{"id":567,"date":"2015-10-30T10:52:54","date_gmt":"2015-10-30T10:52:54","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/?p=567"},"modified":"2015-10-30T10:52:54","modified_gmt":"2015-10-30T10:52:54","slug":"calle-mayor-el-regreso","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/2015\/10\/30\/calle-mayor-el-regreso\/","title":{"rendered":"Calle Mayor, el regreso"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2015\/10\/calle-Mayor.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-full wp-image-568\" title=\"Fachada del Guardavi\u00f1as, en la calle Mayor. Foto de Justo Rodr\u00edguez\" src=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2015\/10\/calle-Mayor.jpg\" alt=\"Fachada del Guardavi\u00f1as, en la calle Mayor. 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Porque no olvido la m\u00e1gica noche en que me estren\u00e9 como cliente del <strong>Bar Bilbao<\/strong> (servicio restaurante, como apostillaba la publicidad de <strong>Radio Rioja<\/strong>), puesto que fue un d\u00eda pr\u00f3digo en estrenos: mi primer mitin, mi primera cena de fin de curso, la primera vez que en consecuencia dispon\u00eda de permiso familiar para llegar un poco tarde\u2026 El mitin fue en la <strong>plaza de toros<\/strong> y aquellos mocetes de 14 a\u00f1os acudimos como quien se apunta a un concierto de los <strong>Rolling<\/strong>: no ten\u00edamos ni idea de la letra, pero la m\u00fasica nos gustaba. La m\u00fasica se llamaba <strong>democracia<\/strong> y el protagonista parec\u00eda lo m\u00e1s cercano a <strong>Mick Jagger<\/strong> que nunca ver\u00edan nuestros adolescentes ojos: <strong>Felipe Gonz\u00e1lez<\/strong>, que llen\u00f3 <strong>La Manzanera<\/strong>. No recuerdo nada m\u00e1s. Ni lo que dijo ni lo que no dijo: efectos tal vez de la niebla que se avecinaba, disfrazada de <strong>vino con gaseosa<\/strong> hasta hartarnos en el mentado Bar Bilbao.<\/p>\n<p>Frente al Bilbao se situaba <strong>El Relicario<\/strong> y un poco m\u00e1s lejos, <strong>la bodeguita de Bezares<\/strong>. Se trataba de un castizo itinerario para la ronda diaria formado por bares gemelos por su casticismo, su aversi\u00f3n a los cambios, sus clientelas imantadas a cada barra: como si la direcci\u00f3n de los bares colocara a sus parroquianos de buena ma\u00f1ana en los respectivos pasos de paloma y de noche los ocultara hasta el d\u00eda siguiente en el cuarto donde guardaba los taburetes. No olvido tampoco la <strong>fonda Ant\u00f3n<\/strong>, bizarr\u00edsimo local junto a <strong>Sagasta<\/strong>: parroquia intimidante y barra presidida por un tel\u00e9fono gigante, negr\u00edsimo, que funcionaba a pasos para que los hospedados en tal fonda llamaran a sus lejanos domicilios, lo cual procuraban no hacer jam\u00e1s. Yo acud\u00eda a por vinagre de vino y luego sal\u00eda huyendo, porque los mesoneros, siempre a falta de un afeitado, se incomodaban si alg\u00fan cliente ten\u00eda menos de 70 a\u00f1os y lo hac\u00edan notar con cada gesto. Lenguaje corporal, lo llamaban.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s frecuent\u00e9 para las rondas alternativas a la Laurel los bares del extremo de Poniente de la Mayor. El <strong>Iturza<\/strong> en su anterior encarnaci\u00f3n, con su frigor\u00edfico de manivela y su tapa estrella: el alucinante huevo duro, que se serv\u00eda tal cual, sin concesiones. El <strong>Bret\u00f3n<\/strong>, en cuyo interior dorm\u00eda un pozo, desde donde llegaba un agua fresquita y sabrosa. El <strong>Cuatro Calles<\/strong>, que ofrec\u00eda encantos adicionales: el due\u00f1o era del <strong>Bar\u00e7a<\/strong>, cosa poco corriente entonces, se parec\u00eda al c\u00f3mico Danny Kaye (o a Fernando Fern\u00e1n-G\u00f3mez, ya no recuerdo) y serv\u00eda unas estupendas cazuelitas a m\u00f3dicos precios, con viandas procedentes tambi\u00e9n de tiempos muy lejanos: <strong>asadurilla<\/strong>, por ejemplo.