{"id":572,"date":"2015-11-13T09:43:14","date_gmt":"2015-11-13T09:43:14","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/?p=572"},"modified":"2015-11-13T09:43:14","modified_gmt":"2015-11-13T09:43:14","slug":"ancas-de-rana-del-bar-galdos-a-casa-nobleza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/2015\/11\/13\/ancas-de-rana-del-bar-galdos-a-casa-nobleza\/","title":{"rendered":"Ancas de rana, del bar Gald\u00f3s a Casa Nobleza"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2015\/11\/ancas.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-full wp-image-573\" title=\"Ancas de rana en el bar Gald\u00f3s de Logro\u00f1o\" src=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2015\/11\/ancas.jpg\" alt=\"Ancas de rana en el bar Gald\u00f3s de Logro\u00f1o\" width=\"600\" height=\"448\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2015\/11\/ancas.jpg 600w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2015\/11\/ancas-300x224.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 600px) 100vw, 600px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Niebla espesa sobre <strong>Logro\u00f1o<\/strong>, avanza el s\u00e1bado: hora del aperitivo. En el <strong>bar Gald\u00f3s<\/strong> confraterniza la parroquia habitual, desde la pared saludan las caras de los jugadores de la edad de oro del <strong>Logro\u00f1\u00e9s<\/strong> y un par de jubilados despachan sus vinos con ese aire rutinario, pero a la vez ilusionado, propio de quienes mantienen tan saludable h\u00e1bito: lo tramitan como quien no quiere la cosa. Para acompa\u00f1ar sus tragos, en un platito brilla el recomendable bocado que me ha tra\u00eddo hasta aqu\u00ed, hasta la calle P\u00e9rez (en efecto) Gald\u00f3s, en su tramo entre Rep\u00fablica Argentina y Gil de G\u00e1rate. Resulta que entre la oferta culinaria del local destaca un plato en retirada, que s\u00f3lo prob\u00e9 una vez:<strong> las ancas de rana<\/strong>. Ocurri\u00f3 en Le\u00f3n, tambi\u00e9n entre las nieblas, pero servido entonces en cazuelita. Esto es, cocinadas las delicadas piezas como si fueran cocochas, m\u00e1s o menos, la misma densa y viscosilla salsa irrigando las partes comestibles del finado renacuajo, cuya delicada carne aparec\u00eda en el recetario tradicional espa\u00f1ol con mayor frecuencia que ahora. Ya entonces, en la d\u00e9cada de los 90, era un capricho: hoy, una extravagancia.<\/p>\n<p>Nos hemos vuelto finolis, vaya. Y sin embargo&#8230;. Sin embargo, las ancas de rana por lo que veo se ofrecen en el Gald\u00f3s con la misma normalidad que se despachan otros bocados tambi\u00e9n con muy buena pinta. La pareja de jubilados da cuenta de la raci\u00f3n (dos por barba) mientras habla de sus cosas sin necesidad de abrir la boca, en silencio, con esa sabidur\u00eda zen que proporciona ir tachando fechas del calendario. Yo, por el contrario, entablo cordial ch\u00e1chara con el camarero, que sirve un <strong>Mu\u00f1arrate<\/strong> blanco para trasegar la comida y me explica que no, que las ancas de rana ya no son ind\u00edgenas. Como casi todo, ahora vienen de China. Las compra a un proveedor de congelados y elige las que presenta a su clientela fij\u00e1ndose en el tama\u00f1o: cuanto m\u00e1s peque\u00f1as, m\u00e1s finas. M\u00e1s sabrosas tambi\u00e9n. &#8220;Traje una vez unas m\u00e1s grandes que no gustaron nada&#8221;, recuerda. &#8220;Estas son mucho mejores&#8221;.<\/p>\n<p>Le doy la raz\u00f3n. No ser\u00e1 probablemente el bocado m\u00e1s selecto del planeta, pero la anca de rana me maravilla por las mismas razones que me asombran todos los miembros de esa parentela culinaria que una vez pobl\u00f3 los men\u00fas de bares y casas de comidas de Espa\u00f1a y ahora las tenemos medio escondidas, como si nos avergonz\u00e1ramos de la devoci\u00f3n que les profesamos. Yo por el contrario las venero. Porque todas esas viandas bizarras me saben estupendamente y porque son manifestaciones del ingenio popular que sirven para comprobar que cuando el hambre aprieta, nuestros antepasados no le hac\u00edan tantos ascos a llevar al perol todo lo que anduviera movi\u00e9ndose cerca. Ellos s\u00ed que sab\u00edan.<\/p>\n<p>Las ancas que sirven en el Gald\u00f3s son rebozadas. S\u00ed, tambi\u00e9n como a veces se cocinan las cocochas, bocado con el que las sigo emparentando. Uno abandona el bar e ingresa en la ronda del verm\u00fa sabatino por la zona visitando el vecino <strong>Perejil<\/strong>, regresando al <strong>Barrio Bar<\/strong> y march\u00e1ndose del <strong>Planeta E\u00f1e<\/strong> pensando ya en el cocido que aguarda en casa. La niebla se ha ido, brota una estupenda ma\u00f1ana de oto\u00f1o y, de repente, mientras cruzo el parque Gallarza empiezo a pensar en el llorado <strong>Nobleza<\/strong>, la admirable casa de comidas que oficiaba como faro para iniciados en el noble arte de la gastronom\u00eda popular desde su sede en la<strong> calle Mercaderes.