{"id":545,"date":"2015-09-12T09:59:25","date_gmt":"2015-09-12T09:59:25","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/?p=545"},"modified":"2015-09-12T09:59:25","modified_gmt":"2015-09-12T09:59:25","slug":"a-las-cinco-en-chevalier-relato-corto","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/2015\/09\/12\/a-las-cinco-en-chevalier-relato-corto\/","title":{"rendered":"A las cinco en Chevalier (Relato corto)"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2015\/09\/chevalier.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-full wp-image-546\" title=\"Chevalier\" src=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2015\/09\/chevalier.jpg\" alt=\"Chevalier\" width=\"458\" height=\"105\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2015\/09\/chevalier.jpg 458w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2015\/09\/chevalier-300x69.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 458px) 100vw, 458px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El amigo <strong>C\u00e9sar Cantabrana<\/strong> se dirigi\u00f3 al guardi\u00e1n de este <strong>blog<\/strong> meses atr\u00e1s, animado a compartir aqu\u00ed sus reflexiones a partir de una menci\u00f3n entonces reciente al bar <strong>Chevalier<\/strong>, garito ubicado en <strong>avenida de Col\u00f3n<\/strong> all\u00e1 en el Pleistoceno. Como me encant\u00f3 lo que escribi\u00f3, le propuse publicarlo aqu\u00ed, cosa que acept\u00f3 encantado. As\u00ed que all\u00e1 va, con mi agradecimiento. Seguro que quienes lo lean disfrutan tanto como yo. Sobre todo, si conocieron el Chevalier en su \u00e9poca de mayor esplendor.<\/p>\n<p>&#8220;Entraron los cuatro amigos ri\u00e9ndose a carcajadas, d\u00e1ndose empujones como los borricos, vamos como cada s\u00e1bado por la tarde en la que, despu\u00e9s de ver la serie <strong>Heidi<\/strong>, quedaban a las 5 en punto en la puerta del Chevalier. Nadie entraba hasta que el \u00faltimo amigo llegaba para pasar todos juntos una divertida tarde de s\u00e1bado. El Chevalier era una cafeter\u00eda que se inaugur\u00f3 algunos a\u00f1os antes con muchas pretensiones y que, pasado el tiempo, no hab\u00eda sido capaz de cuajar entre la gente mayor y bien de <strong>Logro\u00f1o<\/strong> que segu\u00eda prefiriendo los viejos establecimientos instalados en el <strong>Espol\u00f3n<\/strong> como el Ibiza, el Ringo o el Noche y D\u00eda, en la calle Sagasta La Granja, el m\u00edtico Los Leones en Portales o las nuevas propuestas abiertas en Gran V\u00eda o en Avenida de Portugal como el Alevi o el Llacol\u00e9n.<\/p>\n<p>Avenida de Col\u00f3n no hab\u00eda sido una buena elecci\u00f3n. Pero lo que los due\u00f1os no hab\u00edan previsto es que iba a ser tomada, literalmente, por bandadas de adolescentes del colegio de enfrente. Aunque mayoritariamente la grey era de los hermanos <strong>Maristas<\/strong>, r\u00e1pidamente se incorporaron al local las cuadrillitas de ni\u00f1as de colegios pr\u00f3ximos y algunos chavales de <strong>Escolapios<\/strong> y otras bandas rivales de los temidos <strong>Jesuitas<\/strong>. El orgullo de pertenencia a un grupo estudiantil, la rivalidad deportiva, la presencia de j\u00f3venes pollitas y los ardores guerreros propios de adolescentes hormonados hac\u00edan del Chevalier, en aquel <strong>s\u00e1bado del 77<\/strong>, un polvor\u00edn apunto de estallar. Pero no. Por aquel entonces, los chicos de colegio bien dirim\u00edan sus conflictos no en peleas tabernarias si no sobre la arena o el barro de los campos de f\u00fatbol donde pod\u00edan clavarse a placer los tacos en las espinillas o gemelos, darse unos buenos codazos en la cara o un