{"id":552,"date":"2015-10-02T08:31:52","date_gmt":"2015-10-02T08:31:52","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/?p=552"},"modified":"2015-10-02T08:31:52","modified_gmt":"2015-10-02T08:31:52","slug":"en-torno-al-casticismo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/2015\/10\/02\/en-torno-al-casticismo\/","title":{"rendered":"En torno al casticismo"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2015\/10\/barrio.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-full wp-image-553\" title=\"Barrio Bar, en la calle Men\u00e9ndez Pelayo de Logro\u00f1o. Foto de Miguel Herreros para Diario LA RIOJA\" src=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2015\/10\/barrio.jpg\" alt=\"Barrio Bar, en la calle Men\u00e9ndez Pelayo de Logro\u00f1o. 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Pero no es el mismo Perchas: aunque sus orejas c\u00e9lebres se dispongan en la barra al antiguo modo, la decoraci\u00f3n ha cambiado de manera tan radical que al cliente conspicuo le resulta imposible reconocer al Perchas de toda la vida. Aquel bar con aspectos, ejem, mejorables, pero dotado de esa autenticidad tan castiza que confiere el paso de los a\u00f1os. Un factor, ese de la autenticidad, que juzgo en retroceso al menos en <strong>Laurel<\/strong> y aleda\u00f1os, donde el progreso de la llamada &#8216;<strong>donostizaci\u00f3n<\/strong>&#8216; se va interiorizando en perjuicio de la tipolog\u00eda m\u00e1s bizarra.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 bares quedan que todav\u00eda profesen devoci\u00f3n a la imagen que de ellos tiene su clientela desde hace d\u00e9cadas? Los hay, los hay. El <strong>Soriano<\/strong> (desde luego), el <strong>Soldado<\/strong> (por supuesto), el <strong>Sebas<\/strong> (qui\u00e9n lo duda, incluido su misterioso ascensor)&#8230; Pero as\u00ed como anta\u00f1o esta era la forma habitual que adoptaban nuestros bares favoritos, un sencillo recuento a toda prisa desvela que ahora son m\u00e1s bien una minor\u00eda. Gana peso el bar muy rico en iluminaci\u00f3n, decorado igual que tantos otros, <strong>barra estilo San Sebasti\u00e1n<\/strong> (es decir, ajena al modelo de pincho \u00fanico) y camareros\/as jovencitos\/as a quienes aquella vieja calle Laurel no les dice nada.<\/p>\n<p>A los veteranos, por el contrario, fue aquella Laurel la que nos amamant\u00f3 como clientes y a la que a\u00fan rendimos pleites\u00eda, al menos en la memoria. Nos hemos ido acostumbrando, qu\u00e9 remedio, a las novedades que se van incorporando y las honramos como merecen: porque est\u00e1 muy bien eso de que te pongan un vino (de Rioja, si es posible) en condiciones, en una copa en condiciones y con tapas en condiciones. Pero no s\u00e9, no s\u00e9&#8230; Me malicio que a medida que las nuevas generaciones vayan tomando a su mando cada negocio de sus predecesores, ser\u00e1 inevitable ver c\u00f3mo perecen los bares de siempre. Los castizos. Los que no necesitaban m\u00e1s decoraci\u00f3n que un bander\u00edn del Atl\u00e9tico de Madrid para conquistarnos. Los que pod\u00edan haraganear en materia de higiene pero aseguraban fidelidad a los viejos tiempos, lo cual es a menudo todo lo que necesitamos de nuestros garitos de confianza.<\/p>\n<p>Para mi sorpresa y alegr\u00eda, mientras los bares m\u00e1s veteranos de la Laurel empiezan a batirse en retirada, aprecio en otras esquinas de <strong>Logro\u00f1o<\/strong> un movimiento de parecida intensidad pero en direcci\u00f3n opuesta. En garitos como<strong> La Guarida<\/strong> de la calle del Carmen observo esa lealtad hacia la tipolog\u00eda cl\u00e1sica del bar logro\u00f1\u00e9s, un concepto que tambi\u00e9n hace suyo el <strong>Barrio<\/strong> de Men\u00e9ndez Pelayo, donde sirven un estupendo verm\u00fa (preparado) y ofrecen una rica paleta de humus y otras goller\u00edas&#8230; en mesas de formica, mobiliario cuya reaparici\u00f3n en nuestras vidas me consuela y reconforta, como reconforta la alegre imagen que regala el local, debida al ingenio de Jordi Fr\u00edas, Mangolele para el mundo (en la foto que ilustra estas l\u00edneas).<\/p>\n<p>En general, los bares de la calle citada (Men\u00e9ndez Pelayo) tienen algo de territorio comanche: una especie de reserva donde es posible coincidir con miembros del <strong>Gobierno de La Rioja<\/strong> disfrutando del aperitivo (milagro, milagro). Bares que nos recuerdan c\u00f3mo eran los bares de nuestra mocedad, tal vez menos pr\u00f3digos en modernidades (ya saben, tipo piruleta de foie a la miel de Cameros sobre lecho de escarola de Varea), pero m\u00e1s ricos en encantos. En esa clase de encantos intangibles que, valga la paradoja, son muy tangibles: porque nos tocan el coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>P.D. Los bares m\u00e1s aut\u00e9nticos nos tocan m\u00e1s el coraz\u00f3n&#8230; y menos el bolsillo. Porque la modernidad ha tra\u00eddo al sector hostelero tarifas tan desconcertantes que exigen continuas derramas para proseguir la ronda. Ser\u00e1 que los bares, a medida que dejan de ser aut\u00e9nticos, se convierten en m\u00e1s caros, siguiendo una juguetona e inexplicable ley nacida hace ya demasiados a\u00f1os, cuando nos volvimos locos de repente, euro mediante. Asi que a nadie le extra\u00f1e que el \u00e9xito creciente de los bares mentados (y de otros tantos: <strong>Copas Rotas, La Gitana, El 77<\/strong>, que ni siquiera necesitan ser aut\u00e9nticamente longevos) porque ejercen como una especie de parque tem\u00e1tico: nos devuelven al Logro\u00f1o de hace unas cuantas d\u00e9cadas. Cuando lo aut\u00e9ntico era tambi\u00e9n barato.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; San Mateo, exterior d\u00eda. Intento ingresar (miedoso) en el renovado Perchas y&#8230; Y confirmo mis peores temores: el bar, ay, ya no es lo que era. 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