{"id":574,"date":"2015-11-20T12:45:02","date_gmt":"2015-11-20T12:45:02","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/?p=574"},"modified":"2015-11-20T12:45:02","modified_gmt":"2015-11-20T12:45:02","slug":"area-103-academia-de-camareros","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/logronobares\/2015\/11\/20\/area-103-academia-de-camareros\/","title":{"rendered":"\u00c1rea 103, academia de camareros"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2015\/11\/103.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-full wp-image-575\" title=\"Imagen antigua de \u00c1rea 103, tomada de su p\u00e1gina web\" src=\"\/logronobares\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2015\/11\/103.jpg\" alt=\"Imagen antigua de \u00c1rea 103, tomada de su p\u00e1gina web\" width=\"600\" height=\"551\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2015\/11\/103.jpg 600w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/33\/2015\/11\/103-300x276.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 600px) 100vw, 600px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Cuenta la leyenda que si un conductor duda sobre qu\u00e9 garito resulta m\u00e1s conveniente para abrevar mientras avanza en su ruta, no tiene que albergar duda alguna: deber\u00e1 detenerse all\u00e1 donde vea m\u00e1s camiones estacionados. Los camioneros, siempre seg\u00fan tal leyenda, parecen los pioneros de la <strong>gu\u00eda Michel\u00edn<\/strong>, improvisados comisarios gastron\u00f3micos que construyen con sus veh\u00edculos la pista perfecta para los profanos en el arte de saciar el hambre y la sed volante en ristre. De modo que, como ya coment\u00e9 aqu\u00ed a prop\u00f3sito de unas l\u00edneas dedicadas al venerable <strong>Duque de Medinaceli<\/strong>, la geograf\u00eda espa\u00f1ola dispone de su propio mapa de mitos gastron\u00f3mico\/camioneros y cada familia patria, de su propia agenda de garitos donde detenerse en funci\u00f3n de su itinerario. El m\u00edo, que tiende a unir <strong>Logro\u00f1o<\/strong> con <strong>Madrid<\/strong> a trav\u00e9s de la <strong>Nacional II<\/strong>, venera desde hace largo tiempo el establecimiento apodado<strong> \u00c1rea 103<\/strong> (antigua Venta de Almadrones, provincia de Guadalajara), situado en efecto a 103 kil\u00f3metros de la capital del Reino.<\/p>\n<p>Se trata de una devoci\u00f3n que quiero compartir aqu\u00ed a prop\u00f3sito de recientes tertulias con sabor a nostalgia: qu\u00e9 fue de aquellos camareros fet\u00e9n que se bastaban por s\u00ed solos para dirigir una barra atestada de p\u00fablico, servir una ca\u00f1a con una mano, una tapa con la otra, vigilar por el rabillo del ojo qui\u00e9n entraba y qui\u00e9n sal\u00eda (sobre todo, si era sin pagar). Esos camareros que se las arreglaban para contarte un chiste mientras tambi\u00e9n ejerc\u00edan de carrusel deportivo andante: &#8220;Va perdiendo el Logro\u00f1\u00e9s en Las Margaritas&#8221;. Ese camarero molaba, amigos. Aqu\u00ed se ha rendido tributo a tal figura en trance de desaparici\u00f3n y los propios interesados, los empresarios del sector hostelero, han lamentado tambi\u00e9n la p\u00e9rdida que detectaban en sus negocios cuando se les preguntaba en la secci\u00f3n Nuestro hombre en la barra sobre los cambios m\u00e1s negativos que notaban en los <strong>bares de Logro\u00f1o<\/strong>: tanto <strong>Francisco Mart\u00ednez Berg\u00e9s<\/strong> com<strong>o Mariano Moracia<\/strong> apuntaban hacia ah\u00ed en sus respuestas, hacia la ausencia de aquel tipo de camarero en quien se pod\u00eda confiar la tutela del local porque lo hac\u00eda igual de bien que el due\u00f1o. A menudo, mejor.