buen rodillazo en la rabadilla. Estaba permitido: estaban jugando al f\u00fatbol y por aquel entonces la masa de enfebrecidos padres a\u00fan no hab\u00edan llegado a los campos del anexo de <strong>Las Gaunas<\/strong>, a los del <strong>Loyola<\/strong>, Balsamaiso, <strong>Berceo<\/strong>, <strong>Atl\u00e9tico Riojano<\/strong>, <strong>La Uni\u00f3n<\/strong> en el barrio de <strong>Ballesteros<\/strong>, <strong>Villegas<\/strong> o el del <strong>Yag\u00fce,<\/strong> cuyo equipo estaba formado por los m\u00e1s temidos camorros de Logro\u00f1o. Era su guerra y all\u00ed, en el rect\u00e1ngulo de juego, cada ma\u00f1ana de domingo ard\u00eda el hacha. Luego, una pasada por la enfermer\u00eda, la ducha y a casa cojeando, pero satisfechos.<\/p>\n<p>Los amigos, que hac\u00eda poco hab\u00edan cumplido los 16, pidieron la cerveza con gaseosa de rigor y se sentaron en su mesa. Porque ten\u00edan la mesa del rinc\u00f3n del fondo, al lado de la m\u00e1quina<strong> Juke Box<\/strong>, en propiedad. Era una cuadrilla curiosa y un poco a contracorriente formada por un marista, un jesuita y dos hermanos que viv\u00edan desde hac\u00eda ya alg\u00fan tiempo en <strong>Pamplona<\/strong> pero que no dejaban de volver a Logro\u00f1o cada viernes despu\u00e9s terminar sus labores escolares en el colegio <strong>claretiano<\/strong>.\u00a0Esa cuadrilla era la m\u00e1s guapa, la m\u00e1s chula, la m\u00e1s lista y la m\u00e1s fuerte. O eso les parec\u00eda a ellos. Los cuatro eran amigos desde que abrieron los ojos ya que tres de ellos en tercera generaci\u00f3n, ya que sus padres y abuelos tambi\u00e9n lo eran. En aquel tiempo, en una peque\u00f1a ciudad de provincias, no resultaba raro. Y eran amigos a muerte, con todas sus consecuencias. Desde el punto de la ma\u00f1ana hasta las diez de la noche, en que ten\u00edan que volver obligatoriamente a sus casas, estaban juntos. Se les ve\u00eda pasear por Logro\u00f1o con las sempiternas bolsas de deporte <strong>Adidas Munich 72<\/strong> ya que entre la gimnasia del colegio, el f\u00fatbol en el <strong>Logro\u00f1\u00e9s<\/strong> Junior con sus entrenamientos, ligas y torneos, la bicicleta, tenis, nataci\u00f3n y piraguas en la <strong>H\u00edpica<\/strong> no hab\u00eda d\u00eda al a\u00f1o que las dejaran descansar.<\/p>\n<p>Los s\u00e1bados por la tarde quedaban muy prontito y se iban a motear por el <strong>camino viejo de Lardero<\/strong> hasta el <strong>monte La Pila<\/strong> donde apartados de miradas indiscretas encend\u00edan unos celtas cortos y sin boquilla. De vuelta a casa, a cambiarse y al Chevalier donde ya estar\u00eda el grupito de chavalas con las luego dar\u00edan unas vueltas por el &#8216;<strong>tont\u00f3dromo&#8217;<\/strong> oficial de la ciudad, marc\u00e1ndose delante de las pandillas rivales. El ruido del Chevalier era a todas horas ensordecedor, las risas, los gritos, las llamadas de mesa a mesa.. Tan solo alguna vez la ruidos muchachada, como por encantamiento, se callaba para escuchar la m\u00fasica que sal\u00eda de la juke box. La vieja m\u00e1quina de discos del Chevalier era uno de los \u00faltimos ejemplares que a\u00fan quedaban en los bares de Logro\u00f1o. A\u00fan se pod\u00eda encontrar a alguno de esos dinosaurios musicales como en el bar Bambi y en el Torrecilla de la <strong>Laurel<\/strong>. M\u00e1quinas que todav\u00eda cumpl\u00edan su labor y que por un pavo los tipos m\u00e1s duritos pod\u00edan escuchar el Hurricane de<strong> Bob Dylan<\/strong> o el I\u00b4m you de <strong>Peter Frampton<\/strong> y las chicas m\u00e1s rom\u00e1nticas el Linda de <strong>Miguel Bos\u00e9<\/strong> o El jard\u00edn prohibido del empalagoso<strong> Sandro Giacobbe.