{"id":516,"date":"2015-06-18T15:00:37","date_gmt":"2015-06-18T15:00:37","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/?p=516"},"modified":"2015-06-18T15:00:37","modified_gmt":"2015-06-18T15:00:37","slug":"el-cono-de-logrono","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/2015\/06\/18\/el-cono-de-logrono\/","title":{"rendered":"El cono de Logro\u00f1o"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2015\/06\/LaVenecianaMVallejo1.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-full wp-image-517\" title=\"La Veneciana de Marqu\u00e9s de Vallejo\" src=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2015\/06\/LaVenecianaMVallejo1.jpg\" alt=\"La Veneciana de Marqu\u00e9s de Vallejo\" width=\"162\" height=\"492\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2015\/06\/LaVenecianaMVallejo1.jpg 162w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2015\/06\/LaVenecianaMVallejo1-99x300.jpg 99w\" sizes=\"(max-width: 162px) 100vw, 162px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span>Llegaba de veraneo <strong>mi<\/strong> <strong>abuela Emilia<\/strong>, dejaba las maletas en casa y nos conminaba: &#8220;Vamos a tomar un <strong>mantecado&#8221;<\/strong>. Esa palabra me encantaba: mantecado. As\u00ed denominaba mi abuela a los <strong>helados<\/strong>, a todos los helados, en aquel tiempo en que apenas se pod\u00eda elegir entre dos o tres sabores: el de mantecado, en efecto, lim\u00f3n, chocolate&#8230; Poco m\u00e1s. De modo que peregrin\u00e1bamos raudos hasta<strong> La Veneciana<\/strong> y por el camino nos \u00edbamos preguntando qu\u00e9 clase de helados eran aquellos que para alguien como mi abuela, vecina de <strong>Barcelona<\/strong> nada menos, representaban el para\u00edso. \u00bfEn <strong>Logro\u00f1o<\/strong> se despachaban unos helados de los que carec\u00eda la llamada Ciudad Condal? La respuesta surg\u00eda espont\u00e1nea mientras los sabore\u00e1bamos: aunque fueran de Logro\u00f1o, aquellos eran unos helados fet\u00e9n. Inigualables.<\/span><\/p>\n<p><span>Con el paso del tiempo, La Veneciana de <strong>Marqu\u00e9s de Vallejo<\/strong> se ha instalado en mi coraz\u00f3n por razones que ahora no vienen a cuento, pero es que en realidad siempre estuvo ah\u00ed, en la regi\u00f3n donde habita la historia sentimental de quien esto escribe. Por sus helados, por supuesto, pero tambi\u00e9n por ese c\u00e9lebre luminoso de discreta elegancia, el m\u00e1s famoso cono de Logro\u00f1o que sigue saludando al paseante cuando llega desde <strong>El Espol\u00f3n<\/strong> y tropieza con mi vista ciudadana preferida, <strong>La Redonda<\/strong> al fondo. Ese r\u00f3tulo, la acerca festoneada por los chicles que la clientela lanzaba al suelo para atacar el codiciado cucurucho de insuperable barquillo, el helado regal\u00e1ndose y embadurn\u00e1ndote mientras te lo zampabas&#8230; Todo esto pertenece al equipaje emocional de tantos y tantos logro\u00f1eses, educados en la religi\u00f3n \u00fanica de La Veneciana hasta que lleg\u00f3 <strong>Isago<\/strong> a<strong> Vara de Rey<\/strong>: hasta que la propia casa matriz se despleg\u00f3 por el resto de la ciudad, hasta este momento actual en que la devoci\u00f3n que algunos sentimos por ese bocado fr\u00edo que nos sigue sabiendo a verano ya dispone en Logro\u00f1o de otros destinos.<\/span><\/p>\n<p><span>No ser\u00e1n lo mismo, claro. No ser\u00e1n los helados de nuestra infancia, aunque el d\u00eda en que me pareci\u00f3 oportuno saludar la llegada del verano con una entrada dedicada al helado pens\u00e9 antes si una helader\u00eda se puede considerar como <strong>un bar<\/strong>. Me contest\u00e9 a m\u00ed mismo que s\u00ed: que tomarse un helado en La Veneciana o en cualquier otra helader\u00eda representa un ejercicio de sincera fe en el modelo hostelero, porque este sector de la alimentaci\u00f3n en fr\u00edo dispensa tambi\u00e9n otros productos (desde caf\u00e9 a chocolate con churros, pasando por el <strong>granizado<\/strong>) y porque el helado, que solemos devorar mientras vamos caminando, tambi\u00e9n admite ser degustado en el interior de cada