<\/strong> \u00bfServ\u00edan ancas en el Nobleza y de ah\u00ed la asociaci\u00f3n de ideas? Lo ignoro. La memoria tiene cosas que la raz\u00f3n no entiende.<br \/>\n<strong><\/strong><\/p>\n<p><strong>Eduardo G\u00f3mez<\/strong> acude en mi auxilio, como tantas veces: en efecto, las ancas eran uno de los manjares que le dieron fama a Casa Nobleza. Justa fama. Porque su carta era una carta prodigiosa, donde conviv\u00eda una parte m\u00e1s convencional con otra vertiente&#8230;. Hum, digamos clandestina, de modo que era habitual tropezarse con entradas en el men\u00fa que para entonces (finales de los 80, cuando lo visit\u00e9 con alguna frecuencia) eran toda una rareza para Logro\u00f1o. Nos hab\u00edamos vuelto modernos, qu\u00e9 pena. El casticismo era un valor que se cotizaba muy bajo en la bolsa gastron\u00f3mica, aunque ya tengo escrito por aqu\u00ed que me parece que algo est\u00e1 cambiando. As\u00ed que sospecho que si el Nobleza de Mercaderes obrara el milagro de reabrir sus puertas, sin permitirse ning\u00fan cambio en su fisonom\u00eda que alterase la imagen que de \u00e9l guardamos sus antiguos adictos, volver\u00edan aquellos d\u00edas de llenos espectaculares, cuando conseguir mesa ten\u00eda algo de proeza. Cuando despachar sus platos medio clandestinos ten\u00eda su punto divertido, desenfadado, sobre todo si aparec\u00eda el propio Nobleza a obsequiar a la clientela con su desparpajo tan fet\u00e9n.<\/p>\n<p>De modo que aunque el Nobleza no era bar propiamente dicho y se escapa por lo tanto del objeto de este <strong>blog<\/strong>, me apetec\u00eda traerlo por aqu\u00ed de paseo. He cruzado delante de su clausurada puerta con frecuencia en los \u00faltimos d\u00edas y no dejo de pensar en los buenos ratos pasados no s\u00f3lo dentro, sino fuera: hubo una cena en que, puesto que se le olvid\u00f3 reservar sitio como le hab\u00edamos pedido, organiz\u00f3 las mesas en la calle. Una noche memorable: un coche cortaba el paso por la plaza del Mercado y otro por la calle Mayor. Pas\u00f3 una ronda de la <strong>Polic\u00eda<\/strong> y no dijo nada: los agentes nos miraron como si estuvieran deseando sumarse a la velada. Aunque he olvidado qu\u00e9 bebimos y qu\u00e9 comimos, supongo que le deb\u00eda unas l\u00edneas a tantos buenos ratos pasados en el Nobleza y que esa es la aut\u00e9ntica raz\u00f3n que me ha llevado atr\u00e1s en la memoria mientras me zampaba las ancas como Proust engull\u00eda sus magdalenas. Saltando gracias a la m\u00e1quina del tiempo de las ranas del Gald\u00f3s al Nobleza de Mercaderes.<\/p>\n<p>P.D. El mago Eduardo G\u00f3mez, compa\u00f1ero en esta casa y perito en bares, recuerda que Casa Nobleza cerr\u00f3 por primera vez sus puertas en 1986; luego volvi\u00f3 a funcionar durante un breve tiempo, a partir de 1989, hasta clausurar por fin su actividad a comienzos de los a\u00f1os 90. Fallecido su ide\u00f3logo, no hubo relevo al frente del negocio familiar y sus fieles quedaron un poco hu\u00e9rfamos, como cuando fueron cerrando <strong>La Simpat\u00eda, la Chocolater\u00eda Moreno, Reyga, Ibiza<\/strong>&#8230; No sigo, que se me saltan las l\u00e1grimas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Niebla espesa sobre Logro\u00f1o, avanza el s\u00e1bado: hora del aperitivo. En el bar Gald\u00f3s confraterniza la parroquia habitual, desde la pared saludan las caras de los jugadores de la edad de oro del Logro\u00f1\u00e9s y un par de jubilados despachan sus vinos con ese aire rutinario, pero a la vez ilusionado, propio de quienes [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":17,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[2],"tags":[28,272,446,507],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/572"}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/wp-json\/wp\/v2\/users\/17"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=572"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/572\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=572"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=572"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=572"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}