<\/strong><\/p>\n<p>Eran tiempos de cambio, el anciano general hab\u00eda muerto hac\u00eda muy poco pero ya se pod\u00edan escuchar los ritmos fren\u00e9ticos del after punk de los <strong>Ramones<\/strong> o el propio punk, que los m\u00e1s adelantados tra\u00edan, o hac\u00edan traer de las misteriosas islas brit\u00e1nicas, vinilos calentitos de grupos de los m\u00e1s raro, como los <strong>Smiths<\/strong>.\u00a0Tiempos de transici\u00f3n musical en los que conviv\u00edan <strong>Manolo Escobar<\/strong> con su Que viva Espa\u00f1a y los <strong>Sex Pistols<\/strong> con su God save the Queen. Los cuatro amigos apostaban decididamente por la m\u00fasica americana de los <strong>Chicago, Boston, Supertramp, Simon&#038;Garfunkel, Pink Floyd<\/strong> y, por supuesto, los <strong>Eagles<\/strong>, modernos donde los hubiera. En sus m\u00edticos guateques a oscuras en la bodega de la <strong>calle Mayor<\/strong> era lo que se escuchaba los domingos de 5 a 8.<\/p>\n<p>El Chevalier serv\u00eda como base de operaciones donde las amistades y los primeros amores se fraguaban en las atestadas mesas entre montones de c\u00e1scaras de pipas, ceniceros llenos de colillas y vasos vac\u00edos de <strong>Coca Cola<\/strong>. La tarde sal\u00eda barata en el Chevalier, unas 20 pelas a escote, 15 m\u00e1s en la obligada salida al <strong>Nico<\/strong> a jugar al futbol\u00edn y algunas pesetillas extra si comprabas algunos ducados por unidades. Tardes en las que muchas parejitas salieron de la mano pensando que su amor durar\u00eda toda la vida y casi todas no llegaron ni al final del curso. En esos tiempos las parejas las juntaban los amigos, es decir, a un chico le gustaba una chica de la cuadrilla de ni\u00f1as de la mesa de enfrente, se designaba un portavoz que hac\u00eda las labores de celestino con una de las amigas de la novia, generalmente la m\u00e1s fea porque hac\u00eda con sus amigas las labores de consejera o madre. \u00c9sta pasaba el recado a la interesada que ve\u00eda en la mesa de enfrente al pollo colorado como un tomate y decid\u00eda que s\u00ed o que no, entre las risas hist\u00e9ricas y codazos de sus amigas. Si la respuesta era positiva, ya pod\u00edan empezar a salir agarrados del Chevalier con su reci\u00e9n conseguido status de novios oficiales.<\/p>\n<p>As\u00ed pasaba una generaci\u00f3n, la m\u00eda, la vida en aquellos a\u00f1os adolescentes de finales de los felices a\u00f1os 70 cuando todo era pura emoci\u00f3n, alegr\u00eda, risa, primeros cigarrillos y la m\u00fasica de vinilo en las inolvidables tardes de s\u00e1bado que empezaban, obligatoriamente, a las 5 en Chevalier&#8221;.<\/p>\n<p>Fin<br \/>\nJunio 2015<\/p>\n<p>A la memoria de <strong>Richard<\/strong> y <strong>Alvarito<\/strong>, dos de los cuatro magn\u00edficos, que subieron al cielo antes de tiempo.<\/p>\n<p>P.D. Reitero mi agradecimiento a C\u00e9sar, fiel seguidor de este blog. Y animo a quien quiera seguir su ejemplo a, si lo desea, ponerse en contacto con servidor y enriquecer este blog que no ser\u00eda nada, literalmente nada, sin la generosa colaboraci\u00f3n de sus improbables lectores.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; El amigo C\u00e9sar Cantabrana se dirigi\u00f3 al guardi\u00e1n de este blog meses atr\u00e1s, animado a compartir aqu\u00ed sus reflexiones a partir de una menci\u00f3n entonces reciente al bar Chevalier, garito ubicado en avenida de Col\u00f3n all\u00e1 en el Pleistoceno. Como me encant\u00f3 lo que escribi\u00f3, le propuse publicarlo aqu\u00ed, cosa que acept\u00f3 encantado. 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