\u00f1a marea humana se echaba literalmente encima del religioso encargado del bar y liquidaba las existencias en apenas cinco minutos, una prisa entendible porque hab\u00eda que destinar el tiempo restante del asueto a lo realmente importante: el f\u00fatbol.<\/p>\n<p>Las chicas estaban por entonces tan alejadas de nuestro horizonte m\u00e1s cercano como los chicos para ellas; desde luego, nadie imaginaba que pudiera coincidir con el respectivo objeto de deseo en bar alguno, porque esa pr\u00e1ctica, la de ir a los bares, estaba vetada para nuestra quinta salvo que fu\u00e9ramos acompa\u00f1ados de padres o tutores. Como en el cine. Lo m\u00e1ximo que se nos conced\u00eda era frecuentarlas en alguna sala de juegos, donde solo ingresaban las m\u00e1s audaces con la excusa de poner m\u00fasica en alguna maquinita. Pienso en el <strong>Nico<\/strong>, tan vinculado tambi\u00e9n a Maristas, o en el vecino <strong>Toky<\/strong>. Los bares como nexo de encuentro mixto eran cosa del fin de semana, en la ya citada ruta por <strong>Cibeles<\/strong>, <strong>Vivero<\/strong> y dem\u00e1s templos del verm\u00fa dominical, que seg\u00fan me entero ahora sirvieron tambi\u00e9n para ese jueguecillo seductor del bocata del recreo ali\u00f1ado con miraditas. Una vez que colegios e institutos se poblaron de chicas y chicos a la vez, hubo que consignar otros enclaves decisivos en la educaci\u00f3n sentimental de los p\u00faberes logro\u00f1eses. As\u00ed, las hordas del <strong>Sagasta<\/strong> tomaron al asalto el <strong>Chup Chup de avenida de Navarra<\/strong> (con alg\u00fan desertor que optaba por <strong>La Esquina de la calle San Juan<\/strong>); en el <strong>D\u00b4Elhuyar<\/strong> se decantaron por el <strong>Neira<\/strong>; y, en fin, desde el ya extinto <strong>COU Valvanera<\/strong> se invadi\u00f3 el <strong>Sebas de Laurel<\/strong>, que a la hora del recreo no ofrec\u00eda resistencia. Es posible que en aquellas barras, entre bocado y bocado, se fraguara alg\u00fan noviazgo. Y seguro que para alguna parejita el primer beso tendr\u00e1 siempre sabor a tortilla de patata.<\/p>\n<p>P.D La tendencia de trasladar los centros escolares al extrarradio puede provocar dos efectos en materia de bares: uno, que el sector hostelero decida plantar sus locales all\u00e1 donde vea ni\u00f1os y ni\u00f1as en edad de consumir. Dos, el m\u00e1s probable: que vuelvan el t\u00e1per, el bocata envuelto en papel de aluminio, el taco de galletas y dem\u00e1s golosinas propias del avituallamiento a la hora del recreo. El <strong>nuevo Maristas<\/strong> carece de garitos a su alrededor, de modo que resulta temerario pensar en excursiones a <strong>Cascajos<\/strong> o al <strong>bar del San Pedro<\/strong> en busca del bocata perdido; otro tanto ocurre en <strong>Marianistas<\/strong>, excepto que alg\u00fan valiente se anime a salvar la rotonda e ingresar en <strong>el barrio de La Estrella<\/strong> a la hora del almuerzo; m\u00e1s suerte tienen por Alcaste: al menos el vecino ambig\u00fa del <strong>Adarraga<\/strong> sirve como escenario para el esparcimiento infantil al salir de clase.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A petici\u00f3n de una gentil corresponsal, dedico esta entrada a la reivindicaci\u00f3n no tanto de un bar o de una ruta de bares como de una tendencia hostelero-sentimental a la que, de verdad, yo he sido bastante ajeno. 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