<\/p>\n<p>En la misma \u00e9poca de aquellas incursiones casi cotidianas abri\u00f3<strong> La Costanilla<\/strong>, primer bar que llamaba a las puertas de la modernidad. Instal\u00f3 un recio magnetof\u00f3n que escup\u00eda los himnos de la \u00e9poca, serv\u00eda una tapa digna de semejante nombre (milagro) bautizada como zapatilla (pan con jam\u00f3n: un hallazgo) y sus due\u00f1os pod\u00edan ser nietos de los camareros de la Fonda Ant\u00f3n. Quiere decirse que eran modernos, en efecto. El bar era ampl\u00edsimo, dotado de mesas en varios niveles, y ten\u00edan la man\u00eda de la limpieza: estaba siempre reluciente. Un asco, vaya. Por eso prefer\u00edamos la oscuridad que garantizaban otros bares vecinos, ese submundo tan fascinante que propon\u00edan la bodeguita <strong>Montiel<\/strong> (en Santiago) o, en la misma Mayor, el <strong>Tigre<\/strong> y su fascinante gramola, el Tigre y su fascinante cabeza disecada.<\/p>\n<p>Cuando la calle se convirti\u00f3 en destino predilecto de la generaci\u00f3n posterior y se transform\u00f3 en <strong>zona de copas<\/strong> (\u00a1\u00a1\u00a1De copas!!!), quien esto firma opt\u00f3 por la retirada. Apenas vuelvo por all\u00ed; alguna visita al Iturza y pare de contar el improbable lector. Se entender\u00e1 por lo tanto mi entusiasmo cuando el otro d\u00eda vi metamorfoseada en bar la antigua carpinter\u00eda de<strong> Alfredo Rodr\u00edguez<\/strong>, que fue mi vecino y a cuya familia profeso sincero afecto; en contrapartida, su hijo Justo, compa\u00f1ero de fatigas en Diario LA RIOJA, nos regala esta estupenda foto. El local se llama\u00a0<strong>Guardavi\u00f1as<\/strong>: coqueto maderamen, estupenda cocina y convincente servicio de vinos. Los due\u00f1os de la fonda Ant\u00f3n alucinar\u00edan si resucitasen y vieran que en la actual calle hay bares donde ya no sirven vinagre de vino. Sobre todo, les sorprender\u00eda ver qu\u00e9 hemos hecho sus descendientes con los tel\u00e9fonos: aquel artefacto ha dejado de ser el bulto sospechoso que todos evitaban utilizar. Hoy es ese chisme alojado equidistante de la copa del vino y el pincho que empleamos para fotografiar los buenos ratos que nos regalan los bares. Mientras brindamos por la dicha de regresar a la Mayor y saldar la deuda que uno ten\u00eda con la calle y con sus bares.<\/p>\n<p>P.D. Me sigue resultado extra\u00f1o pensar en la calle Mayor como zona de copas. Cuando alguna ma\u00f1ana de fin de semana cruzo por all\u00ed y veo los estragos de la noche anterior, me parece que camino por otra ciudad: se trata de una enfermedad llamada melancol\u00eda. A\u00f1oro los tiempos en que la calle fue arteria principal de Logro\u00f1o y por eso mismo me alucina y maravilla comprobar c\u00f3mo resiste <strong>Primi<\/strong>, con su estupendo pan que tan feliz me hizo de cr\u00edo. Cuando compraba siempre una barra de m\u00e1s porque mientras llegaba a casa me daba tiempo de zamp\u00e1rmela.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Todo logro\u00f1\u00e9s con cierta afici\u00f3n a ir de bares debe reconocer su deuda con la calle Mayor. Es mi caso, ciertamente. 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