establecimiento. <\/span><\/p>\n<p><span>Aunque no de todos, cierto: la tendencia actual, frente a lo habitual anta\u00f1o, pasa por pedir el helado favorito, abonar la consumici\u00f3n y, luego de optar entre <strong>cucurucho<\/strong> o <strong>tarrina<\/strong>, irse con el bocado a otra parte. La helader\u00eda de siempre, por el contrario, garantizaba un ancho espacio en el local para la degustaci\u00f3n calmada, lo cual ocurre a\u00fan en alg\u00fan establecimiento de Logro\u00f1o as\u00ed como en esas helader\u00edas que sobreviven lejos de nosotros. Porque el fino catador de helados habr\u00e1 observado que tal cosa sucede en la monumental <strong>Giolitti<\/strong>, catedral del helado: ubicada en el coraz\u00f3n de <strong>Roma<\/strong>, junto al <strong>Pante\u00f3n<\/strong>, despacha su oferta con ejemplar generosidad y la tarifa a precios por cierto muy ajustados. Otro tanto ocurre en la tambi\u00e9n muy antigua <strong>Nossi B\u00e9<\/strong>, c\u00e9ntrica helader\u00eda <strong>bilba\u00edna<\/strong> que lleva funcionando junto al puente del <strong>Arenal<\/strong> desde 1911, cuando se fund\u00f3 como tostadero de caf\u00e9. Hoy ofrece cosas tan raras como helados de chipir\u00f3n o de bacalao al pil pil, seg\u00fan la costumbre que han ido adoptando otros maestros como el calahorrano <strong>Sirvent<\/strong> (gloria a su destreza heladera) o el extraordinario maestro logro\u00f1\u00e9s <strong>Fernando S\u00e1enz Duarte<\/strong>, a quien debemos bocados tan sutiles como el helado de l\u00edas de vino blanco&#8230; Se me hace la boca agua. Agua helada&#8230;<\/span><\/p>\n<p><span>Son s\u00f3lo algunas de las referencias que regalo al improbable lector de estas l\u00edneas, con la advertencia reproducida arriba: que habr\u00e1 mejores helados, pero que uno lleva en su coraz\u00f3n los de La Veneciana por fidelidad a su memoria y por lealtad a su ciudad, a la ciudad que recuerda de cuando era un cr\u00edo, llegaba la abuela Emilia y nos invitaba al mejor mantecado del mundo. <\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2015\/06\/helados.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-full wp-image-518\" title=\"Foto antigua de La Veneciana de Logro\u00f1o\" src=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2015\/06\/helados.jpg\" alt=\"Foto antigua de La Veneciana de Logro\u00f1o\" width=\"1600\" height=\"1052\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2015\/06\/helados.jpg 1600w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2015\/06\/helados-300x197.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2015\/06\/helados-768x505.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2015\/06\/helados-1024x673.jpg 1024w\" sizes=\"(max-width: 1600px) 100vw, 1600px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span>P.D. La <strong>familia Bez<\/strong> defiende La Veneciana desde que se implantara en Logro\u00f1o (inicialmente, en la calle <strong>Portales<\/strong>) procedente de <strong>San Sebasti\u00e1n<\/strong>. Las historias que relataba el inolvidable abuelo Augusto emocionaban a todo quien le escuchara: eran relatos tan memorables como su arrojo, su audacia empresarial, su capacidad de sacrificio. En San Sebasti\u00e1n, la casa madre de La Veneciana sigue recibiendo a la clientela igual que por Logro\u00f1o los descendientes de Augusto fueron luego desplegando su negocio por Gran V\u00eda, Juan XXIII, Vara de Rey y, de nuevo, Portales. Es decir, donde todo empez\u00f3, hoy a cargo de la tercera generaci\u00f3n. Su oferta se ha ido enriqueciendo con el paso del tiempo, de modo que supongo que cada logro\u00f1\u00e9s tendr\u00e1 su helado favorito. Por si alguien se lo pregunta, y tambi\u00e9n porque me apetece dejarlo por escrito, el m\u00edo fue, ha sido, es y ser\u00e1 el de siempre: su inmejorable <strong>helado de caf\u00e9<\/strong>.<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Llegaba de veraneo mi abuela Emilia, dejaba las maletas en casa y nos conminaba: &#8220;Vamos a tomar un mantecado&#8221;. Esa palabra me encantaba: mantecado. 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