<\/p>\n<p>Inundado por estas cavilaciones penetr\u00e9 hace unos meses en mi querido 103 un pel\u00edn temeroso: ten\u00eda prisa por llegar a casa y cuando comprob\u00e9 que, como siempre, un abultado parque de camiones ocupaba su estacionamiento pens\u00e9 que tendr\u00eda que armarme de paciencia para el <strong>bocado<\/strong> r\u00e1pido y el <strong>cafelito<\/strong> reparador que me aguardaban. Ocurri\u00f3 lo contrario: ocurri\u00f3 que tuve la dicha de asistir a un prodigioso espect\u00e1culo, la maravilla de <strong>un cuarteto de camareros<\/strong> (insisto: solo cuatro) que sacaban adelante aquella avalancha de clientes sin inmutarse. S\u00ed, fue un estupendo momento coreogr\u00e1fico: perfectamente adiestrados, coordinados en cada acci\u00f3n, hablando entre ellos sin detenerse mientras preparaban el<strong> bocadillo de salchich\u00f3n ib\u00e9rico<\/strong> (excelente el embutido, sensacional el pan), anotaban en sus pintorescas p\u00e1ginas de albar\u00e1n la comanda de cada cual sin equivocarse y te pon\u00edan en direcci\u00f3n a la m\u00e1quina registradora sin que ning\u00fan engranaje de esta perfecta sinfon\u00eda crujiera ni se alborotase.<\/p>\n<p>Un espect\u00e1culo. Observaba a ese grupo de camareros (que adem\u00e1s ten\u00edan tiempo para gastarse bromas entre ellos sin que por ello cesase nadie en su actividad) y por oposici\u00f3n me desbordaba la nostalgia, como advert\u00eda arriba: qu\u00e9 diferencia con tantos y tantos ejemplos que vemos cada d\u00eda. No me detendr\u00e9 en tan perniciosos casos: prefiero regodearme en la a\u00f1oranza por el tiempo en que locales como este 103 de mis entretelas eran moneda com\u00fan y el tipo de camareros que lo defienden, norma habitual. Alguno de ellos hizo bastante por mi educaci\u00f3n. Eran de ese tipo de <strong>castellano viejo<\/strong> hoy en retirada, que te amonestaba si te comportabas como un pat\u00e1n, te trataba con deferencia pero sin condescendencia (ese mal tan extendido) y asum\u00eda su trabajo como si el bar fuera suyo. Un cat\u00e1logo de virtudes que el cliente que quiera detenerse en el 103 reconocer\u00e1 en el personal que le atiende. Capaz de despachar a dos o tres clientes a la vez como anta\u00f1o era habitual; dispuesto a rectificar y disculparse si se equivoca en el servicio (s\u00ed, m\u00e1s o menos como ahora); diestro en tratar con educaci\u00f3n pero sin confianzas a la parroquia. Una habilidad para la que sus compa\u00f1eros de oficio m\u00e1s j\u00f3venes parecen menos predispuestos, lo cual corrobora que aquellos camareros antiguos no eran camareros, sino algo m\u00e1s: eran y son caballeros. De modo que concluyo esta entrada compartiendo con el improbable lector una idea que me asalt\u00f3 aquel d\u00eda en que presenci\u00e9 en vivo semejante lecci\u00f3n de hidalgu\u00eda profesional: que el Area103 diversifique un d\u00eda sus actividades y ejerza como <strong>academia para formar camareros<\/strong>. En cualquiera de los integrantes de su actual cuadro de trabajadores puede encontrar quien lo desee al rector de ese hipot\u00e9tico campus. Y ese s\u00ed que ser\u00e1 un camarero magn\u00edfico.<\/p>\n<p>P.D. Unos d\u00edas despu\u00e9s de asistir en el 103 al mentado espect\u00e1culo, habitual por otro lado, me enter\u00e9 por casualidad de las conexiones riojanas con el establecimiento. Una de las integrantes de la actual generaci\u00f3n que comanda el negocio, la saga familiar apellidada <strong>Rebollo<\/strong>, estuvo casada con <strong>un camionero logro\u00f1\u00e9s<\/strong>, fallecido hace unos a\u00f1os en accidente de tr\u00e1fico. Con la misma atenci\u00f3n que se dispensa al cliente, desde \u00c1rea 103 responden gentilmente a mis preguntas y confirman que en efecto entre su parroquia se cuenta con un buen n\u00famero de riojanos. Por tel\u00e9fono compruebo lo que sospecho cada vez que me acodo en la barra: que la sobresaliente organizaci\u00f3n del 103 no es improvisada. Que detr\u00e1s hay alguna cabeza bien amueblada. Y que, como suele ocurrir en tantos \u00f3rdenes de la vida, esa cabeza es una cabeza de mujer.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Cuenta la leyenda que si un conductor duda sobre qu\u00e9 garito resulta m\u00e1s conveniente para abrevar mientras avanza en su ruta, no tiene que albergar duda alguna: deber\u00e1 detenerse all\u00e1 donde vea m\u00e1s camiones estacionados. 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